Capítulo 12

Jane llevaba casi tres semanas en Londres y no habían sido para nada fáciles. El señor Bingley compró una hermosa casa en la ciudad cuando se casó con Jane para habitarla cuando pasaran la temporada allí. Pero como adelantaron su viaje, la casa aún no estaba lista para recibirlos. Por esa razón, ellos tuvieron que pasar dos semanas en casa de los Hurst, donde Louisa y Caroline se encargaron de recordarle a cada momento las razones por las cuales habían tenido que irse de Hertfordshire.

Desgraciadamente para ella, cuando la casa estuvo en condiciones para mudarse, Caroline decidió irse con ellos porque no deseaba tener que aguantar más las críticas de su cuñado. Además, el que manejaba el dinero en su familia era su hermano, y si ella quería tener acceso libre a su billetera debía estar cerca de él. De esa forma, además, podría mantener vigilada a Jane y evitar que convenciera a Charles de retornar a Netherfield o de mantener contacto estrecho con la familia Bennet. Ella estaría allí para recordarle a cada momento lo que opinaban todos, incluyendo a su gran amigo el señor Darcy, del comportamiento vulgar de los Bennet y de lo inapropiado de sus conexiones.

Esa noche, el señor Darcy para ayudar a su amigo a presentar a su esposa en sociedad, los invitó al baile anual que su tía, Lady Victoria, ofrecía para lo más selecto de la sociedad londinense. Ella era una mujer muy apreciada en los primeros círculos, pese a que disfrutaba mucho más pasar tiempo en la hacienda familiar en Matlock. Era conocida por ser una mujer bastante sensata, de muy buen gusto, pero sobre todo por su equilibrio al hablar y emitir opiniones. Ella y su esposo llevaban vidas independientes desde hace mucho tiempo, y sólo se veían para ocasiones especiales, como aquel baile.

"Darcy, sobrino, te veo muy bien. Cuando supe lo de tu accidente me preocupé un poco, pero me alegro mucho que te hayas recuperado sin problemas," dijo el conde Matlock mientras estrechaba la mano de su sobrino afectuosamente.

"Yo también estoy muy feliz de verte, mi querido sobrino. Pero déjame decirte que esta noche luces tan guapo como siempre," agregó Lady Victoria mientras abrazaba al señor Darcy con mucho cariño. Ella siempre había sentido mucha pena por él, ya que conocía mejor que nadie toda la historia que había detrás del matrimonio de sus padres y lo solitaria que había sido su vida desde que era pequeño.

"Gracias, yo también estoy contento de verlos a ambos," replicó el señor Darcy e ingresó a la elegante mansión. A él le gustaba mucho su tía porque era muy amable y cariñosa, pero no tanto su tío que era más bien un hombre frío y distante. Él había llegado temprano para estar allí cuando el señor Bingley llegara, él deseaba ayudarlo porque siempre había apreciado su sincera amistad. Bingley aún no tenía un lugar garantizado en sociedad y era importante que su esposa fuera aceptada para seguir consolidando su posición en los destacados círculos en donde ahora se movía.

Unos cuantos minutos más tarde llegaron el señor y la señora Bingley, pero desgraciadamente para ellos, Caroline insistió en acompañarlos pese a que no estaba incluída en la invitación. Lady Matlock les dio la bienvenida y fue muy amable con Jane porque el señor Darcy le había hablado de ella. Pero además le gustó mucho la esposa del amigo de su sobrino. Ella no conocía muy bien a Charles Bingley, pero las dos o tres veces que se habían encontrado en algún lugar le había parecido un hombre muy amable, y su esposa parecía ser de una disposición muy similar a la de él.

Caroline estaba feliz porque después de pasar tanto tiempo en Hertfordshire rodeada de salvajes, por fin estaba en el ambiente que ella merecía y con gente que estaba a su nivel. Pero no le pasó por alto el hecho de que el señor Darcy jamás la hubiera invitado a ella a ninguno de los eventos organizados por su tía, y sin embargo lo había hecho con la boba de su cuñada. Pero sea como fuera la situación, ella iba a ser todo lo posible por sacar el mayor provecho posible de ella.

Caroline había soñado con bailar la primera serie con el señor Darcy, y más tarde, que él le declarara su admiración. Pero tuvo que conformarse con verlo bailar con la condesa ya que su esposo había tenido un accidente a caballo y aún debía usar un bastón para apoyar su pierna derecha.

"Me agradó mucho la esposa de tu amigo Bingley, querido sobrino. Pese a que es muy hermosa, parece no tener la vanidad y arrogancia típica de las mujeres con su apariencia," dijo la condesa al señor Darcy mientras observaba al señor Bingley y Jane bailar. Era tan evidente que estaban completamente enamorados que ella no pudo evitar sentirse feliz al constatar que aún habían personas que lograban encontrar la felicidad en el matrimonio.

"Sí, tía, la señora Bingley es una buena mujer pese a su origen," comentó el señor Darcy.

"¿A qué te refieres con 'pese a su origen', Darcy?" preguntó la condesa intrigada.

"Ella es la hija de un caballero menor, su madre es de una familia de comerciantes, y bastante vulgares debo decir, y de los que probablemente tendrá que hacerse cargo cuando el suegro muera," explicó el señor Darcy a su tía.

Lady Victoria no podía dejar de preocuparse al escuchar a su sobrino hablar. Ella era la hija mayor de un Conde y se había casado con Lord Matlock porque sus padres lo habían decidido así. En un principio pensó que podía ser feliz, pero su marido nunca sintió ningún tipo de afecto por ella. Lady Victoria no era particularmente atractiva y a su esposo sólo le interesaban las mujeres hermosas, como las muchas amantes que había tenido. Después de tener al heredero, y un hijo de repuesto en caso de que algo pasara al primogénito, ellos no volvieron a tener vida en común y se veían sólo cuando era necesario o inevitable.

Pero además de su propia historia de vida, ella había sido una de las mejores amigas de George Darcy por lo que sabía muy bien lo mucho que había sufrido su concuñado cuando tuvo que renunciar al amor por cumplir con su deber. Por esa razón, ella no deseaba que su sobrino cometiera un error similar y siempre trataba de hacerlo entrar en razón sobre las posturas tan rígidas que tenía sobre lo que era correcto o incorrecto.

"Más allá de esas consideraciones, que para mí no son lo más importante, ellos parecen muy felices juntos."

"Bingley dice que es feliz, y no tengo razón para dudar de sus palabras?"

"No lo dices muy convencido, sobrino."

"Tía, me es difícil entender cuando una persona toma decisiones basado sólo en emociones. Hay otras cosas otras cosas que siempre he creído son más importantes a la hora de decidir algo tan importante como casarse."

"¿Cómo cuáles?" preguntó Lady Victoria intranquila.

El señor Darcy replicó un poco confundido por la forma en que su tía le hizo la pregunta. "Como el deber que tengo con mi familia y legado de casarme con alguien de mi posición social, tal como lo hizo mi padre, mi abuelo y todos los Darcys que por tantos años han preservado el honor de mi familia."

"Entiendo," dijo Lady Victoria en un tono conciliador. Ese no era ni el momento ni el lugar para polemizar con su sobrino. Sólo esperaba que llegado el momento, no cometiera el mismo error que su padre. Esa era una de las razones por las que ella siempre le presentaba señoritas que pensaba podrían ser adecuadas para él. Era una forma de ayudarlo a encontrar alguien que pudiera hacerlo feliz porque ella sabía muy bien que su sobrino no era bueno conversando con personas a las que no conocía bien. Él generalmente no se sentía cómodo rodeado de extraños.

Por esa razón una vez terminaron de bailar, le presentó a un amigo de su familia, el señor Benjamin Carter, a su esposa y su hija, la señorita Ruth Carter. El señor Darcy en un principio se sintió incómodo, pero después de unos minutos se dio cuenta de que eran personas bastante agradables. Para no ser grosero, invitó a Ruth a bailar con él y después de conversar unos minutos con ella, tuvo que reconocer que era bastante agradable.

Después de bailar con ella, y para evitar tener que hablar con otras personas que su tía le presentó, se fue al lado de su amigo y Jane para conversar con ellos. Afortunadamente, Caroline estaba bailando por lo que no tuvo que soportar sus comentarios e insinuaciones y pudo hablar tranquilamente con su amigo y su esposa.

Después de la cena y antes de que se iniciara la última serie, Lady Victoria se acercó a Jane para felicitarla por su reciente matrimonio. Después de hablar por unos minutos con ella, quedó encantada con la sencillez y dulzura de ella y no pudo evitar decirle algunos cumplidos. "Sin duda alguna, mi estimada señora Bingley, usted ha sido la señora más hermosa y elegante de este baile. Me va a tener que dar el nombre de su modista."

"Gracias, mi Lady…" dijo Jane emocionada.

"Mi Lady, no sabe el gusto que nos da estar esta noche aquí disfrutando de este hermoso baile, tan elegante y lleno de personas tan importantes," añadió Caroline inmediatamente. Ella no iba a dejar que la estúpida Jane le arrebatara la posibilidad de hablar con la condesa.

"Gracias, señorita," respondió Lady Victoria cortantemente y siguió conversando con Jane. Ella se dio cuenta de que no podría conocer mejor a Jane si Caroline estaba presente. Por eso, al día siguiente del baile le enviaría una nota invitándole a tomar el té con ella. La condesa se había propuesto ayudar a Jane y pensaba transformarse en su mentora. La temporada en Londres podía ser muy aburrida pero si tenía un propósito se podía transformar en algo divertido.

El baile finalizó a altas horas de la noche, pero sin duda alguna fue todo una sensación. Lady Victoria probó una vez más ser una excelente anfitriona y la mujer sofisticada y culta de la que todos querían ser amigos.

P&P

Elizabeth llevaba una semana viviendo con los Stone y aunque se sentía mucho más tranquila, no pudo evitar estar un poco melancólica. Esa tarde había ido al pequeño parque cerca del río a caminar y recordó todo lo que había pasado allí algunos meses atrás. "¿Cómo pude ser tan tonta y creer las palabras de ese hombre?" se preguntaba Elizabeth recordando cómo él la había besado. "Tanto que me preciaba de lista y me burlaba de las cosas que Lydia y Kitty decían y terminé peor que ellas, creyendo las mentiras del primer canalla que me dijo que me amaba."

Después de caminar por casi una hora alrededor del parque, decidió retornar a casa un poco más aliviada y menos preocupada. Aunque aún tenía momentos en que sus pensamientos destructivos la inundaban, cada día se sentía más tranquila y sobre todo menos enamorada de aquel hombre que le mintió descaradamente.

Esa noche, tía Agatha iba a organizar una cena en honor del hijo del sobrino de su esposo que se había comprometido en matrimonio recientemente. El hermano mayor de la señora Gardiner, John Stone, era dueño de las tres librerías más importantes de Londres, y su hijo mayor, Alexander había inaugurado recientemente una editora de libros y estaba pronto a casarse.

Cuando Agatha vio entrar a Elizabeth tan cabizbaja decidió comentarle todo lo que pensaba sobre William Thompson y su tío. Ella no había querido hablar con Elizabeth del tema porque cuando recién llegó a Londres se veía muy decaída. Ella le contó con mucha tristeza sobre la situación de su familia, pero sobre todo lo mucho que le había afectado alejarse de Jane. Pero Agatha comprendió que era su deber aclararle algunas cosas porque eso era mucho mejor que verla sufrir más tarde.

"Lizzy, querida, ¿tienes unos minutos para hablar conmigo?"

"Claro que sí, tía. Necesitas ayuda con la cena de esta velada?" preguntó Elizabeth.

"No querida, faltan algunas horas para eso. Por favor siéntate aquí a mi lado," dijo Agatha y le tomó la mano a Elizabeth. Después de respirar hondo compartió con ella todo aquello que tanto le afligía y su sobrina la escuchó con mucho interés y asombro a la vez. "Si George Thompson llevaba algún tipo de doble vida, no me extrañaría que su sobrino tenga costumbres muy similares. Por eso creo que debes mantenerte lo más alejada posible de ese hombre para evitar que te haga más daño, querida."

"Lo más probable es que sea así, tía. Pero no te preocupes, él como su tío actúan así en el anonimato. Jane se casó con el mejor amigo del señor Thompson-Darcy, o como sea que se llama realmente. Por esa razón él fingió que no me conocía cuando me vio en Hertfordshire. Ante sus conocidos y las personas de su círculo, seguro él pretende ser un hombre de moral intachable. En todo caso, es preferible que nunca nadie sepa que nos conocimos, de esa forma nos evitamos situaciones incómodas. Además, me imagino que la casa Thompson ya se debe haber vendido por lo que no podrá retornar más a este lugar y hacerle daño a nadie más con sus mentiras."

Agatha pudo ver la tristeza y decepción en los hermosos ojos de su sobrina y sintió un poco de pena, pero ella sabía que Elizabeth saldría adelante y que pronto conocería un hombre que la valorara, tal como ella lo merecía. "Creo que tienes razón, dejemos a ese hombre como algo del pasado. Aunque debo decirte que no sé qué ha pasado con la casa. Es como si nuevamente estuviera abandonada, tal como sucedió tras la muerte de Olivia."

"Ese caballero tiene mucho dinero, tía. Seguro prefiere dejar todo abandonado por un tiempo ahora que sabe que nosotros conocemos su verdadera identidad. Pero hablemos de cosas más agradables, cuéntame cómo es la novia de Alex." Elizabeth y su tía prefirieron no mencionar más el tema de los Thompson y siguieron animadamente hablando de la cena de esa noche.

Después de pasar muchos días apenada, Elizabeth por fin pudo relajarse en compañía de sus adorados tíos Gardiner, y por supuesto en compañía de toda la familia Stone que eran personas tan agradables.

Pese a todo, no pudo evitar preocuparse un poco al saber que Jane no estaba bien instalada en su casa aún. Ella le había mandado una carta en la que le relataba que aún no tenía la casa completamente amueblada pero que pronto podría tenerla habilitada para recibir visitas. Ella asumió que por esa razón aún no los había invitado para conocerla sin saber ni imaginar que había razones mucho más profundas.

Después de cenar, la señora Gardiner aprovechó de conversar con Elizabeth un poco más en privado mientras el resto de los invitados estaban felices hablando de los preparativos de la boda de Alexander y Theresa. "Jane vino a visitarme ayer y está muy contenta porque por fin está en su casa, aunque dice que le falta mucho por organizar aún. Pasado mañana prometió volver y me dijo que te avisara porque se muere de ganas de verte y sobre todo de hablar contigo." La señora Gardiner había notado a Jane muy nerviosa pero no se había atrevido a preguntarle qué le pasaba.

"Gracias, tía. Por supuesto que allí estaré," replicó Elizabeth desconcertada. Ella hubiera preferido visitar a Jane en su casa y ayudarla con todo el trabajo de amueblarla y organizar todo, pero a la vez no deseaba interferir y quedar como una intrusa. La verdad era,que ni a ella, ni a su tía les importaba si la casa estaba o no completamente amueblada, pero suponía que tal vez su hermana no deseaba que conocieran su casa hasta que no estuviera lista.

Como era de esperarse en una casa llena de integrantes de la familia Stone, la conversación rápidamente se desvió hacia el tema de los libros. John Stone le contó a su querido tío Archibald que tenía dos libros que deseaba que él analizara porque no estaba seguro de su real valor y de esa forma, Archibald se comprometió a pasar por su librería y Elizabeth se ofreció gustosamente a acompañarlo.

P&P

El señor Darcy reconocía que la tarde en el museo había sido mucho más agradable de lo que había esperado. La señora Carter era una buena amiga de Lady Victoria, y tenía una conversación bastante agradable.

Por su parte, la señorita Ruth había sido muy amable y considerada con Georgiana y él sinceramente lo agradeció porque su hermana rara vez lograba sentirse a gusto con gente que no conocía bien. La señorita Carter había debutado unas cuantas temporadas atrás, pero él jamás se había fijado en ella. Aunque poseía una dote de treinta mil libras y era la sobrina del Conde de Norton, a él nunca le había llamado la atención. Él sabía que estaba siendo superficial al juzgarla, pero no la consideraba atractiva pese a que no era una mujer a la que pudiera considerar fea. Pero él sentía que le faltaba algo, que sus ojos no brillaban cuando hablaba y que su sonrisa no era enigmática pero dulce a la vez.

Pero él admitía que estaba en un punto de su vida donde tenía que pensar seriamente en casarse. Su hacienda y su legado necesitaba un heredero y tal vez la señorita Carter podría ser la mujer ideal para ocupar el puesto de la futura señora Darcy. Él se repetía eso una y otra vez en su cabeza, pero cada vez que cerraba los ojos y se quedaba dormido, ese rol lo cumplía otra mujer. Una a la que soñaba que besaba con toda el alma y que le entregaba su amor con igual intensidad. Allí, sentado tomando el té miraba a la señorita Carter y no creía que ella pudiera provocar ninguna de esas emociones en él. Pero la mujer que lo hacía no tenía ninguna de las cualidades de la señorita Carter, una excelente dote e impecables conexiones.

"Darcy, ¿quieres que pida una tarta de fresas? Sé que es tu favorita," dijo la Condesa al ver a su sobrino tan concentrado en sus pensamientos. Después del museo habían ido a un salón de té y ella tenía la ilusión de que el señor Darcy y la hija de su amiga conversaran y se conocieran un poco más.

"No, gracias tía. Pero creo que aprovecharé este momento para ir a la librería que está al final de la cuadra. Quiero comprar un libro que hace tiempo deseo leer. ¿Georgiana me quieres acompañar?" El señor Darcy no quería seguir allí con su tía y sus amigas. Ellas eran damas muy agradables y él no estaba de ánimo para conversar y no quería hacerles un desaire. Además, hace días que estaba con la idea fija de comprar el libro que Elizabeth estaba leyendo en Netherfield. Él sentía que había leído ese libro pero deseaba cerciorarse. Tal vez, eso le ayudaría a traer otros recuerdos perdidos.

"No gracias, hermano. Prefiero quedarme aquí, si no te molesta, claro," dijo Georgiana tímidamente.

"Por supuesto que no. Yo volveré en menos de media hora."

"Señor Darcy, ¿le molestaría si lo acompaño? También deseo comprar algo, anoche terminé la novela que estaba leyendo y quiero buscar algún libro interesante," preguntó Ruth un poco insegura. Ruth encontraba muy atractivo al caballero de Derbyshire y deseaba conocerlo mejor. Ella sabía que no era una mujer atractiva como muchas de las debutantes, pero si el señor Darcy sólo buscaba una mujer bonita ya se habría casado hace harto tiempo. Por eso ella sentía que tenía una chance con él.

El señor Darcy se sintió un poco incómodo pero no se pudo negar. "Claro que no me molesta, al contrario, será un gusto que me acompañe."

Lady Victoria y la señora Carter les dijeron que se tomaran el tiempo que quisieran porque ellas tenían muchas cosas de qué conversar. "Espero no te aburras de escuchar a estas viejas amigas hablando de cosas del pasado," dijo Lady Victoria a su sobrina.

"No te preocupes, tía. Sabes que siempre me divierto a tu lado," replicó Georgina.

"Lo sé, mi niña," dijo Lady Victoria y le acarició el rostro a su sobrina. Ella siempre había protegido a Georgiana y la quería mucho, como a la hija que nunca tuvo. Y Georgiana se aferraba al cariño de su tía porque ella era lo más cercano a una madre en su vida.

En el camino a la librería, el señor Darcy tuvo una agradable conversación con Ruth y reconoció una vez más que era una mujer muy simpática. El sinceramente se preguntaba si podría hacer un matrimonio de conveniencia, parecía tan fácil cuando lo decía pero tan difícil al momento de tomar la decisión.

Mientras tanto en la librería estaban John Stone, su tío Archibald y su hijo Alexander conversando animadamente sobre un libro de más de cien años de un importante filósofo, mientras Elizabeth los escuchaba animadamente.

"Querida Lizzie, debes estar muy aburrida escuchando esta conversación sobre un libro tan extraño como este," dijo John Stone sonriendo.

"Para nada, tío John, me parece muy interesante aunque debo confesar que no entiendo mucho del tema," replicó Elizabeth sonriendo.

"No te preocupes, Lizzie, que yo tampoco entiendo mucho," complementó Alexander riendo.

"Pero tú tienes la obligación de aprender de estas cosas," dijo John a su hijo. "Pero tú no Lizzie, así que te sugiero que vayas y revises las estanterías y escojas los libros que más te gusten. Serán un regalo mío por tener la paciencia y el cariño de acompañar a mis queridos tío y tía."

"La paciencia la tienen ellos, tío John. Además es tan fácil quererlos" agregó Elizabeth sinceramente. "Pero no puedo negar que tu oferta es muy tentadora, ¿puedo ir a ver algunos libros, tío Archibald?"

"Claro que sí, mi niña. Ve y diviértete que tengo para varios minutos más con este libro," dijo Archibald. "Por favor escoge todo lo que quieras, que yo me las arreglo con mi sobrino."

"Nada de eso, tío. Los libros son un regalo mío," dijo John energéticamente.

"Te sugiero que te vayas inmediatamente, Lizzie, porque aquí se está armando otra discusión de horas," agregó Alexander riendo.

"Tienes razón, querido, es mejor huir antes de quedar atrapada entre el fuego cruzado," dijo Elizabeth y se alejó del grupo de hombres.

Elizabeth inmediatamente se dirigió hacia las estanterías que estaban en el segundo piso. Allí estaban las novelas de aventuras que tanto le gustaba leer. Pasó casi veinte minutos decidiendo que iba a leer, hasta que encontró un libro que le pareció interesante y divertido. Ella no pensaba escoger más de dos libros porque no deseaba abusar de la amabilidad de tío John y Alexander. Después bajó al primer piso y fue en busca de algún libro de poesía.

Al señor Darcy le gustaba mucho esa librería, era una de las más grandes de ese sector de la ciudad y además siempre tenía muy buenos libros. El dueño era el señor Stone y su familia era originaria de Lambton, en Derbyshire. Él no los conocía muy bien porque se mudaron a Londres cuando él era muy pequeño pero había tenido la oportunidad de conversar con él y reconocía que probablemente era la persona que mejor conocía el rubro de los libros y sobre todo siempre estaba al tanto de lo que se publicaba y se publicaría en el corto plazo.

Cuando entró a la librería sintió ganas de ir a preguntarle al señor Stone por el libro que andaba buscando, pero lo vio muy ocupado hablando con otros dos hombres por lo que prefirió ir directamente a buscar el libro y si no lo encontraba acudiría a él. Además, él estaba acompañado por la señorita Carter y debía ocuparse de ella también.

"¿Está buscando algún libro en particular, señorita Carter?"

"No un libro en particular, pero sí sé que quiero comprar un libro de poesía. ¿Le gusta leer poesía, señor Darcy?" preguntó Ruth animadamente.

"No es mi género favorito, pero no puedo negar que a veces me entretiene leer una que otra poesía. Sobre todo cuando son una alegoría a la naturaleza o las bondades de nuestra nación," explicó el señor Darcy mientras caminaba entre las muchas estanterías del primer piso de la librería con Ruth tomada de su brazo.

"¿Y qué le parece la poesía romántica? Mi hermano siempre ha dicho que la mayoría de los hombres niegan leer poemas románticos, pero que igual lo hacen a escondidas," dijo Ruth sonriendo.

El señor Darcy no pudo evitar sonreír, "Supongo que todos tenemos nuestro lado romántico y…" El señor Darcy no pudo terminar lo que iba a decir porque lo interrumpió el sonido de un libro que cayó pesadamente al suelo.

Elizabeth estaba tan concentrada leyendo un poema de un libro que le pareció interesante que no notó que dos personas se acercaban hasta que escuchó una voz familiar hablando de algo relacionado con romance. Cuando levantó la vista, vio con horror a William acompañado de una señorita elegantemente vestida tomada de su brazo mientras ambos sonreían. En ese momento sintió una mezcla de pena e indignación y no pudo evitar dejar caer el libro que tenía entre sus manos.

"Señorita Bennet…" dijo el señor Darcy estupefacto. ¿Qué hacía ella allí?

"Señor ¿Darcy?" preguntó Elizabeth. En ese momento ella no sabía si ese era el siempre orgulloso amigo de su cuñado o el afable señor Thompson con alguna nueva conquista del brazo.

P&P

Gracias a todos los que dejan comentarios y siguen la historia con entusiasmo ya sea leyendo directamente o a través del traductor.

En el próximo capítulo las cosas se enredarán un poco más y nuestra pobre Jane desatará la envidia de su cuñada.

¡Nos vemos pronto!

Saludos,

Yo