Capítulo 14

Elizabeth estaba fascinada con la belleza del parque que rodeaba la mansión en Rosings. Ella llevaba varios días en casa de su amiga y estaba feliz de poder haber salido de Londres, especialmente después de haberse encontrado con el señor Darcy y su amable amiga. Por Jane, ella se había enterado que la señorita Carter era una mujer cordial que le había dado la bienvenida a la sociedad londinense y la había acogido con sincero entusiasmo. Además, Jane le contó que la madre de la señorita Carter era una amiga cercana de la Condesa, y que ella y el señor Darcy solían encontrarse en diferentes lugares.

Ella no pudo negar que en un principio se sintió un poco abrumada por toda esa información, pero después de analizar todo detenidamente, se dio cuenta que era lo mejor que le podía haber pasado. De esa forma, ella tenía una razón más para no mirar atrás y seguir adelante con su vida. Afortunadamente los últimos días en Londres estuvieron llenos de actividades relacionadas con la boda de Alex y Theresa, por lo que tuvo poco tiempo para pensar en aquel hombre que insistía en arruinarle su paz mental.

Pero junto con todo eso, estaba el asunto de su familia en Longbourn. Desde que se fue a Londres no sabía nada más de ellos, sólo lo que Jane y su tía le contaban. Su padre y su madre no le habían escrito ni una sola vez, por eso ella asumió que estaban enojados, y la verdad era que no le importaba mucho. Sólo le preocupaban sus tres hermanas, porque sin Jane y ella para morigerar los exabruptos de su madre y suplir la displicencia de su padre, probablemente estarían aún más abandonadas y sin guía. Tío Archibald y tía Agatha la habían invitado formalmente a vivir con ellos, y aunque ella pensaba aceptar, antes de hacerlo regresaría a Longbourn para ver qué podía hacer para remediar el caos que era su familia.

Después de caminar por más de una hora, y habiendo tenido la posibilidad de despejar su mente, regresó a la casa parroquial. Seguramente la pequeña Sophia ya había despertado de su siesta matinal.

"Mi preciosa y linda princesita, tu padre tiene que ir a visitar a algunas personas que necesitan ayuda. Pero no me extrañes porque muy pronto estaré de regreso para jugar contigo, mi linda y hermosa niña," decía el señor Collins mientras besaba la pequeña mano de su hija.

"Señor Collins, creo que es hora que se vaya. Sus feligreses lo están esperando," agregó Charlotte un poco exasperada. Todos los días era lo mismo, su esposo se despedía de la pequeña Sophia por más de diez minutos repitiendo una y otra vez las mismas palabras que obviamente su pequeña hija no comprendía.

Elizabeth no pudo evitar sonreír al ver la escena. Ella reconocía que su primera impresión del señor Collins no había sido la mejor, pero a través de su amiga y observando detenidamente como interactuaba con la pequeña Sophia, se había dado cuenta de que además de ser un hombre bastante bobo, era decente y que amaba mucho a su familia. Charlotte le había contado que cuando Sophia nació, el señor Collins inmediatamente hizo planes para ahorrar dinero porque no quería que su amada hija tuviera que vivir en la permanente incertidumbre hacia el futuro, como las hijas de su primo. Eso la hizo reflexionar aún más sobre lo indolente que era su padre, que incluso un hombre tan poco iluminado como el señor Collins, podía actuar de manera más responsable que él.

"Prima Elizabeth, qué bueno que regresaste. Eres muy afortunada porque mi linda Sophia Catherine acaba de despertar por lo que tendrás el gusto de poder jugar con ella y disfrutar de sus hermosas sonrisas," dijo el señor Collins mientras los ojos le brillaban de amor y orgullo.

"Sin duda alguna, señor Collins, soy muy afortunada de poder disfrutar de las sonrisas de esta hermosa princesita," dijo Elizabeth y se sentó al lado de Charlotte que tenía a la niña en brazos.

"Señor Collins, sí no se va inmediatamente, llegará tarde a su cita," argumentó Charlotte un poco molesta.

"Tiene razón, mi estimada señora Collins. Pero antes de irme, debo decirles que nos han invitado a cenar mañana a Rosings. Mi querida patrona en su infinita bondad, prima Elizabeth, nos ha hecho el honor de ofrecernos su excelente mesa y su inigualable compañía para la siguiente velada…"

"Señor Collins, sus feligreses lo esperan," dijo Charlotte exasperada.

"Sí, señora Collins, me iré inmediatamente," dijo el señor Collins, pero antes de irse, acarició la mejilla de su pequeña hija, le besó ambas manos y aprovechó de decirle unas cuantas cosas sobre lo buena y amable que era su madrina, Lady Catherine.

"Lo siento, Eliza, pero mi marido no entiende que la pequeña Sophia no comprende ni una palabra de lo que él dice," comentó Charlotte un poco avergonzada.

"No te preocupes, Charlotte. Te aseguro que me gusta mucho ver la ternura con que el señor Collins le habla a su hija. Se nota que la quiere mucho," dijo Elizabeth tomando la mano de su amiga para hacerle sentir que no tenía razón para censurar el comportamiento de su marido.

Las amigas conversaron gran parte de la mañana mientras se turnaban para pasear a la pequeña bebé por el cuarto que miraba al jardín. Elizabeth le contó a Charlotte la situación de Jane y su familia, le sirvió para desahogarse. Su amiga, que era bastante más práctica que ella, le aconsejó que hablara con Jane para que le pidiera a su marido que pagara un buen internado para Lydia y una institutriz para Kitty y Mary.

Elizabeth sabía que Charlotte tenía razón, pero ella no quería molestar a Charles y lo único que se le ocurría era pedirle empleo a tío Archibald, y con el dinero que ganara en eso, pagar por la educación de sus hermanas. Ella sabía que tío Archibald necesitaba ayuda, una especie de secretaria que pudiera tomar nota de todo lo que hacía.

Aún le quedaban tres semanas más en Kent, y aprovecharía ese tiempo para pensar lo que debía hacer. El pasar tiempo con Charlotte y su pequeña hija le había hecho muy bien, pero además debía reconocer que este nuevo señor Collins, aunque a veces la aburría, no le desagradaba.

Lo único molesto de la estadía en Kent, era el tener que pasar tiempo con Lady Catherine. La señora era bastante irritante, y sólo le interesaba escuchar su propia opinión y decirle a todos lo que debía hacer. Pero pese a eso, no se arrepentía para nada el haber aceptado la invitación de su querida amiga y poder haber conocido a su hermosa hija.

P&P

Georgiana estaba muy emocionada porque gracias a la ayuda y supervisión de su tía Victoria se había atrevido a invitar a unas amigas a tomar el té con ella y por primera vez, haría el rol de anfitriona. Ese día se había levantado muy temprano para asegurarse de que todo saliera bien. Entre sus invitadas estaban la señora y la señorita Carter, que habían sido muy amables con ella, pero además la señora Bingley, de quien se había hecho muy buena amiga.

Su amiga Jane, pese a ser unos cuantos años mayor que ella, desde que se conocieron en casa de su tía Victoria habían congeniado perfectamente. Ambas eran más bien tímidas y reservadas, y tenían intereses muy similares. Pero además Jane era la mujer más hermosa que ella conocía, y las mujeres como ella siempre solían ignorarla o fingir que eran sus amigas, para de esa forma, poder llegar a su hermano. Pero Jane sólo era amable con ella porque quería ser su amiga, porque al igual que ella no tenía amigas en Londres. Muchas veces Georgiana pensaba que le habría encantado que no estuviera casada con el señor Bingley porque de esa forma podría casarse con su hermano. Sin duda alguna, alguien como ella sería la hermana que ella siempre había soñado tener.

El único problema era que la señorita Bingley siempre que Georgiana la visitaba estaba allí, y nunca les daba espacio para que pudieran hablar de lo que a ellas les interesaba. Por eso, ambas preferían verse en casa de tía Victoria, y ese día era la primera vez que la recibiría en su casa.

"¡Georgie, has cambiado ese florero tres veces de lugar! Lo pusiste en la mesita al lado de la ventana, después al lado de los refrigerios y ahora en el gabinete cerca de la puerta. Espero que no seas así de indecisa con los menús o comeremos a la medianoche," dijo el Coronel Fitzwilliam sonriendo.

"¡Richard!" dijo Georgiana emocionada, dejó el florero sobre la mesa y corrió a abrazarlo. "No sabía que habías vuelto, querido primo."

"Querido primo y tutor legal, no lo olvides. O mejor dicho, primo favorito y el hombre más encantador de Inglaterra," agregó Richard mientras abrazaba a su prima. Le dio mucho gusto verla tan animada y feliz, al parecer por fin había logrado dejar atrás el incidente del verano pasado. "Regresé ayer y mi madre me contó que estabas organizando un té con amigas y quise venir a darte mi apoyo. Pero además tengo que hablar con el pelmazo de tu hermano porque en unos días más partimos a Kent."

"Tienes razón, no sabes cuanto lo siento por ustedes. Y no vuelvas a llamar pelmazo a William," dijo Georgiana fingiendo estar enojada.

"Esta bien, no volveré a llamar pelmazo al pomposo de tu hermano," replicó Richard riendo.

"No sabes cuánto me alegro de verte y de que hayas venido, ahora tengo que hablar con la señora Welker, pero mi hermano está encerrado en su estudio. Tía Victoria debe llegar en unos quince minutos más y mis amigas en media hora." Georgiana besó a su primo en la mejilla y siguió muy animada organizando todo mientras la ama de llave tomaba nota de sus últimas instrucciones.

El coronel Fitzwilliam fue directo al estudio del señor Darcy para poder conversar con él. Aunque ellos mantenían correspondencia permanente, había ciertas preguntas que no podía hacerle por carta. Estaba curioso por saber cómo seguían sus problemas de memoria y si había logrado recordar algo sobre aquellos meses que estaban aún perdidos en su mente.

El señor Darcy había permanecido las últimas dos semanas encerrado en su casa y prácticamente alejado de todo el mundo. A través de Georgiana se enteró que Elizabeth ya no estaba en Londres porque Jane le había contado. Él asumió que había retornado a su hogar en Hertfordshire, pero tampoco deseaba saber más, si ella tenía algún tipo de acuerdo con aquel hombre de la librería, él quería mantenerse lo más distante posible.

Sobre todo porque se sentía inseguro sobre lo que había descubierto en los últimos días leyendo las notas de aquel libro y en sus sueños. Él sabía que tenía que volver a aquella plaza y recorrer los alrededores en busca de respuestas, pero no estaba preparado para enfrentar esa realidad y por eso había decidido que cuando regresara de Kent, y antes de retornar a Pemberley, buscaría en ese lugar las respuestas a todas las preguntas que lo atormentaban.

"Darcy, ¿interrumpo?" preguntó el Coronel al ver a su primo tan preocupado.

El señor Darcy se puso de pie para recibir a su primo y le dijo muy afectuosamente, "No, Fitzwilliam, pasa por favor. Me da gusto verte."

El señor Darcy invitó a su primo a sentarse en la silla en frente de su escritorio y comenzaron a conversar de lo que había pasado en sus vidas en los meses que no se habían visto. De esa forma, el Coronel se enteró de que su primo seguía teniendo grandes lagunas mentales y aún no podía recordar lo que había pasado en el último año de su vida. Además de eso, hablaron de Georgiana, y de lo mucho que había madurado en los últimos meses.

"Mi madre me ha dicho que Georgie ha disfrutado mucho la compañía de la señora Bingley. Aunque al parecer ha logrado conquistar el corazón de mi madre también porque habla de ella con mucho afecto. Y sabes mejor que nadie que mi madre suele ser bastante desconfiada de las mujeres de nuestro círculo social."

"La señora Bingley es una mujer muy agradable y ha sido muy amable y afectuosa con Georgiana," explicó el señor Darcy.

"Bingley es un hombre tan cordial y simpático que me alegro mucho que haya encontrado una buena esposa. Georgiana me dijo que además era una mujer muy hermosa y que tiene cuatro hermanas más y que tú las conoces a todas. ¿Son igual de bonitas y agradables?" preguntó el Coronel con su usual tono de broma.

"Sin duda que la señora Bingley es una mujer bonita, aunque debo decir que sonríe mucho."

"¿Sonríe mucho? Por favor, Darcy, sólo tú puedes criticar a alguien porque sonríe mucho. Pero no me cambies el tema, ¿Y las hermanas, cómo son?"

"No sé, Fitzwilliam. Son señoritas muy jóvenes aún, como Georgiana."

"¿Las cuatro hermanas son como de la edad de Georgiana?"

"No, la hermana que sigue en edad a la señora Bingley debe tener unos veinte años."

"¿Y cómo es?" insistió el Coronel.

"No sé, Fitzwilliam. Supongo que es tolerable, pero no es de mi gusto," dijo el señor Darcy mientras fingía que miraba unos documentos para no despertar sospechas en su primo.

El Coronel río mucho y sólo agregó, "Entiendo. Bueno, lo importante es que Bingley encontró la mujer perfecta y está felizmente casado."

"Aunque debo decir que Bingley se aceleró mucho al casarse, debo admitir que ha logrado ser feliz con ella. Pero debería haberse tomado un tiempo en ponderar los pro y los contra de una unión con una mujer sin dote ni conexiones."

"¿Es ella hija de algún comerciante. Me pareció que mi madre mencionó que era hija de un caballero de Hertfordshire."

"Lo es, pero la hacienda será heredada por un primo, su esposa es hija y hermana de comerciantes, y ninguna de las hijas tiene dote. Cómo puedes ver, no la mujer ideal para un hombre que se está abriendo paso en sociedad," finalizó el señor Darcy.

El Coronel se quedó pensativo por un momento y el señor Darcy se preguntó por el repentino cambio de humor de su primo. Él no deseaba hablar de temas personales porque no estaba preparado para compartir con nadie lo que había descubierto en aquel libro unas noches atrás. De hecho, él ni siquiera estaba seguro que aquel comentario romántico fuera dirigido a él.

"Darcy, no sé, pero creo que después de aquel desafortunado encuentro con el desgraciado Wickham hubo un cambio muy grande en ti, o mejor dicho, como que volviste a ser el mismo de antes."

El señor Darcy se sorprendió mucho ante lo que dijo su primo y preguntó intrigado. "¿A qué te refieres?"

"No sé, como te lo mencioné antes, en las cartas que me enviabas y aquella vez que nos vimos por pocos días parecías haber modificado tu visión tan unilateral sobre lo que es apropiado y lo que es justo. Pero tal vez sólo sean impresiones mías y todo el tiempo has sido el idiota pomposo al que tanto quiero," concluyó el Coronel Fitzwilliam riendo para no preocupar a su primo.

"Tú y tus comentarios tan divertidos, Fitzwilliam," dijo el señor Darcy molesto. "Además, creo que es hora de acompañar a Georgiana en el salón y dejarnos de hablar tonterías."

Jane llegó puntualmente con su esposo, y Georgiana se sintió feliz al ver que Caroline no los acompañaba. La verdad era que Jane había acordado con Georgiana visitarla ese día porque sabía que Caroline tenía cita con la modista. De esa forma, cuando ella saliera de la casa no tendría que soportar el interrogatorio de su cuñada o peor, que insistiera en acompañarla.

Más tarde llegaron la señora y la señorita Carter, y entre todas las mujeres se inició una interesante conversación. Estuvo tan animada la reunión, que Georgiana, apoyada por su dama de compañía y su tía, tocó el piano para sus amigas. Ella nunca antes había interpretado piezas musicales complejas, ni menos cantar, en frente de un grupo tan numeroso de personas.

Ruth desde el incidente en la librería había dejado atrás toda pretensión con el señor Darcy. Estaba claro que su interés estaba en otro lado, y ella era una mujer sensata y práctica, razón por la cual jamás lucharía por llamar la atención de un hombre que ni siquiera se daba cuenta de que ella existía. Afortunadamente para ella, el hijo de la Condesa estaba presente, y al lado de un tipo tan divertido y carismático, en su opinión, cualquier hombre pasaba en segundo plano por muy guapo o rico que fuera.

Después de la exitosa tarde, el señor Darcy se sentía tranquilo y feliz de ver a Georgiana tan contenta y animada. Al día siguiente, ella se iría a casa de su tía donde pasaría unas cuantas semanas porque él y Fitzwilliam partirían muy temprano a Kent en dos días más.

Una vez que todos los invitados se fueron, y en la quietud de su habitación, él se sentó junto a la chimenea a mirar una y otra vez el libro y a leer aquel mensaje tan íntimo y comprometedor. "Cuándo podré recuperar mis recuerdos y resolver el puzzle incompleto que es hoy mi vida," dijo el señor Darcy con angustia mientras miraba las llamas del fuego de la chimenea de su habitación.

P&P

Caroline estaba enrabiada y furiosa con todos y con todo. La vida no sólo era injusta sino que demasiado cruel, especialmente con personas como ella que merecían mucho mejor suerte de la que tenía. Ella vivía en uno de los barrios más exclusivos de la ciudad, tenía una dote de veinte mil libras y un hermano rico que le daba una generosa mensualidad que gastaba en vestirse elegantemente y siempre ir a la moda, y llevar las mejores joyas. Además, ella poseía todos los talentos que una señorita consumada debía tener, pero aún así, el destino se empeñaba en jugarle una mala pasada. Ella había debutado hace casi siete años en sociedad y nunca había recibido las invitaciones que la estúpida de su cuñada, que llevaba poco menos de dos meses en la ciudad, había recibido. Jane había tomado el té con los Carter, los Spencer, los Edwards, Lady Maxwell, y además era la protegida de Lady Victoria.

Aún recordaba con horror como la semana anterior la Condesa Matlock le había dejado en claro que era amiga de Jane, y que esa era la única razón por lo que estaba visitaba la casa de su hermano. Ella había tratado de congraciarse con la condesa a como diera lugar, pero ella simplemente la ignoró y sólo mostró interés en esa mujer tan vulgar. Pero ella no estaba dispuesta a perder, y si las puertas de esas familias tan importantes nunca se habían abierto para ella, Caroline no iba a permitir que se abrieran para Jane. Su cuñada no era mejor que ella y jamás lo sería.

Aquella tarde había llegado una invitación para Jane en donde la invitaban a tomar el té con Lady Victoria en casa de una de sus mejores amigas. Por esa razón, Caroline había maquinado la forma de hacer que Jane no pudiera ir. Ella sabía que pronto sería la hora de la cena y que Charles probablemente estaba por llegar, por eso se dirigió al pequeño cuarto en el que su cuñada solía pasar las tardes cuando estaba en casa.

Jane estaba animadamente respondiendo la carta que Elizabeth le envió desde Kent. Allí le contaba como lo estaba pasando, pero sobre todo le hablaba de lo linda y graciosa que era la pequeña hija de Charlotte. A Jane le gustaba refugiarse en ese pequeño cuarto que estaba a un costado de la oficina de Charles porque allí se sentía muy a gusto. Tenía una pequeña ventana desde la que podía mirar al jardín y era el único lugar que había podido decorar y amueblar a su gusto.

Afortunadamente, al día siguiente pasaría toda la tarde fuera de casa, y en la noche estaban invitados a cenar con los Gardiner por lo que no tendría que interactuar con los continuos cambios de humor de su cuñada.

"Jane, querida, ¿te puedo interrumpir por un momento?" dijo Caroline fingiendo preocupación.

"Claro que sí, ¿necesitas algo?" preguntó Jane un poco preocupada.

"No, o bueno creo que sí. Querida Jane, lo que pasa es que estoy un poco preocupada por Louisa. Como sabes, ella está encinta y no se ha sentido muy bien. Ha tenido que estar en reposo los últimos días y creo que necesita un poco de compañía femenina. Desafortunadamente, tengo un compromiso urgente mañana con unas amigas. Nosotras somos patrocinadoras de un orfanato y debemos acudir en ayuda de esos pobres niños que tanto nos necesitan. ¿Crees que debo cancelar mi cita?" La única cita que tenía Caroline era con una amiga igual de venenosa que ella, y con la que había acordado ir de compras.

"No, Caroline. La labor que haces por esos niños es demasiado importante," dijo Jane sinceramente.

"Pero no puedo dejar sola a mi hermana, ¿no crees?"

"No te preocupes por eso, yo iré a acompañar a Louisa."

"Pero tú tienes una cita con Lady Victoria, ¿no?"

"Sí, pero le enviaré una nota explicándole la situación. Ella es una mujer comprensiva y no tendrá problemas en entender."

"Gracias, Jane, no sabes el peso que me has sacado de encima. Sabiendo que tú acompañarás a Louisa, podré dedicarme tranquila a mis labores de caridad." Caroline casi tuvo que morderse la lengua para no reírse. "Bueno, ahora te dejo para que puedas seguir escribiendo. Nos vemos en la cena, hasta más tarde."

"Hasta más tarde Caroline," replicó Jane amablemente. Ella se sentía feliz de poder ayudar a su cuñada. Tal vez, eso la ayudaría a poder establecer una mejor relación con ella.

Caroline inmediatamente se fue a su cuarto para cambiarse ropa. Su hermano había invitado a algunos amigos esa noche a cenar, nadie de importancia, pero ella igual debía lucir como la mujer más elegante de la casa. Mientras se miraba al espejo se sentía satisfecha con su apariencia y con todo lo que había logrado ese día. "Mi querida y estúpida cuñada, jamás podrás ser mejor que yo, jamás. Ahora sólo me queda conseguir que nos inviten a Pemberley para lograr mi último objetivo, convertirme en la señora Darcy."

P&P

El señor Darcy llevaba dos horas en casa de su tía y sólo quería retornar a Londres lo antes posible. Después de pasar varias horas encerrado en el carruaje, sólo deseaba poder retirarse a su cuarto a descansar. Pero su tía había insistido en que se sentaran a cenar todos juntos, para de esa forma poder interrogarlo por horas, si así lo estimaba conveniente.

Lo peor de todo era que su prima Anne lo miraba de una manera muy distinta a la que lo hacía habitualmente, y eso lo tenía muy nervioso. Él sinceramente esperaba que ella no estuviera albergando las mismas esperanzas de su madre. Desde que él tenía quince años y ella unos trece, él prácticamente la ignoraba y ella apenas se atrevía a hablarle o mirarlo. Por eso le sorprendió tanto cuando le sonrió afectuosamente cuando lo saludó a su llegada, y que durante la cena lo mirara constantemente y le sonriera.

"Darcy, espero que este año te quedes por lo menos tres semanas. El año pasado viniste por tan sólo una y dejaste a un sirviente a cargo de todo. Por eso las cosechas no fueron lo que esperábamos. Además, debes pasar más tiempo con nosotras y estrechar los lazos que te unen a tu familia, especialmente a Anne," dijo Lady Catherine con tono imperativo.

El señor Darcy notó que Anne lo miró nuevamente, y además de sonreír creyó que le hizo algún gesto parecido a poner los ojos en blanco. "Sí, tía, ya te dije que me quedaré por tres semanas. Y déjame aclararte que el capataz de Pemberley es un hombre muy capaz, y si las cosechas no fueron como lo proyectado, fue porque tú y tu capataz ignoraron todas sus sugerencias," replicó el señor Darcy.

Lady Catherine odiaba que le contra argumentaran, y sobre todo cuando no tenía la razón por lo que cambió drásticamente de tema. "Fitzwilliam, ¿sigue tu madre dejando solo a mi hermano gran parte del año? A estas alturas ella ya debería entender que el lugar de una esposa está junto a su marido. Cuando Anne se case, siempre estará al lado de su esposo, tal como corresponde a una mujer de su clase y educación. ¿Cierto, Anne?"

"Sí, madre," dijo Anne y le hizo un guiño a su primo Darcy sin que su madre y el Coronel se dieran cuenta. El señor Darcy se puso extremadamente nervioso y sólo quería ir a encerrarse a su cuarto y ojalá poder dormir toda la noche y no soñar con nadie.

"Lady Catherine, la última vez que le dije a mi madre lo que usted pensaba de que pasara tanto tiempo lejos de mi padre, ella me dijo que le recordara que Sir Louis se quedaba gran parte del año en la casa de Londres y usted en Rosings," explicó el Coronel y le guiñó a Anne. Ellos desde niños habían sido muy amigos y habían logrado mantener una relación cercana gracias a las visitas que él hacía cada año a Rosings. Pero además, él se había dado cuenta de que Anne estaba un poco más animada que de costumbre y sentía curiosidad por saber qué le pasaba.

Lady Catherine se indignó con la respuesta de su sobrino, que era tan insolente como su madre. Por eso, cambió de tema nuevamente y habló por casi media hora de todos los últimos chismes de las personas que frecuentaban la hacienda, que no eran muchas, y de cada uno de las cosas que ella y Anne hacían cada día. "Darcy, la esposa del clérigo de Hunsford conoce a la esposa de uno de tus amigos, ese, el hijo del rico comerciante."

"¿Bingley?" preguntó el señor Darcy intrigado.

"Ese mismo," replicó Lady Catherine.

"Yo también conozco a la señora Bingley, y puedo decir que además de ser una mujer muy hermosa, es dulce y muy agradable," complementó el Coronel. Él sabía que su tía detestaba que hablaran bien de cualquier mujer que no fuera ella o Anne, y a él le encantaba provocarla. Desgraciadamente, contradecir a su tía era la única diversión que Rosings ofrecía.

"Bueno, por muy virtuosa que sea esa mujer, se casó sólo con el hijo de un comerciante. No como mi Anne, que está destinada a ser la señora de una gran hacienda y tener un guapo esposo."

"Estoy de acuerdo con Fitzwilliam, la señora Bingley es una mujer muy agradable y una buena amiga de Georgiana," agregó el señor Darcy para impedir que su tía siguiera hablando solapadamente del supuesto compromiso entre él y su primo.

"Ten cuidado con quién le permites interactuar a tu hermana, Darcy. Una chica de su edad puede ser muy influenciable."

"Eso lo tengo más que claro, Lady Catherine. Créame que no necesito que me recuerde cuáles son mis responsabilidades. La señora Bingley es una influencia positiva en Georgiana, eso se lo aseguro tajantemente."

"Bueno, me alegro. La señorita Elizabeth Bennet es bastante agradable también, pero ofrece su opinión muy decididamente para ser tan joven. Incluso, yo diría que puede ser hasta impertinente en algunos momentos. Pero claro, no tiene ni la fineza ni la distinción de Anne, y por supuesto tampoco su belleza."

Anne tuvo que morderse la lengua para no reírse. Ella no era ni tan tanto, ni tan enfermiza como todos creían, pero sin duda alguna, tampoco podía ser descrita como una mujer bella, sino más bien todo lo contrario. Si su madre la hubiera comparado con la señora Collins, tal vez podría haberla entendido. Pero con Elizabeth Bennet, era sencillamente una locura porque esa mujer era muy bonita, mucho más que el promedio de las mujeres que ella conocía.

Por su parte, el señor Darcy casi quedó petrificado en su asiento y miró a Fitzwilliam en busca de respuestas. ¿De dónde y hace cuánto tiempo su tía conocía a Elizabeth Bennet? ¿Era esa información parte de sus recuerdos perdidos?"

El Coronel notó la cara de incertidumbre de su primo y preguntó inmediatamente a su tía. "¿Y cómo es que conoce a la hermana de la señora Bingley, Lady Catherine?"

"Porque ella también es amiga de la esposa del clérigo y la está visitando. Ella vino a conocer a la hija de los Collins. Ayer estuvieron cenando con nosotros y tuve la oportunidad de darle algunos consejos de como mantener contenta a la pequeña Sophia Catherine, de la que además soy madrina. Cuando Anne era una bebé yo siempre…" continuó hablando Lady Catherine sin césar.

El señor Darcy se había quedado tan sorprendido que sólo miraba y asentía a lo que su tía decía sin tener la más mínima idea de lo que estaba hablando. Elizabeth Bennet estaba a unos cuantos minutos de él, y se preguntaba una y otra vez ¿Por qué el destino se empeñaba en jugar de esa manera con él?

Después de casi dos horas de una cena que se le hizo interminable, finalmente pudo encerrarse en su habitación a descansar, o al menos eso era lo que le habría gustado hacer. En realidad, se quedó dormido bastante tarde, pese a lo agotado que estaba, y soñó una vez más con Elizabeth, con su voz y sobre todo con aquel beso que cada vez le parecía más real.

A la mañana siguiente, se levantó muy temprano para evitar desayunar con su tía y poder escabullirse para presentar sus respetos al clérigo y su familia. Para tener tiempo de pensar, prefirió ir caminando y cuando iba a tomar el sendero que lo llevaba hasta allá, escuchó la voz de su primo que lo llamaba.

"Darcy, ¿dónde vas? No estarás pensando en escaparte todo el día y dejarme a cargo de entretener a Lady Catherine."

"No, Fitzwilliam. Sólo iba a la casa parroquial a presentarle mis respetos al clérigo y su familia. Por lo que dijo Lady Catherine ayer, sé que no los conozco porque cuando vine el año pasado estaban visitando a su familia en Hertfordshire."

"Déjame acompañarte entonces. Yo tampoco los conozco, y tengo curiosidad por ver a la hermana de la señora Bingley. Aunque tú y mi tía coinciden en que no es bonita como su hermana, si al menos es tan agradable como ella, será una buena compañía para alegrar las largas y tediosas tardes en Rosings."

El señor Darcy no dijo nada y durante todo el camino fue el Coronel quien habló, bromeó y contó más de alguna anécdota que ocurrió en los alrededores del parque de Rosings cuando jugaba con su amigo Frederick, hijo del antiguo clérigo de Hunsford. Pero no le pasó por alto el nerviosismo de su primo y estaba curioso de saber que lo provocaba.

Cuando finalmente llegaron a la casa parroquial, una sirvienta los hizo pasar y esperaron en el recibidor mientras ella los anunciaba a la señora Collins, que estaba en el salón de la casa acompañada por su amiga y su pequeña hija.

Charlotte estaba bordando unas camisas para Sophia y le estaba contando a Elizabeth las últimas novedades de Meryton cuando la criada anunció a las visitas. "Mi señora, los sobrinos de Lady Catherine han venido a presentarle sus respetos."

Charlotte miró a Elizabeth un poco sorprendida y le dijo, "Hazlos pasar."

El señor Darcy y el Coronel Fitzwilliam entraron al cuarto y saludaron formal y cordialmente a Charlotte. De repente, se sintió un sonido muy leve que era sin duda alguna el pequeño gemido de un bebé y una hermosa voz que le cantaba. El señor Darcy miró de dónde venía aquella hermosa voz que le parecía familiar, y vio a Elizabeth Bennet con un bebé entre sus brazos. "Señorita Bennet," dijo casi sin aliento al ver a la mujer más esplendorosa del mundo sonriendo y cantando con tanta alegría y naturalidad a la pequeña criatura que tenía entre sus brazos.

P&P

Gracias a todos los que dejan comentarios y siguen la historia con entusiasmo ya sea leyendo directamente o a través del traductor.

En el próximo capítulo se producirá aquel episodio llamado "Hunsford" y será el fin de la segunda parte de la historia porque en el capítulo 15 comienza la tercera parte.

¡Nos vemos pronto!

Saludos,

Yo