Tras cada duelo Aleksei pasaba su Dwheel por mantenimiento, revisaba el motor de Momentum, el cojín, buscaba algún choque en el chasis o algún rayón, comprobaba la suspensión. Lo comprobaba todo, era su bebé después de todo ya que lo había construído prácticamente pieza a pieza con un esqueleto de la chatarra. Le había dado una capa de pintura que recordaba a la caoba y había estado haciendo malabares con distintas chapas para darle el aspecto de un monstruo transformado en motocicleta. Aquel pequeño y oscuro garaje de su casa en Satellite, iluminado por una única bombilla que debía cambiar cada tres meses, había visto nacer su tesoro.

Tras últimar todos los detalles se subió a su Dwheel, tocó la pantalla táctil debajo del manillar e inmediatamente una voz robotizada anunció "Duel Mode: ON", provocando que lo que se suponía fuera el tanque se abriese y dejase salir una plataforma con ranuras y huecos para las cartas, un pequeño respaldo se levantase llegando a la mitad de su espalda, y tanto los pedales como el manillar se recolocasen para una postura más recta. Con su deck ya listo en la parte de arriba, lo más cercano a la pantalla, fue barajado velozmente y cinco cartas sobresalieron del resto. Las tomó y las introdujo en otra ranura, que miraba hacia abajo, entre los huecos del campo y el slot del deck, dejando que las cartas se abrieran en un pequeño abanico en el compartimento, facilitando su extracción y a la vez evitando volar cuando llegaba a altas velocidades. A ambos lados del deck se encontraban dos ranuras, una era para el cementerio y otra para la zona de fuera de juego, y debajo de los espacios para las cartas de campo, organizadas en 1-2-2 de forma escalada, más ranuras para las magias y las trampas.

Su mano era visible en la pantalla, y también fueron visibles los monstruos y las cartas mágicas que iba poniendo en el campo tanto bocaarriba como bocaabajo, estas últimas tomando un tono traslúcido en la misma que indicaban su posición.

El sonido de su teléfono móvil le avisó de que ya era la hora de la exposición por lo que se colocó el casco que había estado manteniendo entre sus piernas hasta ese momento, apagó el modo de duelos y salió del garaje cerrando la puerta con un pequeño llavero. Según llegaba al puente Daedalus, el encargado de unir la isla Satellite con la ciudad, confirmó que su buscador de duelos estaba apagado y marchó por la autopista que le permitiese ir más rápido. Media hora después estaba aparcando en el parking del museo donde se celebraba la exposición, le dio el ticket a la recepcionista.

—Trate de no agujerearlo mucho —pidió—, quiero conservarlo.

—Por supuesto —dijo esta con cierto tono gracioso.

Aleksei debía reconocer que no era mucho de museos, ver momias no era lo suyo y no se sorprendió en exceso cuando pasó por la sección de animales disecados tras unas vitrinas. Tampoco se molestó en echarle el ojo al antiguo papiro expuesto mientras se iba acercando a unas tablillas que sí iba reconociendo, la más llamativa era, posiblemente, la que más reconocería el público: Blue-Eyes White Dragon. Por instinto miró el boleto y al darse cuenta de que era una exposición patrocinada por la Kaiba Corp suspiró pesadamente.

—Esa gente y sus fetiches con el dragón —susurró casi con amargura.

—Es un reclamo publicitario —le contestó una voz femenina detrás de él que iba caminando hasta ponerse a su lado—. Esta, quizás, sea uno de los espíritus más conocidos.

—¿Espíritus?

Aleksei miró a la joven, de su misma altura, unos intensos y rasgados ojos verdes miraban la lápida con aire nostálgico, eran aún más llamativos con el delineado negro. Su piel oscura, casi dorada, practicamente resplandecía a la luz artificial del pasillo que se extendía hacia la izquierda de ambos, mientras que su traje blanco parecía que jamás se había ensuciado. Una fina corona de oro descansaba sobre su cabello negro y ondulado recogido, con un broche del mismo material con varias piedras preciosas, tras su espalda mientras dos mechones descansaban sobre sus hombros agrupados gracias a dos aros nuevamente de oro.

Se veían de la misma edad, al menos eso pensaba Aleksei, pero cuando terminó de observar a la mujer se sentía como si ella fuera inmensa. La miraba de frente pero en su percepción la miraba desde tan abajo que la vista se le nublaba.

—Así es, las culturas antiguas pensaban en los monstruos que usamos ahora para los duelos como espíritus. Supongo que sabrás la historia de Pegasus, el creador del juego.

—Vagamente.

La mujer pasó por su espalda y caminó por el pasillo a un paso lento, dedicando sus pertinentes segundos de mirada a cada tablilla que se encontraba expuesta. Tras dudar un poco, Aleksei decidió seguir a aquella persona que le resultaba tan hipnótica.

—Todo comienza con los juegos de las sombras —explicaba—, en el antiguo Egipto y en otras civilizaciones igual de antiguas se usaba para derimir disputas entre dos personas, se usaba magia muy antigua y el ganador era capaz de imponer un fuerte castigo al derrotado que normalmente acarreaba la muerte. Se creía que el alma más fuerte tenía la verdad.

—Entonces ¿eran algún tipo de juicio?

Asintió con la cabeza. Ambos siguieron caminando por los pasillos de la exposición, con la mujer hablando de vez en cuando de alguna pieza concreta que la fascinaba y él se limitó a asimilar ciertos conceptos como un mundo de espíritus de duelo, y una profunda conexión entre un humano hábil y sus cartas era capaz de traer a la vida a aquellos seres. Pero, como una punzada, la duda se clavó en su mente y salió de su boca sin que pudiera hacer nada para remediarlo:

—Te debe de gustar todo esto ¿por qué me estás dando el tour?

Según lo decía Aleksei tenía miedo de que la chica se enfadase, reconocía que había sonado mal, pero muy mal. Mal de fatal. Se sorprendió al ver que ella sonreía alegremente, como si hubiera estado esperando aquella pregunta todo ese tiempo.

—Es mi exposición, es claro que me encanta todo esto —respondió, sus ojos verdes le prestaban toda la atención—. Soy Amsu Ishtar, dueña de todo lo que has visto hasta ahora, y descendiente de los últimos guardatumbas de los faraones que nos precedieron. Repartí varios boletos como el que tienes —al mencionarlo Aleksei lo sacó de su bolsillo y le dio varias vueltas hasta que ella asintió levemente—, y tú eres el primero en llegar así que voy a darte un regalo: toma mi mano.

Los ojos de Aleksei se dilataron como un gato en la oscuridad, y mientras su cara y sus labios palidecían comenzaba a parecerse más y más a un fantasma.

—¿Disculpa?

—La mano —repitió sin cambiar su humor.

Accedió, y al más mínimo roce una fuerte visión de estar rodeado de llamas chocó contra su mente. Las podía sentir, las llamas remoliándose a su alrededor, mientras una figura inmensa, casi demoníaca, era ocultada por el humo. Aleksei no lo dudó por un segundo al saber darse cuenta de que estaba tendido en el suelo y el fuego estaba comiendo lo que había quedado de él, y tras ver su moto destrozada en el suelo y las cartas convertidas en ceniza dio un respingo hacia atrás.

Sudaba. Su espalda estaba empapada y sus piernas temblaron hasta que perdió el equilibrió y cayó al suelo. Con una mano sujetando su cabeza, apretó una de sus rodillas confirmando que estaba entero.

—¿Qué mierda.. ha sido eso? —jadeaba. Podía sentir su ropa pegándose contra su piel e incluso el cabello empapado. Desconcertado y al borde del llanto, trataba de convencerse de que solo había sido su imaginación.

—Una visión de tu futuro —aseguró con un semblante más serio—, tengo esa habilidad.

Aleksei se pudo levantar tras unos segundos de gritárselo internamente a su cuerpo, aunque tembloroso aún.

—Hay una forma de escapar de tu destino, quiero que tengas esta carta.

La tomó con la vista borrosa, apenas pudo leer el nombre "Ankuriboh" en la carta y mucho menos atinar al bolsillo de su pantalón negro. Asegurando de que el aire fresco le vendría bien Amsu le acompañó a la salida y le entregó una pequeña tarjeta de visita, asegurando de que estaría ahí toda la semana. Él solo quería irse, guardó todo como pudo en sus bolsillos y subió a su Dwheel sin tener mucho en cuenta su propia seguridad. Arrancó y volvió por la autopista que había usado para llegar, aclarando su mente y su cuerpo a tiempo para escuchar como su Dwheel activaba por si sola el modo duelo y se convertía, forzando la misma carretera a que pasase al carril de duelos. Miró hacia atrás, la persona que estaba a su lado contaba con un dwheel alargado, más largo que la suya, de un color azul oscuro.

No pudo ver la cara de la persona por el casco pero por su complexión parecía un hombre alto. Apretó los dientes.

—¿Qué quieres?

—He activado tu modo de duelos —dijo señalándose con su pulgar—, esto es un duelo donde el ganador se lo lleva todo.

—¿¡Por qué!?

—Porque es divertido —aseguró—. Las personas luchan con uñas y duentes cuando se ven acorralados, y eso quiero que hagas. Quiero que me demuestres que eres merecedor de llamarte "duelrunner". El primero que tome la siguiente curva empieza.

—Puto loco de mierda —espetó. Nunca había estado tan enfadado, le importaba nada y menos ser un duelrunner o lo que él considerase un duelista. Solo tenía una cosa en mente en ese momento.

Inclinó su cuerpo hacia delante y aceleró su Dwheel al máximo, tomando la curva varios segundos antes que su forzado oponente.

—¡DUELO! —gritó Aleksei. Las cartas se barajaban, tomaba su mano, activaba Machine Assembly y rápidamente jugó una Polimerización con Steamroid y un King of the Swamp— ¡Fusion Summon! ¡Steam Gyroid!

Steam Gyroid — 2400ATK

—Eso es, siente la ira. Deja que te inunda.

—¡Calla y juega, maldito edgy!

El desconocido se limitó a colocar dos cartas bocaabajo, colocar un monstruo en defensa y devolvió el turno. Aleksei no tenía ni ganas ni tiempo de ser paciente, invocó a Drillroid, una simpática taladradora que, junto a su compañero tren de vapor con aspas de helicoptero girando por su aparente cintura, atacaron sin ningún tipo de miramientos hacia el rival. El monstruo bocaabajo murió, y para defenderse del segundo golpe el oponente pagó 500LP y revivió al mago, para que volviera a ser destruído.

Desconocido — 3500LP

Aleksei — 4000LP

Aquello hizo hervir la sangre de Aleksei.

—¡No eres el único que juega con fusiones! Mando un King of the Swamp de mi mano al cementerio para tomar una polimerización. Summoned Skull, Archfiend Cavalry, Fusion Summon ¡Archfiend Manifestation!

Aleksei no estaba seguro hasta que el desconocido usó Call of the Archfiend con su última carta tapada para traer al Summoned Skull anterior, pero ambos eran prácticamente dos copias salvo que la primera era de un apagado tono azul y violeta en vez de los colores típicos del original.

—Cuando Archfiend Manifestation está en el campo todos los Summoned Skull ganan 500ATK, y él mismo se considera uno gracias a su efecto.

—Mierda —susurró.

Archfiend Manifestation — 3000ATK

Summoned Skull — 3000ATK

Lo sintió, como sus monstruos eran derrotados, la sacudida eléctrica que envolvía su cuerpo y arrancaba de él un grito agónico que rasgaba su garganta. La Dwheel comenzó a dar vueltas como un trompo sobre si misma con el último ataque, aunque pudo estabilizarla. Los monstruos máquina hacía que Machine Assembly ganara dos token por máquina destruída. Su brazo derecho comenzó a arder, la moto a petardear, pero no iba rendirse. Hizo un caballito y volvió a colocarse al lateral del desconocido. Robó carta, sonrió maliciosamente y la colocó pasando el turno. Si había visto esa sonrisa o no, no le importaba.

—¿Disfrutas tener tu vida en un hilo? —le preguntó—. Muy bien, ¡Archfiend Manigestation, golpe directo!

—¡Mirror Force!

Aquella persona jamás pensó que Aleksei tendría una carta tan rara como Mirror Force, de un golpe todos los monstruos suyos se fueron al cementerio, colocó una carta y dejó que Aleksei le arrebatara el turno.

—Sacrifico Machine Assembly para invocar a un monstruo máquina: Drilldroid, vamos ¡ataque directo!

Cuando Drillroid atacó el antebrazo comenzaba a ser el foco de dolor de toda la extremidad, y tal como Aleksei había gritado el mismo desconocido dio su mejor grito de dolor cuando sintió los taladros clavándose en el pecho.

Desconocido — 1900LP

Aleksei — 2200LP

Turno terminado.

—Lo has hecho muy bien, creo que eres la primera persona que me inflinge tanto daño de una sola vez. Para ser tu primera y última vez en un juego de las sombras lo has hecho estupendamente, así que no te tortures cuando te derrote.

—Te prefería callado.

Resopló divertido. Aquella persona disfrutaba de cada LP perdido a base de dolor, eso era obvio para Aleksei, pero ¿un juego de las sombras? La fugaz mención de Amsu hizo darse cuenta de que todo se había oscurecido y, si bien era capaz de ver el exterior, parecía que lo tapaba una capa de humo oscuro que les iba siguiendo. Del desconocido inició su turno, volvió a traer al Summoned Skull con un Call of the Archfiend y lo fusionó con un Red-Eyes Black Dragon usando polimerización.

Ahí estaba, aquel ser que vio en su visión. Claramente y ante sus ojos rugiendo como un rugido que ningún otro monstruo había soltado hasta ahora.

—Archfiend Black Skull Dragon —recitó calmadamente.

Archfiend Black Skull Dragon — 3200ATK

Las llamas de tonalidades naranja, violeta y negro arrasaron a Drillroid y el impacto hizo que Aleksei retrocediera hasta casi perder la vista de su oponente por mucho que aquel dragón le hiciera temblar de miedo. Se le veía demasiado real, el fuego en sus ojos, los músculos rojos y su respiración ígnea acelerada por querer terminar, y vio decepción en aquel semblante cuando el desconocido dijo no activar su efecto de disparo.

Aleksei — 600LP

—No es un holograma, ¿verdad? —pensó como si alguien le pudiera dar una respuesta.

Tomó carta. Ankuriboh. Antes de preguntarse como había aparecido en su deck el motor hizo una pequeña explosión que le hizo mirar hacia atrás. Pero no tuvo tiempo de saltar cuando la dwheel entera saltó por los aires.

La visión se repetía. Su dwheel repartida por toda la carretera mientras estaba en el centro de las llamas y sus cartas eran convertidas en ceniza, pero en esa ocasión no era un cadáver pasto de las llamas. Solo quedaba una carta de las 40, con esta 41, de las que poseía:

Ankuriboh.

El sonido de las ambulancias fue lo último que pudo escuchar, jurando que las manos de un pequeño animal negro le mantenía la cabeza recta y procuraba mantenerlo despierto, sin éxito. Aleksei se desmayó.