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—¿¡Cómo!? ¡Soy yo quien se debe quejar de que un monstruo violeta se haya aparecido en mi habitación!

—¡No soy un monstruo! ¡Soy Dorumon, un Digimon!

—¡Ya sé que eres un Digimon, maldita sea! ¿¡Qué hace un Digimon en mi cuarto!?

—Genial, eres idiota.

—¡NO ME LLAMES IDIOTA, MONSTRUO PERRUNO!

Aquel grito hizo que Dorumon se bajase los oídos mientras gruñía. Éste iba a decirle que se callara pues iba a alertar a su familia pero cerró la boca ante varios golpecitos en la puerta.

—Diego ¿estás bien? —preguntó Rosa tras la puerta.

—¡Sí! Solo he… tenido una pesadilla —mintió mientras asesinaba al Digimon con su mirada.

—Vale, no hagas tanto ruido.

Dorumon se había puesto completamente tenso haciendo que su cola pareciera un plumero, mientras tanto a Diego se le había formado un nudo en el estómago y una nausea subía por su tráquea poniéndose en un tono blanco verdoso horrible.

—Estuvo cerca … —susurró Diego.

—¿Quién era?

—Mi hermana, se llama Rosaura.

—Un nombre muy extraño. Aunque no sé mucho de nombres humanos.

—No te preocupes, no es común. Se lo pusieron por mi madre.

—¿Crees que se habrá alertado también? …. ¿He dicho algo malo?

La mirada de Diego se quedó vacía mientras se llevaba la mano al pecho. Recordar a su madre era recordar el nacimiento de su hermana pequeña, habiendo dejado ese día una cicatriz que se negaba a cerrarse. Dorumon le tocó la cabeza con su hocico soplando por los orificios de su nariz.

—¡No me huelas!

—No te huelo a ti —dijo Dorumon rodeando al humano y olisqueando a través de la ventana—. Huelo a digimon.

—¿Seguro?

—Por supuesto, idiota.

—¡No me llames idiota! Mi nombre es Diego.

—¿Quieres un premio por ello? No me interesan los nombres humanos.

Dorumon, cuya grupa llegaba al pecho del humano siendo del tamaño de un caballo pequeño, abrió la puerta con sus extremidades delanteras.

—¿A dónde te crees que vas?

—Pues a matarlo, obviamente. Es un Digimon salvaje, ¿quieres que cause problemas en tu mundo? Ahora mismo está asustado o habrá entrado por una grieta muerto de hambre. Puede matar, ¿vas a discutir acerca de la moralidad de un ser vivo o ayudarás a tu especie a sobrevivir?

La lógica del frío monstruo digital aplastó la mente de Diego sin ningún tipo de contemplaciones mientras sus ojos decididos penetraban la carne del muchacho y le dejaban sin aliento. Para un Digimon, pensaba él, era común matarse entre ellos y no discutían ni tenían una moralidad humana de preservar la vida. Cuando se quiso dar cuenta habían salido de casa y Dorumon le dejó montar sobre su lomo para ir más rápido agarrándose a sus pequeñas alas. La sensación de cabalgar, a pesar del apretón en el estómago por el próximo encontronazo con un Digimon, era tan fantástica que poco a poco su estómago se iba relajando. El viento chocando contra su cara, la velocidad que era capaz de alcanzar… Diego le ayudó a pasar por calles poco transitadas, e incluso saltaron sobre alguna azotea de casas pequeñas para acortar caminos entre calles con la esperanza de no ser vistos puesto que el Digimon estaba demasiado lejos como para ir corriendo por si mismo.

Cuando se quisieron dar cuenta atravesaron una capa de niebla mientras un Digimon de aspecto feroz trataba de salir de un pequeño vórtice oscuro de la tierra. Las pupilas de Dorumon se contrajeron como los de un felino y los datos llegaron.

Fangmon. Nivel Adulto. Virus. Digimon bestia demoniaca que vive en lo profundo del bosque y se aprovecha de los que se pierden.

El monstruo rojo clavó sus ojos amarillos en los intrusos, babeando entre sus colmillos dorados y sacando sus garras del mismo color de sus patas. Cuando salió del vórtice Diego saltó de Dorumon a su petición y ambos se lanzaron como animales a morder la yugular del otro. Dorumon, más rápido, agarró la garganta del Digimon y le arrojó chocando contra algo que empezó a sonar como una sirena de un coche. Ninguno podía ver los objetos de alrededor, todo estaba cubierto por aquella extraña niebla.

Una vez se reincorporó Fangmon abrió la boca cargando un orbe de energía oscura que su rival respondió.

—¡Blast Coffin!

—¡Metal Cannon!

Resonaron a la vez causando una explosión seguida de un rompimiento de cristales masivo y decenas de alarmas. Debían estar en una calle.

—¡Céntrate, Diego! —gritó Dorumon—. ¿Trajiste las cartas? —Diego asintió—, ¡Pues pasa una!

Pasar una…. Diego sacó una carta de su bolsillo y se quedó mirando el reloj. Por instinto pasó el código de barras por el infrarrojo y ésta rápidamente desapareció mientras Fangmon disparaba otro Blast Coffin tras intercambiar algunos golpes más con Dorumon. Para sorpresa de tamer y Digimon un enorme escudo naranja apareció delante del combatiente y detuvo el ataque en seco.

—El Brave Shield… Bien hecho, Diego.

El escudo desapareció cuando Dorumon saltó encima usándolo como método para alcanzar más altura. Fangmon disparó repetidas veces su bola de energía oscura aunque las falló gracias a la velocidad de ascensión del monstruo rival, al que no tardaron de brillarle los ojos y comenzar a disparar a una increíble velocidad bolas de metal como si de una metralla se tratase.

¡Dash Metal!

Si bien más débiles que un Metal cannon, la gran cantidad de disparos suplieron la potencia dejando un rastro de humo y niebla mientras el Digimon morado caía esperando a que se disipase para verificar a su oponente.

—Maldito … —susurró Fangmon, lleno de golpes, contusiones y abolladuras por todo su cuerpo.

Fangmon jadeaba, tratándose de poner de pie mientras de sus heridas emanaba un espeso líquido rojo. Dorumon parecía molesto, y frunció el ceño cuando Fangmon trató de reunir sus últimas fuerzas para un Blast Coffin para simplemente salir una nube negra por un ataque de tos. Levantó su torso abandonando su postura casi cuadrúpeda a una casi erguida mientras juntaba sus extramidades delanteras en una palmada y las separaba formando una espada corta de filo azulado que no dudó en hundir en su cráneo provocando la muerte instantánea de Fangmon como su explosión en polvo digital, absorbida por el vencedor sin impunidad.

—Doru, vámonos —pidió Diego—. La niebla comienza a disiparse.

Dorumon no había recibido heridas graves aunque se le notaba cansado, con un botón el tamer hizo entrar a su Digimon al reloj antes de salir de la niebla y alejarse del lugar.

—Parece que alguien leyó el manual —se burló Dorumon.

—¿¡Has dicho algo!? ¡A que te borro!

—¡JA! ¡Como si pudieras! ¡Quiero ver cómo lo intentas!

Así comenzó otra discusión de camino a casa ajenos a que un tercer individuo había mirado el combate desde el principio.