Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada y Toei Animation.


Capítulo 9: La Reunión.


La brillante luz del Sol lo cegó por un momento. Milo se llevó la mano a la frente, e intentando cubrirse de la luz entreabrió los ojos, adaptándose poco a poco.

Al hacerlo, perdió el aliento ante el paisaje que había frente a él. El césped se extendían hasta donde le alcanzaba la vista y frente a él se veían, lejanos, dos grandes árboles, muy parecidos, tanto en altura como en tamaño, con flores y pétalos rosas que caían lentamente, además de las pequeñas flores que había en el césped. Se respiraba un aire limpio y el cielo estaba despejado, sin ninguna nube o algún ave surcando el firmamento. Sólo se escuchaba el tenue silbido del aire, que en algunas partes a su alrededor parecía correr con mayor velocidad y agitaba su cabello cuando le daba de lleno.

Era un ambiente paradisíaco. Milo no podía pensar en otra palabra que definiera el lugar donde estaba. Lugar desconocido y místico.

Viéndose completamente solo, e intrigado por los árboles, comenzó a caminar, indeciso, hacia donde estos se encontraban. La suavidad con la que se movía sobre el césped lo tentaba a quitarse los zapatos y caminar descalzo, pensando que sería como pisar nubes; sin embargo, detuvo sus ideas y sus pies cuando escuchó un grito lejano, detrás de él.

—¡Milo!

Era la voz de una mujer, y no cualquier mujer; era una voz molesta que nunca se callaba, que le aparecía como la voz de la conciencia, era su voz, la voz de ella.

Milo se volteó rápidamente y vió que corriendo hacia él estaba ella, él mismo, su igual. Su versión femenina venía desde una distancia algo lejana y no aparentaba tener intenciones de detenerse, ni siquiera cuando la distancia que los separaba se redujo, sólo mantuvo los brazos alzados, moviéndolos para saludarlo sin importar la reducida distancia. Milo tampoco pudo decir o hacer algo para evitar su encuentro, sólo extendió los brazos cuando ella saltó lo poco que le faltaba para estar finalmente juntos.

Se abrazaron. Y por un breve segundo, Milo cerró los ojos, esperando el fin del mundo, sabiendo que al menos pudo dejar de preguntarse como se sentiría tocarla.

—Estamos bien —murmuró ella al sentir que el rubio estaba tenso, esperando—. Estamos juntos de alguna extraña forma psíquica, en la mente de un tercero…

Milo asintió levemente.

Al fin estaban juntos.

Finalmente podía palparla, sentir su calidez y sentir que era real.

Era verdad, el mundo, o todos los mundos, no se había destruido al momento de hacer contacto. Él seguía ahí, y ella también. Ambos, juntos, una misma persona y a la vez dos diferentes. Con más confianza, la sostuvo de la cintura y la levantó un poco mientras hundía la cara en su cuello.

Abrazarla era extraño, era como abrazar a una mujer conocida, alguien cercano que entendía a la perfección; había algo familiar en su contacto, y electrizante; chispas irradiaban de su abrazo y podía sentir un ligero hormigueo en la punta de los dedos. Había energía en su toque.

Milo tenía cientos de cosas por decir, pero se quedó callado cuando sintió que alguien se arrojaba contra él y lo abrazaba casi por la espalda. Cuando levantó la cabeza para ver a la persona que lo interrumpió lo primero que reconoció fue la cabellera castaña, corta, después fueron los ojos verdes con un toque infantil que jamás se iría y al final la sonrisa amplia, a punto de soltar una gran carcajada, y ni una señal de algún arete facial o algo por el estilo. Aioria, con un brazo en cada hombro de un Milo, rió por todo lo alto mientras miraba a su amigo rubio; su eterno amigo de la niñez, su Milo.

Pronto, los dos Milo se unieron a las risas y la alegría de volverse a ver y poderse tocar.

—¡Camus! ¡Deja de estar en la esquina como un gruñón y únete al abrazo! —gritó después de un tiempo Aioria, mirando hacia atrás, donde Camus Dubis estaba parado, esperando a que el momento de emoción pasara.

Milo volteó en cuanto Aioria gritó. Su sonrisa se hizo un poco más grande al ver a Camus, el Camus que conocía, a un lado de ellos, con su habitual inexpresión y seriedad. En su nueva vida en la dimensión de su igual, varias veces había pensado en buscar la versión de esa dimensión de Camus, incluso había investigado en redes sociales alguna señal de su existencia; pero había dudado, sin saber cómo iniciaría una conversación con ese Camus en caso de encontrarlo.

En cuanto su mirada se encontró con la de su amigo, ambos asintieron, en reconocimiento, era lo máximo que uno podía obtener de alguien tan estoico como Camus. O al menos Milo pensó que sería así; su versión femenina no tardó en soltarlo y empujar a Camus hacia el abrazo grupal, a pesar de la expresión de sorpresa y negación.

—Vamos, Camus, sé que me amas en cualquier versión —dijo la pelirroja, sonriendo.

Aioria no dudó en extender los brazos para también recibir a Camus, de la misma forma que Milo. A pesar de su resistencia inicial, todos terminaron en un gran abrazo que duró poco, puesto que Camus sólo aceptó abrazar a sus amigos por un breve momento.

—Me da gusto verte, Milo —dijo el francés al separarse—. Ya me cansé de tu versión femenina, es agotador lidiar con ella.

—¡Oye!

—Es cierto, en especial cuando ella te recordaba y nosotros no tanto —concordó Aioria, ignorando a la pelirroja a su lado.

Milo asintió ante las palabras de sus amigos, y procedió a escuchar lo que ellos habían estado haciendo en ese tiempo.

Ellos le contaron que un día, su versión femenina los convocó en su departamento para decirles que ella no era de ese lugar, de esa dimensión. Ninguno le había creído, al menos no hasta que ella continúo hablando, conectado puntos, recordándole a ambos sus sueños, sueños con un Milo rubio, un hombre, sueños que no debían de ser iguales al tratarse de dos personas diferentes. Después de eso, ella les presentó a Shaka, quien los ayudó a despertar y prepararse, porque las cosas aún no habían terminado, porque aún quedaba un cabo suelto, un desequilibrio que debía arreglarse.

—En nuestra dimensión, para nuestros cuerpos, han pasado un par de meses —explicó Aioria, después señaló su cabeza mientras hablaba con más energía—, pero aquí, debemos de tener años de entrenamiento.

—En su cabeza… —señaló Milo, quien no había dejado de sostener la mano de su igual desde que habían comenzado a explicar sus hazañas.

—La habilidad de Shaka no sólo se limita a eliminar recuerdos de niñas pelirrojas —dijo Camus, mirando de un Milo al otro—. Justo en este momento, por ejemplo, estamos en su mente, como si todos estuviéramos conectados a una sola matriz que nos permite entrar en contacto.

Milo asintió en comprensión, y continúo escuchando en silencio el entrenamiento al que se habían sometido sus amigos y cómo ahora formaban parte de la resistencia, o La Résistance como decía Aioria en mal francés para fastidiar a Camus, quien sólo endurecía sus facciones para mostrar su molestia. En palabras de ellos, fueron días confusos, llenos de incertidumbre y preocupación debido a que el plan no había funcionado y parecía que las cosas estaban más enredadas que antes. Él, después de la charla, quiso contar también sus experiencias, contarle a Aioria sobre su otra versión, a Camus lo que parecía que estaba haciendo la suya en su país de origen, y naturalmente también quería hablar con su igual sobre Shura, omitiendo algunas partes que no tenían importancia, para mantenerla tranquila, sabiendo lo importante que el español era para ella. Sin embargo, no hubo tiempo, Camus no tardó en recordarles por qué se habían reunido y la posibilidad de que los esperaran.

—Esto no es un día de campo —dijo cuando dió la vuelta y comenzó a caminar por el extenso lugar—. Estamos en problemas.

Milo suspiró por lo bajo, recordando todo lo que había ocurrido antes de llegar ahí, la razón por la que estaba en realidad. Las palabras tenían que esperar, su contraparte también se lo hizo saber a través de un leve apretón en la mano.

Siendo guiados por Camus, el grupo caminó hacia los árboles. A Milo le sorprendió que a pesar de lo lejanos que se veían, la distancia no fuera tanta una vez que comenzaron su trayecto; suponiendo que era lo normal, puesto que nadie dijo nada, se mantuvo en silencio, disfrutando de la compañía de los suyos, hasta que llegaron a su destino y vieron a más personas, en el lugar, alguna sentadas sobre el césped y otras de pie, charlando entre ellos.

—¡Oh! ¡Milo! —Io se acercó a él y lo abrazó, como si no lo hubiera visto en un largo tiempo— ¿Y a quién tenemos aquí? —cuestionó al ver a la pelirroja a su lado— Milo, ¿cierto? Mi Milo para aclarar. —Sin dudar, Io extendió los brazos y abrazó a la pelirroja.

—Es tu relojero —explicó Milo, mirando a su contraparte, que respondía con torpeza.

—El relojero de ella, el relojero de él, el relojero del A-82, según me dijeron, Escila.

Io asintió ante sus propias palabras, inclinando la cabeza como saludo; estaba por hacerse un lado y presentar al resto de personas en el lugar, pero la voz de un pelirrojo vestido de azul y un adorno en forma cilíndrica en uno de los mechones delanteros de su cabello se adelantó.

—Ya llegaron todos.

Milo iba a disculparse por su tardanza, pero al notar que el hombre no lo estaba mirando, o a sus amigos, optó por cerrar la boca y voltear hacia donde estaba mirando. Acercándose a paso lento, venía el hombre rubio que lo había llevado a ese lugar, Shaka según lo que le dijeron, y detrás de Shaka, inexpresivo y vestido como vaquero, estaba él.

Tembló ligeramente. De forma consciente presionó la mano de su igual y la escuchó murmurar por lo bajo algo sobre tomar su cuerpo. Milo estaba más concentrado en esa versión de él, el hombre que tomaba su cuerpo la mitad del día y lo dejaba físicamente exhausto, de pocas palabras e inexpresivo; no podía dejar de ver, casi con particular fijación, su cabello, del mismo largo que el de él y con el mismo estilo, pero azul, de un tono azul marino que le causó escalofríos al recordar un particular sueño, o pesadilla… o tal vez recuerdo ajeno.

—Caballeros, y dama, —dijo Shaka una vez que llegaron junto con los demás—. Lamento el retraso, ¿están cómodos así o prefieren otro tipo de ambiente?

—Sería mejor si todos pudiéramos sentarnos a la par, y con cierta distancia, ya sabes.

Milo desvió su atención de su contraparte peliazul y miró a Kanon, apenas reparando en su presencia, como un adulto de alrededor de cuarenta años, sosteniendo de los hombros a un niño, apenas un puberto igual que él, que mantenía las manos en forma de puños y el ceño fruncido. Quiso creer que no, pero sus suposiciones lo llevaron a pensar que el pre adolescente era Saga, los gemelos que estaban ahí no parecían tan gemelos. Tampoco pudo evitar notar, o suponer, que ambos miraban al recién llegado peliazul con precaución y seriedad, uno con más furia contenida que el otro, pero ambos, sin duda, a punto de lanzarse contra su otro yo en caso de que fuera necesario.

En medio del espacio entre todos apareció una mesa grande y redonda, que parecía hecha de vidrio y no tenía un estructura que lo sostenerse y detrás de todos aparecieron sus sillas para que pudieran acomodarse. Ambos Milo se sentaron casi de inmediato, sin variar mucho del lugar en el que estuvieron parados; del lado del rubio se acomodaron Camus y Aioria, y del lado de la pelirroja se sentó Io, manteniendo una sonrisa. Casi frente a ellos, abriéndose paso entre algunas personas, el tercer Milo, el peliazul, también tomó asiento, ignorando algunas miradas sobre él, poniendo su atención en sus dos contrapartes hasta que todos estuvieron acomodados.

—Antes de comenzar, y para iluminar a los nuevos, sería correcto que nos presentáramos, al menos los que no lo hemos hecho propiamente.

Milo asintió ante las palabras de Shaka, esperando conocer más de los presentes, finalmente integrarse al grupo y saber todos los detalles de lo que sucedía. Estaban, por supuesto, sus conocidos, los gemelos, sus amigos, Io y Shaka, a quien nunca había visto pero ya había escuchado demasiado de él. Además de ellos, había otro Aioria, de aspecto juvenil y rubio, y un Camus, de cabello rojo en las raíces que se convertía en un interesante turquesa en las puntas, ambos usando chaquetas parecidas, pero de diferentes colores, uno era un reubicador y el otro un analista; al lado de ellos estaba Andreas Rize, médico general y doble agente (si Milo utilizara los términos de Aioria para definir a los presentes); Esmeralda e Ikki también estaban, luciendo igual de jóvenes, tal vez algo agotados; al lado de ellos había dos relojeros más, Hipocampo, un castaño con chaqueta de cuero y algunas cadenas como pulseras y collares, y Chrysaor, un chico moreno que estaba peinado con una cresta muy al estilo punk que contrastaba con las túnicas que usaba; también había un niño pelirrojo de ojos azules que no había hablado en todo el tiempo que llevaban ahí, ni siquiera para presentarse.

—Shijima, es el creador de nuestros ubicuos —dijo Shaka mientras el pelirrojo se levantaba y se inclinaba levemente, presentándose—. Naturalmente, no estamos todos, pero estoy seguro que podrán entender que debido a la gravedad de nuestro contexto no podemos ausentarnos por tanto tiempo de nuestros deberes,. Ahora, nuestros motivos, Kanon.

—Hace poco, o mucho, hubo un atentado a nivel Mosaico —inició el mencionado, con la vista al frente, intentando ignorar a los tres Milo—. La situación ha sido restablecida, por nosotros y ellos, a todos nos conviene que todo esté estable… pero es arriesgado bajar la guardia, pueden volver a intentarlo, ¿cómo van las cosas con los enemigos, Andreas?

—Muchos heridos, enfrentamientos con los responsables, no capturaron a nadie, la general Sasha va a decapitar a alguien.

—Probablemente a Saori o Polaris, considerando que ambas son sus compañeras y sus escuadrones de reubicadores han estado fallando en la ofensiva —agregó el Aioria reubicador.

—Como era de esperarse, esto vino prácticamente de la nada, tenemos suerte que el superior tuviera un plan de emergencia —continuó el Camus analista, con tono monótono.

Milo entrecerró los ojos. Quiso rodarlos y bufar fastidiado, pero estaba recibiendo tanta información que temió perderse algo si dejaba de prestar atención, aunque fuera por un segundo; incluso sus amigos y su igual intervenían, conociendo todo el contexto que los rodeaba. Pero él estaba ahí, en silencio, sin entender ni una palabra de lo que escuchaba.

No era el único, Shijima, que parecía aún más joven que el joven Saga, ya tenía algunos colores y hojas frente a él y se entretenía en sus dibujos, ignorando a los demás; su versión peliazul también estaba en silencio, ignorando las ocasionales miradas que los gemelos le dedicaban, sólo mirándolo a él y a su igual. Había algo en su mirada, parecía vacío, indiferente, era difícil ver esa expresión, en especial al recordar su sueño, con toda la violencia y los insultos.

—¿Sí, Milo?

—¿Podemos hacer de cuenta que uno de los integrantes de esta mesa no tiene ni idea de lo que están hablando y hacer un resumen general? Sólo para entrar en contexto.

Pidió, encogiéndose en su lugar porque todos lo habían volteado a ver, incluso el niño pelirrojo al que parecía no importarle la reunión.

—El Mosaico es manejado por nosotros, los relojeros —dijo Esmeralda—. Y la primera generación de relojeros es elegida por el relojero principal.

—El relojero principal existe en todas las dimensiones —continuó Ikki —. En todas.

—Cuando nos encontramos, Milo, ¿qué había ocurrido? —preguntó Kanon, mirándolo fijamente— El cielo se cerró, todo se congeló, ni siquiera nos podíamos mover o respirar, y Julián Solo se estaba desangrando.

Milo entrecerró los ojos, recordando ese momento. Cuando estaba con sus amigos, o los amigos de su igual, y de repente un grupo de extraños llegaron y le dispararon a Julián Solo. Recordó lo mal que se sintió, las interferencias, los sonidos mezclados y cómo el mundo parecía haberse congelado. Sólo por una acción, sólo porque un grupo de terroristas, o algo por el estilo, le dispararon a Julián Solo.

—¿Julián Solo es el relojero principal? —preguntó, sin creerlo. Tanto en su mundo como en el de igual, Julián Solo era un heredero comercial, un capitalista en un mar de capitalistas, era importante para la economía griega, pero no lo imaginaba como un personaje del que el mundo, o mundos, dependiese.

—Julián Solo es la razón por la que todos estamos aquí —dijo Krishna, con tono ceremonial—. El único que existe en todo el Mosaico, al mismo tiempo, en todos los lados, momentos y épocas.

—Atentar contra la vida de un Julián Solo de una dimensión de El Mosaico es posible, ha pasado, y él siempre sobrevive —explicó Baian—. Pero está vez lo hicieron en todo El Mosaico, todas las dimensiones, en el preciso y exacto momento. Y si Julián Solo muere en una dimensión todos estamos acabados, El Mosaico por completo tendría que reestructurarse.

—Un fin del mundo multidimensional —dijeron ambos Aioria, compartiendo una mirada al escuchar al otro.

—Écarlate está con la segunda versión de Julián en El Mosaico, la versión que salta entre dimensiones, la última información que recibimos de él es que están bien, encerrados, pero ilesos.

—Shaka, ¿ellos saben algo de las personas que hicieron esto? —preguntó Esmeralda.

—Tal vez, justo ahora están enfrentándose a ellos —reflexionó el mencionado. Milo intentó no mirarlo mucho puesto que a pesar de que vestía de forma normal, tenía una venda cubriendo sus ojos que llamaba demasiado la atención—. Sin embargo, no estamos reunidos para profundizar sobre eso, nuestro principal asunto ahora tiene que ver con nuestros tres invitados especiales: debemos intercambiar a los Milo.

Al sentir que su igual presionaba su mano con un poco más de fuerza, Milo frunció el entrecejo. Parecía que su problema con Julián Solo era cientos de veces más importante que ellos, y a pesar de querer regresar a casa, se sintió tentado a sugerir mantener todo como había estado en pro de concentrarse en los problemas más graves. Una revuelta, un intento de asesinato a una persona muy importante, y un tercer grupo que no mostraban su nombre o propósitos. Sin duda lo de ellos era insignificante.

—Arreglar este incidente podría costarnos demasiado, y ya tenemos demasiados problemas como para agregar algo sin arreglo.

—Y a pesar de eso, Krishna, arreglarlo también es un avance significativo.

—¿Qué más podríamos perder? —Io concordó con Baian, asintiendo con una sonrisa relajada—. De todas formas ya desaparecieron dimensiones, todo el Mosaico está contaminado, y por si fuera poco, quienes atentaron contra Julián parecen no preocuparse por la supervivencia de algunas cuantas dimensiones más.

—¿Y esto sería lo adecuado? —preguntó Milo— Quiero decir, parece que estamos a la puerta del fin del mundo.

—Milo, siempre estamos al límite del fin del mundo —se burló Kanon.

—Y esto es tu culpa.

Milo sintió que su igual se tensaba ante las palabras del Camus analista. Camus le agradaba, pero no esa versión, y por la expresión de su amigo francés, supo que ahora habían llegado al "ni siquiera yo me soporto".

—Es cierto —dijo la única mujer del grupo, provocando que todos la miraran—. Es mi culpa, mi primer viaje a tu dimensión provocó todo esto, incluso el atentado al relojero principal, como un efecto mariposa lleno de catástrofes cada vez más grandes.

—Milo…

—Está bien… —ella levantó la cabeza para poder mirarlo y sonreírle con tranquilidad— Asumo mi responsabilidad, por eso estoy aquí.

Sin decir nada más, Milo le asintió a su igual y miró a todos los presentes esperando poder escuchar sus planes, ideas y sugerencias.

El sentido del tiempo era extraño, mientras escuchaba a todos discutir Milo se preguntó cuánto tiempo llevaba en ese lugar. Todo parecía igual a como cuando había llegado, estático, ni siquiera había algo que le indicara que el tiempo avanzaba; tampoco se sentía cansado.

—Es la mente de Shaka, todo se mantiene estático si él así lo quiere, cuando te entretienes en tus pensamientos no te percatas del tiempo, porque este no existe.

Milo miró al Aioria reubicador hablar, todos a excepción de él estaban en silencio, escuchando, y nadie daba indicios de haber escuchado esa voz.

—Estoy aquí.

Al escuchar la voz provenir del lado derecho, volteó buscando al hombre que le hablaba, sólo notando que Shijima lo miraba de reojo mientras miraba su dibujo.

—Piensas demasiado alto, no es necesario que hables —le dijo el pelirrojo directo en la mente. Milo formó una delgada línea con los labios y miró a su alrededor antes de concentrarse en el niño, nadie se había percatado de eso.

—¿Cómo…? —pensó, siendo interrumpido en el momento.

—Soy una de las conexiones de Shaka, casi siempre somos prácticamente familia, tengo más libertad que la mayoría de la personas aquí.

—No tienes la voz de un niño…

—No, hace mucho que dejé de ser un niño, como todos los que se dedican a esto —Shijima volvió a verlo de reojo, con una tenue sonrisa—. ¿Estás abrumado?

—No, no en realidad… estoy acostumbrado a las noticias impactantes e imprevistas, básicamente es todo lo que he vivido desde que… la conozco.

—Entonces aburrido, te aburre vivir entre noticias, sin hacer nada, sin saber nada…

Milo asintió lentamente, tal vez era eso. O tal vez si estaba abrumado, pero todo era tan rápido que no había tenido tiempo de digerir el pesado trago de hechos. De repente, comenzó a sentir todo el peso del cansancio acumulado en meses, o años, desde su primer encuentro con su otro yo. Situaciones alocadas y planes sobre la marcha, era todo y a la vez nada, estaba agotado.

—No tiene que preocuparte, pronto todo terminará.

—¿Puedes ver el futuro o algo así?

—No, claro que no.

—¿Entonces cómo lo sabes?

—Nada dura para siempre —Shijima se movió más lento, sólo levantó la mirada de su dibujo para mirar sus colores y decidir cuál utilizaría ahora—. No confíes en Camus.

—¿Camus? Pero Camus es…

—No ese Camus. No le digas nada al otro, su mente está encapsulada, es un laberinto, está ocultando algo.

—¿Has estado espiando nuestras mentes? —preguntó Milo con un tono burlón.

—Los niños son curiosos por naturaleza —se justificó el niño.

Milo intentó no reírse ante el tono inocente con el que Shijima había hablado, intentando quitarle importancia a sus acciones. Sólo pudo sonreír por lo bajo y negro con la cabeza antes de notar que la reunión había terminado, puesto que la mesa sobre la que estaba recargado desapareció y todo los invitados se pusieron de pie antes de que sus asientos también lo hicieran. Milo cayó de sentón al suelo, provocando la burla de sus amigos, algunos desconocidos y una sonrisa que vió en primer plano de Shijima debido a que el niño se había movido para acercarse a Shaka y tomarlo de la mano.

—… mientras tanto les recomiendo comenzar a movilizarse, en cuanto estemos preparados comenzaremos con el intercambio.

—¿Y cuándo veremos al organizador de todo esto? —preguntó el Camus analista, con los brazos cruzados y una expresión molesta.

—Dependerá del éxito de esto —Shaka levantó la mano derecha, y sin agregar nada más, con un movimiento de muñeca, desapareció a esa versión de Camus y al Aioria reubicador—. Andreas, Baian…

—Lo sabemos, blondie —dijo de inmediato el pelirrojo—. Pero ese Camus es inteligente, demasiado, si no somos precavidos sabrá que sospechamos de él…

—¡Oye! ¿Por qué él sí te puede poner apodos pero a mí me bloqueas de inmediato un sentido cuando lo hago? —Celoso, Aioria entrecerró los ojos, mientras que a su lado su amigo Camus los rodó y cruzó los brazos, en la misma pose que había hecho el Camus analista.

—Oh, empezaron los problemas maritales, es hora de irnos —Kanon, que sostenía a su gemelo de los hombros con fuerza, miró a todos los presentes, a excepción del Milo vaquero, y se despidió con un asentimiento, desapareciendo en el acto junto con su gemelo.

Baian, Krishna y Andreas se fueron poco después, los tres posterior a saludar con un apretón de manos a Milo, indicándole lo emocionante que era ver tres versiones de una persona en un espacio, incluso si este era controlado. Milo respondió con una sonrisa avergonzada y terminó por despedirse también de Esmeralda e Ikki, quienes le manifestaron lo aliviados que se sentían al verlo bien. Io fue el último en acercarse.

—Milo, te veré en tu cuerpo, Milo, espero que pronto podamos reunirnos, físicamente, esto es interesante, pero ya me cansé de la versión masculina.

El rubio rodó los ojos ante el comentario del relojero, se habría molestado en expresar su inconformidad, pero tenía asuntos pendientes. No tenía ni idea de lo que había ocurrido durante la tan ansiada reunión, y antes de poder preguntar, la mayoría de los presentes se había retirado y Shaka, tomando la mano del niño pelirrojo que sostenía sus dibujos, sólo se dió la vuelta y comenzó a alejarse. Al empezar a caminar, Shijima sólo se dió la vuelta por un momento y se despidió con su mano libre, puesto que sus dibujos se los había dado a Shaka.

—Nosotros también debemos irnos —dijo Camus, llamando su atención—. Hay cosas que debemos hacer antes de iniciar con la operación.

—Sí —desanimado pero con una expresión optimista, Aioria le dió un par de palmadas en el hombro a Milo—. Hay mucho que hablar, pero lo haremos cuando sea el momento.

—¿Cuál es la prisa? Tenemos todo el tiempo del mundo —dijo Milo, parafraseando a Io.

—Estamos seguros de que tus energías y charlas deben ser reservadas a otras personas.

Camus y Aioria miraron a la pelirroja y al peliazul, que ya se había movido bajo los árboles, indicándole a Milo que tenía que arreglar otros detalles consigo mismo primero.

—Me alegra saber que estás bien Milo, la próxima vez espero que estemos en el mismo espacio físico —se despidió Aioria—. Shaka, ¿puedo desaparecer como Spiderman? —Al comenzar a desvanerse cuál si fuera polvo, Aioria, actuó unas expresión triste y se llevó las manos al pecho, dramático— No me quiero ir, señor Stark.

Camus, al lado del desvaneviente Aioria, sólo volvió a rodar los ojos y se despidió con un asentimiento de cabeza, desapareciendo justo en el momento, dejando a Milo sólo con su igual y su versión vaquera.

—Antares…

—Scorpius…

Ambos se miraron de reojo, molestos por el uso del segundo nombre del otro. Sin decir nada más, y aún tomados de las manos, caminaron hacia adelante, justo hacia donde estaba el tercer Milo.