Capítulo cuatro: La Visión


...

-Esto… es nuevo.

Un joven de cabello cobrizo observaba uno de los espejos de su casa. En teoría debería verse reflejado, sudado luego de un buen juego de béisbol contra su hermano; pero, en vez de verse, se visualizaba una iluminada sala llena de símbolos americanos.

Chasqueó la lengua, asqueado de ver tanto patriotismo; no era que él detestara su patria, había luchado por su libertad, no obstante eso ya caía en alguna patología mental. Sintió unas enormes ganas de cruzar y romper todo con su bate, pero, obviamente, los espejos no se podían atravesar.

Y, hablando en serio, ¿eso realmente era un espejo? Parecía ese televisor que Corea estaba promocionando, que se convertía en cuadro cuando apagabas la pantalla. Lo observó con detenimiento, era el único espejo que había sobrevivido a la purga de la semana pasada. Quiso probar qué pasaba si colocaba un dedo en el vidrio, y lo que vio le sorprendió. Podía ver su mano; mas, su cuerpo no.

-Raro, muy raro.

Dicho esto, se retiró a la cocina para prepararse unas samosas vegetarianas, le encantaba la comida extranjera y era muy abierto a recibir la instrucción de cualquier nación dispuesta a enseñarle.

...

Al otro extremo del planeta, un adulto de profundos ojos oscuros y cabello lacio observaba con desprecio la imagen que reflejaba el espejo de la sala de reuniones de su casa.

Estaba molesto por lo que podía ver al otro extremo, un hombre igual a él, sin embargo, de semblante mucho más afable, cepillaba a un gatito blanco.

Sabía perfectamente qué estaba observando, lo había visto otras veces cuando entró en la segunda guerra mundial, le había generado un profundo rechazo y asco al ver cómo perdía de manera tan miserable y vergonzosa contra Estados Unidos. Ese Japón había humillado su herencia, su historia, su nombre y, más encima, no hacía nada para remediarlo. Notó con el paso del tiempo como iba sucumbiendo a los placeres occidentales, dejando de practicar el arte de la katana.

Deseaba el día que pudiera cruzar el umbral y asesinarlo… y al China de ese mundo. Siempre sería provechoso y prioritario deshacerse de cualquier China.

Decidió, por su salud mental, alejarse de la repulsiva imagen y volver a practicar otra ronda con su katana.

La seguridad en la casa real se triplicó, Inglaterra ya no se sentía tranquilo en el palacio y quería irse de ahí. Ya no solo sentía que alguien lo miraba, sino que eran más personas. Le costaba horrores dormir por la paranoia, sentía que si cerraba los ojos sonaría la alarma y se toparía frente a frente con el ladrón.

Luego de cuatro días con restricción de sueño, su genio y sus capacidades de separar la realidad de la fantasía dejaban bastante que desear.

Escocia, maldito bastardo. Deja de hechizarme de una vez, no me importa que quieras independizarte, no me importa que estés aburrido por la cuarentena, sé maduro y corta de una vez la maldición que me lanzaste o te aumentaré los impuestos.

Tu hermano, Inglaterra.

. . .

Inglaterra, no sabes cuanto desearía hechizarte y hacerte desaparecer, pero no puedo. No sé qué idiotez habrás hecho en cuarentena pero no tengo que ver. No me vuelvas a escribir o verás mi ira.

Tu hermano, por desgracia mía, Escocia.

. . .

Gales, maldito bastardo. Me están hechizando y Escocia dijo que no era él, así que debes ser tú, ¡déjame en paz! No es mi culpa que la Reina haya designado a Carlos como príncipe de tu país. No me importa si estás aburrido en la cuarentena o todavía acumulas rencor, sé maduro y detente.

Tu hermano, Inglaterra.

. . .

-No tengo idea qué dice -se dijo para sí Inglaterra al ver los garabatos en la carta que Gales le había enviado de respuesta. Se dirigió a un empleado real que sabía galés.

El hombre leyó la carta y miró al inglés dudoso.

-Señor, ¿está seguro que quiere que le traduzca todo lo que dice aquí? -Inglaterra suspiró fastidiado.

-Solo aclárame si él me está hechizando o no.

-Mhn, ok -musitó el empleado, sabía que los países que conformaban las islas británicas no se llevaban muy bien pero jamás se imaginó que era así de mal; realmente la carta de Gales daba miedo.- Dice que no, que no es él.

Inglaterra bufó resignado, ya no se le ocurría quién podía ser.

-Gracias -tomó la carta y se retiró.

. . .

Irlanda del Norte, seré breve, ¿tú me estás hechizando?

Si es así, por favor, detente, llevo cinco días sin dormir.

Tu hermano, Inglaterra.

. . .

Hola Inglaterra. No, no soy yo, pero mala idea no es, ¿le preguntaste a Escocia? Sé que él tiene muchas ganas, deberías darle la independencia de una vez.

Tu hermano, Irlanda del Norte.

Pd: qué no se pierda la costumbre.

Inglaterra leía sin dar crédito la posdata mientras veía que dentro del sobre había una flecha, como las que Irlanda del Norte, y sus otros hermanos le lanzaban cuando niños. A veces se preguntaba cómo no lo habían matado en todos esos siglos.

Iba a tomar el tintero y pergamino cuando se preguntó si era buena idea preguntarle al último país que le faltaba de las islas británicas. Desde su independencia hablaban solo lo justo y necesario, en situaciones burocráticas. Sin embargo, no podía quedarse con la duda.

Irlanda, seré breve, ¿tú me estás hechizando?

Llevo varios días sin dormir y me estoy sintiendo bastante inquieto. Le pregunté a los demás y me dijeron que no.

Tu h…

¿Hermano? ¿Podría seguir llamándolo hermano? Mejor evitar conflictos.

Inglaterra.

. . .

Inglaterra. No, no soy yo.

Ojalá también te quite el apetito como tú dejaste sin poder comer a mi gente por la gran hambruna.

Éire

. . .

Inglaterra se sobó el puente de la nariz con sus dedos, ¿hasta cuándo Irlanda le reclamaría ese desafortunado evento? Ya le había pedido perdón varias veces, incluso sus superiores lo hicieron de forma formal y oficial, pero seguía teniéndole ese rencor. Y qué manía tenía de escribir su nombre en irlandés, con lo bonito que era Irlanda en inglés.

Se dejó caer en el escritorio, arrugando las cartas de sus hermanos, sin saber el origen de su tormento. Estaba tan cansado que apenas podía mantener los ojos abiertos; era invierno, hacía frío, todo estaba muy solitario, aún no se levantaban las restricciones. Sin embargo, aun con todo lo cansado que estaba, no podía conciliar el sueño.

Sintió tras su espalda que alguien lo observaba, mas, como estaba tan cansado solo suspiró agotado.

-Hagan lo que quieran, idiota.

Del otro lado del espejo, alguien tomaba notas.

El sonido de un metal estrellándose contra el suelo rompió la atmósfera de silencio del corredor principal.

Parpadeó varias veces, preso del aturdimiento, no podía sencillamente dar crédito de lo que sus ojos veían. Al dejar caer su fiel cuchillo, pudo tener las manos libres para frotarse los ojos e intentar despabilar.

Seguía viendo lo mismo.

-Inglaterra… tenía razón.

Susurró a duras penas, en un hilo de voz. No era miedo lo que sentía, sino más bien desconcierto y perplejidad, como cuando te cuentan algo tan irreal que no lo crees y luego la vida se encarga de ponerlo delante de ti para que lo creas. Todo el relato era tan surrealista que, a pesar de las pruebas, en parte creía y en parte no. ¿Dobles? ¿Dopengengar? ¿Otros yo? Era una locura sacada de un manicomio.

Pero ahí estaba, el reflejo del espejo no lo mostraba a él, sino a un joven castaño risueño y despreocupado, que iba cantando a lo largo del corredor.

-Veee ¡Tengo ganas de pintar! Hera, hera…

-Esa cosa -susurró mientras se daba un autoabrazo- ¿Es Italia?

-¡Alemania! ¡Alemania!

-Oh, Italia, qué gusto me da verte -respondió con una pequeña sonrisa a través de la pantalla.- Te ves mucho mejor.

-¡Si! ¡Mira! ¡Lo dibujé para ti!

Como Italia pasó gran parte del 2020 en coma por sus altos contagios, no estaba muy acostumbrado a las videollamadas; pues cuando quería ver a su amigo alemán solo tomaba uno de sus automóviles y manejaba para allá; por lo que no lograba enfocar bien el cuadro que había hecho y, Alemania, en su enorme paciencia, lo guiaba para encuadrar el cuadro en la pantalla.

Italia era un gran artista, no solo por toda la historia del arte que tenía, sino que en cualquier contexto podría inspirarse y dibujar, aunque eso fuera rayar por la hoja de atrás documentos importantes, planos de estrategias -tuvo que mantener lejos de él los planos durante la Guerra o los pintaba- o lo que tuviera a mano.

Y no se le podía interrumpir o lloraba desolado.

Al menos, esta vez, fue donde corresponde.

-¿Te gusta?

Era un amanecer lleno de color y técnicas varias, pero lo que más transmitía era esperanza. Quizás eso, en el fondo, sentía Alemania al ver a Italia mejor, estaba tan preocupado por él.

-Sí, es muy bonito -unos grititos de alegría se escucharon, lo que le sacó una pequeña sonrisa. Ese hombre era capaz de causarle felicidad con cosas tan cotidianas.

-¡Te lo enviaré! Para que tengas algo de…

El repentino silencio del italiano intrigó a la nación germana, no era nada común que Italia no terminara una frase o se quedara en silencio.

-¿Qué pasa, Italia?

-¿Qué hay detrás de ti? Da miedo -susurró temblando.

Alemania volteó y solo vio un espejo que tenía, uno bastante sencillo, nada fuera de lo común. Miró a cada lado del cuarto y no vio nada extraño. Regresó la mirada a la pantalla, Italia seguía temblando y se veía más pálido, ¿serán alucinaciones post coma?

-Creo que deberías descansar, enfocaste por mucho tiempo la vista luego de tanto tiempo durmiendo. No hay nada.

-Ve -susurró Italia inquieto, algo veía, mas, no sabía qué era ni cómo explicárselo a Alemania. Quizás el germano tenía razón, quizás era cansancio.

-Ese Italia -comentó el Alemania del otro universo, luego de apreciar toda la escena- es muy lindo. Y mi otro yo es demasiado aburrido. Mh -soltó una bocanada de aire.- He trabajado demasiado, necesito unas cuantas cervezas.

Se alejó del espejo para dirigirse a la cocina, apenas había estado diez minutos mirando a su doppelgänger pero ya estaba agotado.

Unos días atrás, Italia del Norte.

Algunos países habían sido citados a una reunión secreta que se organizaría en el centro del país nor-itálico. Los invitados se exponían a exhaustivos controles de seguridad, antes de ingresar. No se llevaría a cabo en la casa de gobierno de ese sector, sino en un hotel, para evitar cualquier inconveniente.

El anfitrión estaba primero antes que nadie, revisando papeles y su computadora portátil.

Paulatinamente empezaron a llegar los invitados; algunos entraron bastante incómodos, no les agradaba para nada estar en los territorios de Veneciano, como era el caso de Inglaterra, Francia y la Confederación Sueca-Finlandesa.

-Hola, Japón -saludó Italia sin apartar la vista de la computadora y de lo que tecleaba. Había reconocido al asiático solo por el ruido que hacía al caminar, reconocía el sonido de varios países, lo que le había sido muy útil en el siglo pasado.

-Buenas tardes -saludó con voz apagada, juntando las piernas como saludo militar y luego procedió a sentarse cerca del italiano.- ¿Y Alemania?

-Ni idea -respondió aun tecleando.- Solo espero que no sea el último o le cortaré las pelotas -el japonés ni se inmutó por la amenaza, para él era demasiado normal escucharlo hablar así.

Unos minutos después saludó a Inglaterra y a Francia, que habían llegado juntos. Sí, se detestaban, pero el temor que le tenían a Italia los unía y preferían no separarse a que el italiano los tomara desprevenidos. Unos minutos después, apareció China.

-¡¿Qué haces tú aquí?! -reprochó el japonés, sacando su katana.

-¡Lo mismo digo yo! -respondió el chino apenas ingresaba a la sala.

En ese momento Italia golpeó tan fuerte la mesa qué se hizo una herida en los nudillos, aunque por llevar guantes no se notó.

-¡Se callan los dos!

-Yo no pienso respirar el mismo aire que él -reclamó China.

-Debería matarte de una vez.

-¡SE CALLAN! -gritó a la vez que lanzaba un cuchillo hacia Japón y otro a China, a ambos les rozó la ropa, causandoles una herida superficial.- La próxima vez será al pecho, así que se callan y se sientan de una maldita vez.

-¿Y-Y cuándo empezamos? -preguntó temeroso el inglés.

-Cuando estén todos, ¿o acaso el exceso de azúcar te dejó ciego? -respondió con agresividad el italiano.

Más tarde, siguió Suecia y Finlandia que habían formado una confederación durante la expansión del tercer reich, formando un solo país. No se llevaban para nada con el Imperio Alemán, pero de todas maneras fueron a la cita. Después, entró Alemania, causando tensión entre los últimos.

El italiano golpeaba la base de su computadora con su dedo pulgar, estaba empezando a molestarse al ver que faltaba un país.

-Hasta que al fin llegas -espetó el italiano cuando el americano llegó, no lo miró sino que buscó algo bajo su asiento.

-Es fácil para ustedes reunirse aquí, yo soy el único de lejos.

-¿Y estos que son? ¿Adornos? -preguntó con ironía el italiano apuntando con la fusta, que había recogido del suelo, a Japón y a China.

-Al menos llegué, ¿sí? ¿Y a qué se debe esto? -Canadá ingresó a la sala mientras buscaba a su hermano.

-Eres el único americano, así que no te desgastes. Bien, todos sentados -ordenó, aunque el único de pie era Canadá, quien se ubicó cerca de Suecia. Miró de mala forma a Francia, le tenía bastante rencor así que mientras más lejos, mejor.

Italia se puso de pie y empezó a exponer el tema de la reunión, los mundos alternativos.

-¿Me hiciste venir solo para escuchar las estupideces del drogadicto? -reprochó Canadá.

-Debe ser una broma -comentó China con molestia.

Suecia y Finlandia solo arquearon las cejas.

Italia suspiró, buscando controlar los negativos sentimientos que le invadían, apretó la fusta con la mano. Caminó hacia el británico y le extendió la mano. Primeramente Inglaterra no entendió a qué se refería, Italia hizo una mueca para luego realizar el gesto "dame". Ahí comprendió y le entregó un paquete, era un cuadrado envuelto en papel craft.

Todos en la sala observaban atentos la escena. El italiano volvió a su lugar, rompió el empaque, sacando a la luz un espejo mediano, sencillamente decorado. Sostenia el espejo y la fusta con una mano, la otra en tanto estaba libre.

-Si es obra de las drogas, ¿por qué puedo hacer esto? -preguntó a la vez que atravesaba su mano en el espejo.

Varias exclamaciones se escucharon. Miedo, sorpresa, desconcierto, duda.

-No puede ser…

-¿En qué momento me drogaron?

-¿Cómo?

El único no sorprendido fue Japón.

-Yo sabía.

La frase llamó la atención del italiano.

-¿Sabías?

-Sí.

-¿Y por qué nunca contaste? -preguntó en tanto dejaba el espejo en la mesa.

-¿Me habrías creído?

-Eres un tipo cuerdo, Japón, claro que sí -respondió con sinceridad.

-Solo que nunca había podido atravesar, solo veía mi otra versión.

-Y a eso quería llegar. Por ahora, sólo los espejos de Inglaterra son portales, los demás no. Aún a-l-g-u-i-e-n no averigua porqué pasa esto -miró al británico con severidad, quien quería que la tierra lo tragara.- Sin embargo, antes de seguir con esto -comenzó a pasearse por la sala mientras exponía, moviendo la fusta como si fuera un puntero.- Quiero saber qué puedo contar con ustedes, sé que nuestros pensamientos políticos difieren sobre cómo hacer las cosas, pero recordemos que se han hecho alianzas donde no existe ningún tipo de afinidad política, solo intereses.

Ese fue un claro guiño a los aliados y ellos lo notaron.

-Pedí que vinieran los que son aptos para la tarea… bueno -miró a Francia e Inglaterra.- Ustedes solo están aquí por casualidades del destino. En fin -retomó su exposición, golpeando la pared donde proyectaba la presentación.- En ese mundo, las cosas son diferentes. Inglaterra averiguó que nosotros somos potencia, lo llaman "primer mundo" o "países desarrollados". Somos respetados, tenemos el control de la economía mundial, no dependemos de las migajas de las potencias latinas y sudasiáticas.

-Yo sugerí robarles para pagar nuestras deudas -comentó Inglaterra, cometiendo un error garrafal.

El italiano se detuvo en seco, mirándolo fijamente. Inglaterra tragó en seco. Alemania y Japón se miraron entre divertidos y expectantes.

-¿Pediste la palabra?

-N-No -el italiano se acercó lentamente a donde estaba el británico.

-¡¿Entonces por qué interrumpes?! -expresó su enojo golpeándolo con la fusta en el hombro, causándole bastante dolor.- Para los nuevos -bajó el tono, ya no gritaba pero seguía siendo amenazante.- No está permitido interrumpir si no se les da la autorización -volvió a mirar a Inglaterra, qué se sobaba el hombro y parecía contener las lágrimas.- Espero que haya quedado claro.

Hubo un profundo silencio.

-Excelente. Los países latinos y sudasiáticos -continuó como si nunca hubiese ocurrido nada.- Nos han exprimido como han querido, aprovechándose de nuestras desgracias, nos han asaltado dándonos préstamos a altas tasas de interés y, en vez de darnos las materias primas, nos venden la mayoría de productos manufacturados. Especialmente los latinos. Esto ha dificultado que podamos crecer, ya que siempre hay que estar destinando parte de nuestra economía en pagar esos préstamos usureros.

Todos seguían en silencio.

-Si intercambiamos las cosas, podremos hacer lo que deseamos, podremos recuperar la gloria de la antigua Europa y Asia oriental. ¡China! -llamó al país del sol poniente.- ¿No te gustaría que Tailandia, Camboya, India y los demás dependieran de ti en vez de tú a ellos? -el asiático asintió.- Confederación -llamó a los nórdicos.- ¿No les gustaría dejar de ser unos pescadores y agricultores fallidos a ser una superpotencia? -los nombrados asintieron.- Ustedes, lacras -apuntó con la fusta a Inglaterra y Francia.- ¿Recuperar el honor de sus imperios? -asintieron.- Podemos hacer todo eso, la clave está en estos espejos -sonrió con malicia.

Japón levantó la mano y el italiano cedió la palabra.

-¿Vamos a cambiar lugares? Es que quiero matar a ese Japón por ser una deshonra para nuestra cultura.

-Sí y no. No podemos matarlos, eso es muy importante. Alemania dice que estas versiones corresponden a nosotros mismos en otro plano, por lo que, lamentablemente, son parte de nosotros. Matarlos significa que nos matariamos a nosotros mismos. Pero a lo otro, sí. Propongo conquistar ese mundo.

Finlandia alzó la mano e Italia cedió la palabra.

-¿Y por qué no estamos todos?

El italiano sonrió.

-¿Quieren ceder poder a más países? ¡Qué amables! -respondió con ironía.- Cité a los más fuertes, a los que sé que harán un buen trabajo controlando a sus versiones y a las vecinas. Se mimetizarán, se infiltrarán en los gobiernos, harán crecer sus dominios y, sí, drogadicto de mierda, podrán robarles joyas para pagar la deuda aquí -aclaró con desdén a Inglaterra, que ya se sentía muy ofendido y apenado.- Pero la clave es apoderarse de ambas zonas. Japón, ¿te gustaría dominar dos territorios e instar al otro a que recupere su gloria?

-Por supuesto que sí.

-¿Y esos dos? -Finlandia apuntó a Francia y a Inglaterra. Italia suspiró.

-Insisto, están por casualidad y no por méritos, pero no meterán la pata -los miró con crueldad.- Por eso te llamé, Canadá.

-Quedo atento.

-Necesito que tú controles a estos idiotas, que hagan lo que tienen que hacer y, sino, me avises para… ya saben -tomó la fusta y la pasó alrededor de su cuello.

-¿Qué? ¡No! Italia, lo haremos bien, no necesitamos que nos vigilen -habló preocupado Francia, ya que tenía rencillas con Canadá.

-¿Quieres que te golpee como lo hice con Inglaterra? -preguntó mordazmente. El francés negó.- Bien, Canadá, no es necesario que estés con ellos, solo que te asegures que cuiden bien a sus contrapartes. Si tu quieres puedes intervenir o no en el otro mundo, es decisión tuya. Es decisión de todos si quieren o no, solo les estoy ofreciendo una posibilidad para tener mayor riqueza y poder, porque yo no estoy satisfecho, ¿ustedes?

Todos se miraron entre sí. La confederación tenía problemas económicos, no habían logrado repuntar durante el siglo xx y Finlandia tenía entre ceja y ceja al Reino de Dinamarca y Noruega, habían sido enemigos por siglos y le apetecía la idea de, junto a Suecia, apoderarse del Norte de Europa. China quería apoderarse del sudesteasiático, aunque también estaban los sentimientos de rencor que le tenía a Japón.

Francia levantó la mano.

-¿Sí, estimado Francia niichan? -preguntó sarcásticamente el italiano.

-Eh, ¿cómo controlarán Europa central y del este?

Partió suave, pero luego la risotada de Italia creció y creció hasta volverse una risa maníaca, perturbando a los invitados, menos a los del eje que ya lo conocían.

-Para eso estamos nosotros -sonrió agraciado.- Quiero que sepan que, en este nuevo mundo todos tendremos un pedazo de tierra, aquí nadie se quedará atrás ni empezarán rencillas, aquí todos saldremos ganando, seremos un conglomerado pero cada quien tendrá autonomía total, no nos atacaremos entre nosotros, será como repartirse África, cada pedazo estará plenamente detallado.

Satisfecho al ver el entusiasmo en sus rostros, pasó a la siguiente diapositiva detallando el plan que tenía. Había dos caminos, si no se abrían los portales en cada casa, entrarían por la de Inglaterra y desde ahí comenzarían la invasión. En cambio, si lograban averiguar cómo desbloquear los demás espejos, lo harían desde sus propias casas, lo que sería más fácil para tomar de rehén a las naciones sin llamar mucho la atención. Luego detalló qué sectores gobernaría cada quien si la primera parte resultaba exitosa. Hablaron de qué hacer si surgían problemas, que recibirían un mensaje avisando cuando empezaba la operación y por donde. Si era en Inglaterra, se organizarían en la nación británica; si era por la segunda vía se reunirían en Italia una vez concretado los secuestros.

A todos les pareció una buena estrategia.

Italia les dio la misión de estudiar a sus contrapartes para poder mimetizarse al máximo y así no llamar la atención, independiente de cómo iniciaran la invasión. Los demás países estuvieron de acuerdo.

-Hay solo dos únicas cosas importantes y seré tajante en esto -aclaró volviendo a la seriedad.- Primero, nada de matarlos, a no ser que quieran morirse ustedes; segundo, nada de atacarse entre ustedes -eso último lo dijo mirando a Japón y a China.- Si quieren darle una paliza a sus contrapartes o a otros países del otro lado, no hay problema, pero no quiero que alguno de aquí se ataque. Por ahora, estamos en una alianza, ¿quedó claro?

La mayoría asintió, excepto dos. Italia suspiró y remarcó el tono de amenaza.

-¿Quedó claro, China? ¿Japón?

Los aludidos se miraron con desdén y luego al dueño de casa, que ya estaba alzando el ala de su nariz y apretaba tanto sus dientes como la fusta que tenía en las manos.

-Sí -respondieron a regañadientes.

-Sí…¿qué?

-No atacaré a este malnacido -aclaró Japón cruzándose de brazos.

Italia miró a China, el aludido respiró fuerte por la nariz.

-No le haré nada a ese infeliz -contestó apuntando a la nación nipona, sin mirarlo.

-Perfecto -sonrió al ver que todo estaba saliendo cómo lo había planeado desde la improvisada reunión en casa de Francia.- Si seguimos el plan al pie de la letra, si somos cuidadosos y metódicos, podremos apoderarnos de ese próspero mundo. Nosotros, la élite de este mundo, los mejores de todos, seremos respetados, poderosos, ricos, ¡aplastaremos a cualquiera que quiera poner en duda nuestro poder! ¡Tendremos el control absoluto de los países del otro lado y todos los países restantes nos obedecerán! ¡Aplastaremos a esos asquerosos mestizos del sur y los pondremos en su lugar!

-Sí, sí, sí -se escuchaba en la sala, muy entusiastas.

-¿Listos para la invasión?

-¡Sí!

-¡Listos ya!

-¡Listos ya! -replicaron apasionados.

Se sintió orgulloso de ver cómo había levantado las pasiones en ese grupo selecto de países. Después de todo, en su casa se había creado la ideología fascista y, aunque lo trataran de tirano, psicópata, vulnerador de derechos y otras cosas, sabía que todos tenían maldad dentro de sí, tal cual como le había enseñado Maquiavelo. Solo había que tomar esa perversión y dirigirla a un propósito colectivo para el beneficio de unos pocos. Miró a Alemania, que le sonreía de vuelta y daba ligeros aplausos.

-Excelente discurso, no esperaba menos de ti.

-Lo sé.