En ningún momento Undyne dejo de mirar hacia la blanca pared. Recordaba con los brazos cruzados como fue aquella estremecedora situación de sangre y caos.

-Nunca pensé que eras una amante de las películas de miedo, Pescadito.

-No. Fue así como ocurrió el primer día que me encontré con las víctimas del veneno cara a cara.

-¿Y no crees que es demasiado específico para contarlo? ¿Quizás algo de confidencialidad? No me gustaría meterme en ajetreadnos asuntos burro-craticos. Soy más de vacas-ciones.

Los ojos de la pelirroja se afilaron, disgustada por el tonto chiste. Ni siquiera había dado un solo nombre, ni el lugar específico en donde consiguió parar el vehículo, nada, solo lo estaba describiendo algo más humano que como lo haría en un informe oficial.

-Todo apareció en las noticias, Sans. No te estoy diciendo nada más que los datos publicados.

Él levantó los hombros por respuesta. A Sans no le importaba demasiado que fueran tan gráficos, solía aguantar bien la sangre, mas, si Papyrus lo escuchase, estaba seguro que podría desmayarse o vomitar. No podía dejar que eso ocurriera. Mejor pararla ahora, antes de que escuchasen algo las paredes de la casa.

-De todas formas; casos como esos comenzaron a suceder continuamente. No se sabía que había causado aquellas hemorragias.
Los médicos trataban a los pacientes de diversas maneras. Ciegos ellos también a esa epidemia.
Quizás fueron veinte o diez personas, no recuerdo exactamente el número. Pero para un pueblo chico como este, se notaba. Familia tras familia caía, solo se salvaban los menores de veinte y mayores de sesenta y tantos, los demás, tenían una gran posibilidad de terminar como aquellos turistas; muertos.
Fueron momentos de mucho pánico en las calles, nadie se atrevía a salir. Bares y restaurantes cerraron, el turismo se paralizó, los niños dejaron de ir al colegio... Todo estaba demasiado silencioso. Al contrario de lo que ocurría en las oficinas de la policía.
No es necesario decir que todo era un completo vorágine. Desorden y gritos se mezclaban, movimiento de sillas, papeles caídos... Que duraron casi un mes.
Fueron semanas de investigación agotadora. Buscamos relaciones interpersonales entre las víctimas, pero como se esperaba en un pequeño pueblo, todos eran conocidos. También tanteamos el terrorismo biológico... asesinatos encubierto... Nada. No había ni gente ni celebraciones importante, sin manifestaciones, ni conflictos entre familias... Hasta que dimos que diferentes miembros de las familias de los hospitalizados, habían celebrado una gran comida.
Fue una suerte de encontrarnos con ese hecho. Se había festejado a kilómetros de la costa, en un pequeña parcela de bosque de coníferas. Era el único lugar en que la mayoría habían estado juntos; la única pista que podíamos seguir.
Con las sirenas sonando sin descanso, nos acercamos al sitio de los hechos, sin aliento alguno.
Sabíamos estaba contaminado, que no habría pista a seguir; pero no nos quedaba otra que dar palos de ciego.
Buscamos y buscamos por los alrededores. Buscamos algún escondrijo secreto donde alguien pudiera esconderse. Buscamos lugares en donde alguien pudiera dispersar veneno...
Al principio, todo estuvimos de acuerdo de había dos opciones, o el gran río que estaba a pocos metros o la fuente de agua no procesada. Era bastante evidente, por lo que no pensamos demasiado allá.
Aquello fue una de las mayores equivocaciones nuestras.
A paso lento, después de todas las personas que tuvieran síntomas murieran, el pueblo entero tuvo sentimientos encontrados. Alivio por el fin del sufrimiento, dolor por los caídos, rabia contra la policía y los médicos porque no fuimos capaz de salvar a ningún enfermo...
El caso no se enfrió al instante, pero comenzamos a perder la esperanza. Necesitábamos algo para seguir, por lo pequeño que fuese.
Y así lo encontramos.
Después de peinar todo el bosque,
por coincidencia del destino, encontramos una pequeña y bonita taza de cristal.
No nos importo en un principio. Podría ser de cualquier despistado, algo perdido después de una tarde ajetreada. Mas, lo extraño aquí fue que los familiares de los fallecidos dijeron que esa taza había sido para preparar la comida de la quedada. Era lo único que no había sido traído por ellos, pero, fue lo que utilizaron para ayudar a preparar la comida.
Ahí ya había un punto en común, quizás y muy quizás, el asesino había dejado el veneno en la taza, y sin darse cuenta, ellos mismo habían echado el veneno.
Era una suposición demasiado inverosímil.
¿Quien habría esperado que por esa taza tanta gente hubiera muerto?
Pero era la única salida que encontramos en aquel momento.
Al señalarnos el lugar en donde la taza fue encontrada, recogimos varios centímetros cúbicos de tierra, en una área de más de diez metros de diámetros. Era un lugar bastante escondido, con poca humedad, tapado con los árboles de cualquier climatología. Lo más probable es que no hubiésemos encontrado nada, caer otra vez de lleno en una ceguera.
Pero tuvimos suerte.
Fueron semanas agobiantes las que tuvimos que esperar. Semanas en las cuales recibíamos quejas cada día; cartas de más de tres paginas, mensajes anónimos con insultos, pintadas en los muros de nuestro edificio... Los noticiarios se llenaban con nuestra incompetencia, los programas de cotilleos se cebaban criticándonos...
Era salir con el uniforme a la calle y ser señalado con desprecio.
Aunque lo entendíamos... ¡Nosotros éramos quienes peores se sentían!
Nuestro trabajo es proteger a los vecinos, encontrar al criminal y dejar que la justicia pudiese condenarlo..., pero fallamos completamente.

Undyne se mantuvo unos segundos en silencio. La impotencia de aquellos días parecía cortarle todo el aliento.

Sans vio, sin inmutarse, como apretaba sus manos en puños, volviendo sus nudillos habló, no habría palabras que pudieran consolarla.

-Fueron semanas horribles, que tampoco mejoraron al descubrir el veneno.
Entre la tierra que trajimos, los científicos pudieron encontrar rastro de esa sustancia tóxica concertada. Que poco después supimos que podría ser encontrada naturalmente en las semillas de una flor.
¡Imagínate la sorpresa que nos llevamos!
Alguien había estado bebiendo un té venenoso, que, por una casualidad, había terminado en la comida de la víctima.
Era una hipótesis tan inverosímil que dudamos bastante en seguirla.
Si bien no estábamos demasiado confiados, tuvimos que investigarla.
Resultó que no era una flor para hacer té, tenía algo que ver con la creación de colorantes alimenticios además de otro tipos de utilidad para el remedio para la inflamación y diferentes malestares. Pero, de lo que estaba hecho aquella bebida era de la semilla, tóxica para nosotros.
¿Quien lo hubiera creado se había confundido y no lo sabía?
¿Había querido envenenar de esa extraña manera?
Preguntas sin respuestas que aún hoy desconocemos.
En cualquier caso, para conocer más sobre aquella planta, pedimos que viniese Chara.
No muchos querían, como se puede esperar, ella no es demasiado agradable. Pero, era trabajo y si nos daba alguna pista, tendríamos que soportarla.

-¿Eh? No creo que por convivir con más plantas que personas sepa de todas ellas, Pescadito.

-... Trabaja de ello, de las plantas. Florista o botánica, algo así. No se lo hubiéramos pedido si fuese meramente un civil con ese pasatiempo.

Sans sonrió con diversión mientras Undyne suspiraba cansada.

Era entretenido saber que una Genocida tenía que encargarse de mantener con vida a las flores; que curioso podía ser el destino cuando quería.