Querida Hungría:

Prusia ha dejado de existir oficialmente.

No te puedes hacer una pequeña idea de la enorme tristeza que siento al poner estas palabras sobre el papel. A pesar de que sabía que este momento llegaría tarde o temprano, no por ello ha resultado menos doloroso.

Lo cierto es que no se me informó al respecto hasta un par de días antes de la celebración del acto. Rusia me llamó a su despacho y me lo contó todo.

No, realmente no fue tan directo.

Rusia me llamó a su despacho, pero sólo para pedirme que preparara nuestro equipaje porque nos íbamos de viaje a Berlín por unos días. En un primer momento me alegré, iba a volver a Berlín, mi capital, después de tanto tiempo lejos. Sin embargo, inmediatamente después me di cuenta de que había algo que no cuadraba: me resultó extraño que me incluyera en el viaje, pero no le pregunté por el motivo del mismo, he aprendido que con el ruso es mejor no preguntar. Supongo que Rusia notó mi gesto de extrañeza en la cara y, después de permanecer durante varios segundos en silencio (seguro que regodeándose por dentro), me comunicó los detalles del viaje.

¡Qué terrible sensación me invadió! Fue como si algo se hubiese roto en mi interior.

Rusia me sacó de mi momentáneo estado catatónico al recordarme que fuera a preparar nuestro equipaje.

Pero por mucho que Rusia me hubiese sacado de aquel estado, la sensación que desgarro en mi interior continuó asolándome y se mezcló con la emoción de regresar a mi antiguo hogar, mi patria.

Fuimos recibidos por los demás aliados, Inglaterra, Francia y Estados Unidos. Con ellos se hallaba West. ¡Qué alegría me embargó al volver a encontrarme con mi hermano! Deseaba poder quedarme a solas con él para hablar sobre cómo marchaba todo (aunque estuviera más o menos informado gracias a sus cartas, a pesar de los tachones de la censura). Sin embargo, Rusia no se apartó de mí ni un momento, aunque su atención estuviera puesta en el americano la mayor parte del tiempo.

La ceremonia fue sencilla y sobria, acorde a lo que se celebraba.

Tras la lectura en voz alta del documento, los cuatro aliados lo firmaron y seguidamente yo. Fue como si estuviera firmando mi propia defunción. Supongo que los únicos que lo sintieron como tal además de mí mismo fueron mi hermano y mi mejor peor amigo o peor mejor amigo Francia (da igual como lo quieras decir), que cuando fui a estrecharle la mano después de la firma se echó sobre mí para abrazarme mientras me susurraba palabras de disculpa y consuelo.

De poco me servían sus palabras amables, el trámite ya estaba hecho: Prusia como tal acababa de desaparecer.

Y sin embargo, aquí sigo vivito y coleando, le pese a quien le pese. Aunque ahora con otro nombre oficial: República Democrática Alemana. O Alemania del Este.

Tampoco es que sea la primera vez que cambio de nombre, en su día fui conocido como la Orden de los Caballeros Teutones. Buenos tiempos aquellos. Posteriormente me convertí en el Ducado de Prusia, luego Reino… ¡Prusia en definitiva!

Aquellos nombres eran increíblemente asombrosos, irradiaban fuerza y poder en cada una de sus sílabas cuando se pronunciaban. Sin embargo, Alemania del Este… no suena ni potente ni asombroso, más bien secundario: hay dos Alemanias y yo soy la del este. A West no le ponen coletilla tras su nombre, él es Alemania y todos se refieren a él cuando nombran el país. A mí es al único al que le complementan con el sobrenombre distintivo.

En fin, no es más que un nombre en un papel. ¡Ni que fuera tan importante!

Para ejemplo de ello no hay más que ver al hermano de Italia, que también es Italia, pero nadie lo llama así. Pues al igual que él, yo seré Alemania, pero continuaré usando el admirable nombre que durante tantos siglos he llevado con honor y orgullo.

¡Nunca dejaré de ser el asombroso Prusia!

Supongo que esto es lo que me anima después de ser testigo de cómo me borraban del mapa literal y oficialmente, que, por muchos cambios que hagan sobre el papel, sigo aquí presente siendo yo mismo.

Con cariño,

El Asombroso y Renombrado Prusia

PD: Fuiste la primera con la que me encontré después de cambiar mi nombre a Prusia.