Querida Hungría:

La vida en Rusia es muy poco asombrosa.

En este sitio siempre hace frío, da igual la época del año que sea… no quiero ni imaginar la cantidad de nieve que se acumulará cuando llegue el invierno, estar en el exterior será un auténtico infierno. Seguro que me toca trabajar fuera.

Ojalá tuviera cerveza para sobrellevar el día a día, pero aquí apenas hay, o será que Rusia no la trae a casa. Lo que sí que hay es ese asqueroso vodka. Joder, es como beber alcohol puro, te quema la garganta conforme va bajando… ¡y lo toman solo! Rusia me obligó a beber con él la otra noche, todavía noto el malestar en las cuerdas vocales. Creo que más que usarlo para beber, podría utilizarlo como desinfectante para curarme las heridas.

Otra de las cosas que Rusia me obliga a hacer es recitar delante de él todos los días un montón de frases insulsas declarando que somos los mejores amigos y que no necesito de ninguna otra amistad salvo la suya, mucho menos la del niñito americano, al que le tiene una tirria que no lo puede ni ver (el chaval se ha vuelto bastante fuerte, se nota lo asombrosamente bien que lo entrené). Resumiendo, que me quiere como su amigo exclusivo y le gusta que se lo recuerde.

También le gusta controlar todo lo que entra y sale de la casa, especialmente el correo: todas las cartas pasan por sus manos para ser revisadas antes de llegar a sus correspondientes destinatarios, tanto las que nos envían como las que enviamos nosotros; si hay partes que no las considera convenientes, simplemente las quita. Pero a mí me da igual, yo seguiré escribiendo lo que me apetezca independientemente de que me censuren. Llegará el día en el que se quede sin tinta para tachar.

Con lo que no parece que se vaya a quedar es sin subordinados que lo ayuden con el trabajo, ¡esta casa está a rebosar de gente!

Lituania, Letonia y Estonia llevan aquí mucho tiempo, y se pasan el día temblando de arriba abajo por el miedo que les causa Rusia. Bueno, en realidad Lituania sólo tiembla cuando mete la pata (que no suele ser a menudo, es muy eficiente en su trabajo), el resto del tiempo se muestra bastante calmado. Me sorprende, pero supongo que ha aprendido a lidiar con esta situación. Lo cierto es que no hablamos mucho, nunca le he caído especialmente bien, de hecho lo ha declarado abiertamente frente a mí.

Los otros dos miembros del "trío tembloroso" sí que son mucho más amables conmigo, parece que mi presencia ha aliviado sus cargas de trabajo y el tiempo que deben hacerle compañía al jefe de la casa. El chiquitín, Letonia, es muy sincero, no tiene filtro a la hora de hablar y dice cosas que pueden incluso resultar crueles. Tiene suerte de que Estonia, el rubio con gafas, suela andar cerca de él para excusarle y evitar que se meta en líos por hablar sin pensar. Realmente no sé qué opinión me merecen estos dos, supongo que debo esperar a conocerlos algo más para forjarme una idea clara de cómo son.

Al mismo tiempo que yo, también vino un niño pequeño a la casa. Es Moldavia. Se pasaba el día llorando mientras llamaba entre hipidos a su hermano mayor, que no tengo ni idea de quién es. Rusia lo cogió por banda varias veces y se lo llevó a-saber-dónde diciéndole que él es su nuevo "hermano mayor" y que lo llamara así a partir de ahora. Hace días que el crío ya no llora… lo que quiera que le haya hecho, ha servido para que deje de llorar.

Por último, también viven aquí las hermanas de Rusia: la mayor, Ucrania, es muy amable y nos trata a todos con dulzura, como si fuera una madre. Ella se ocupó de cuidarme y curar mis heridas cuando llegué, fue un gran gesto por su parte; la hermana pequeña, Bielorrusia, está terriblemente obsesionada con su queridísimo y adorado hermano mayor, suele perseguirlo cuando quiere su atención, ¡da miedo! No me extraña que Rusia huya de ella. Aunque cuando está tranquila parece bastante normal… Me recuerda un poco a ti.

Sí, no trates de negarlo: te pones como loca cuando entras en batalla. Aún me entran sudores fríos al recordar tu cara cuando luchabas contra mí en la batalla por recuperar Silesia para el señorito.

Silesia…

Qué ironía. Con lo que me esforcé por conseguirla, ahora Silesia está en manos de ese rubio tan raro amigo de Lituania, Po-como-se-llame. De vez en cuando se pasa por aquí, ya que también trabaja para Rusia, pero por alguna razón le han permitido seguir viviendo en su propia casa. Odio cruzarme con él, está muy subidito últimamente y tiene el descaro de mirarme y sonreírme con superioridad, ¡cómo me cabrea! Parece que no se acuerda de que una vez casi me lo cargo durante una batalla, tuvo la suerte de que apareciera Lituania para salvarlo. En cualquier caso, está claro que no le caigo bien, aunque no me importa, el sentimiento es mutuo, sobre todo ahora que se ha quedado con mis territorios.

Por otro lado, he oído que tu situación es similar a la del rubio rarito. Siendo así, es posible que en alguna ocasión tengas que venir a comunicarle novedades a Rusia o traerle informes. Ojalá pudiéramos vernos entonces, aunque no quisiera alargar tu estancia aquí más de lo estrictamente necesario.

De todas formas, me despido pensando en un posible futuro reencuentro. Tu presencia por aquí, aunque sólo momentánea, conseguiría mejorar la poco asombrosa vida en esta casa.

Con cariño,

El Asombroso Prusia

PD: Tú das más miedo que todos los soviéticos juntos.

PD2: Si vienes, trae cerveza.