Holi! Puntual como prometí, traigo por aquí el segundo capi de este Kacchaco.
En este capi, mucho más cómico del anterior, las cosas se suben un poco de tono, además de un montón de malentendidos.
Quiero decir que me divertí mucho escribiéndolo y que creo que ha quedado entretenido, fácil de leer y disfrutable para desconectar un ratito.
Estoy muy contenta porque un montón de gente ha leído el primer capi, aunque no se haya animado nadie a comentar. Espero que este segundo capi os anime un poquito!
Sin más, que lo disfrutéis mucho ^^
Nos leemos abajo!
LECCIONES SECRETAS
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El pánico había cundido en el vestuario masculino bajo los lemas contrapuestos de '¡Bakugo, mátalo!' y '¡Oh, dios, paradlo que lo va a matar!'.
Todos sabían cómo había empezado esa pelea, pero pocos atinaban a creerse que ese fuera el motivo de la disputa.
[…]
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Todo había comenzado varias semanas atrás, cuando un rumor empezó a extenderse como la pólvora. Un rumor para nada previsible.
—Oh dios mío, no puede ser… así que es verdad— casi se santigua Kirishima sin ser cristiano, sin poder creerse lo que estaba escuchando.
Él solía hacer caso nulo a los rumores y cotilleos de esa índole que como adolescentes que eran había por toda la academia.
"No sé quién sale con no sé quién." "El nuevo está enamorado en secreto de la chica de la clase A", "aquella pareja asombrosa han roto" "El novato del B ha perdido la virginidad…" cotilleos de los que nunca se enteraba porque no ponía mucha atención.
Y eso que salía con Mina, la persona más cotilla y shipper que conocía. De hecho, fue ella la que le dio la noticia.
—¡Kiri!— le había dicho hiperventilando, corriendo desde no sé dónde—. No te vas a creer lo que he oído.
Aquello lo había dejado sin habla y por supuesto salió en defensa de su gran amigo y Bro, Bakugo.
—¿Qué Bakubro está con quién? —había preguntado escéptico—. Mina, estoy seguro de que se trata de un malentendido. La gente es muy fantasiosa y cotilla y Bakugo no está interesado en las mujeres...
No obstante, ahí estaba.
Escuchando la prueba acusatoria.
¿Se sentía fatal por estar espiando a su mejor amigo? Por supuesto. ¿No podía de dejar de escuchar con el puño en el peño, orgulloso, pensando que Bakubro le había abierto al fin su corazón a una mujer? También.
—Madre mía, qué salvaje… la está destrozando— comentó Mina pícara, con una sonrisa maliciosa—. No sabía que les iba ese rollo.
Kirishima estaba rojo hasta las orejas.
—No me puedo creer que estemos invadiendo su privacidad de esta manera… —moqueó Kirishima culpable—. Vámonos.
—¿Estás loco? —se unió a la conversación Denki—. ¡Esto es histórico!
Sero acabó por unirse también.
—Histórica va a ser la paliza que nos va a dar cuando se entere que lo espiamos mientras está folland…
—¡Oh! Eso sí que no —pidió raudo Kirishima—. Aquí nadie va a contar nada. Cuando Bakubro esté preparado…
—Eso no va a pasar nunca— rebatió Mina—. A esos dos hay que darles un empujón o ninguno se irá de la lengua. ¿Tú has visto cómo son? Creedme, la conozco y no dirá nada a menos que se lo sonsaque.
Kirishima estaba seguro de que era una terrible idea. Además, pensó para sí, ¿qué más daba con quién se estuviera acostando su amigo? Si quería mantenerlo en secreto, seguramente tenía sus motivos.
¿Tal vez le daba vergüenza? O tal vez era ella la que no quería que nadie se enterara. Le dio pena pensar que a lo mejor a ella le daba vergüenza salir con alguien como 'él'.
El caso es que Mina comenzó la misión titulada 'recaudación de pruebas acusatorias' y al final Kirishima tuvo que verse partícipe en ella. En realidad, también lo hacía por él mismo. Prefería estar seguro antes de que se siguiera corriendo un rumor así.
Claro que… las pruebas lo dejaron boquiabierto.
No sólo los habían 'oído', sino que también habían visto salir a Bakugo de la habitación de ella empapado en sudor. O entrar en ella por las noches. Por no decir que todos a su alrededor empezaron a ver marcas en el cuerpo de ambos. Marcas que sobre todo empezaron a preocupar a las chicas.
—Creo que tal vez Bakugo se está pasando de bruto… —acabó entrando Kyoka en el trapo, no muy segura de por qué Denki la había arrastrado hasta ahí.
—Deberíamos hablar con ella, ¿no?
—Bueno, la gente tiene fetiches y tendremos que respetarlos—opinó Denki.
Así fue cómo acabaron una segunda noche escuchando en el cuarto de Mina, que daba pared con pared con el de Ochaco. Escuchando atentamente sus encuentros sexuales con Bakugo…
—Deja de quejarte—sonó la voz jadeante de Katsuki al otro lado de la pared—. Eres una debilucha.
—Es que lo haces muy fuerte, me haces daño.
—Pensaba que eso querías ¿no? —rebatió él—. Tú me habías pedido que no me contuviera.
Se escuchó entonces un golpe y ambos comenzar a gritar y respirar agitados al otro lado.
—Así me gusta… mucho mejor—se escuchó decir a Bakugo—. Sigue, más fuerte.
—¿Y si probamos al revés? —preguntó ella decidida—. Vamos, dame todo lo que tengas… lánzamelo al pecho.
Aquello rozaba lo cringe y siniestro, así que todos se separaron de la pared aterrados. Sobre todo, porque al otro lado se seguía escuchando el golpeteo de la piel con piel, golpes, caídas, jadeos y gemidos raros…
Vieron salir a Bakugo varias horas después, sudado y con una cara de calma y paz muy poco propia de su naturaleza. De hecho ¿estaba sonriendo? Iban a seguirle cuando él se paró en la puerta, para despedirse de Ochaco.
—¿Estás segura que estás bien con esto? —preguntó él—. No quiero que nos pillen y te caiga un marrón.
Ella soltó una risa suave.
—No te preocupes, te lo agradezco un montón —respondió ella, que también estaba muy sudada—. Es genial practicarlo con alguien que siga tan bien el ritmo. ¡Mañana más y más duro!
—¿Segura que no te duele lo de antes? —dijo con una rara preocupación que él nunca mostraba con nadie—. Siento que ahí me he pasado… ponte hielo o vaselina.
—¡Eso haré! —le sonrió ella, muy cerca de él—. Buenas noches, dios de las explosiones.
Él sonrió como un bobo.
—Buenas noches, cara pan.
Y todos los demás, por supuesto, se quedaron mudos. Mudos y K.O con la escena que acababan de presenciar desde la esquina del pasillo.
Las semanas siguientes fueron extrañas. Por el día ambos seguían siendo distantes, pero algunas tardes se los podía ver juntos en el parque paseando o cocinando juntos en la residencia. Parecía que incluso eran amigos, aun cuando todos sabían que nada estaba más lejos de la realidad y que por la noche eran unos amantes violentos y fetichistas. De hecho, el rumor empezó a crecer hasta límites insospechados y en el momento en que Uraraka apareció con un esguince de muñeca y el labio partido, el team 'Mina' decidió intervenir.
Porque aquello no era normal. No estaba bien.
Habían cruzado un límite y tal vez la dulce de Ochaco estaba atrapada en algo tóxico y violento de lo que no podía salir. Tampoco les parecía tan raro viniendo de Bakugo. Él era violento por naturaleza.
—Nosotras hablaremos con ella después del entrenamiento y vosotros con él—le había dicho a Kirishima.
Y ese había sido el plan. Su amigo pelirrojo también estaba preocupado por la situación.
—¡Ey, Ochaco! —se le había acercado Mina mientras se retiraban sus trajes de héroes después del entrenamiento de ese día—. ¿Podemos hablar?
—Claro, de qué se trata, ¿es por el entrenamiento de hoy? Sé que no he estado al cien por cien, disculpad—dijo algo avergonzada—. Me ha costado un poco engancharme hoy.
Y es que Ochaco había faltado a las cuatro primeras horas de clase. Le habían preguntado a Aizawa qué le pasaba, pero sólo les respondió que la chica tenía un asunto privado fuera de la academia.
¿Habría tomado valor de ir al médico?
—¡No te preocupes! Un mal día lo tiene cualquiera—dijo animada la pelirosa, abrazando a Momo para meterla en la conversación—. ¿Verdad? Aquí estamos para las buenas y las malas.
Momo no tenía tan buen ánimo como Mina para disimular. A ella se la veía realmente preocupada.
—¿Segura que estás bien? —intentó preguntar.
Ochaco la miró extrañada, sin entender la repentina preocupación. Luego pensó que lo decían por su muñeca y sonrió.
—¡Sí, estoy perfectamente! —respondió efusiva.
Aquel plan no estaba funcionando así que Kyoka decidió pasar a la acción.
—Este viernes vamos a ir a bailar en parejas al centro, ¿te apuntas?
Ochaco dudó, resintonizando con el nuevo tema.
—Vale, creo que estoy libre…—meditó—. Aunque no tengo pareja de baile. ¿Vosotras vais con los chicos o sólo es un plan para nosotras?
La pregunta no era tan rara, sobre todo porque desde que habían empezado a surgir parejas en la UA había un montón de planes de ese tipo. Y Ochaco los odiaba, porque siempre se sentía excluida o sus amigas intentaban emparejarla con alguien. Lo cual le resultaba incómodo y más cuando Ochaco sólo quería divertirse, no tener que gustarle a un extraño.
—¿Por qué no le pides a Bakugo que venga? —soltó la bomba Mina.
Directa. Así era ella.
Uraraka tardó un rato en reaccionar. Un largo rato en el que las mejillas se le tiñeron de rojo intenso. Se puso muy nerviosa.
—¿A Bakugo? —hizo como si no hubiese oído bien—. ¿Por qué a Bakugo? Además… no creo que él quiera venir.
—Últimamente estáis mucho juntos ¿no? —siguió pinchando.
Ochaco se movió nerviosa, sentándose para quitarse las botas sintiendo que de repente todas la miraban.
—Tampoco tanto…—le quitó importancia ella, quitándose también el mayor que llevaba—. Es verdad que hablamos más que antes, pero sólo eso.
Fue entonces que vieron los moratones en sus muslos y brazos. Aquello volvía a dejar de ser divertido.
—Uraraka-san—se animó a hablar Momo—. Sabes que si necesitas hablar con nosotras de algo… puedes contárnoslo.
Ochaco se llevó las manos a las mejillas. ¿Tan obvia era?
—No sé a dónde queréis llegar—puntualizó al fin, poniéndose en pie y dirigiéndose a su taquilla a por su ropa.
Momo, Kyoka, Mina y Toru compartieron una mirada. Estaban preocupadas y Ochaco fingía que nada pasaba.
—Os oigo por las noches, Ochaco—soltó Mina.
La castaña se dio la vuelta espantada.
—¿Cómo?
—A ti y a Bakugo.
Se quedó blanca.
—¿Tanto se nos oye? —preguntó angustiada, delatándose—. ¡Lo siento mucho!, no quería molestarte, no se lo dirás a Aizawa ¿verdad? No teníamos otro sitio.
Por supuesto, aquello fue un volcán en explosión. Todas la agarraron por los hombros y la obligaron a sentarse. Ellas hicieron lo mismo, a su alrededor.
—¡Tía! ¿Por qué no nos lo contaste antes? —casi grita Mina, emocionada por el shippeo.
Momo la regañó con la mirada. No era algo de lo que alegrarse. No si Ochaco estaba pasando en silencio por ese tipo de violencia.
—No sé…—se encogió de hombros la castaña—. Tampoco me pareció para tanto…
—¡Cómo que no! ¡Bakugo Katsuki sudado en tu habituación! —dramatizo, con la mano en la frente.
Ochaco no sabía dónde meterse. Estaba roja como un tomate.
—No sé, tampoco es que hagamos nada que no hagamos con el resto—explicó para quitarle hierro al asunto.
Todas se miraron boquiabierta. ¿Tenían una relación abierta o algo así? Cuánto estaba pervirtiendo ese hombre horrible la dulce mente de Ochaco.
—¿Y segura que estás bien con eso? —preguntó cauta Kyoka.
Esas cosas son complejas y hay que hablarlas muy muy bien. Poner normas, cumplir promesas, prestar atenciones, alejar los celos e inseguridades… ella y Denki lo habían intentado, lo de tener una relación abierta, sin éxito.
—Supongo…—dijo sin mucha importancia Uraraka—. La verdad es que Bakugo me ha sorprendido para bien, aunque al principio todo era muy raro. De hecho, la primera vez que nos vimos fue horrible. No nos acostumbrábamos el uno al otro y nos hicimos mucho daño, pero ya hemos aprendido a sobrellevarlo mejor…
Todas la miraron expectantes. Ella se obligó a seguir.
—O sea, quiero decir… —se explicó—. Al principio cuando me lo propuso me pareció raro viniendo de él, porque apenas éramos amigos, pero luego resultó genial—confesó—. Es bastante bruto y autoritario, pero es justo lo que necesito. Disciplina y mano dura. Aunque ahora estoy un poco hecha un lio… no pensé que llegaría a conectar con él de esa manera, de hecho, las últimas noches han sido realmente especiales—suspiró— y lo peor es que creo que no es mutuo.
Ellas empezaron a descomponerse. De hecho, Momo pensó que se iba a echar a llorar.
—Pero Ochaco… —se atrevió a decir—, estamos… esto… ¿no crees que Bakugo se está pasando contigo?
—¿Pasando? No, para nada—respondió tranquila Ochaco—, para ser él, me ha sorprendido lo cercano y atento que puede ser.
—A lo mejor estas distorsionando la realidad y glorificándolo …—añadió Kyoka—. Quien te quiere, no te lastima ni te trata de esa forma. Y menos se aprovecha de ti y juega con tus sentimientos de esa manera, es repugnante.
Ochaco arrugó las cejas. ¿Cómo?
—Tía, yo soy la primera a la que le dan morbo los chicos malos y los juegos sucios…—se sinceró Mina—, pero lo más antierótico es un tío violento. Eso es una basura y como tu amiga que soy quiero que sepas que nos tienes a tu lado…
—¿De qué estáis hablando? —las cortó en seco Uraraka.
Todas se miraron, confusas e incómodas. ¿No era obvio?
Silencio.
Uraraka tomó aire y repitió la pregunta una segunda vez, ahora algo molesta.
—Chicas… ¿de qué estáis hablando? —pronuncio palabra por palabra, seria.
Fue Mina la que alzó la voz por todas.
—¿De que… Bakugo te pega mientras folláis?
Silencio.
Silencio y efervescencia.
En un segundo, Ochaco se puso roja, gritó histérica y las mandó a todas a flotar si control.
—¡Pero qué decís!—gritó Uraraka sin saber dónde meterse, roja y acelerada como no había estado en toda su vida—. ¡AY DIOS!
Se tapó la cara con ambas manos mientras no dejaba de gritar. Kyoka se agarró a la lámpara para no estamparse contra el techo y le dio la mano a Momo, que rodaba por las taquillas arriba en la misma dirección. Mina, más acostumbrada al poder de Ochaco, comenzó a 'nadar' en el aire hacia su dirección.
—¿Entonces no te estás acostando con Bakugo? —preguntó directa, para dejar las cosas claras.
—¡NO! —gritó ella—. ¡POR SUPUESTO QUE NO! ¡QUÉ TE HACE PENSAR ESO!
—¿Pero y los gemidos de tu habitación?
—¡Qué gemidos! —le echó en cara Ochaco—. ¡Sólo son kiai y aiki!
—¿Cómo?
Eso lo preguntaron Momo y Kyoka.
—¡Respiraciones de artes marciales! —gritó enfadada—. Bakugo me está ayudando a entrenar para mi examen de Kárate.
—Eso no justifica la violencia —añadió Momo, con cara de poder vomitar en cualquier momento—. Una cosa es que te ayude y otra que te haga daño o… ¡que te disloque la muñeca!
—¿Esto? —se señaló—. Me la hizo una compañera sin querer en la competición eliminatoria del domingo.
Ok. Cada vez se sentían más estúpidas.
—¿Entonces… no te está pegando ni hay nada romántico entre vosotros? —preguntó Kyoka.
—¡NO! —siguió tensa Ochaco—. ¡Claro que no! Sólo somos… amigos—tartamudeó al decir eso—. ¿Cómo habéis podido pensar algo así?
Todas miraron entonces a Mina con mala cara. Si las miradas mataran, habría muerto en ese instante.
La puerta del vestuario se abrió en ese instante, entrando Tsuyu por ella.
—¿Qué hacéis volando? —preguntó extrañada.
Uraraka estaba en el centro roja, sudando en frío y con el gesto descompuesta. Mina estaba con la sonrisa forzada, esa que ponía cuando metía mucho la pata. Y por otro lado, estaban Kyoka y Momo tomadas de la mano, la primera hastiada y la segunda a punto de vomitar.
—Bueno, es igual…—se encogió de hombros la chica rana—. Vamos, se están peleando en el vestuario de chicos. Tenemos que pararles antes de que lleguen los profesores y los expulsen.
Mina se descompuso. Si su plan había fallado… el de Kirishima intuía que peor.
—¿Quién se está pegando? —preguntó Kyoka.
—Bakugo y Monoma.
Y lo peor es que nadie podía parar aquella pelea.
Kirishima no se esperaba que todo se hubiese desencadenado en esa dirección. Tal vez no contaba con el factor Monoma.
Él también había esperado a terminar el entrenamiento y llegar al vestuario para poner en marcha su plan, que era mucho más sencillo que el de Mina.
—Ey Bakubro—lo había llamado mientras se cambiaban—. ¿Estás liado con Uraraka? —preguntó directo, sin rodeos.
Bakugo arrugó el gesto y lo miró extrañado.
—No—resolvió con obviedad el susodicho quitándose los guanteletes.
Kirishima asintió, satisfecho en con su respuesta.
Listo.
Misterio resuelto.
Fácil.
Rápido.
Sin complicaciones.
De hombre a hombre.
Luego Denki lo miró con un "¿Y ya está?" en la mirada y aquello lo hizo continuar.
—¿En serio? —intentó seguir Kirishima, sin saber cómo continuar—. Me ha… me ha dicho Mina que algunas noches vas a su habitación.
—Sí—respondió con tranquilidad Bakugo, sentándose en las bancas para quitarse las botas—. La estoy ayudando a entrenar. Dile a Mina que deje de inventarse rumores de mierda.
—¿Entonces no estáis liados? —acabó soltando Denki, para asegurarse.
—Uraraka es un partidazo. Es guapa, lista y valiente—añadió Sero—. Tal vez le gustas…
—Y tiene unas enorme tet…—Mineta no pudo continuar porque Kirishima le tapó la boca. Decir esas cosas no era de hombres.
Bakugo puso mala cara, hastiado de esa conversación y de que todos parecieran querer meterse en sus asuntos privados. O peor, que quisieran hablar de la castaña. Iba a contestar con alguna bordería cuando alguien respondió por él.
—¿Ochaco Uraraka con esta escoria? —sonó la risa de Monoma—. No me hagáis reír.
Aquello le tocó la moral.
—Cállate imbécil—respondió enfadado, a modo de advertencia.
Aquello solo alimentó el ego de Monoma.
—Ohhh… ¡qué tierno! —se burló—. No me digas que es verdad que te gusta la mochi rosa.
—No me gusta—gruñó apretando los puños.
¿Ese idiota de verdad quería reírse de él? No sabía con quien se estaba metiendo.
—Oh vamos, Bakugo, no te hagas el duro—siguió con su teatro—. Que todos te hemos visto babear por ella los últimos meses como un perrito enamorado.
Apretó los dientes, molesto.
Bakugo y Uraraka llevaban meses considerándose lo que se dice 'cercanos'. Desde la tarde en que ambos se habían quedado encerrados en el baño tras la marcha de Deku, habían iniciado una especie de amistad tácita que se había ido reforzando con el paso de las semanas. No sólo se habían acercado lo suficiente como para no ser indiferentes para el otro, sino que habían empezado a construir una 'intimidad' especial que el rubio nunca había tenido con nadie. Porque Uraraka era pura luz y él estaba cansado de vagar por las tinieblas. Y habían empezado a verse. Mucho. A entrenar, a formar equipo, a cenar en la misma mesa, a conversar por las tardes, a pasear por el jardín trasero, a entrenar en secreto… Ni él mismo tenía claro lo que sentía por ella, pero fuera lo que fuese, no estaba dispuesto a que ese sentimiento se convirtiese en debilidad a ojos de un patán.
—Cállate si sabes lo que te conviene—advirtió por segunda vez, esta vez poniéndose en pie para encararle.
—Ay Katsuki no me hagas reír, no hace falta que te pongas así—se burló de él, buscando la complicidad de alguno de sus compañeros de clase—. Yo solo quiero que no te rompan el corazón, si es que tienes. Sé sincero contigo mismo. Tú eres el primero que sabe que ni en tus mejores sueños te merecerías a una tía como esa. Ochaco no se merece estar con un animal.
Bakugo dio un paso adelante, pero luego desistió. 'No te mereces a alguien como ella'. Sí, a esa conclusión ya había llegado él solito… no hacía falta que ese memo se lo recordara. Kirishima lo tomó del hombro, sin saber por dónde iba a salir Bakugo. Era escalofriante verlo tan callado.
—Tío, no le hagas caso, vamos—acabó por decir el pelirrojo.
Pareció hacerlo entrar en razón, porque Bakugo agachó la cabeza y le dio la espalda a Monoma, dirigiéndose de nuevo a su taquilla para seguir cambiándose.
No iba a entrar en su juego.
Sólo quería molestarlo y no iba a conseguirlo…
—¿Te importa entonces que lo intente yo? —preguntó Monoma, que parecía estar divirtiéndose con esa victoria frente al gran Bakugo—. Como dices que no te gusta, no creo que te importe. Aunque tengo que reconocer que me parecía muy divertido que además del segundo puesto, Deku te hubiese dejado también a su zorra. ¿No estás cansado de quedarte siempre con sus sobras?
Ok. Monoma podía reírse de él, incluso llamarlo segundón, pero llamar zorra a Ochacho…
Iba a partirle la boca a ese idiota hasta que no le quedara ni un solo diente con el que sorber ni el puré.
En un segundo estalló el caos.
El más puro y escandaloso de los caos que pudieran formarse en un pequeño vestuario. Kirishima se lanzó a detener a Bakugo al igual que otros alumnos de la clase B a parar a Monoma. Sin embargo, el arrebato del rubio había sido demasiado rápido para que pudieran pararlo. Y Monoma parecía con ganas de pelea. Estaba en su naturaleza ser un entrometido y le gustaba molestar a la gente, pero todos reconocían que se había pasado con ese comentario. Sobre todo por faltarle el respeto a una compañera. Y el estilo de Bakugo no era precisamente el de soltar una frase inteligente con la que ponerlo en su sitio. No. Él era más de lanzarse a puñetazos.
Intentaron separarlos, sobre todo porque Monoma copió el don de Bakugo y todo se convirtió en una marea de explosiones y destrucción. Shoto, que llegó más tarde, corrió a intentar detenerlos, pero un amigo de Monoma se lanzó contra él. Y así se había iniciado una pelea multitudinaria que parecía no tener fin. No al menos hasta que llegó Aizawa, al mismo par que las chicas.
No habían conseguido llegar antes que él.
—¡Pero qué está pasando aquí! —gritó el profesor, deteniendo con la mirada todos los dones.
Las chicas, agitadas por la carrera hasta el vestuario, se clavaron en la puerta a ver qué había pasado.
La imagen era cuanto menos ridícula.
Un montón de chicos semivestidos y magullados peleándose como si tuvieran diez años. En el centro de la pelea estaba Bakugo sobre Monoma. Lo tenía inmovilizado en el suelo, con el labio partido mientras se reía. El explosivo no tenía mejor aspecto, ya que le había dado un cabezazo y estaba sangrando por la nariz.
—¡Por favor! ¡Deja de pegarme! —gritó entonces Monoma—. Sensei, Bakugo se ha lanzado como un animal sobre mí sin motivo.
—¡Eso no es verdad pedazo de mierda! —lo agarró por la camisa Bakugo, dispuesto a seguir pegándole aun sin poderes.
Kirishima y otros dos más corrieron a separarlos bajo la mirada acusatoria de Aizawa.
—Bakugo tío, cálmate—le pidió Kirishima, sujetándolo por el estómago para alejarlo del otro rubio.
—¡Eres un mierda! —siguió gritándole Bakugo—. ¡Deja de hacerte la puta víctima, escoria!
—¿Se puede saber qué ha pasado? —preguntó Aizawa, severo.
Todos se quedaron quietos. Quietos y callados. Fue entonces que los chicos notaron la presencia de sus compañeras en el marco de la puerta. Aquello les dio vergüenza, que ellas los vieran en ese estado. Aunque lo peor sin duda fue cuando Bakugo cruzó la mirada con Uraraka y vio la decepción en sus ojos.
Sin duda no se la merecía. El jodido de Monoma tenía razón.
—¿Qué ha pasado? —repitió Aizawa, sin cambiar el tono, demandante.
—Bakugo se ha lanzado a pegarme—se defendió Monoma, reiterando su argumento.
Aizawa analizó la situación. Conocía el temperamento de Bakugo… pero también la lengua de Monoma.
—¿Por qué le has pegado? —le preguntó el profesor directamente a Bakugo.
El chico ni lo miró. No podía despegar los ojos de la mirada de Ochaco, que lo buscaba pidiendo una explicación. ¿Qué iba a decir? ¿Qué se estaba pegando por ella? ¿Qué aquel idiota la había llamado 'la zorra de Deku'? No podía ponerla en evidencia de esa manera… no después de que ella le hubiese contado lo mal que lo había pasado en silencio por Izuku. O tal vez era él mismo el que no quería ponerse en evidencia delante de ella.
Se le encogió el corazón.
—Le he pegado y punto—terminó por decir el rubio, limpiándose la sangre de la nariz altanero, sin valor para seguir mirando a Uraraka.
Kirishima aflojó el agarre, atónito. Luego siguió la dirección de la mirada de su amigo y entendió por qué quería callarse. Se sintió idiota por haber sacado la conversación allí y por haberse creído aquel rumor tan tonto.
Por supuesto que Bakugo no se estaba acostado con Ochaco. ¡Ni mucho le estaba pegando como fetiche! ¿¡Cómo podían haber sido tan idiotas!? La realidad era mucho más simple:
A su amigo realmente le gustaba esa chica.
Y para variar, ni él mismo sabía cómo gestionarlo.
—¿Y se supone que me tengo que creer esa idiotez? —preguntó Aizawa, cansado—. ¿Y bien? ¿Alguien más tiene algo que añadir? ¿Alguien me quiere contar por qué el señor Bakugo le estaba pegando a su compañero?
Nadie dijo nada. Todos agacharon la cabeza. Lo cierto es que no se sentían orgullosos de aquello. Ni de haberse pegado entre ellos ni de haber dejado que Monoma dijera eso de su compañera. Y más al verla a ella allí. A la buena y amable de Ochaco Uraraka.
El silencio fue suficiente para el profesor.
—Estáis todos castigados sin cenar—resumió Aizawa—. Salvo Bakugo y Monoma. Vosotros estáis expulsados de las clases dos semanas.
—Pero Sensei…—intentó protestar Monoma.
—¡Silencio! Y ahora todo el mundo a su cuarto. ¡Ya! Y eso también va por vosotras.
El gentío acabó disipándose rápidamente hasta que solo quedaron los castigados. Las chicas también fueron obligadas a irse, así que siguieron la corriente de chicos hasta las habitaciones. Estaban todos salvo Bakugo y Monoma, a los que mandaron directos al despacho del director.
—¿Qué ha pasado, Kiri? —preguntó Mina a su novio.
Todo el grupo se acercó atento. Ochaco la primera.
—Nada, que Monoma es idiota y no ha parado hasta que ha conseguido que Bakugo pierda los papeles—soltó resignado. Le dolía un hombro. Alguien le había pegado ahí.
—¿Pero qué le ha dicho para que se ponga así? —preguntó entonces Momo preocupada.
Miró a Shoto, pero este se encogió de hombros.
—Cuando he llegado ya estaban peleándose—dijo el bicolor.
—¿Habíais hablado con él?—quiso saber Mina.
Ochaco paró en seco en mitad del pasillo. Todos se detuvieron también al ver su reacción, sin explicarse por qué se había parado en seco.
—¿Qué pasa Ocha? —preguntó Kyoka—. ¿Estás bien?
La cara de Ochaco reflejaba una pura contradicción. Tenía los ojos brillosos de quien está a punto de llorar, pero también estaba enfadada. Muy enfadada.
—¿Vosotros también lo pensabais? —le preguntó entonces a los chicos, mirando a Kirishima—. Lo de nosotros dos…
Él chico bajó la mirada, sintiéndose culpable. Asintió con timidez.
—Lo siento… —se disculpó sincero.
—¿Por qué Bakugo le ha pegado a Monoma? —demandó entonces ella autoritaria y llorando de rabia—. Tú lo sabes, ¿verdad?
El chico miró a Mina y luego a Ochaco. Iba a ser sincero. Eso es lo que hacen los hombres.
—Le… le pregunté a Bakubro si estabais juntos—confesó—. Y cuando me dijo que no… Monoma se rio de él y dijo algunas cosas de ti. Y bueno, pues Bakugo…
—Bakugo se lanzó a partirle la boca—resolvió Denki, a quien le habían puesto un ojo morado—. No te enfades con él, salió como un caballero a defenderte.
A defenderla… Oh, no…Eso sí que no.
Ochaco se sorbió los mocos, dio un simple gracias y se marchó corriendo por el pasillo en dirección a su habitación. Tsuyu hizo amago de salir tras ella, pero las chicas la detuvieron. Se sentían fatal por haber jugado así con un rumor como ese sin saber cómo se sentiría Ochaco al enterarse. Después de todo, aquel tipo de rumores podían dejar a Bakugo como un bruto —aunque un fucker después de todo—, pero a ella la dejaban como a una idiota facilona que se dejaba hacer por un poco de cariño. O al menos eso pensaba mucha gente. Gente que como Monoma que pensaban que Uraraka estaba desesperada por cualquiera tras la marcha de Deku. ¡Cómo si ella necesitara estar con un tío para ser ella! ¡Justamente eso es lo último que quería! ¡Si por ese mismo motivo se había reprimido sus sentimientos por Deku, para que nadie la viera como 'la novia de' sino como la jodida heroína que era!
Lloró frustrada contra la almohada e hizo caso omiso a las llamadas a su puerta de Mina y las chicas. No estaba para nadie. Luego las lágrimas se convirtieron en ira. Y recordó a Katsuki. ¡Él era tan culpable como todos! Y fue a encararle, porque no necesitaba que él ni nadie la defendiera.
Katsuki se la encontró casi dos horas después de la pelea sentada con los brazos cruzados contra la puerta de su habitación.
—¿Qué haces ahí en el suelo, cara pan? —fue lo único que dijo para llamar su atención, en un tono bastante sosegado e incluso cariñoso.
Al oírle, Uraraka levantó la cabeza y se puso en pie, para encararlo. Katsuki estaba magullado y con cara de pocos amigos. Se le veía cansado, más abatido de lo habitual. Después del despacho del director debía haber pasado por la enfermería porque tenía también una enorme gasa cubriéndole el tabique de la nariz, que se le estaba hinchando y tintándosele de violáceos.
—¿Por qué? —fue lo único que le dijo Ochaco—. ¿Por qué?
Él la miró y le sorprendió descubrir que bajo esa cara de enfado se notaba que había estado llorando.
—¿Estás bien? —preguntó por inercia, cercano.
Ella no cambió de expresión.
—Te he hecho una maldita pregunta, Katsuki—le dijo ella en un tono que parecía más del rubio.
Él se mosqueó. Por supuesto que se mosqueó. ¿A qué venía eso?
—¿Y por qué qué? —se quejó—. No sé qué mierdas me estás preguntando.
Aquello la enfadó más. No dudó en acercarse a él.
—¿Por qué le has pegado a Monoma?
Todo el cabreo que pudiera tener se le pasó de golpe. Se sintió de repente desnudo y frágil frente a ella.
—Porque es idiota… —se limitó a decir, bajando la cabeza.
Aquella respuesta no le sirvió a Ochaco, que llevaba hirviendo en ira y rabia casi una hora.
—¿Qué te ha dicho?
—Nada.
—Katsuki, dímelo…
—No—negó Bakugo—. Además, ya está zanjado. Fin del asunto. Olvídalo.
Ochaco apretó los puños con rabia.
—¡No necesito que me defiendas! —quiso dejarle claro Ochaco—. Me lo podría haber esperado de cualquiera, ¿pero ti? ¿En serio? Te dije cómo me sentía y que odio que me traten como a una cría indefensa. ¡Pensaba que tú lo entendías! No tenías derecho a pegarle, me has dejado delate de todos como a una tonta a la que hay salvar—Uraraka temblaba—. ¿Quién te crees que eres para meterte en una pelea por mí? ¿Mi padre o…?
¿En serio ahora ella se iba a enfadar con él por eso? Pensó Bakugo. ¿Le habían partido la nariz por defenderla y ahora ella se iba a molestar con él?
—¿O qué? —la retó, tragando antes de hablar, elevando el tono de la disputa—. ¿Tu novio? ¿Eso es lo que te molesta? ¿Qué piensen que soy tu novio? ¿Tanta vergüenza te da que te vean conmigo?
Aquello sí que enfadó a Ochaco.
—Vergüenza es que te comportes así—respondió molesta—. Y creo que sabes que precisamente no necesito un novio para que me salve.
—Pues mira que bien, porque yo no te he salvado de nada, solo le he callado la boca a un puto imbécil.
Ochaco tenía ganas de llorar. Le temblaban las piernas. Nunca se había peleado con Bakugo en todo ese tiempo en que habían iniciado aquella extraña amistad y menos verbalmente. De hecho, nunca se había enfrentado a nadie de esa manera.
—¡Pues yo no te lo he pedido! —defendió—. ¡Así que la próxima vez te tragas tu orgullo de macho gallito y te lo ahorras!
Se hizo el silencio entre ellos. Uno que se podía cortar con un cuchillo. Uraraka esperó que Bakugo le gritara algo también, pero el chico sólo enmudeció. Se quedó callado, apretando los dientes, con las manos en los bolsillos y la cabeza baja.
—Aparta…
Ni le contestó, la apartó con la mano y se dispuso a abrir su habitación.
—Así que vas a ignorarme… —se cruzó de brazos molesta, aunque algo angustiada por su reacción.
Nunca había visto a Bakugo tan serio.
—Sí, voy a ignorar que has venido hasta aquí para enfadarte conmigo por cosas que supones.
—¿Qué supongo? —preguntó dolida Ochaco—. No las supondría si me las dijeras. ¿Qué te ha dicho Monoma? Pensé que éramos amigos, que nos contábamos las cosas.
Se oyó el click de la puerta al abrirse.
—Mira, Ochaco, tú no has venido aquí para hablar conmigo—se defendió el rubio—. Has venido porque estás enfadada y quieres pagarlo conmigo, que es muy diferente.
—No necesito que me defiendan, sólo veía a decirte eso—quiso dejar claro Ochaco—. No tenías que pegarte con Monoma para defenderme, yo no quería eso. Y tampoco hacía falta que te pusieras como un animal.
Aquello le dolió.
—Como un animal…—repitió Katsuki, recordando las palabras del rubio de la clase B—. Sí, se me olvidaba que eso es lo que soy para todos. Qué suerte saber que para ti también, así dejamos las cosas claras.
Ochaco se arrepintió al oír el sarcasmo y el dolor con el que Katsuki arrastró esas palabras. Sobre todo porque recordó cómo todas sus amigas habían pensado y casi dado por hecho que Katsuki le estaba pegando.
Y sí, Bakugo era violento y explosivo, pero no en todos los aspectos de su vida. Era temperamental, enérgico y algo neurótico cuando se calzaba el traje de héroe. Y era por supuesto orgulloso, fanfarrón y escandaloso en su día a día. Pero para nada era cruel o mala persona, tal vez lo fue pero ya no era esa persona. Al contrario. El Katsuki que ella había conocido los últimos meses era un chico callado, tranquilo y paciente. Constante en sus metas y protector con sus amigos. Aunque también desconfiado. Alguien inseguro que tenía problemas para abrirse con la gente. Con gestionar sus propias emociones o entender las de los demás.
—No quería decir eso… —intentó rectificar Uraraka. Se había pasado… Tal vez se había pasado desde el principio—. Katsuki, perdona… —se disculpó, intentando enterrar el hacha de guerra.
Aunque Katsuki ya estaba encendido. Así era él: fácil de explotar.
—¡Pues claro que querías decir eso, joder! Todo el maldito mundo piensa que soy un puto animal. ¿Sabes qué? Que a lo mejor lo soy. Y si me he pegado con Monoma es porque me ha salido del rabo, no por ti. No te creas tan especial, cara redonda. No todo gira a tu alrededor ¿sabes? —dijo atropelladamente—. Mira, lárgate, no quiero verte. Me importa un cojón lo que pienses, ni que tú y yo fuéramos amigos.
Ni que tú y yo fuéramos amigos. Uraraka sintió el suelo desvanecerse sobre sus pies.
—No me voy a ir—se plantó Ochaco—. No hasta que hablemos.
—Pues ahí te quedas.
Bakugo intentó cerrar la puerta de la habitación, pero Uraraka no le dejó, haciendo fuerza para que no cerrara. Bakugo quiso dar un portazo. Era mucho más fuerte que ella, no tenía problemas para cerrar la puerta, pero Uraraka metió el pie y entonces se echó atrás. Lo último que le faltaba era encima hacerle daño.
—Quita el pie ahora mismo, cara redonda.
—No.
—Que lo quites, maldita sea.
Forcejearon un rato y al final Bakugo terminó por darle un empujón para sacarla. Cerró de un portazo. ¡Fantástico! Ochaco se reprimió un grito. Sobre todo porque no quería que la castigaran a ella también. No era hora para que estuviera en la puerta de la habitación de un chico.
—¡Eres insufrible! —dijo a la puerta.
No obtuvo respuesta.
Quería llorar, pero estaba demasiado molesta. Así que se fue a su cama a gritar contra la almohada. No pensaba siquiera ni derramar una lágrima más por aquel tema ni por Katsuki. No lo entendía. No entendía por qué a veces parecía no tener sentimientos. ¿Cómo había sido tan cruel de dejarla fuera de un portazo? ¿O por qué no quería contarle lo que fuera que hubiese dicho Monoma? ¿Tan terrible era? O peor, ¿por qué había tenido que salir a defenderla? ¿Por qué se había pegado por ella? O por qué, aun cuando ni siquiera 'eran amigos', ella se sentía tan dolida respecto a aquel tema. Lo peor es que estaba segura de que Bakugo no le daría ni dos vueltas. Seguramente estaba ya en su cama.
Y no se equivocaba, porque efectivamente Bakugo ya estaba en su cama. Y no le había dado ni dos vueltas al tema. No lo necesitaba. Lo único que necesitaba era otra cosa. Una que ya estaba haciendo: llorar como un idiota que no sabe gestionar lo que le pasa.
Llorar por ella y por no entenderse a sí mismo.
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Bueno, bueno… sin duda, ambos se gustan de alguna manera, pero obviamente son demasiado tercos. ¿Harán las paces en el siguiente capi? Jujuju
Nos leemos el próximo viernes!
26/08/2022
