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—¡No lo entiendo! Al menos que hayas alcanzado las dos últimas etapas no puede haber una sobrecarga —gritó Diego a los cuatro vientos habiendo leído por décida vez el manual de su digivice. Respiró profundamente varias veces y miró a Dorumon, que ya había recuperado su forma, dándole la espalda delante de él y con cierto interés hacia una pequeña libretita negra que parecía ser un cuaderno de notas—. ¿Quién eres, Dorumon?

—Era un caballero que de orgullo sigue pecando. Utilicé mi energía para ayudar a un digimon y a su tamer hace un año.

Diego no pudo articular palabra en ese entonces, pensó imediatamente en ciertos sucesso del pasado, ¿aquél digimon era Él? Dorumon se giró y Diego pudo ver mejor la libreta.

—¿De quién es?

—De tu prima, creo que se llamaba Sofía

—De Sofía —susurró, pensando unos segundos—. ¿Y qué pone?

—"Digimon de las Islas Sin Nombre"… Rayos.

Había sido una respuesta completamente natural en él, ni si quiera pensó en lo que decía hasta que su enorme bocaza lo soltó. Había delatado a la niña de la forma más estúpida posible.

—¡Sofía es una tamer!

—Y para el colmo el muy idiota va y lo grita —pensó Dorumon.

Sofía era la hermana de Daniel, una niña de diez años de piel bronceada y pelo castaño claro. Recordaba sus extraños ojos de un rojo oscuro e intenso porque eran similares a los de su hermano, pero a diferencia de éste ella tenía un pequeño lunar bajo su ojo derecho.

Dorumon estaba incómodo, la expresión de su compañero era un poema, aunque no era la primera vez que lo veía. Rápidamente alejó de si algunos dolorosos recuerdos.

—Tierra llamando a Dorumon. Vamos, hay que devolverle el cuaderno.

—¿Y cómo piensas que voy a salir? —y como si ya lo tuviera preparado Diego sacó un collar y una correa de perro—. ¿¡QUÉ!? ¡NO! ¡NO!

Y se enzarsaron en una pequeña pelea en la que, de alguna forma, Diego resultó el ganador al colocarle la correa que las patas de Dorumon no eran capaz de quitar, y cuanto más intentaba arañaras más apretada estaba.

—¿¡QUÉ PARTE DE CABALLERO QUE SIGUE PECANDO DE ORGULLO NO ENTENDISTE!?

—¡Lo entiendo todo! —respondió Diego sobre el lomo del digimon—. Tómalo como penitencia por no haberme dicho que habías llegado a última etapa tú solo.

En la calle las personas no parecían extrañadas por el digimon, tomándolo como un extraño animal exótico. O en el peor de los casos un fetichista con un disfraz.

—¡Diego!

Ambos detuvieron la marcha y echaron una vista hacia atrás, viendo como Arturo corría calle abajo hacia ellos.

—¿Qué es eso…?

—Un perro —respondió Diego con una sonrisa dando un leve jalón a la correa—. Una nueva especie de perro. Mi padre lo compró para que Rosa y yo no nos sintiéramos tan solos.

—Sí… ese hombre es un poco ausente despues de… Perdon, no quería recordarte eso.

—No pasa nada pero ¿por qué me has seguido? Ayer te traté horrible.

—¡Tenías razón! —respondió rápidamente—. He descuidado nuestra amistad, si aún se puede decir así. Me gustaría que volviéramos a ser amigos como antes.

Diego no lo entendió del todo, su cerebro tardó en procesar aquellas palabras unas detrás de otras hasta que Dorumon le mordió la mano, haciendo que Diego se quejase y soltase un claro y espectacularmente gesticulado "MIERDA".

—Me encantaría, de verdad. Y parece que este chucho quiere seguir paseando, y debo ir a casa de mi prima Sofía a devolverle algo.

—En ese caso hablamos otro día, que yo llego tarde al médico ¡y estoy viendo mi guagua en la parada, maldita sea!

Guagua era una forma en que los canarios llamaban al autobús, siendo cada isla de un color distinto en aquella eran de verde brillante bastante llamativo. Famosas por tener unos horarios horribles, era divertido ver la desgracia de ver a otro corriendo para variar.

En la casa de sus primos fueron recibidos por Sofía, que nada mas verle de frente gritó "¡UN PERRO!" y estuvo a punto de echar a correr, pero Dorumon le abrazó.

—¡No soy un perro! ¡Soy yo, Doru el Dorumon! El digimon que ayudó a tu compañera.

—Lo siento… No te reconocí, Doru.

—Nada —sonrió.

—¿Doru? —Diego estaba pálido recordando al digimon de su Virtual Pet que desapareció un día sin dejar rastro—. Doru, el Dorumon. Que original —soltó con sarcasmo.

—Yo también lo pienso, pero no me atrevía a decirlo —soltó una voz suave y delicada. Diego y Doru miraron a todos lados, incluso asomaron sus cabezas al interior mirando si había alguien en el sillón, sin resultado—. ¿Lo estáis haciendo a propósito? ¡Aquí abajo, idiotas!

La dueña de esa voz era una pelusa blanca gigante con orejas de conejo con el pelaje de su hocico de color gris y unos grandes ojos rojos, su cola peluda y larga que recordó a un gato persa estaba erizada por el obvio enfado del momento. Si tenía patas, debían estar bajo tanto pelo.

—Oye, Diego. Tú que eres una enciclopedia…

—¿Sí?

—¿Qué es eso?

—No tengo ni idea…

—Es Selene, mendrugos —suspiró Sofía— En su fase intermedia.

—¿Vacuna? —preguntó rápidamente Diego.

—Virus —respondió la pequeña a tal velocidad que parecía haber estado mascándolo durante un rato—. ¿Qué? ¿Me creías como tantos de "Los vacuna son los buenos" —gruñó molesta.

—¡No! —saltó Diego al instante. Trató de corregirse mil veces pero se detuvo cuando Sofía comenzó a reírse—. No me hagas esas bromas…

—Y ¿a qué viniste? ¿planeas quedarte en la puerta todo el tiempo? —¡casi lo olvidaba! Diego sacó la pequeña libreta del bolsillo y se la tendió en las manos, y ella se lo arrebató con un inmenso rostro de felicidad—. ¡Lo encontraste! Pensé que lo había perdido, que alivio. Ya puedo respirar —Diego preguntó qué diablos era aquella libreta que era tan importante y Sofía soltó su lengua como si hubiera deseado decirlo hacía mucho—: es difícil de explicar, pero es básicamente una agenda que poseen los tamers de las Islas SinNombre . Es muy útil, te avisa de los problemas de las islas, avistamiento de digimon por tu parte y por la de ellos y te informa quién lo hizo. Entre otras cosas también puedes usarlo como una libreta normal.

—Un móvil.

—Más tecnológico.

Sofía les invitó a pasar y tomar algo, pero ambos se negaron y se despidieron de la niña sonriendo. Ambos sabían que iba a darse una conversación un tanto incómoda.

—¿Quién eres?

—Van tres hoy, ya te lo dije. ¿Qué pregunta es esa?

—Tú y yo ya nos conocíamos, ¿verdad, Doru el Dorumon? O mejor dicho… Doru, el Alphamon

La voz de Diego se había entrecortado y Dorumon no veía la forma de escapar de esa situación.

Daniel entraba en casa en aquel momento, con un rostro cansado y enfadado que detuvo la efusiva bienvenida de su hermana pequeña.

—¿Qué pasa?

—Se escapó —respondió frustrado—. Ese maldito va a actuar por su cuenta…

—¡Dorumon y Diego! —soltó Sofía horrorizada.

Ambos hermanos corrieron fuera de casa, aunque la pequeña estaba en pijama y el mayor sudoroso por la carrera anterior.

—¡Responde! —gritó Diego en un pequeño parque cerca de la casa de los hermanos—. ¿Eres Alphamon?

—Creo que me estás confundiendo.

—¡No lo estoy! —Diego de repente se puso pálido. Dorumon comenzó a desaparecer delante de sus ojos—. ¡NO!

Todo había pasado muy rápido, Dorumon desapareció delante de sus ojos mientras una figura alta y encapuchada se encontraba a al menos cincuenta metros de él, y como Dorumon desapareció en la nada.