Capítulo doce: La Ayuda.


Sentado en uno de los balcones de su imponente palacio, Italia del Norte observaba la vista a Roma mientras bebía un poco de vino tinto. Acaba de salir de una "agradable" reunión con el primer ministro italiano, sucesor de Mussolini, y necesitaba relajarse.

-¡¿Por qué te teñiste el cabello?!

-No lo entenderías -respondió sin atención, jugando con uno de sus cuchillos.

-¿Qué clase de jueguito andas jugando? Los alemanes sospechan de una revuelta comunista, están todos alerta menos el mismísimo Alemania, porque tú le pediste que esté aquí contigo.

-¿Algún problema con eso, Meloni? -preguntó entre desafiante y despreocupado. El gobernante respiró profundo, él era el máximo líder de la Italia fascista, todos los italianos le temían cuando oían su nombre, y aun así su propia nación no le tenía ni un ápice de respeto.

-Solo quiero saber qué está ocurriendo, ¿por qué hay tantos cambios? ¿Por qué tienes moretones en tu rostro? ¿Por qué tantos países no están en sus casas? ¿Dónde está tu hermano?

-Lo que faltaba, ser yo el responsable de la irresponsabilidad de otros -murmuró al aire mientras lanzaba uno de sus cuchillos a la pared.

-¡Luciano te estoy hablando!

Si había algo que Italia del Norte detestaba tanto como la mala comida, el mal vino o el no poder hacer lo que quería, era que lo llamaran por su nombre humano.

-Quién te crees que eres, humano insignificante -espetó con desdén, apuntándole con su cuchillo, el primer ministro retrocedió temeroso.- Escúchame bien, Meloni, tú solo eres el gobernante, ves las leyes, el orden, a la gente, pero a mí no me manda nadie -se acercó lo suficiente para amedrentar a su jefe con el cuchillo, colocándolo en el pecho.- Si yo me lo propongo, puedo matarte y poner a otro en tu lugar, así que entra a ubicar tu lugar aquí, ¿quedó claro?

El hombre, preso del terror, solo asintió moviendo la cabeza. Italia del Norte se separó de él, manteniendo la mirada sombría.

-Ahora nos entendemos -esbozó una gran sonrisa aunque la mirada siniestra permanecía en él.- ¿Ves que no era tan difícil?

-Sí, Italia -respondió el jefe de estado a duras penas.

-Perfecto, ahora no me molestes más -ordenó alejándose del despacho del gobernante.

Cuando la nación abandonó la oficina, Meloni se llevó ambas manos al rostro; el mismo Mussolini en privado se había quejado varías veces del carácter de Italia, pero él siempre pensó que exageraba. Sin embargo, cuando el partido lo eligió para sucederlo, no se imaginó lo difícil que sería lidiar con él. A veces fantaseaba que cambiaba de personalidad con su hermano mayor, Flavio, que decían era mucho más afable aunque hablador. No lo conocía directamente, pues con las graves distancias entre ambas naciones era complicado hacer contacto.

Por otra parte, Italia ya estaba en uno de los balcones, apreciando la vista. Ya iba en la tercera copa y seguía molesto, odiaba ver a los humanos creyéndose superiores a él, ¿con qué cara? Él era el digno heredero del Imperio Romano, había visto y forjado la cultura occidental con sus propias manos, ¿con qué descaro la gente se creía con el derecho de decirle lo que tenía y no que hacer? Él, sin que ningún humano de su realidad se enterara, iba a tomar el poder de otras regiones, arrebatarle su poder y riqueza a esos nuevos lugares y entregarlas a los suyos, deberían sentirse orgullosos y agradecidos.

En eso recordó que envió el correo a las, según él, naciones privilegiadas, con la órden de empezar la conquista; pero nadie le había respondido.

Tiró la copa al suelo de un manotazo y decidió recorrer el palacio con la botella directamente. Había pocos humanos en el palacio, y los pocos que habían evitaban a toda costa hacer contacto visual con él, solo murmuraban "buenas tardes, señor" y se alejaban.

E Italia estaba conforme con eso.

-Oye, Alemania, ¿te respondió alguien?

Italia irrumpió como si nada en el cuarto donde, en teoría, pasaba las noches el alemán. En el fondo todos sabían que ellos dos eran amantes y que eso del cuarto de visitas era mera pantalla, pero era tanto el miedo que infundían que ni siquieras las reglas impuestas contra la sodomía les afectaba. Los altos mandos de ambos países preferían dejar las cosas como están, pues sabían que un solo arrebato de alguno de ellos significaba la muerte.

Al menos ahí estaba el teutón, acostado sobre la cama mirando los partidos de la Premier League.

-¿Eh? -musitó él, sacándose los audífonos.

-Qué si te respondió alguien -repitió con un tono más oscuro, apoyándose en el marco de la puerta. El alemán lo miró confundido, alzando una ceja.- Maldita sea, ¿alguno de los idiotas que convocamos ya cruzó y está haciendo su maldito trabajo?

-Ah -respondió con simpleza.- No -y dicho eso volvió a ver la televisión.

Respiró profundo y se alejó de la habitación, se fue mascullando en los pasillos, causando que algunos italianos prefieran cambiar la ruta que toparse con él.

Irradiando un aura oscura, llegó a los jardines y desde ahí llamó a la nación británica, pero la llamada rebotaba. Llamó a todos los citados, el único que le contestó fue Francia.

-Italie -escuchó del otro lado de la línea.

-¿Dónde están? -preguntó con los dientes apretados.

-Yo en mi casa.

-Idiota, sabes de qué hablo.

-Ah, Inglaterra cruzó.

-Dile a ese maníaco drogadicto que me llame ahora ya.

-No puedo, no estoy en Inglaterra.

-No te estoy preguntando si puedes, te lo estoy ordenando.

Del otro lado de la línea, Francia se preguntó por qué rayos le habló meses atrás para contarle lo de los espejos. Él tenía conciencia de que sus ideas eran malas, pero realmente contactar al italiano fue lo peor de las últimas décadas. Llamó a Irlanda, quien le contestó efusivamente, le dio la indicación e Irlanda se encargó de hacerle saber a su hermano el recado. El inglés, preocupado, pues no había hecho nada más que gozar de infinitas comodidades, devolvió la llamada una vez cruzó.

Y lo que lo hacía peor, sus hermanos estaban escuchando la conversación muy atentos.

Lo primero que recibió fue gritos e insultos, ya el alcohol estaba haciendo algo de efecto en la nación mediterránea. El inglés se apresuró a aclarar que se había infiltrado, que todos creían que era el verdadero Inglaterra y estaba esperando que bajaran la guardia…

-¿Para qué? -lo interrumpió.- Dime para qué estás esperando eso si ya deberías hacer algo, ¿tengo que mandarte instrucciones precisas y claras para que muevas ese diabético trasero?

-Sí estoy haciendo cosas, le conté a Bélgica y ella…

-¡¿Qué hiciste qué?! -le gritó estrellando la botella contra la pared.

-Mejor vamos por otro pasillo -murmuró un soldado italiano a otro.

-Escucha, fue buena idea, ella se encargó de su contraparte, nadie sabe que es ella, incluso me contó que también secuestró al Romano de allá.

El enojo de Italia cambió a sorpresa en un segundo.

-¿Romano?

-Sí, la contraparte de tu hermano, estamos hablando para coordinar influencias con los altos mandos y así expandirnos.

-¿Cómo ella tiene a ese Romano? -preguntó sin haber oído nada de lo que habló el británico.

El inglés, del otro lado de la línea, comenzó a ponerse tan nervioso que sus hermanos estaban en silencio, cosa rara en los británicos.

-Sí, me contó que él creía que era la real Bélgica y le contó que estábamos cruzando, pero ella lo adormeció y lo tiene aprisionado, así que nadie más sabe.

Italia del Norte se preguntó si acaso ese España que estaba prisionero supo de sus planes por su propio hermano o por ese Romano que, en teoría, le había ordenado a su Alemania capturar o matar.

Y en todo caso, ¿cómo no le sorprendió ver a su hermano intacto si había ordenado la muerte de su contraparte? ¿Quién más sabría? Habían pasado tres días desde que cruzaron, por lo que fácilmente ese Romano pudo contarle a más personas, ¿y si estaban tramando una revancha y por eso las cosas estaban tan tranquilas?

-¿Quién más sabe?

-Qué yo sepa, nadie más.

Solo había una solución.

-Anda a Bélgica y mata a Romano.

-¿Qué?

-Ya me oíste.

-Pero si yo hago eso, tu hermano…

-Hazlo o iré personalmente a Bélgica, la mataré a ella, a su contraparte, a ese Romano ¡y cruzaré a Gran Bretaña y te mataré a ti y a todos tus hermanos! -estaba tan alterado que no pudo evitar alzar la voz.- ¡¿Me escuchaste?!

-S-Sí.

-Muévete.

Del otro lado de la línea, el inglés, tembloroso, apartaba el teléfono de su oreja. Fueron tan altos los gritos que incluso sus hermanos pudieron oír todo claramente.

-Opino que deberíamos ir a Italia y matarlo -propuso con enorme liviandad Irlanda. El resto de los británicos lo miró con espanto.

-No digas estupideces -reprochó Gales.- ¿Cómo se te ocurre? Nadie ha podido con él en siglos.

-¿Lo escucharon, no? Está loco, hasta nos amenazó. ¿Cómo podrías hacer algo así? -insistió Irlanda, mirando a su hermano.

Inglaterra tragó saliva, una cosa era conquistar pueblos, declarar guerras, pelear con los humanos por un propósito claro, aprovecharse de situaciones desfavorables; y sí, era divertido torturar mentalmente a otras naciones, ¿pero matar a un país por qué sí? Eso ya era otro nivel, no era algo tan simple para disparar como así. Esa acción implicaría un caos gigante en la sociedad y alguien tendría que anexar esa tierra o sino esas personas quedarían en tierra de nadie, y si es que sobrevivían. No se sabía de casos donde países murieran a manos de otros porque sí, generalmente eso ocurría con los tratados postguerra o por batallas donde hirieron mortalmente a una nación. En ese momento se preguntó porqué con Francia le contaron sobre los espejos, debió guardarlo para sí, sacar lo que necesitaba y ya estaba. No estaría envuelto en esa locura donde ahora su vida y la de sus hermanos estaba en peligro.

-¿Qué harás, Arthie? -preguntó Escocia dubitativo.

Inglaterra sintió el peso sobre sus hombros, un peso con el que no estaba acostumbrado a lidiar. Rápidamente se alejó del resto de los británicos y se dirigió a la cocina, el resto lo siguió y lo vieron mezclando mantequilla con huevos, los trillizos se miraron preocupados, sabían que Inglaterra liberaba el estrés cocinando.

-Será mejor que lo dejemos tranquilo -indicó Gales en un susurro, el resto asintió.

-¿Y si llamamos a Estados Unidos? -preguntó Escocia.

-¿Quieres echarle más leña al fuego? -cuestionó Irlanda arrastrando a su hermano del brazo para alejarlo de la cocina.- La última vez que Inglaterra lo llamó por un problema terminó metido en una guerra.

Los tres volvieron a mirar a su hermano, quien, con la mirada perdida, echaba harina al cuenco de la masa.

-No perdemos nada con intentarlo.

-¿Reunión? ¿Y por qué? -se preguntó un joven rubio de ojos claros, observando la notificación en su teléfono celular que rezaba "reunión urgente". Decidió conectarse desde su computadora personal.

Poco a poco vio cómo varios empezaban a conectarse, todos los demás se veían confundidos.

De pronto, un joven moreno de ojos verdes empezó a gritar frente a la pantalla, parecía exaltado; el tema es que nadie le entendía porque era el único que hablaba un idioma diferente.

-¡Brasil! ¡Brasil! Calmate que no se te entiende ni mierda -gritó el joven rubio exasperado.

El joven detuvo su griterío, tomó aire y volvió a hablar ahora más calmo y en español.

-Desapareció Estados Unidos…

-¿Y esa era la novedad? -interrumpió un joven de cabello castaño que parecía aburrido u obligado a estar ahí, llevaba puesto un delantal con los colores de su bandera.

-Callate, Chile, no lo interrumpás.

-Cállate tú mejor.

-No tan solo él, ¡Portugal me contó que varios otros también han desaparecido!

-¡¿Qué?!

-Che, Brasil, y no es por nada eh -comentó Argentina.- ¿Pero vos podés confiar en el criterio de Portugal? -el moreno lo miró extrañado y ligeramente molesto.- Vos sabés que desde que empezó la pandemia se la pasa tomando con España.

-Ay weón no hablí weas -espetó con enojo Chile.- ¿Cómo se te ocurre que Portugal le mentiría con algo así?

-¿Podés en algún momento de tu vida hablar bien o es demasiado trabajo para tu cerebro?

-Agradece que nos separa la cordillera o iría directamente a tu casa a pegarte.

-Intentalo, acá te espero.

Brasil había mandado el link de reunión al grupo de whatsapp del Mercosur, donde algunos eran estados miembros y otros estados asociados, de los asociados sólo Chile se conectó.

-¿Pueden tener sus peleas maritales en otro chat por favor? -pidió Uruguay para luego dar una chupada a su mate.

-Callate, provincia rebelde.

-Hay varios desaparecidos -retomó Brasil aprovechando la interrupción de Uruguay.- Europa está en caos y nadie sabe dónde están. Los llamé para saber si estaban bien, estaba preocupado.

-Aĩ porã -contestó Paraguay con una sonrisa. (n/a: estoy bien)

Chile recordó el correo electrónico que había recibido de China donde le explicaba que países de otro universo habían llegado a invadirlos, que habían secuestrado a los países europeos con la intención de conquistar su mundo, aunque, claro, Chile no se creyó ese "disparate" y lo atribuyó a la fiebre por los síntomas del Covid.

La amistad entre ambos países había empezado con la guerra del pacífico, cuando el andino rescató a varios chinos que estaban en condiciones de esclavitud en Lima; y en las últimas décadas se había acrecentado bastante esa amistad, era común que ambos se mensajearan frecuentemente, pero ese correo había dejado perplejo al chileno y decidió ignorarlo por su salud mental.

Ahora, con el relato de Brasil, era más que evidente que el asiático no mentía.

-Mi jefe está muy preocupado -comentó el brasileño.- Incluso él quiere que lo acompañe a Estados Unidos para ver qué hacer, pero yo me preocupé por ustedes.

-¡Yo te acompaño! -alzó la mano el chileno, ahí se vio que la tenía blanca, manchada con harina. Con la información que manejaba era el único que podría ayudar a Brasil con su propósito, aunque le contaría personalmente a él para no arriesgarse a que lo trataran de loco.

-Ay, ya salió el amargo amante del gringo -reprochó Argentina molesto.

-Mira cómo te corroe la envidia porque soy el único latino que puede entrar a gringolandia sin visa -le sacó la lengua en modo burla.

-No, solo digo que sos un chupamedias del yankee.

-¿Seguro puedes? -preguntó Brasil, ignorando al argentino. Chile, como respuesta, se quitó el delantal.

-Sí, obvio. Voy altiro a tu casa (n/a: ahora)

Y dicho eso, Chile se desconectó.

-Ustedes cuídense, ¿sí? Tchau -el brasileño se despidió, quedando conectados los tres países que formaron alguna vez el Virreinato de la Plata.

-¿Unos mates? -preguntó Uruguay. Paraguay cebó su tereré en respuesta.

Argentina también tenía un mate, lo mostró aunque se le veía fastidiado.

-¿Y por qué estás lleno de harina? -le preguntó Brasil cuando llegó el chileno.

-¿Todavía estoy manchado? Agh -se quejó, limpiándose los restos de harina.- Estaba haciendo pan.

Brasil le contó todos los detalles que Portugal le había entregado.

-Es una locura, lo sé, pero eso me dijo y sé que no podría mentirme con algo así.

-Sí, sé que es real -afirmó a la vez que se rascaba la nuca.- China me escribió… bueno, no China, sino que Hong Kong, pero es chino igual… en fin y me dijo lo mismo. Solo que -comenzó a susurrar, mirando al costado a la vez que se cruzaba de brazos,- yo no lo quería creer.

Chile hizo una mueca de preocupación, una cosa es que te cuenten que hay caos y otra muy diferente es involucrarte en el caos. Inevitablemente se preguntó si a ellos los invadirán también. Aunque… no habían visto nada raro, solo que el tiempo se había detenido y luego alterado.

-Si quieres quedarte, lo entenderé.

-No, no -agitó la mano en señal negativa.- Ya te dije que sí -espetó subiéndose al avión.

Brasil notó que Chile iba bastante inquieto durante el viaje, así que decidió poner algo de música. Lo que no se esperó, era que el país andino al escuchar la música axé empezaría a bailar por inercia aun sentado. El semblante preocupado cambió a una radiante sonrisa.

-No sabía que te gustaba el axé.

-¿Bromeas? Marcó varias generaciones en el 2000 y no hay nadie que no sepa las coreografías -comentó aun bailando.

Brasil soltó unas risillas y decidió bailar con él aunque estuvieran sentados con los cinturones de seguridad.

El personal de cabina los miraban confundidos pero agraciados, todos eran brasileños así que disfrutaban de ver que otra nación gozaba de su música.

Al llegar a Estados Unidos la alegría se terminó de forma tajante, para dar paso a la inquietud y al temor a lo desconocido, ¿qué harían dos latinos solos allá? ¿Cómo podrían encontrar a la superpotencia y al resto de europeos? No tenían idea, pero era mejor aportar un granito de arena que quedarse de brazos cruzados, además, ambos sabían sin decirlo en voz alta que si ayudaban a las grandes potencias podrían recibir alguna retribución, no existía la ayuda unilateral porque sí…

Bueno, Brasil adoraba a su ex tutor así que si él estuviera desaparecido movería cielo, mar y tierra por hallarlo. Chile, en tanto, solo quería recibir los beneficios por la ayuda, e igual tenía deudas pendientes con algunos europeos, especialmente Inglaterra, podría saldar varias de ellas si participaba en la búsqueda.

Era poco ético, pero necesario.

Un empleado de la Casa Blanca los recibió con gran confusión. Les preguntó a las naciones la razón del porqué venían sin sus jefes y que Estados Unidos no estaba para recibirlos.

-Sí, lo sabemos -contestó Brasil.- Supimos que está perdido, como varios otros y venimos a ayudar.

Chile asintió, él sabía inglés pero siempre prefería que otro hablara por él en esos casos, ya que le daba vergüenza.

El empleado hizo una mueca y decidió que podrían ser una ayuda, después de todo las naciones logran conectar entre ellas de una forma que los humanos nunca han podido entre sí. Les comentó que había dejado una nota explicando que iría a buscar a Canadá, no obstante recibieron el reporte que no lo habían visto en las últimas horas.

-Quizás cruzó a buscar a Canadá -comentó Chile a Brasil en un susurro y él asintió.

Viajaron a Canadá, le explicaron al personal lo mismo, omitiendo el gran detalle de los espejos, y ellos aceptaron con gusto la ayuda, pues ya estaban desesperados.

Un país podía abandonar su tierra por vacaciones, actividades diplomáticas o incluso seguir a su ejército en una guerra sin causar caos en una sociedad. El problema era cuando la nación estaba en peligro. Las personas creían que estaban inquietas porque la representación de su país había abandonado la tierra sin avisar, cuando realmente estaban asustados porque su nación se encontraba asustada y en peligro.

-Emm -musitó Chile, con temor mirando la pared del hall, que tenía varios espejos.- Deberíamos hacerlo, ¿cierto? -miró a su costado, asustándose al no ver a Brasil.- ¡Ey! ¡Brasil! ¿Dónde estás?

En ese momento, una mano atravesó el espejo directo hacía la nación andina. El chileno pegó un grito hasta que apareció la mitad del cuerpo de Brasil.

-¿Por qué tardas? ¡Date prisa! -y dicho esto desapareció.

Chile tragó en seco y respirando profundo, cruzó el espejo. El ambiente era bastante tétrico al otro lado, a diferencia de la cálida decoración de la casa de Canadá. Brasil se veía bastante tranquilo; el chileno, en cambio, temblaba ligeramente. El brasileño le hizo un gesto de silencio y para luego un gesto de "vamos". Chile lo siguió muy de cerca, arrepintiéndose de haberlo acompañado. Estuvieron muy atentos por si escuchaban algún ruido que delatara la posición de las otras naciones.

-Ey, ey -llamó Chile, notando un ruido hacia la izquierda. Brasil era algo sordo y se sospechaba que era por exponerse a ruidos tan altos cada año por el carnaval y, porque en general, era una nación ruidosa.

Caminaron hasta el fin del pasillo, siguiendo el rastro del bullicio. A medida que se acercaban se percibían gritos y golpes más claros. Abrieron con suavidad la puerta y lo que vieron los dejó helados.

Dos tipos que jamás habían visto estaban peleando a los golpes; mientras tanto al fondo se encontraban los norteamericanos que conocían, atados e inconscientes.

-Vamos por la orilla -susurró el chileno en el oído del brasileño por su sordera, apuntando al extremo más alejado de la sala. El carioca aceptó.

Sigilosamente, avanzaron, rogando que los otros tipos no dejaran de pelear.

Estados Unidos estaba semiinconsciente, en tanto, Canadá seguía durmiendo.

-Ey, ey -espetó el brasileño, llamando la atención del estadounidense. Él le devolvió la mirada confundido, se veía dopado.- Vinimos a sacarlos, shh -se llevó un dedo a sus labios para que no hablara.

Con cuidado, lo ayudó a levantarse. En tanto, Chile cargó al canadiense en su espalda. Comenzaron la retirada en silencio hasta que un florero se estrelló en la pared.

-¡Ay! -gritó Chile por el susto.

El grito llamó la atención de las naciones que peleaban, los que se detuvieron al instante.

-¡¿Qué creen que hacen? -gritó el rubio de coleta.

-Chesumadre -susurró el chileno antes de salir corriendo de la sala.

Brasil lo siguió pero era difícil llevar al arrastra al estadounidense que estaba semiinconsciente. Había logrado hacer algo de tiempo empujando un estante hacia la puerta. Sin embargo, el otro Estados Unidos lo había roto de un solo golpe de su bate. Ambos norteamericanos salieron de la sala a empujones, pero cuando iban a perseguirlos algo cambió.

-¡Suéltame maldita sea!

Los latinos voltearon y vieron como ellos dos seguían peleando, por una milésima de segundo se miraron entre ellos confundidos para luego huir por el pasillo.

-¡¿Qué demonios estás haciendo?! ¡Están escapando!

-¡Qué se larguen!

-¡¿Qué mierda te pasa Allen?!

-¡Pasa por cualquier espejo! -llamó Brasil, empujando a Estados Unidos por el más cercano.

Pero claro, qué idiota era, no tenían que regresar por el espejo en que habían cruzado. El andino estaba cruzando Canadá a cuestas en sus hombros cuando escuchó la nueva orden del brasileño.

-¡Cuídalos! Voy a romper los espejos.

-¿Qué?

Iba a asomar la cabeza por el espejo, pero no pudo, se bloqueó.

-¡Oye! ¡Brasil! -golpeó el espejo pero su puño no pudo atravesar el cristal.- Oh mierda, se quedó atrapado al otro lado -dijo preocupado.- Cresta, ¿por qué le dije eso? ¿Qué voy a hacer?

En el email, Hong Kong le había explicado que la forma de detener los avances era dejar inutilizables los espejos, ya sea romperlos o mancharlos con pintura. No servía sacarlos de casa o bloquearlos con muebles porque el portal estaba vinculado a los espejos de ambas casas de gobierno, por lo que si trasladaban un espejo de la realidad alterna de Canadá a la real casa de Estados Unidos, el portal conectaría a esos dos países. Chile aprovechó el viaje para contarle todo eso a Brasil y él le escribió a Portugal, esperando que la información pudiera servir a las naciones europeas que seguían a salvo.

Lo único que el andino podía hacer era preocuparse de que le prestaran atención médica a los norteamericanos. A gritos empezó a llamar a los empleados, aun cargando a Canadá en su espalda.

Afortunadamente llegaron rápido y auxiliaron a la representación humana de su nación, también le brindaron atención a Estados Unidos. El chileno quería ayudar a Brasil, sin embargo no quería regresar a ese lugar que era digno de pesadillas.

Pero no fue necesario cruzar. Los humanos observaron con horror cómo el brasileño aparecía desde un espejo, y Chile apreció con el mismo terror a quien lo acompañaba.

Los empleados canadienses expusieron sus linternas eléctricas, listos y dispuestos a atacar al intruso, pero el norteamericano de cabello rojizo respondió dejando caer su bate y alzando las manos.

-Vengo en son de paz -mencionó con calma.

El andino miró a Brasil sin poder entender qué estaba ocurriendo, el carioca tenía ligeras magulladuras en el cuerpo, no obstante se le veía compuesto. Lo único que pudo expresar fue un gesto de desconcierto, alzando los hombros y las manos pidiendo explicaciones.

-Bajen las armas, no hará daño -pidió Brasil, los empleados se miraron sin saber si acatar o no.

-Por favor -insistió Chile.

Ellos decidieron aceptar la petición, aunque seguían alerta. Los latinos querían preguntarle al norteaméricano por qué razón cruzó y por qué motivo decía que venía en paz; sin embargo su aura imponente los cohibía.

-Tú me eres familiar -indicó el norteamericano al joven moreno de ojos verdes, quien lo miró entre curioso y temeroso.- Creo que reconozco ese acento, ¿Brasil no?

-Sí, soy yo -respondió confundido, el original Estados Unidos nunca sabía quién era él u otros países fuera de Europa, pues tenía casi nulo conocimiento de geografía.

-El Brasil que conozco es muy diferente a ti, pero tienen el mismo acento.

El norteamericano observó detenidamente a la otra nación.

-A ti no te conozco, ¿eres…?

-Chile -aclaró.

-Ah, el Chile de mi mundo tiene el cabello bien claro, los ojos de color y habla un excelente inglés.

Ese comentario se clavó como una daga en el pecho, ya que el inglés era su talón de Aquiles, y eso que estuvo décadas tomando clases con Inglaterra.

-¿Ustedes por qué vinieron a ayudar a esos dos? ¿Ellos les deben favores?

-Eemm… -ambos latinos se miraron aturdidos, ¿cómo le explicaban a esa versión de Norteamérica que lo hacían porque deseaban el aprecio de la potencia mundial solo por beneficios? Sonaba tan mal si lo decían así aunque fuera la realidad.

-Tenemos alianzas -indicó Brasil para resumir.- ¿Y tú por qué me ayudaste?

-Porque estoy enojado, el idiota que está planificando esto no me consideró y quiero sabotearlo -explicó con tanta liviandad y frialdad que daba escalofríos.

-¿Y por eso dejaste inconsciente a tu hermano? -preguntó horrorizado el carioca, ya que ese Canadá lo apresó y fue el norteamericano el que lo liberó.

-¿Así agradeces que no te dieran una paliza?

-No me malinterpretes, era solo una pregunta -intentó suavizar las cosas, porque realmente se sintió perturbado al ver cómo se atacaban, siendo hermanos.

-Bien, él que está tramando esto es Italia, si quieren ayudar a los suyos tienen que ir para allá. Pero les advierto, si ustedes le hacen una pizca de daño a mi Inglaterra, les juro que voy a cruzar, los voy a encontrar, les haré sufrir las peores torturas, tanto así que implorarán y me rogarán piedad, después los voy a matar, los voy a despedazar y los haré comida de perro, ¿les quedó claro?

Los latinos palidecieron ante la amenaza, respondieron un "sí" tan bajito que se sentía como un leve suspiro. Estados Unidos los miró conforme.

-Y llévenme donde tienen a ese Canadá, que soy el único que puede revertir lo que hizo mi hermano.

Tanto los latinos como los guardias del palacio, que escucharon todo, guardaron silencio al ver el semblante intimidante de ese Estados Unidos. Uno de los empleados guió a ese norteamericano al hospital donde derivaron a Canadá.

-¿Ustedes vienen? -le preguntó a las naciones latinas.

-Eehhh -musitó el chileno.

-Sí, sí vamos -respondió Brasil.

En ese momento el empleado volteó para seguir caminando y Chile detuvo a su compañero.

-¿Cómo qué vamos? ¿No oíste lo que dijo? Hay que regresar a nuestras casas.

-Tenemos que decirle algo a nuestro Estados Unidos, -indicó en susurros Brasil, siguiendo al empleado- para que no vaya a Europa, no quiero ser comida de perro.

Conociendo el carácter "heroico" del norteamericano, era más que obvio que haría una estupidez; Brasil pensó que lo mejor sería decirle que todo estaba siendo resuelto y pedirle al médico que lo obligara a hacer reposo.

-Dile esto a Portugal -pidió Chile, ya saliendo del palacio.- Para que sepan.

-Portugal me dijo que España fue a Italia, háblale tú -le dijo mientras subía a la furgoneta que los acercara al hospital.

-¿Estás loco? No quiero hablar con él -se negó el andino subiendo tras él. Brasil lo miró con desaprobación.- Que ustedes se lleven bien no significa que todos nos llevemos bien, mientras más lejos esté yo de España mejor.

-Supera tus traumas -indicó mientras se sentaba.

-Oye…

-Y no solo con él, también con Argentina y Bolivia, se la pasan peleando en reuniones y llega a ser desagradable.

El andino procesó las palabras de su compañero mirando por la ventana y, aunque le molestaba profundamente aceptarlo, Brasil tenía razón.

Al llegar al hospital vieron a esa versión de Estados Unidos entrar a la sala donde estaba Canadá, allí habló con el médico encargado y lograron revertir los efectos de los sedantes.

-Disculpa -llamó Chile con timidez al ver salir a ese Estados Unidos, él lo miró con apatía.- Este, sobre lo que dijiste… -el norteamericano alzó una ceja.- Nosotros solo…

-Él quiere decir que -interrumpió Brasil- vinimos aquí a ayudar a tu contraparte y a Canadá por nuestras alianzas y porque son de nuestro mismo continente. No sé si en tu realidad pasa lo mismo, pero aquí estamos en pandemia.

-¿Qué es una pandemia? -preguntó el joven del otro universo confuso.

-Hay una enfermedad a nivel mundial causando muchas muertes -aclaró Chile, aunque él no quería ni abrir la boca.

-Sí, entonces por la pandemia hay muchas restricciones y no podemos ir tan fácil a Europa. Es probable que los europeos hagan algo y nosotros no podremos ayudar a tu Inglaterra.

Ese norteamericano soltó un gran suspiro y realizó una mueca de desagrado.

-Tendré que ir yo.

Y sin decir más, caminó en dirección a la salida. Ambos latinos se miraron dudosos.

-¿Regresamos? Ese Canadá me hizo esto -mostró sus brazos con marcas.- No quiero exponerme a más cosas.

Chile titubeó, por un lado quería esperar a que Estados Unidos supiera que ellos lo salvaron pero por otra parte quería volver ya a su casa. Le comentó eso al carioca.

-Ok, le decimos y nos vamos.

-No olvidar decir que ya todo está ok.

-Si se entera de la verdad se va a enojar.

-Eso es mejor que ser comida de perro.

-Definitivamente mejor.

Una seguidilla de gritos lo abordaron apenas cruzó la puerta, obligándolo a abrir los ojos. Lo primero que vio fue a un hombre canoso rodeado de policías gritando a diestra y siniestra.

-¡Italia! ¡¿Dónde estabas?! ¡Te hemos buscado por todas partes! ¡¿Por qué carajo te fuiste sin avisar a nadie?! ¡¿Acaso no sabes todo el caos que has causado?! ¡Roma está en llamas!

Tuvo que respirar profundo para no perder la compostura.

Temiendo que sus planes se fueran por la borda, Italia consideró que sería oportuno cruzar hacia el otro lado y tomar el lugar de su contraparte, por si acaso el odioso "otro yo" de su hermano había comentado a otros lo que ocurría. El hecho de que Alemania lo hubiera descubierto lo tenía sin cuidado, le servía de experiencia para entender mejor a su contraparte. Sin embargo no se esperó que apenas cruzara y saliera de la habitación lo abordaría quien sabe quien era ese sujeto.

-Ve… -cerró los ojos y fingió estar ido simplemente.

-Ay Italia -suspiró el hombre llevándose las manos al rostro.- ¿Qué haré contigo? -le preguntó moviendo las manos como típico gesto italiano.- Primero caes en coma, luego desapareces, desaparece tu hermano y ahora estás como si nada, vas a sacarme más canas de las que tengo.- Italia del Norte se mantuvo en silencio, colocando la misma expresión que él denominaba "cara de imbécil". -¿Estás bien, cierto?

Italia del Norte asintió, manteniendo los ojos cerrados.

-Sí, lo siento… -hizo una pausa para verse más despistado.- Solo… no sé…

-Da igual, da igual. Lo importante es que ya estás aquí. Avisaremos a todos que estás aquí, así la gente se calmará -sacó su celular y comenzó a hablar a gritos.- Habla Draghi, encontramos a Italia, necesito una conferencia de prensa…

Sin decir nada más, decidió irse de ahí, ya que se sentía bastante agobiado con tanto grito. El hombre lo llamó insistentemente pero la nación solo hizo un gesto con la mano mientras susurraba "ve… pintar, pintar" tal como vio que su contraparte actuaba cuando lo vio a través del espejo.

-Cuando acepté la propuesta de Mattarella jamás dijo que tenía que lidiar con esto -se quejó con la persona con la que hablaba por teléfono.

Regresó al cuarto por el que cruzó, que sospechaba era la habitación de su contraparte, se apoyó en la puerta, la cerró con el pestillo y soltó un suspiro antes de cambiar su semblante. Tenía poco tiempo, tenía que averiguar lo máximo posible de esa realidad como quien era el jefe de gobierno, como estaban las cosas políticamente allá, para empezar a mover sus hilos a su antojo antes de que tuviera que volver a cruzar, jamás de los jamases se perdería lo que iba a ocurrir. Encontró en la habitación una computadora portátil, la abrió e hizo una mueca de desagrado cuando vio que tenía clave. Probó con varias claves y ninguna la aceptaba. Molesto, comenzó a golpetear con su dedo índice un botón que estaba en el extremo derecho del teclado y se sorprendió cuando el botón le tomó la huella digital y pudo ingresar. Al parecer, tenían la misma huella dactilar.

Complacido, comenzó a revisar la realidad de esa Italia. Quien lo recibió era el Presidente del Consejo de Ministros, se vivía mucho caos por una enfermedad que él no conocía y sonrió cuando vio en distintos foros el clima racista por la crisis migratoria, ya tenía por dónde empezar. Esbozando una sonrisa maliciosa, tomó su teléfono y aplicó la misma técnica que usaba en su realidad, crear noticias falsas para eliminar cualquier intento de sublevación; en esta realidad, usaría las noticias falsas para crear clima de tensión entre los migrantes y los italianos, además de esa enfermedad que venía de China. Tenía un caldo de cultivo muy rico para hacer brotar, nada mejor que una buena polémica para derribar la democracia.

-Qué curioso, al parecer los Meloni son iguales en cualquier realidad -susurró agraciado al ver que el partido más conservador de Italia lo dirigía una mujer de apellido Meloni, al igual que su Primer Ministro, que más encima había elogiado a Mussolini en su juventud.

Se tomó unos largos minutos para apreciar el caos que estaba generando en redes sociales.

¡Romano! ¡Romano!

Escuchaba a lo lejos que alguien lo llamaba, pero estaba demasiado dormido como para poder despertar completamente, soltó un quejido en señal de respuesta. Volvió a escuchar la misma voz llamándolo, era una voz femenina.

-Belu… -susurró entre sueños.

-¡Romano! ¡Despierta Romano!

Un movimiento brusco lo llevó a golpearse en la cabeza, forzándolo a despertar. Soltando varios quejidos, comenzó a abrir los ojos, sintiendo tanto la cabeza como cada músculo de su cuerpo doler por el esfuerzo de haber recorrido tantos países en búsqueda de ayuda. Quería acomodarse y seguir durmiendo, sin embargo, algo le golpeaba el brazo de forma insistente, además de continuar escuchando que lo llamaban. La voz se hacía más clara a medida que empezaba a recuperar la conciencia. Lo primero que intentó hacer fue frotarse los ojos para desperezarse, pero no podía moverlos, intentó moverse una vez más, pero no había caso. Tenía los brazos fijos en su espalda.

Se escuchaba un bullicio a lo lejos y sentía que su cuerpo se movía en un vaivén. Cuando logró vencer por un momento el peso de los párpados, miró a su costado y, borrosamente, vio la figura de Bélgica. No era la misma que había visto en el palacio, ella tenía el cabello castaño.

-¿Belu? -preguntó medio dormido, medio despierto. No lograba mantener la cabeza erguida por el sueño que tenía, estaba en una batalla campal con sus párpados para poder abrir los ojos.

-¡Romano despierta por favor! -la chica, desesperada, lo empujaba con su hombro pues también se encontraba atada de manos.

-No sacas nada con hablarle -se escuchó desde la cabina delantera del automóvil.- Está bajo los efectos de un poderoso sedante.

-Yo no entiendo esa manía tuya de drogar a todo el mundo.

-Es bastante efectiva, corazón.

-¿Dónde… estamos? -preguntó el italiano a penas, el efecto del sedante le impedía poder despertar por completo.

-¡Despierta! ¡Nos van a matar!

Iban en una furgoneta, manejaba la representación belga de la otra realidad y, en el lado del copiloto se encontraba el Inglaterra pecoso. Él le había comentado lo ocurrido con Italia y la belga accedió a ayudar al que fue, alguna vez, su esposo. Era de día, primeras horas del cuarto día desde la invasión, se dirigían a un sitio eriazo para poder realizar el mandato de Italia.

Por más que la belga insistiera en despertar a Romano, él seguía sin poder cobrar totalmente la consciencia. Empezaron a brotar lágrimas de terror absoluto, ¿cómo todo pudo dar un giro tan abismal de un momento a otro? El día anterior, alrededor del mediodía, estaba trabajando en la oficina del palacio cuando la aprisionaron y, menos de 24 horas después, iba directo a la muerte.

-Romano, por favor despierta, Romano…

De pronto, tomaron una curva con demasiada velocidad, por lo que el chico adormilado cayó encima de la belga, aplastándola contra la puerta.

-¡Cuidado mujer! ¿Quieres matarnos a todos?

-¡¿Quieres conducir tú acaso?!

-Solo te estoy diciendo que tengas cuidado, qué sensible -reprochó Inglaterra, cruzándose de brazos.

-Tú me metiste en este problema.

-Belu… -susurró el italiano al sentir el aroma de la Bélgica de su realidad. La muchacha respondió con lágrimas y sollozos, apoyando su cabeza sobre la de Romano. Ni siquiera las gotas acuosas de la muchacha lograron sacarlo de su profundo sueño.

-Al fin, ya era hora…

Esperándolos en el sitio acordado, se encontraba el estadounidense de cabello rojizo. Los saludó con una mueca de desagrado y con las manos en los bolsillos.

-Podrías ayudar al menos -espetó la mujer sacando a la rastra al italiano. Dentro del auto, Bélgica se azotaba contra la puerta para poder abrirla. Con horror, podía ver desde la ventana como llevaban a Romano donde ese sujeto que jamás había visto.

-Eso haría un caballero, cosa que claramente no soy -le respondió Estados Unidos sin moverse un centímetro.

-Mi niño, por favor, sé amable -pidió Inglaterra acercándose hacia Bélgica.

-Hagamos esto rápido, antes de que alguien nos vea o, peor, vengan más del otro lado -indicó el norteamericano, entregando una pistola a su ex tutor.

El inglés la miró con espanto y negó profusamente. Escucharon un suspiro y luego un quejido, los tres miraron a Romano, que seguía dormido.

-Tienes que ser tú, me dijiste que Italia te lo pidió a ti -le recordó Estados Unidos.- Yo no tendría problemas, pero si me ve a mí se enojará contigo.

-Sabes que tiene razón -agregó la belga.- Y apúrate que este tipo pesa.

Inglaterra recibió el arma con la mano temblorosa, no le gustaban para nada, las odiaba de hecho. La miró por unos largos segundos, sintiendo que se le secaba la garganta de la pura ansiedad. Bélgica dejó caer al italiano, esperando que cayera de rodillas, pero solo logró que se desplomara en el suelo. Ni aun con el golpe despertó.

-England no entiendo porqué tienes esa manía de drogar a todo el mundo, menos mal ya no lo haces conmigo -se quejó el norteamericano, tomando del brazo a Romano para llevarlo hacia un muro y apoyarlo contra él; así, el italiano logró quedar sentado, aunque estuviera dormido.

Hubo un silencio, Inglaterra seguía mirando el arma sin tomar la iniciativa. En tanto, dentro del automóvil, la otra Bélgica intentaba pasarse a los asientos delanteros para poder abrir la puerta y salir del vehículo, pues descubrió que las puertas traseras tenían activado el seguro de niños.

-¡Oh por favor! -espetó la belga, impaciente, con su teléfono en la mano.- ¡Hazlo ya! Cómo si nunca lo hubieras hecho antes.

Y tenía razón la muchacha, a lo largo de su historia Inglaterra había participado en varias guerras y había tenido que matar, pero siempre lo hacía de forma indirecta, generalmente usando a sus hermanos.

Tragando en seco, alzó el arma y apuntó al muchacho.

-Italia -habló Bélgica a la cámara del teléfono.- Tal como dijiste, tenemos a la contraparte de Romano y estamos Inglaterra y yo aquí con él -cambió la dirección de la cámara hacia la trasera para apuntar al italiano, que seguía dormitando.- Está así porque Inglaterra, para variar, lo drogó…

-Fuiste tú -susurró nervioso, la nación flamenca lo miró con enojo, pero no dijo nada.

-Pero ahora terminaremos el trabajo. Listo.

Inglaterra respiró profundo, sin poder evitar temblar, apretó el gatillo.

-¡Romano! -gritó la belga de cabello castaño. Había logrado abrir la puerta del conductor aun con las manos atadas en su espalda, pero por la posición había caído directamente al suelo.

Su grito quedó ahogado por el atronador sonido del disparo.