Capítulo cinco: El Error


...

-Ahh -soltó un profundo suspiro a la vez que se acomodaba los mechones de su frente.- Hace tiempo que no me sentía tan entusiasmado.

Confesó Italia con una amplia sonrisa, tomándose ambas manos y agitándolas de arriba a abajo. Su característico rulo oscilaba ante la emoción que experimentaba.

La sala de reuniones del hotel estaba desierta, la junta había finalizado y todos los demás países habían hecho abandono.

-Bien -cambió la posición de las manos para que ahora sus pulgares se golpetearan.- Ahora a por un buen vino.

Comenzó a guardar los papeles en sus carpetas, entre ellos estaba la repartición que habían planificado tanto de Europa como de Ásia y a quien le corresponde cada pedazo, este era un papel muy importante porque todos los asistentes habían firmado el acuerdo, en caso de conflicto era el que resolvería los problemas. Las carpetas las introdujo en un bolso especial que tenía para llevar su computadora portátil, que también dispuso a guardar.

Pero le faltaba algo.

Masculló mientras revolvía todo a su alrededor.

-¿Extraviaste esto?

Una ronca voz llamó su atención, Alemania estaba en la puerta de entrada, sosteniendo la fusta con la que había guiado la presentación. La sonrisa del italiano se desvaneció. Dejó escapar un bufido y alzó la mano en señal de "dame" igual a como lo había hecho cuando se acercó a Inglaterra.

El alemán no se acercó.

-Oh, vamos Alemania, me espera un rico almuerzo y tú te pones a fastidiar.

El germano empezó a caminar de manera lenta, sosteniendo la fusta con ambas manos, sin quitarle la mirada a su aliado.

-¿Te he dicho que me excitas cuando te pones dictatorial? -le preguntó con coquetería, agravando más la voz para cautivarlo.

Italia no sabía si sentirse emocionado por la insinuación, ya que le encantaba tener intimidad con Alemania, o enojado porque quería almorzar y eso estaba interrumpiendo sus planes.

-¿Ah sí? -le preguntó de vuelta, apoyándose en la mesa en posición de poder, con las palmas abiertas y los brazos extendidos. La verdad era que sí, se lo había dicho varias veces cuando fueron aliados en la Guerra y cuando se reunían a conmemorar su triunfo en eventos oficiales.

-Sí, te vuelves más atractivo -siguió halagándolo, caminando todavía despacio y sosteniendo la fusta.

-¿Y qué más? -preguntó cambiando la postura a apoyarse en un codo. Cedió a las insinuaciones del alemán, el hombre era su debilidad y lo tenía más que claro.

-Mmh -musitó, acariciándose la barbilla con la fusta. El italiano se mordió el labio, imaginándose a sí mismo pasándole la fusta a su amante de esa forma.- La pasión con la que hablas me cautiva, tu poder, tu autoridad… -enumeró acercándose a Italia de frente hasta que se colocó delante. El italiano seguía en la misma posición, mirándolo apoyado en el codo, por lo que elevó la vista hacia arriba para toparse con los ojos violeta del germano-... me dan ganas de hacerte mío -espetó al final, tomando suavemente la corbata del joven mediterraneo para acercarlo a sus labios.- De subirte a la mesa y hacerte jadear mi nombre.

El italiano no pudo esperar más y se subió a la mesa para apresar los labios de Alemania. Fue un beso brusco, candente, apasionado. El alemán dejó caer la fusta y tomó a Italia para poder sentarlo en la mesa, dejándolo frente a él, cómo respuesta el joven castaño lo rodeó con sus piernas y se apegó más a su cuerpo.

Como bestias en celo, rápidamente desprendían la ropa del otro, sin importar si se hacían daño en el proceso. Alemania jaló el cabello del dueño de casa para exponer su cuello y así poder morderlo con comodidad, sacándole un gemido. Como respuesta, Italia le propinó una fuerte nalgada y luego introdujo su mano dentro del pantalón buscando apretarle los glúteos, pero rápidamente apartó la mano.

-¿Qué pasa? -preguntó el alemán, separándose de su amante.

Italia aprovechó de sacarse los guantes negros que llevaba puestos y lanzarlos a cualquier parte.

-Sería un delito tocarte con guantes -espetó para luego tomarlo del cuello y volver a besarlo. Alemanía respondió arañándole la espalda y, ahora sí, pudo sentir las uñas del mediterraneo en sus nalgas, arrebatándole un jadeo.

El germano lo atrajo lo más posible a su cuerpo, para que ambas pelvis se interceptaran, los dos comenzaron un vaivén aun llevando puesto los pantalones y podían sentir cómo sus miembros se llenaban de sangre.

-Levanta tus caderas -ordenó Alemania e Italia no se hizo de rogar, ayudándolo a bajarle los pantalones.

-Espera -indicó- los zapatos.

El alemán no se hizo problema, con rapidez y, si, algo de brusquedad, le quitó los mocasines y aprovechó de retirar lo que quedaba de ropa. Italia quedó completamente desnudo, mientras que él solo estaba descubierto hacia la parte superior de su cuerpo. Lo miró por unos momentos, deleitándose con su belleza. Esa piel levemente tostada por el sol y un poco brillante por el sudor, esos ojos rojos que lo volvían loco, esa boca algo hinchada por los apasionados besos que se habían dado, verlo respirar agitadamente, su cuerpo delgado bajo sus brazos, lo tenía ahí mismo, para él y solo para él. Lo observó solo para sentirse más extasiado.

-¡Apúrate ya, animal! -le reclamó golpeándole las piernas con las manos.

La paciencia no era una virtud en el italiano, ni siquiera para darle más erotismo a un encuentro. Sin embargo, así le encantaba. Si quería brusco, brusco iba a tener.

Se desabrochó el pantalón, exponiendo su miembro y sin preparar, penetró de una sola estocada. Sonrió al ver la reacción de dolor del italiano, verlo arquearse bajo suyo mientras cerraba los ojos, sentir cómo lo golpeaba en la espalda.

-Aghh, m-maldito a-animal -jadeó adolorido.

-Tú pediste que me apurara -le respondió divertido, volviendo a moverse.

El italiano se tensó, dolía bastante pero no le daría en el gusto. Entreabrió los ojos y lo miró desafiante.

-Si no me haces terminar te cortaré el pene.

El alemán rió, agraciado. Se sujetó de las caderas del italiano y comenzó a penetrarlo con un buen ritmo, en un buen equilibrio entre profundidad y velocidad. Por una parte, el italiano no se podía acostumbrar al movimiento así que seguía tenso y quejándose, luchaba internamente por no dejar escapar ninguna lágrima para no demostrar debilidad; sin embargo por otra parte, el ritmo constante servía para dilatarlo y estimular de mejor manera la próstata, para que así las hormonas del placer hicieran su parte. Fue cosa de tiempo para que los jadeos de dolor se volvieran gemidos de placer.

Estaban tan ensimismados en su acto carnal que no escucharon los pasos a la lejanía.

Japón se había devuelto porque quería hablar con Italia, quería modificar el plano de repartición sin que China estuviera encima porque, claramente, se iba a negar. Japón quería apoderarse de Taiwán y Vietnam, que eran los territorios que China quería dominar en el otro lado, además de asegurarse de dejar estipulado que él tomaría las islas del pacífico. Le hubiera gustado tomar los mismos territorios que tenía ahora como imperio, pero China lo había vuelto difícil y, para evitar matarlo delante del resto de los países, decidió no ser "tan avaricioso".

El asiático tampoco notó los ruidos debido a que le gustaba escuchar música, le ayudaba a calmarse y serenarse.

Se quedó de pie, estático al ver el trasero desnudo del alemán y las piernas que lo rodeaban.

Parpadeó un par de veces, soltó un suspiro y se retiró. Tuvo unos cuantos flashbacks de la época de la guerra, cuando los había descubierto teniendo sexo en circustancias similares.

"Algunas cosas jamás cambian" se dijo a sí mismo saliendo de la sala, iría a comer y luego volvería a hablar con el italiano.

La desesperación era la peor compañera que cualquier ser humano pudiera tener, imaginemos cómo sería para una nación.

Inglaterra se estaba volviendo loco en su reclusión, se había descubierto una nueva variante en su tierra por lo que ahora los ojos internacionales estaban sobre él. La nueva cepa era mucho más contagiosa que la original y ahora lo culpaban a él de causar las muertes de Europa. Empezó el año teniendo siendo el 5to país con más casos detectados en el mundo y en un solo día había tenido más de mil fallecidos, una catástrofe total. Día tras día la cifra de muertos aumentaba y él ya no sabía qué hacer. No tenía con quien hablar, porque efectivamente, como Estados Unidos se lo había comentado, su capitolio sufrió un atentado de la gente y ahora tenía que lidiar con cientos de personas fanáticas capaces de causar una rebelión para que el ex jefe no dejara el cargo.

Era tanta su angustia que intentó acudir a la magia, por tercera vez. Tenía que alterar el tiempo y el espacio para que esa catástrofe no ocurriera, para que dejara de morir tantas personas, para no perder a su preciada reina.

-Alineo la sombra del tiempo en el punto de mira de mi objetivo -comenzó a susurrar mientras leía los apuntes.- Estoy presente ante ti en esta fiesta de la oscuridad… El elemento sagrado del aire aparece en mis palabras que decretan esta misión… el elemento sagrado del fuego ha guiado mis caminos… Abro la puerta que resplandece, mi pecho canta esta petición… como el agua congelada, el tiempo es detenido -comenzó a ondear su mano, guiando la energía que comenzaba a fluir.- El tiempo, un misterio tan vasto, que pido ante ti poder controlar. No estoy ante vosotros deseando un vistazo al futuro dar, sino…

iba a continuar la frase cuando abrió los ojos y vio delante de sí cómo se deformaba el reloj de pared de la sala. No, algo estaba mal, muy mal.

Sintió como todo a su alrededor se deformaba, como si la masa de la tierra fuera un chicle masticado. Dejó caer los papeles al suelo y con sus manos intentaba controlar la energía que surgía del centro de la sala, era considerablemente más fuerte que los otros intentos.

-Anulo toda petición, anulo toda petición -comenzó a susurrar en mantra, concentrando todos sus esfuerzos en mantener.- Regresas a tu origen, regresas a tu origen…

Una fuerte ráfaga de viento despegó como si un avión hubiera sobrevolado el tejado del Palacio, fue tan fuerte que la onda arrasó con todo a su paso, empujando al joven inglés con fiereza. Inglaterra chocó contra la pared de la sala, producto del fuerte golpe en la cabeza cayó desplomado, perdiendo el conocimiento.

Como un eco, a la distancia, se sintió el ruido como si hubiera miles de vidrios quebrados. Sin embargo, solo fue el ruido, porque ningún cristal realmente se rompió.

pabu pabu pabute go! fish ando chipsu

-Mmh -musitó Inglaterra adolorido. Sentía que se le reventaba la cabeza y, producto del fuerte mareo que experimentaba, no fue capaz de incorporarse. Recostado en el suelo, con la cabeza pegada al piso, estiró sus brazos buscando su teléfono móvil -¿Si?

-¿INGLATERRA QUÉ CARAJO HAS HECHO?

-France please -el británico se quejó al oír la estridente voz de Francia, que parecía perforar cada hueso de su cráneo.

-¡Nada de por favor! ¡Te he llamado por horas! ¡Todos en París están congelados! Sí, hace frío, no me refiero a eso, me refiero a que no se mueven. Solo yo me muevo, ¡SOLO YO! Esto es una tragedia, ¿Angleterre qué mierda hiciste? Se va a acabar el vino y no tendré más, esto es espantoso, una tragedia.

-France -no estaba de ánimo para ese nivel de preocupación. Con lentitud, se intentó levantar, primero arrodillándose y de ahí buscó incorporarse.

Estaba demasiado mareado y adolorido, como si hubiera caído dentro de un barril de whisky. Lastimosamente, fracasó y de estar arrodillado pasó a caer hacia atrás, salvando su cabeza de azotarse contra el suelo gracias a la pared.

-Y el pobre de Italia me llamó llorando -Francia siguió hablando sin prestarle atención al británico.- El agua no hierve y no puede hacer pasta, ¿te imaginas a Italia sin poder comer pasta? ¡Es una abominación! Italia dice que se morirá de hambre y yo le dije que no, pero después entré en la duda, nunca he estado sin comer, incluso en las guerras, siempre me he llevado algo a la boca, ¡y si realmente podemos morir por inanición! Sacrébleu. Yo sé que tú tuviste algo que ver, eres el único que empezó a jugar a ser Harry Potter. Traté de calmar al pobre de Italia, está aterrado, me dijo que había llamado a Alemania para que lo ayudara pero que estaba ocupado intentando reparar un tren que se detuvo de la nada y que llevaba medicina. Le decía que de seguro no se había dado cuenta que se detuvo el tiempo pero aun así el pobre Italia está espantado

-France… por favor, se me revienta la cabeza.

Inglaterra no había entendido nada de lo que el galo le había dicho. No sabía si era producto del golpe, del gasto de energía vital, efecto del hechizo mal hecho en sí, pero algo lo tenía destruido y aturdido.

-¡Dime qué hiciste! ¡Tienes que arreglar…! -un silencio invadió la línea telefónica.- ¿Q-Qué fue eso?

-¿France?

-Sonó como un cristal roto… iré a ver, ¿pero cómo si todo está…? -otro silencio.- ¡EY! ¡¿Quién eres?! ¡Oye! ¡Aléjate! ¡Quítame tus manos de encima! ¡Oy…! -los gritos de Francia cambiaron a ruidos ahogados.

-¿France? Oye Francia no estés jugando.

Los ruidos ahogados seguían, Inglaterra no podía identificar qué era. Siguió llamando a gritos al galo pero nadie respondió.

Hasta que…

-Si quieres volver a verlo, tendrás que venir a buscarlo.

Era una voz ronca, apagada y monótona. Antes de poder responderle, colgaron de la otra línea.

Inglaterra observó el teléfono sintiendo un escalofrío recorrerle cada vértebra de su espalda.

Volvió a intentar incorporarse, no sabía si era la adrenalina de la emergencia o si realmente se había repuesto, pero al menos está vez consiguió ergirse. Apoyándose en la pared, caminó a duras penas hacia la salida para ir directo a Francia, pues seguía mareado. Si efectivamente el tiempo se hubiera detenido, nadie controlaría la cuarentena que debía hacer, nadie le prohibiría salir, nadie se contagiará porque, en ese instante, nada de aquello estaba ocurriendo. Estaba en medio de una abertura en el espacio-tiempo que debía aprovechar.

El suelo oscilaba como si estuviera en un barco o le costaba enfocar, aun sentía como si su cerebro se estuviera acomodando en su cráneo.

Iba bien hasta que tropezó con algo y cayó de frente al suelo. Para su mala suerte, se mordió la lengua al caer y sintió cómo la espesa sangre inundaba su boca. Intentó gritar por el dolor, sin embargo sólo salieron quejidos ahogados por la sangre. Giró la cabeza para poder escupirla, hasta que notó que alguien lo observaba.

Un pelirrojo, que jamás en su vida había visto, lo miraba divertido y sonriente, parecía un adulto que quería disfrazarse de niño bueno -o de payaso- por su atuendo.

-Te ves mucho mejor con algo de color, ¿lo sabías? -hablaba con acento británico.

-¿Idanda? -preguntó con dificultad por haberse mordido la lengua. El joven se parecía a su hermano Irlanda del Norte, pero tenía otro color de ojos y ropa. Pensó que quizás le estaba jugando una broma muy pesada disfrazándose de otra persona.

El chico carcajeó y, de un momento a otro, su semblante risueño cambió a ira. Antes de que Inglaterra pudiera reaccionar, el muchacho se agachó y con fuerza azotó la cabeza del dueño de casa contra la pared.

Inglaterra quedó inconsciente al instante.

-Francia niichan no me contesta, ¿qué haré? Alemania no puede venir, ¿qué haré? Tengo mucho miedo -Italia observaba en pánico cómo el fuego de la cocina estaba inmóvil, como si fuera una fotografía. Tomó otra vez el teléfono y buscó a su hermano, pero era complicado manipular el equipo por estar temblando de pies a cabeza.- R-Romano, Romano… ¡Romanooooo! -gritó cuando le contestó.- ¡El fuego está congelado! ¡Ayúdame!

-¡Cálmate Veneciano, maldita sea! -le gritó de vuelta. Estaba en el patio haciendo jardinería.- ¿Cómo va a estar congelado el fuego?

-Te lo juro hermano, está estático cómo en una fotografía. Alemania no puede venir, por favor ayúdame.

-¿Le pediste ayuda primero al macho patatas? -preguntó indignado.

-¡Ayudameeeee!

-Agh, ok, entraré ahora.

Italia se calmó al escuchar a su hermano, no obstante seguía aterrado al ver la imagen que se le presentaba.

"Moriré de hambre, moriré de hambre, moriré de hambre" se repetía insistentemente.

-¡Oye, Veneciano! -escuchó una voz gruesa y fuerte lo llamaba desde otra habitación.

Era tanto el miedo de Italia que no reparó en asociarla a Alemania, siendo que tenían distintos matices.

Partiendo de la base que Alemania jamás lo había llamado "Veneciano".

-¿Alemania? ¡Alemania viniste! -corrió como si el alma se le fuera a arrancar del cuerpo, cruzando el pasillo principal. Justo Romano venía entrando a la casa.

-Ey Veneciano, no corras o te vas a caer -le indicó su hermano hastiado.

-¡Alemaniaaaa! ¡Ayúdame!

Romano observó como Italia del Norte corría por la casa y de pronto pensó en algo… ¿Cómo rayos Alemania iba a estar en su casa si había cuarentena? Romano corrió detrás de su hermano y abrió la puerta de un golpe.

Lo que vio lo dejó estupefacto.

Dos tipos que jamás había visto estaban en la sala, eran muy similares a Alemania y al mismo Veneciano, pero vestían otras prendas y tenían otras características físicas. Lo preocupante era que su hermano estaba siendo apresado por el joven castaño de ojos rojos, lo tenía sujeto desde atrás por los brazos, con una mano le cubría la boca y con la otra sostenía un cuchillo en la garganta.

-¿Pero qué mier…?

-Mátalo -ordenó el joven de ojos rojos al hombre rubio que se parecía a Alemania.

El hombre más grande sacó un revólver, paralizando a Romano, mas, no apuntó..

-Pero tu hermano…

-¡Me importa una mierda mi hermano! ¡Ojalá se muriera! -gritó el joven que se parecía a Veneciano, histérico de ira. Producto del forcejeo, Italia empezó a sangrar del cuello. Romano veía el terror en sus ojos, estaba pálido, con la mirada fija y temblaba como jalea, se veía que intentaba gritar pero la mano de su captor ahogaba todos los gritos.- ¡Dispárale de una maldita vez, Alemania!

¿Lo había llamado Alemania? Ese no era el macho patatas. Aprovechando la discusión de los intrusos, Romano se escondió detrás de un sofá para que no le dispararon. Pudo escuchar los gritos ahogados de su hermano apresado, impidiéndole pensar en qué hacer. "Maldición" pensaba "España, te necesito"

-¡¿Ves lo idiota que eres?! ¡Atrápalo y mátalo! Yo me largo.

Romano levantó la cabeza para ver qué pasaba y vio cómo el intruso… ¡¿Cruzaba un espejo con su hermano a rastras?! ¿Qué acaba de ver?

-Ahí estás -espetó ese Alemania, apuntó con su revólver y disparó directamente al italiano.

Romano cerró los ojos y se cubrió el rostro, pero no sintió nada. ¿Morir se sentía así? ¿Se sentía… "nada"?

Abrió los ojos y vio, para su sorpresa, que la bala había sido disparada pero estaba estática. Aprovechó la situación para escapar de su casa, rogando que el grandote no lo siguiera. El extranjero pensó en seguirlo, pero la flojera pudo más.

-No tendrá que enterarse -se dijo para sí como ánimos, para regresar a su paralelo por el espejo.

-¿Quién eres? ¿Por qué haces esto? No, no me amarres, me vas a estropear la ropa y mi piel, ¡Aleja eso de mí!

-Calla de una vez

-Calmemonos, ¿sí? No es necesaria la violencia -Francia alzó sus manos y, aun temblando, comenzó a caminar hacia atrás, alejándose de su captor.

Estaba tan asustado que no se percató del lugar donde estaba. Cuando fue a ver qué había provocado el ruido, notó a ese hombre desarreglado de cabello color ceniza y, antes de poder reaccionar, lo había apresado en sus fuertes brazos y arrastrado hacia ese lugar.

El secuestrador no dio un pie atrás, siguiéndolo con una cuerda en las manos.

-Mira, no me iré, no haré nada, solo déjame así, ¿te parece? Llévate todo lo que quieras de mi casa, todo todito, no diré nada tampoco.

-Francia dijo que te callaras.

Apareció una joven de cabello rubio oscuro y ojos pardos, de semblante serio y desafiante. El acento que tenía le recordó a Andorra, una cálida y risueña niña que era su media hermana.

-¡No! -Francia empujó al hombre para poder escapar pero fue demasiado débil para poder aturdirlo. Sin embargo, fue la joven la que lo apresó contra la pared más cercana. Tenía demasiada fuerza para ser tan delgada y pequeña.

-Gracias, Andorra -el secuestrador ató las manos de Francia a su espalda y, en ese momento la muchacha le cubrió la cabeza al hombre rubio con una bolsa de basura negra.

Era lo suficientemente amplia para permitir la entrada de aire y también larga para impedir la visibilidad.

-¡Déjenme! ¡No puedo respirar!

Las naciones de ese universo se miraron hastiadas. El tipo, a sus ojos, era excesivamente dramático. Entre los dos sacaron al galo de la casa y lo metieron dentro del maletero del auto, había sido difícil ya que el Francia del otro lado no dejaba de forcejear para liberarse. Dentro del auto, siguió moviéndose y gritando, pidiendo ayuda.

-¿Podrás solo? -preguntó Andorra antes de que ese Francia echara a andar el auto.

-Sí, no quiero que tengas que lidiar con esos idiotas. Nos vemos.

-¿Ese es? Woah, se parece mucho a nosotros.

Inglaterra dejó escapar un quejido ante el ruido que había a su alrededor. Se sentía incómodo y adolorido, el bullicio le taladraba la cabeza, algo le pellizcaba las mejillas, la boca la sentía adormecida y su cuerpo estaba rígido, doliéndole las articulaciones. Intentó moverse y algo le tenía sujeto muy firme las muñecas, causándole rasguños.

-¿A nosotros? Por favor Gales, sólo tiene las mismas cejas. Los británicos somos pelirrojos.

-Es que si los cuatro tuviéramos que ser iguales, Inglaterra no entraría, es el único pecoso de nosotros.

-¡Yo no tengo pecas!

-Haha, ¿cómo no? ¿Y qué son esos puntitos adorables en tu cara?

-¡Quítame las manos de encima, Escocia, o te corto los dedos!

Con pesadez abrió los ojos, topándose con cuatro personas frente a él. Parecían ser cuatrillizos, pues entre sí eran muy similares, y entre ellos estaba…

-Iio de conoko -intentó decir "yo te conozco" pero por la mordedura en su lengua al caer, la tenía demasiado adolorida como para hablar bien. Dejó escapar varios quejidos de dolor.

El muchacho que había visto en su casa después del fallido hechizo estaba ahí.

-Habla como retrasado, ¿en serio es una potencia mundial? -preguntó uno de los pelirrojos con curiosidad.

-Es que se mordió la lengua al caer, Irlanda, ¿qué no ves que está lleno de sangre? -aclaró el pelirrojo pecoso apuntando a su ropa.

-Ah -musitó Irlanda en respuesta.- Pensé que eso era obra tuya. Qué decepción.

-¿O sea que no luchaste contra él? Hahaha -rió otro de los hermanos, el más alto y que, momento, ¿tenía una criatura en el hombro como si fuera un pokemón? -Ya sabía que el pequeñito Inglaterra no podría atraparlo por sí mismo. Debiste llevarme contigo, yo te habría ayudado.

El joven comenzó a acariciar al pecoso pelirrojo, quien tenía una cara de pocos amigos.

-Quítame las manos de encima, Escocia, o te las voy a cortar. Segunda advertencia.

El inglés observaba la escena atónito, ¿quienes eran ellos? ¿Por qué se llamaban como países? ¿Dónde se encontraba?

A la rápida dio un vistazo a la casa donde se encontraba, que parecía ser una versión decadente del Palacio de Buckingham. Casi vacío, sin decoración, algunos muebles anticuados, escasa luz, ventanas quebradas por donde entraba el frescor de la tarde.

Podría creer que estaba en una pesadilla y pronto despertará, pero el dolor corporal acusaba que esa era su realidad ahora.

Una horripilante realidad.

-¡Inglaterra! -se escuchó un grito a la distancia.

-¡France my love! -exclamó emocionado el joven pelirrojo de pecas, corriendo hacia la entrada.

-¿Donde dejo a este idiota?

-¡Ya te digo sweetie!

"¿Francia?" se preguntó el Inglaterra rubio. Intentó mirar hacia adonde se había ido su secuestrador para ver quien era el otro Francia.

-Oigan, chicos -llamó uno de los pelirrojos.

-¿Sí, Irlanda? -contestaron los otros dos viendo como el joven buscaba algo entre sus ropas.

-¿Y si nos sacamos una foto con él antes de que lo maten? -preguntó mostrando su celular.

-¿Maden? -preguntó el Inglaterra rubio sintiendo cómo el pánico lo despertaba al escuchar la palabra "maten".

-¡Qué gran idea! -exclamó el que tenía la criatura en el hombro. Los tres hermanos se colocaron alrededor del joven. El Escocia de ese mundo le tomó el mentón al secuestrado para que levantara la cabeza, Irlanda posó haciendo una cara divertida y Gales, el último, tomó restos de sangre que había en la boca del rubio inglés y le manchó una mejilla mientras reía.

Nunca, en toda su historia de Imperio, Inglaterra se había sentido tan humillado.

-¿Qué hacen ustedes tres con ese Inglaterra? -preguntó el Francia del otro lado, molesto ante tanto escándalo.

-Ay, Francia, casi nos arruinas la foto -reprochó Escocia chasqueando la lengua.

-¡No! ¡Salió bien! -exclamó Irlanda-. Miren -le mostró la fotografía a los hermanos británicos.

Los tres se largaron a reír divertidos.

En tanto, Inglaterra volvió a intentar mirar a su espaldas. No tardó en asociar a Francia al hombre de cabello ceniza muy descuidado que estaba fumando. Arrugó la nariz al verlo.

-Suficiente, queridos -llamó la atención el Inglaterra pelirrojo.- ¿Por qué no cruzan al otro lado y buscan a sus otros yo?

-¡Síii! -exclamaron los tres emocionados.

-Pero no los traigan, no son necesarios -indicó Francia.

-Sí, queridos -llamó Inglaterra viendo que nadie le prestó atención al galo de cabello ceniza.- Solo necesitamos a este de aquí, solo veanlos de lejos por su seguridad. Y les advierto que no se llevan bien, así que están dispersos.

-¡Ay, Arthie, relájate! -comentó Escocia, acercándose a un espejo.- Vamos, Nessi, a conocer ese mundo.

-Y no los pueden matar -aclaró Francia. Escocia ya tenía medio cuerpo dentro del espejo.

-¡¿Quée? ¿Por qué no?

-Porqué sino ustedes se mueren y yo no quiero que eso les pase.

-Awww, Arthiee -exclamaron los tres. Gales e Irlanda corrieron donde su hermano para abrazarlo y Escocia retrocedió para también ir.

Francia comenzó a reír al ver la embarazosa escena. Porque sí, los hermanos británicos no hicieron ese gesto como agradecimiento de amor, sino para molestar a su hermano ante su amado Francia.

-¡Quítense! ¡Me avergüenzan!

-Si Arthie tiene corazoncito.

-Chicos, tenemos trabajo que hacer -interrumpió Francia.

-¡Nos vemos! -dijeron los tres a coro y, en vez de esperar por turnos, intentaron pasar los tres al mismo tiempo por el espejo.

-¿Qué hacían tus hermanos aquí? -preguntó el galo mientras apagaba el cigarro en la pared.

-Querían conocerlo -apuntó al desventurado Inglaterra.- Ya sabes como son.

El galo suspiró.

-Ya con el kindergarten fuera, avancemos con esto -caminó donde estaba atado el rubio Inglaterra y de una sola tirada lo alzó para hacerlo caminar.- ¿Tú le hiciste esto? -preguntó sorprendido, mirando las manchas de sangre.

-No, se mordió la lengua al caer -respondió apenado.

El francés dejó escapar una risotada, fastidiando al inglés.

En otra sala cercana, habían atado al Francia rubio a un pilar. Aún tenía la bolsa de basura cubriéndole la cabeza.

-En serio, quítame esto ya, no puedo respirar.

-¿Fanz? -llamó el rubio al escucharlo.

-¿Angleterre? ¿Estás aquí?

-Ya, tortolitos, se harán compañía -espetó con frialdad el francés desaliñado, amarrando al inglés a un pilar que estaba delante, quedando frente a frente. Luego, retiró la bolsa de la cabeza del galo.

-¡AAAAA! -tomó una bocanada de aire.- ¿Cómo pudiste? ¿Eres un psicópata o algo así? ¡Me estaba ahogando!

Iba a seguir reprochando pero una cachetada lo silenció.

-No me gustan los escándalos. No sacan nada gritando, no hay nadie más.

Y dicho eso, salió de la sala dando un portazo.

Las dos naciones se miraron, encontrándose. Francia intentó forcejear, una vez más, pero las cuerdas estaban tan rígidas que era imposible soltarse. Soltó un suspiro. Miró hacia delante y vio a Inglaterra muy malherido.

-¿Qué te pasó? ¿Te golpearon?

El inglés negó.

-¿Por qué estás lleno de sangre?

-Me modi da dengua -respondió apenado.

En otros tiempos se habría burlado de él, no obstante, lo que menos había en esos momentos eran ganas de reír.

Lo que sí tenía ganas, era de recibir explicaciones. A gritos, comenzó a interrogarlo sobre qué había ocurrido, porqué estaban ahí, quienes eran esas personas y dónde estaban.

-¡O sé Fanz! ¡O sé!

-Tienes que hacer algo. Siempre te jactas de ser un gran espía y escapar de cualquier situación, ¡aplica ese conocimiento ahora! ¿Ya viste a ese tipo? Es horrible y apesta, sentía que me iba a morir en su auto por la peste. Y este lugar también apesta, no soporto el olor a humedad y moho. De seguro hay hasta hongos aquí y yo estoy tocándolos -exclamó un grito.- ¡Qué horror!

-¡¿Hasta cuándo van a gritar?! -abrió la puerta el otro Francia.

-Sweetie, yo creo que mejor los llevamos a la sala.

-Tú dijiste que los dejáramos aquí -indicó molesto.

-Sí, lo sé, quería que estuviéramos solos solitos -mencionó con una sonrisa enamorada y tratando de apegarse a su compañero, quien, de inmediato, lo apartó con brusquedad.

-No quiero estar cerca de ti, idiota, te detesto con mi alma. Solo estoy haciendo esto porque sinó Italia me cortará las pelotas y no quiero eso.

-Pero queridito -susurró entristecido, haciendo un puchero.

-Agh, debí decirle a Andorra que viniera. Es más útil que tú.

-¡¿Qué?! -le gritó tomándolo de las solapas del abrigo para luego largarse a llorar.- ¡¿Qué tengo que hacer para que me aprecies?! ¡He hecho de todo y tú me tratas tan mal!

"Cringe" pensó el Inglaterra rubio al ver semejante escena. Miró de reojo a su conocido Francia, quién también miraba la escena sintiendo vergüenza ajena.

Finalmente, luego de unos cuantos golpes, el Francia de ese universo llevó a los secuestrados a la sala principal, atando a cada uno a una silla. Tuvo que hacerlo solo porque a su compañero de labores le dio un ataque de llanto por el sistemático rechazo.

Estaba cabreado del ruido, su Inglaterra lloriqueando en sus oídos, junto con los gritos y reproches del otro Francia ya lo tenían harto. Rompió su abrigo para sacar un trozo de tela y con él le tapó la boca al galo secuestrado, quien tenía arcadas por tener algo tan sucio y apestoso en la garganta.

-Si tú gritas, haré lo mismo -advirtió al británico rubio, él mantuvo la boca cerrada.- Sí, así me gusta, todos quietos y callados.

La paz duró unos pocos minutos.

-¡Hey England! ¿A qué no adivinas qué…?

Una ronca voz masculina irrumpió en la sala. Era un hombre alto, de cabello castaño oscuro casi rojizo, de piel morena. Llevaba al hombro un bate de béisbol.

El galo de cabello plateado se llevó una mano al rostro.

-États-Unis, agh ¿Qué mierda quieres?

-¿Qué haces aquí? Tú nunca andas por aquí, ¿acaso planean la Tercera Guerra Mundial?

-¡Mi niñito amado! -apareció Inglaterra con una nueva tanda de pastelitos en una bandeja. Se podría pensar que estaba feliz, sin embargo, lo rojizo en sus ojos acusaba que había llorando amargamente.

-¡England! -dejó caer el bate y abrazó a su ex tutor, o mejor dicho lo alzó por los aires y lo apachurró en sus brazos. Los cupcakes se desparramaron por todo el suelo.

-Qué "linda" escena -espetó asqueado el francés.

Los secuestrados se miraron aturdidos, ¿qué clase de universo paralelo era ese?

-¿Qué haces aquí? -volvió a preguntar el galo con expresión de pocos amigos.

-¿Y estos quienes son? -ignorando al francés, Estados Unidos apuntó a las naciones atadas.

-Es una historia demasiado larga como para que tu cerebrito lo entiend…

-Son de otro universo, ¿lo imaginas? -Inglaterra le empezó a contar a Estados Unidos, ignorando a Francia.- Ese es mi yo de allá y ese otro es Francia.

-¿Eh?

-Es muy complejo para tu mente sin proteína animal -volvió a comentar con desdén el francés.

-Los vimos a través de los espejos, ¿podrías creerlo? ¡Mira! -se acercó a uno y estiró su mano, atravesándolo.- ¿Genial, no?

Inglaterra esperaba que su ex colonia se emocionara y le dijera cosas como "ohh Inglaterra eres increíble." Sin embargo, el joven castaño lo miró confundido.

-¿O sea que lo que destrocé fue la casa de mi otro yo?

-¡¿Eh?! -gritó el Inglaterra rubio, se asustó al pensar que ese Estados Unidos le pudo haber hecho daño al americano.- ¡Dú madid…! -en ese momento el otro Francia lo calló metiéndole trapos en la boca.

-Woah, genial -comentó divertido, ignorando lo que pasaba a metros de él.- Pensé que era un juego de realidad virtual de Corea, se sentía demasiado realista.

-¿No viste a tu otro yo? -preguntó Inglaterra con curiosidad. El americano negó.

-Nop, no había nadie -miró a los secuestrados.- ¿Y por qué están ellos aquí?

-Italia nos lo pidió.

-¡Inglaterra! -le gritó Francia enojado.

-¿Qué? Mi niño tiene derecho a saber.

-No tenía qué saber -refunfuñó entre dientes.

-¿Ah no? ¿Y por qué no? -preguntó tranquilamente, agarrando su bate de béisbol y llevándolo al hombro, mientras le dedicaba una tétrica sonrisa.

-Tu semblante no me intimida, cerebro de patata.

-Quizás debería traer una manguera para intimidarte, porque parece que le tienes fobia al agua.

Inglaterra, en vez de mediar para que se calmaran, los miraba divertido a la vez que se comía un cupcake que tenía una figurita de mazapán sobre él.

-Estropearás la misión, como todo lo que tocas, inútil gordinflón.

-¿Yo inútil? Yo estaba cargando con todos ustedes y podría haber ganado la guerra solo.

-Peeero, alguien te lanzó unos regalitos del cielo -rió con malicia el francés.

-Al menos no perdí la mitad de mi territorio ni quedé en bancarrota -le respondió con la misma ironía.

-Seré pobre, pero no estoy lleno de radiación -cada vez se acercaban más y parecía que en cualquier momento llegarían a los golpes.

-¿Deberíamos ir a buscar al otro Estados Unidos? -preguntó Inglaterra más para sí mismo que para el resto.- ¿Ustedes qué opinan?

-¡MMH! ¡MMHH! -reclamó el inglés rubio, tratando de zafarse de las amarras. Intentaba decir que no, que no lo hicieran. No quería que terminara como ellos.

Las otras naciones miraron al Inglaterra pelirrojo con enojo, algo que ambos odiaban era que los interrumpieran cuando estaban a punto de darse una paliza. Era muy común en las reuniones de los aliados en la 2da Guerra Mundial que Francia y EEUU discutieran así, e incluso llegaron a agredirse. Lo más curioso es que, cuando ocurría eso, nadie intervenía. Era una alianza realmente tóxica.

-¡Sí! -respondió el norteamericano.

-¡No! -contestó el francés.

Respondieron los dos al unísono. Luego empezaron a discutir quien había contestado primero, quién debería contestar y porqué debían acatar su respuesta.

-M-Maldición… M-maldita s-sea… -jadeaba por el cansancio y falta de aire. Se vio forzado a detenerse y apoyar sus manos en las rodillas, buscando recuperar aire.- M-Maldito E-España, ¿p-por qué e-estás tan l-lejos?

Una vez que escapó de su casa luego de ser abordado por los invasores, Romano corrió en dirección a la casa de España. Aunque él era un país y podía cruzar los territorios más rápido que un humano promedio, de todas formas le quedaba lejos para ir a pie.

"Quizás sí debí tomar uno de los automóviles" pensó sin dejar de jadear. Por los letreros, se percató que estaba cerca de la casa de Mónaco y que estaba en los territorios de Francia. Y, de pronto, otra cosa llamó su atención. Los árboles se movían de manera errática, como si estuvieran bajo los efectos de un error informático; como cuando juegas en línea y las figuras no cargan bien o su movimiento es más rápido o lento de lo que debería.

Veneciano le había dicho que el fuego estaba congelado y él vio la bala quedar estática en el aire, ahora el tiempo parecía transcurrir alteradamente.

Los humanos no se daban cuenta del percance, los pocos que estaban en las calles seguían charlando y caminando aunque a veces retrocedieran bruscamente o se les deformara el rostro.

-Todo pareciera estar bugeado -mencionó más recuperado.- Vamos, Romano -se dio ánimos.- Tu tonto hermano te necesita, apresúrate.

Corrió hasta llegar a la casa de Mónaco donde, finalmente, el cansancio le cobró factura. Sin poder sostenerse más, se dejó caer a las afueras del casino de Monte-Carlo, apoyando su cuerpo en la pared del monumental edificio, y se sentó en el suelo. Producto de las cuarentenas, no había gente en Mónaco -a diferencia de Francia que sí había porque los franceses habían protestado contra la cuarentena, aunque era típico que protestaran por cualquier cosa-, lo que le permitió a Romano descansar sin que nadie lo molestara. Cerró los ojos y dormitó por un momento.

Sin embargo, al no haber personas, llamaba la atención.

-¿Italia? -apareció una chica de largo cabello rubio caramelo frente a él.

-¿Eh? -abrió los ojos y se topó con la chica. Ella lo observaba con mucha atención.

-Te pareces a Italia, pero no lo eres.

-No soy Italia, soy Romano -aclaró, la joven lo miró confundida.- Soy su hermano mayor, Italia del Sur.

-Ah, ya veo. Lo siento, los casinos están cerrados por el covid, no puedes venir a jugar.

-No, Mónaco, no vengo a eso -intentó levantarse pero las piernas le fallaron.- Agh, maldita sea.

-¿Qué pasa?

El italiano no quiso preocupar a la joven, era apenas una niña como para que tuviera que lidiar con invasiones difíciles de explicar.

-Nada, estoy bien, solo cansado.

-Pero, ¿qué haces aquí?

-Estoy de paso, voy a España. Descuida, ya me voy.

La joven impidió que el italiano se levantara.

-Estás agotado y pronto anochecerá, quédate esta noche.

-No, no, no -negó con sus manos, intentando una vez más incorporarse.- No puedo quedarme.

-¿Por qué?

-Porque es algo urgente.

-¿Urgente? ¿Le pasó algo a España? ¿A mi hermano Francia?

Oh no, lo que menos quería era preocuparla y estaba logrando lo contrario.

-No, no, no es nada Mónaco, en serio. Todo está bien.

-Entonces, si no es urgente, podrás quedarte esta noche.

La joven lo miró con seriedad. En realidad no es que fuera seria ni distante, solo era una chica que demostraba su preocupación de esa forma. Romano, notando que estaba atrapado en un bucle, soltó un bufido, la única forma de no preocuparla era aceptando su invitación. Y, de todas formas, dudaba que pudiera cruzar toda Francia para llegar a la casa de España en ese estado. También creía que sería peligroso cruzar de noche con la situación actual, podrían atraparlo y ahí las posibilidades de salvar a Veneciano se irían por la borda.

-Está bien, solo porque insistes.

Caminaron hasta el Palacio de Mónaco con lentitud debido al cansancio del italiano. Durante el viaje, ella le comentó que había visto cosas raras, como pájaros estáticos en el aire o árboles moviéndose de manera errátil, y que esa había sido la razón por la que había salido a dar una vuelta.

-Creo que el encierro me está volviendo loca.

-Sí, me pasa lo mismo -le siguió la corriente para no preocuparla.

Durante esa noche, varias pesadillas acosaron al pobre italiano, impidiéndole descansar. En total había dormido unas tres horas, lamentablemente no de corrido.

Al día siguiente, Romano notó el ambiente más "normal", las nubes se movían a una velocidad uniforme, el sonido de los pájaros era regular y las olas oscilaban de forma natural. No obstante, si mirabas con atención, a veces se alteraba la temporalidad; aunque era mucho menos notable que el día anterior.

Apenas se alejó de la casa de Mónaco, volvió a correr camino a España. Sin embargo, debido a lo mal que había dormido tuvo que hacer varias pausas, la más larga fue en Andorra, porque la muchacha no quería dejarlo pasar.

-Tienes que hacerte una prueba de covid o no entras.

-¡Pero si voy a España!

-Ya me oíste, o no pasas.

notas: cómo estos 2p son lo opuesto al mundo canónico, el Reino Unido está formado por todos los países de las islas británicas (Escocia, Gales, Irlanda e Inglaterra). Aquí Irlanda no se dividió porque nunca se independizó de Reino Unido.