Capítulo 13

El señor Hurst vio a su esposa sentada en un sofá inmersa en sus pensamientos y se preocupó inmediatamente. "Querida, ¿estás bien?" preguntó y se sentó a su lado. Inmediatamente, sacó su pañuelo y se lo ofreció al ver que unas cuantas lágrimas rodaban por sus mejillas.

"Estoy muy bien, querido. Sólo estaba pensando en nuestro futuro hijo," contestó Louisa y puso su mano sobre su vientre. El señor Hurst inmediatamente cubrió con su mano la de ella igual de emocionado. La última semana había sido maravillosa, sin la presencia de Caroline y el resto de familia, la armonía reinaba en aquel hogar. Además, Louisa le había confirmado que estaba en cinta lo que lo hacía sentirse inmensamente dichoso.

"Te entiendo muy bien, Louisa. A mí me pasa igual, a veces me distraigo pensando en nuestro futuro hijo y en general sobre nuestra familia. Déjame contarte como me fue hoy en el club." El señor Hurst aún tenía gran parte de la dote de Louisa y otro dinero que una tía le había regalado cuando se casó. Como hijo mayor, él heredaría la haciendo de su padre, pero sabía que eso no era suficiente para poder darle a Louisa y sus futuros hijos todo lo que merecían. Por esa razón, y gracias a los consejos de Charles y Darcy estaba explorando nuevas formas de negocios para acrecentar su patrimonio. Desde que descubrió que estaba enamorado de su esposa se había motivado a hacer algo con su vida, quería que sus hijos y ella se sintieran orgullosos de él.

Mientras Louisa se secaba las lágrimas, descubrió que el pañuelo que su marido le había dado, era aquel que ella había bordado con la ayuda de Jane. "Querido, me da un poco de vergüenza que uses este pañuelo. ¿Qué van a decir tus amigos cuando vean lo mal bordado que está?"

"Querida mía, a mí no me importa en lo más mínimo lo que digan mis amigos. Este es un regalo hecho por ti y por eso me gusta siempre tenerlo conmigo." El señor Hurst acarició el rostro de su esposa y después comenzó a besarla tierna y apasionadamente. Después de varios minutos así, le dijo al oído juguetonamente, "creo que es mejor que vayamos a mi cuarto."

"Claro, que sí, Henry," contestó Louisa besando la mejilla de su esposo.

Cuando ambos salían del salón y se dirigían hacia las escaleras riendo y conversando amenamente, Caroline entraba en la casa de su hermana como un ciclón lleno de furia. "Hurst, necesito hablar con Louisa. Por favor, déjanos a solas por un momento," ordenó Caroline mientras entraba en el salón y seguía reclamando contra todo.

Louisa miró a su esposo y a su hermana y no supo muy bien qué hacer, pero cuando vio lo indignado que estaba el señor Hurst le dijo suavemente para tranquilizarlo. "Querido, déjame hablar con ella. Te prometo que no tardaré mucho."

"Da lo mismo, Louisa. Caroline consiguió arruinarme el día, me iré a la oficina a analizar algunos documentos que me envió mi procurador. Si invitas a almorzar a tu hermana, por favor pídele a una sirvienta que me lleve algo de comer a mi oficina. Por nada del mundo quiero tener que estar en el mismo cuarto con Caroline cuando está así de intratable."

"Querido, no te enojes…"

"Louisa, por favor, ven aquí inmediatamente," dijo Caroline exasperada al ver que su hermana no le hacía caso. El señor Hurst aprovechó ese momento para desaparecer. Sólo para proteger a su esposa de un mal rato no dijo todo lo que pensaba en ese momento.

Finalmente, Louisa entró al salón y se sentó a escucharla. Caroline habló por casi media hora sin interrupción y le contó a Louisa que Lady Victoria había invitado a Jane a tomar el té y la desgraciada de su cuñada no le había avisado y la había dejado fuera de la cita con la destacada dama de sociedad. "Y como era de esperar, el idiota de Charles le dio la razón a esa estúpida diciendo que la nota enviada por Lady Victoria sólo mencionaba a Jane."

"¿Y tú leíste la nota?" preguntó Louisa curiosa.

"Sí, por supuesto que lo hice. Sabes muy bien que no confío en esa mosca muerta."

"¿Y qué decía la nota? ¿Era una invitación personal o abierta?"

"¿Qué tipo de pregunta es esa, Louisa?"

"Una pregunta bastante lógica, ¿no crees? Si la leíste, y sabiendo que conoces muy bien los protocolos sociales, probablemente pudiste deducir si era o no pertinente que acompañaras a Jane."

"¡Estás igual que Charles! Lo importante es que si Jane me hubiera llevado con ella, la Condesa me hubiera recibido y al conocerme mejor, estoy segura que ella y yo hubiéramos terminado siendo muy buenas amigas. Jane sabe muy bien eso y por eso se aseguró que yo no fuera."

Louisa prefirió no decir nada más. Ella quería estar tranquila para poder contarle a su hermana la noticia de su futura maternidad, pero además quería pedirle que respetara un poco más su vida privada y comunicarle que de ahora en adelante su prioridad iba a ser su familia y que no tenía ni tiempo ni energía para seguir interfiriendo en la vida de Charles. "Caroline, me gustaría decirte…"

"Espera, Louisa, que no he terminado. El otro asunto que me trae a tu casa es que Eliza Bennet está en Londres, y quiero que me ayudes a mantenerla lo más alejada posible de nosotros. No quiero que Jane crea que tiene derecho a meter a esa mujer vulgar y salvaje en mi casa." Lo que realmente le preocupaba a Caroline era que Elizabeth no se encontrara con el señor Darcy. Ella aún recordaba con la cara de bobo con la que él siempre la miraba y la forma en como ella siempre intentaba llamar su atención hablando de cosas sin importancia.

"Lo siento, Caroline, pero yo prefiero mantenerme al margen de todo eso," dijo Louisa en tono firme.

"¿Pero qué te pasa a ti? ¿Estás enferma?" preguntó Caroline indignada.

"No, estoy en cinta y deseo pasar mi embarazo lo más tranquila posible. Espero que puedas respetar mi decisión. Tú sabes que siempre eres bienvenida en mi casa, pero te pido por favor que intentes ser más considerada con mis tiempos y los de mi familia."

"¿Estás en cinta? Louisa, ¿cómo pudiste permitir que ese hombre…?"

"Ese hombre es mi marido, y ahora el padre de mi futuro bebé," dijo Louisa muy alterada.

Caroline entendió que no era el momento para decirle a su hermana lo que pensaba de su repentino embarazo y sobre la relación que tenía con su esposo. Ese hombre de apariencia tan corriente y sin muchos méritos más que tener un tío que era parte de la nobleza. Por eso, se sentó al lado de su hermana y aunque no la felicitó, se mantuvo más calmada. "Entiendo, aunque creo que esto es absolutamente inesperado, ya está y no queda otra que aceptarlo."

Caroline no quería perder a Louisa como aliada, por lo que se quedó a tomar el té con ella e intentó a como diera lugar esconder su frustración y conversar de cosas un poco menos polémicas. De esa forma, le contó que estaba a cargo de decorar su nueva casa y la invitó a ir de compras al día siguiente. "Necesito comprar varios accesorios para el gran salón y vajilla para el comedor de invitados. ¿Qué te parece si me acompañas? Te hará bien salir."

"Tienes razón, además puedo aprovechar de ver cosas y tener algunas ideas para el cuarto de mi bebé," replicó Louisa animada. "¿Irá Jane con nosotras?"

"Cómo se te ocurre, Louisa. Yo me estoy haciendo cargo de todo. Creo que ella se da cuenta que no está a la altura."

A Louisa le pareció un poco exagerada la opinión de su hermana, pero no tenía intención de comenzar una nueva discusión. Ella estaba feliz de que Caroline no la hubiera criticado por su embarazo y que la apoyara en esa nueva etapa de su vida. Aunque fuera de una forma bastante distante y fría.

La verdad era que Caroline sólo deseaba ganar tiempo y ver cómo podría usar el embarazo de su hermana en su favor. Ella sabía que Jane era una mujer muy sensiblera que se emocionaba por tonterías como un embarazo. Alguna idea se le ocurriría para sacar ventaja de esa nueva situación.

P&P

Archibald estaba muy concentrado analizando las páginas de la reliquia que tenía en sus manos con una lupa que le permitía ver detalles que pasaban por alto a simple vista.

"Aunque el libro está en latín, tío, estoy seguro que fue publicado aquí en Inglaterra y que alguien lo llevó a Francia y por eso tiene esa cobertura en francés," dijo John intrigado.

"Estoy de acuerdo contigo, mi querido sobrino," dijo Archibald. Cuando levantó la cabeza del libro para explicarle mejor a su sobrino la teoría que tenía sobre el origen del libro, vio entrar a un hombre idéntico a William con una mujer del brazo. Lo observó por varios segundos para estar seguro de que era él por lo que no escuchó lo que su sobrino nieto, Alexander, le decía.

"Tío, ¿pasó algo?" preguntó Alexander preocupado al ver a su tío un poco pálido. Él y su padre se miraron y luego miraron a su alrededor pero no vieron nada fuera de lugar, sólo varios clientes que recorrían la tienda.

"Perdón, Alex, pero no te puedo explicar con detalles lo que me aflige en este momento. Sólo quiero decirte que estoy un poco preocupado por Lizzie. ¿Puedes ir a buscarla y decirle que quiero hablar de algo importante con ella?" Archibald quería prevenir un encuentro entre ese canalla y su amada sobrina.

"Por supuesto, tío," dijo Alexander e inmediatamente comenzó a buscarla. Él la había visto ascender al segundo piso, por eso fue primero hacia allá.

Mientras en el primer piso, el señor Darcy no sabía qué hacer. Él estaba tan nervioso que no podía pensar claramente. A Elizabeth le pasaba algo muy similar por lo que hubo varios segundos de incómodo silencio en los que Ruth aprovechó para observar al señor Darcy detenidamente sin que él se diera cuenta. Sin duda alguna, la señorita que estaba enfrente de ellos lo había dejado estupefacto y no lo culpaba, porque pese a llevar ropa bastante simple sin lugar a dudas, era una mujer difícil de ignorar por lo bonita que era.

El señor Darcy finalmente recuperó el habla y dijo brevemente, "¿Está hace mucho tiempo en la ciudad?"

"No, no tanto."

"¿Se está alojando en casa de la señora Bingley? Preguntó el señor Darcy inquieto. Si estaba en casa de su amigo sabía muy bien que iba a tener que luchar consigo mismo todos los días para no correr a visitarla.

"No, no estoy allí," le contestó Elizabeth cortantemente. No deseaba darle ningún tipo de expiración más. Sobre todo si quería saber si estaba con los Stone. Ella le demostraría que, al menos para ella, todo eso estaba en el pasado.

El señor Darcy estuvo tentado a preguntarle dónde se estaba quedando, pero asumió que era en casa del tío comerciante. Pero además, en ese momento notó que la señorita Carter lo observaba con mucha curiosidad y decidió hacer lo que los buenos modales dictaban. "Señorita Bennet, permítame presentarle a una amiga de mi familia, la señorita Carter. La señorita Bennet es hermana de la señora Bingley, a quien conoció en el baile de mi tía Victoria unas veladas atrás."

A Elizabeth no le pasó por alto cuando él dijo 'amiga de mi familia' y comprendió que él quería dejarle saber que aquella señorita era de sus círculos sociales y por tanto aceptable para pasearse con ella del brazo en público. "Encantada señorita," dijo Elizabeth con una leve sonrisa.

"El gusto es mío, señorita Bennet. Su hermana es una mujer muy encantadora," agregó Ruth amablemente y le contó algunas cosas más sobre su encuentro con Jane en el baile. Ambas hermanas parecían buenas chicas y ambas eran muy bonitas, aunque la belleza de Elizabeth era bastante más exótica que la de Jane.

Elizabeth sólo quería salir corriendo de allí, pero la señorita Carter había sido tan considerada y amable que no quería dejar una impresión errada en ella. Sobre todo, si al parecer, estaba estableciendo algún tipo de amistad con Jane.

Por eso se sintió tremendamente aliviada cuando Alex se acercó a ella y le dijo cariñosamente, "Por fin te encuentro, Elizabeth."

"Alexander, no sabía que me estabas buscando," replicó Elizabeth mirando aliviada a su primo. "Señor Darcy, señorita Carter me temo que debo irme inmediatamente. Si me disculpan," dijo y se tomó del brazo de Alex. Ella estaba tan aliviada y afligida a la vez que ni siquiera se tomó el trabajo de presentar a su acompañante.

Alexander intuyó que algo raro estaba ocurriendo y preguntó muy preocupado, "¿Estás bien, Lizzie?"

Elizabeth se agarró fuertemente del brazo de su primo y dijo casi sin aliento, "no te preocupes, ahora todo está bien," y se aferró al brazo que Alexander le ofrecía.

Cuando llegaron donde estaban los tíos, Archibald vio a Elizabeth muy pálida y miró a Alexander visiblemente agobiado. Alex entendió que debía sacar a Elizabeth de ese lugar inmediatamente y le dijo muy animado. "Lizzie, como sabes, la casa de mi madre está a dos cuadras de aquí. Theresa y ella están revisando algunos asuntos de la boda, y sé que estarían encantadas de recibir tu ayuda."

"Alex, no quiero incomodar," dijo Elizabeth con algo de modestia.

"Créeme, querida prima, que toda ayuda es bienvenida en estos momentos," dijo Alex riendo.

"Ve con Alex, Lizzie," tío Archibald y yo iremos en una hora más a tomar el té con ustedes," dijo tío John.

Finalmente, Elizabeth aceptó y dejó la librería en compañía de su primo. Alexander podía sentir la tensión en Elizabeth y por eso le ofreció nuevamente su brazo, al que ella se aferró muy agradecida. "Lizzie, casi creía que estabas jugando a las escondidas. Siempre fuiste muy buena y nos ganabas a todos. Aún recuerdo esa vez que jugamos en la bodega de tío Gardiner y te escondiste detrás de aquel baúl grande lleno de cachivaches."

"Te recuerdas porque salí tan llena de polvo que Jane, Peter, Rose y tú se rieron por horas, ¿no?" dijo Elizabeth riendo. Ella estaba tan agradecida por cómo su primo la estaba protegiendo que no pudo evitar recordar todos los hermosos momentos que había pasado junto a los sobrinos de su tía Gardiner.

"Espero no te enojes, pero aún nos reímos cuando nos acordamos de todas las travesuras que hacíamos cuando éramos niños." Elizabeth y Alex siguieron conversando animadamente mientras caminaban rumbo a casa de sus padres sin saber que alguien los observaba y se moría de rabia y celos.

P&P

La señora Gardiner estaba cada vez más preocupada por Jane porque casi todos los días pasaba varias horas en su casa. A ella le encantaba su compañía, pero presentía que había algo más detrás de todo. Incluso le había pedido a Elizabeth que intentara indagar sobre lo que estaba sucediendo, pero incluso con ella, Jane siempre contestaba con evasivas. Siempre se excusaba con que la casa aún no estaba preparada para recibir visitas y que siempre habían personas haciendo arreglos y por eso prefería salir de allí.

Lo que nadie sabía y ella ocultaba, era que la casa estaba prácticamente amoblada y que Caroline se las había arreglado para decorarla completamente a su gusto. Además, todas las tardes, su cuñada invitaba amigas a tomar el té y Jane sentía que prácticamente no tenía hogar. Claro, Caroline se aseguraba de hacer todo a las espaldas de su hermano y como Jane no se atrevía a reclamar para no alterar la paz y la armonía de su hogar, el señor Bingley no se enteraba prácticamente de nada. Cuando él estaba en casa las cosas eran muy diferente, Caroline salía y ellos podían disfrutar de la hermosa relación que habían logrado construir. Además, Jane sentía que no tenía derecho a criticar a Caroline porque su esposo siempre había sido tolerante con su familia y jamás le había hecho ni un sólo comentario derogatorio hacia ellos, aunque ella admitía que a veces lo merecían.

"¿Cómo te fue en tu cita con Lady Victoria, querida?" le preguntó la señora Gardiner a Jane.

"Muy bien, querida tía. Ella es una señora tan refinada y ha sido tan amable conmigo. De hecho, mañana me invitó nuevamente a su casa y me dijo que quería presentarme a algunas de sus amigas. Aunque no me lo ha dicho, yo sé que tiene la intención de ayudarme para que mi entrada en sociedad sea lo más exitosa posible," explicó Jane.

"Es muy amable de su parte ayudarte de esta forma. Eres muy afortunada, Jane, de tener una protectora tan bien conectada y que al parecer siente sincero afecto por ti."

Jane y la señora Gardiner conversaron animadamente hasta que Charles llegó a buscar a su esposa. Una hora antes, había pasado por su casa, pero encontró a Caroline con un grupo de amigas y la ama de llaves le informó dónde estaba Jane. A él nunca le habían agradado las amigas de su hermana por lo que prefirió ir a donde estaba Jane. Cuando la señora Gardiner los invitó a cenar, ambos aceptaron gustosamente. Una cena con los Gardiner era una especie de bendición ya que les ahorraría tener que pasar una velada con Caroline y sus amigas.

Finalmente, llegaron a casa bastante tarde pero muy felices después de una agradable velada. Pero la felicidad les duró poco porque en cuanto entraron en la casa tuvieron que soportar los reclamos de Caroline. "Charles, ¿dónde estabas? Me parece de muy mal gusto que no te hayas quedado a cenar con nosotras. Me has dejado muy mal con mis amigas, espero que no digan que soy tan pésima anfitriona que ni el dueño de casa cena conmigo," dijo Caroline ignorando por completo a Jane.

"No me importa lo que digan tus amigas, Caroline. Además, tus amigas saben muy bien que la anfitriona de esta casa es mi esposa y no tú," replicó Charles exasperado.

Caroline lo miró con desprecio y sólo agregó de forma muy petulante. "Quiero que sepas que le ordené a todos los sirvientes que se retiraran a descansar, por lo que si tienen hambre, tendrán que prepararse algo ustedes mismos."

"No te preocupes, Caroline, comimos en casa de mi tío," explicó Jane conciliatoriamente.

"Y la comida estaba deliciosa y la compañía aún mejor," agregó Charles besando la mano de su esposa. "Bueno, hermana, nosotros nos vamos a descansar porque estamos agotados," dijo el señor Bingley sonriendo. Él estaba feliz y no pensaba permitir que Caroline le arruinara la noche.

Pero a Caroline no le gustó que su hermano prácticamente ignorara sus lamentos y contraatacó. "Mañana tengo muchas cosas que hacer por lo que ordené que el desayuno se sirviera temprano."

"No hay problema, tú puedes desayunar a la hora que se te dé la gana. Mi querida esposa y yo desayunamos en nuestras habitaciones. Mañana estoy libre hasta el mediodía por lo que no necesito levantarme temprano. Buenas noches, Caroline." El señor Bingley tomó la mano de Jane y comenzó a guiarla hacia la escalera que llevaba al segundo piso.

"Buenas noches, Caroline," agregó Jane para no ser descortés.

Pero Caroline no le respondió a ninguno, sólo dio la media vuelta y se fue rumbo a su cuarto. Ella estaba aburrida de tener que verle la cara al bobo de su hermano y a la estúpida de su cuñada. Pero por el momento no tenía otra opción que vivir allí.

P&P

El señor Darcy caminaba de un lugar a otro incesantemente encerrado en su oficina. Iba por la segunda copa de brandy y aún no conseguía calmarse del todo. Lo peor era que para ese entonces le dolía mucho la cabeza, pero pese a todo lo mal que se sentía no lograba olvidar todo lo que había pasado hace unas pocas horas atrás en la librería. Afortunadamente, Georgiana había ido a pasar unos días con tía Victoria porque en ese momento él no era buena compañía para nadie.

El encontrarse con Elizabeth había sido algo que no esperaba, pero además lo tenía lleno de dudas y preguntas. En un principio, él se había sentido un poco desconcertado y no supo qué decirle pero justo en el momento en que estaba decidido a preguntarle un poco más de su estadía en Londres, apareció un hombre de la nada y llamó por su nombre de pila. Ese tipo le habló con tanta familiaridad que él no pudo evitar sentirse intrigado pero molesto a la vez. Lo peor de todo, fue que a Elizabeth se le iluminaron los ojos cuando lo vio, y sin siquiera presentarlo, se excusó y se alejó de él aferrada a su brazo.

De ahí en adelante todo empeoró porque él se dio cuenta de que estaba con la señorita Carter y de alguna manera tuvo que fingir que nada de lo que había ocurrido lo había afectado. Por suerte, ella era una mujer bastante discreta y no lo presionó mayormente.

Como era de esperar, al señor Darcy se le olvidó por completo todo lo relacionado con el libro que quería comprar y una vez que Ruth encontró lo que buscaba decidieron retornar al salón de té donde los esperaban el resto de las damas. Pero fue en ese momento, cuando salió de la librería, que vio lo que no lo dejaba tranquilo. Elizabeth iba aferrada a ese hombre y él le hablaba muy de cerca, casi en el oído mientras ella parecía reír alegremente.

"¿Por qué no puedo evitar sentirme traicionado? ¿Quién es ese hombre, Elizabeth?" El señor Darcy sentía que de alguna manera, Elizabeth le había prometido algo, que entre ellos había una especie de pacto. Como el hombre racional que era, él rechazaba la idea de que algo así fuera posible, pero no podía sacar esa inquietud de su corazón.

Después de finalizar el tercer brandy, llamó a su ayuda de cámara para hacerle algunas preguntas. Él había hecho eso en unas cuantas ocasiones, pero necesitaba quedarse tranquilo con su conciencia. "Maldita memoria, no sé porque siento que algo pasó durante esos meses que no puedo recordar."

Justo cuando estaba comenzando con el cuarto brandy, Howard entró en la biblioteca. Al ver a su patrón tan angustiado creyó saber lo que le pasaba. Aunque él nunca le había contado, y por supuesto él no había preguntado, Howard sabía que el señor Darcy tenía alguna dificultad para recordar algunos eventos después del horrible ataque que había sufrido.

"Gracias por venir, Howard" dijo el señor Darcy y se sentó en el sillón al lado de la chimenea mirando fijamente al fuego. "Siéntate, por favor. Necesito hacerte unas preguntas."

"Si no le molesta, me siento más confortable de pie," replicó el ayuda de cámara. El señor Darcy le hizo un gesto de aprobación y el interrogatorio comenzó. El respondió de la misma forma como lo había hecho ya en numerosas ocasiones, pero como estimaba tanto a su joven amo, no le importaba si con eso lo ayudaba.

"¿Y nunca me acompañaste a esos viajes que dices que hacía periódicamente?"

"No, señor"

"¿Por qué?

"Nunca me lo pidió, señor. Yo le preparaba su equipaje, pero nunca llevaba mucha ropa."

"¿Y dices que el cochero tampoco sabe dónde iba?"

"No señor, como le expliqué las veces anteriores a que me preguntó, él lo dejaba en una plaza y lo recogía en el mismo lugar."

El señor Darcy había ido a esa plaza en dos ocasiones, pero no había nada alrededor más que almacenes y tiendas. "Entiendo, gracias Howard."

"De nada, señor. Sabe que puede contar conmigo para lo que me necesite," dijo el fiel sirviente, hizo una reverencia y se aprestaba para salir del estudio cuando el señor Darcy le hizo una pregunta más.

"Howard, ¿recuerdas haberme visto leer algún libro en especial en esa época que viajaba tanto?"

"Usted siempre ha leído más de un libro a la vez, pero ahora que lo menciona, me parece que estaba muy interesado en un libro relacionado con el comercio."

"¿Y dónde está ese libro?" preguntó el señor Darcy automáticamente.

"Lo guardé en uno de los baúles de libros que tiene en la sala de estar de su habitación, señor. El cochero lo encontró en el carruaje, al parecer lo llevó con usted cuando viajó a Ramsgate," explicó Howard.

"Gracias," dijo el señor Darcy y se tomó de un sorbo de lo que le quedaba de brandy. Luego le dijo a su empleado que fuera a dormir y se fue inmediatamente a su habitación en busca de aquel libro. Cuando abrió el baúl que estaba cerca de un pequeño escritorio lo primero que encontró fue aquel libro. "El comercio en tiempo de guerra," dijo casi sin aliento. "El mismo libro que estaba leyendo Elizabeth Bennet."

Inmediatamente se sentó en la silla cerca de una lámpara y abrió el libro no muy seguro de que era lo que buscaba allí. Lo primero que le extrañó fue que había una serie de anotaciones en los costados de algunas páginas. Él era muy cuidadoso con los libros, su padre siempre le había enseñado que un libro era algo sagrado y que debía permanecer intacto. Recordaba como si fuera ayer, cuando una vez escribió sus iniciales en un libro que le regaló tía Victoria y su padre lo castigó con varios días en los que no tuvo acceso a ningún libro.

Pero cuando comenzó a revisar, se dio cuenta que no sólo era su letra sino la de otra persona que parecía contestar a las preguntas qué él formulaba en cada página. Pero casi quedó paralizado cuando en la última página del libro había un mensaje que decía 'te amo y te voy a extrañar mucho."

"¿Qué es esto?" dijo el señor Darcy horrorizado y puso el libro de vuelta en el baúl.

Después de varias horas intentando recordar y bebiendo más de la cuenta, se tiró sobre la cama y se quedó dormido exhausto. Pero lamentablemente, no pudo descansar porque soñó con todo tipo de barbaridades, pero principalmente con Elizabeth. Primero la vio cantando para él, después leyendo a su lado mientras le sonreía, para finalmente soñar que se besaban apasionadamente.

"¿Qué es ese sonido, mi dulce amor?" dijo el señor Darcy entre besos.

"Es el río, William. ¿Recuerdas nuestro parque, donde nos besamos por primera vez? Mira, mi amor, está al lado de un río."

El señor Darcy miró y se vio en un parque que nunca había visto antes pero que le parecía muy familiar a la vez. Quedó sorprendido al ver como los rayos del sol se reflejaban en el río. "Tienes razón, mi querida Elizabeth. En este parque fue donde te besé aquella tarde. Recuerdo que después corriste a casa de tus tíos como una niña asustada.

¿Elizabeth?" El señor Darcy se volteó y de repente vio todo oscuro, el sol ya no brillaba y lo peor de todo era que veía a la mujer que amaba del brazo de otro hombre alejarse de él. "Elizabeth, vuelve por favor, no me dejes. Yo no puedo vivir sin ti… Elizabeth, Elizabeth… Nooo ELIZABETH…" gritaba el señor Darcy desesperado en un sueño que se había transformado en una pesadilla sin fin.

P&P

Gracias a todos los que dejan comentarios y siguen la historia con entusiasmo ya sea leyendo directamente o a través del traductor.

En el próximo capítulo el señor Darcy comenzará a sospechar de todo y de todos. Además, se reencontrará nuevamente con Elizabeth en Kent y ocurrirá algo muy similar al libro original :)

¡Nos vemos pronto!

Saludos,

Yo