VI.

¿Por qué había accedido a hacer esto?

Era una pregunta que se repetía en su cabeza una y otra vez y no encontraba respuesta alguna, nunca antes lo había hecho y cada vez que sus dos mejores amigas se lo pedían ella siempre encontraba alguna excusa barata para evadirlo. Nunca había sido muy sociable, y no era porque se le diera mal la gente, todo lo contrario; era una de las chicas más populares de su clase, pero para ella el tener que relacionarse con las demás personas le resultaba muy molesto, tenía a sus dos íntimas amigas de la infancia y con eso era suficiente. Así había sido desde siempre, y ahora que estaba en la universidad esa convicción era aún más fuerte. Por eso era que la pregunta ¿por qué había accedido a hacer esto? cobraba más fuerza en su cabeza.

Tal vez fuese el destino, o simplemente el aburrimiento pero cuándo sus dos amigas le dijeron que conocían a una chica de su clase para que salieran las cuatro y que quizás a ella le interesara dijo que sí. Al principio se mostró indecisa ya que después de todo se trataba de una desconocida pero sus amigas podían ser muy convincentes.

-Vamos-le dijo una de ellas-, ¿cuándo fue la última vez que tuviste una cita?

Aquello era cierto, hacía siglos que no salía con nadie y la verdad le apetecía un poco hacerlo, aunque el hecho de que fuese alguien que ella no conocía la echaba para atrás pero si sus dos mejores amigas querían juntarla con ella no podía ser tan mala.

¿verdad?

...

Ahora se daba porqué en el fondo de su cabeza no estaba tan segura de aquella idea. De buenas a primeras cuando se juntaron con la cuarta chica le dio una vibra extraña, se vestía de lo más extravagante (a pesar de que estudiaba lo que estudiaba le parecía demasiado en su opinión) y su personalidad lo era aún más. Por alguna razón no se podía estar quieta, pareciera que iba a cien kilómetros por hora, y también se tomaba demasiadas libertades, cuando la vio la chica le dio un abrazo que duró más de lo que ella hubiera querido. Pero decidió no darle más vueltas, lo mejor era terminar con aquelllo...

''Ahora sé porqué nunca salgo'' se dijo internamente mientras esperaban la cola para entrar al local. No sabía cuánto llevaban esperando, había perdido la cuenta, y la espera no se hacía mejor al tener a la otra chica pegada a ella preguntándole todo lo que se le venía a la mente: que si su nombre, que su edad, qué estudiaba, por qué estudiaba aquello. Sinceramente sus preguntas estaban empezando a molestarla, además el cielo estaba raro, parecía que iba a llover y no le apetecía mucho mojarse teniendo en cuenta que era invierno así que uno puede imaginarse porqué.

Entraron por fin, aquel sitio estaba a reventar, se notaba que era sábado por la noche. Con la música tan alta, las luces y tanta gente pegada no sabía si aquello era un sueño o era la realidad, miró a su alrededor y sus amigas ya estaban bailando muy pegadas entre ellas com era costumbre mientras que la otra chica la estaba invitando también a bailar.

''En qué me he metido'' se dijo a sí misma antes de agarrar la mano de la otra chica e ir a la pista de baile.

...

-Oye, creo que me voy a ir a casa ya.

-¡¿Qué?! ¿Por qué? -exclamó su amiga sorprendida.

-Creo que la copa que me tomé antes me sentó mal, así que creo que mejor me iré a descansar a casa.

-¿Y qué pasa con Sakura? -preguntó se amiga en un intento de convencerla de que se quedara.

-No lo sé, dijo que iba al baño y eso fue hace un rato y no la he vuelto a ver.

-Esa chica... ¿de verdad no hay manera de que te quedes?-preguntó y ella respondió con un gesto negativo con la cabeza-. Bueno supongo que es mejor que vayas a descansar. Nos vemos luego, supongo.

Notó el ligero tono de decepción en su voz y no puedo evitar sentirse un poco mal por ella, después de todo la había invitado con la intención de que se divirtiera y no estuviera en casa estudiando como siempre hacía. Pero no podía evitarlo, aquello no era lo suyo, no podía soportar tanto escándalo y gente a la vez. Ya se lo compensaría.

Se despidió de sus dos amigas y se dirigió a la puerta para poder irse de una vez. Miró la hora en su reloj, las once y media de la noche, no llevaba ni dos horas en el local pero para ella se habían sentido como si hubiesen sido doce.

-¿Quieres un sello para volver a entrar? -le preguntó el guardia de seguridad una vez en la puerta.

-Por supuesto que no -le respondió ella antes de salir.

Una vez en la calle pudo respirar con tranquilidad, si se apuraba podía agarrar el metro todavía por lo que no había problema. Mientras caminaba observaba la ciudad de noche, de verdad era un espectáculo único , no se parecía en nada a como era de día: la gente, las calles, todo cambiaba de una manera radical que uno nno pensaría que se trataba del mismo sitio. Mientras estaba perdida en sus pensamientos algo que impactó contra su frente la trajo de vuelta a la realidad.

-No puede ser -dijo en voz baja mientras las gotas empezaban a caer cada vez con más frecuencia.

Pasó lo que ella temía: se puso a llover, más bien a diluviar. Agobiada trató de buscar refugio bajo algún techo de uno de los edificios de los alrededores, pero ninguno le sirvió. Después de buscar desesperadamente vio a lo lejos un local que parecía estar aún abierto, sin pensarlo dos veces fue corriendo hasta dónde estaba y entró a toda velocidad.

Aquel lugar no estaba tan lleno como el sitio de dónde venía y el ambiente era mucho mejor, seguía siendo un sitio para adultos pero al menos la música era mucho más suave y la gente hablaba por lo bajo. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que los únicos asientos disponibles eran los que estaban junto a la barra por lo que se acercó lentamente hacia ella.

Ahora que estaba sentada se fijó mucho más en aquel local tan peculiar, se notaba que el edificio era bastante antiguo pero la decoración que tenía lo hacían muy acogedor.

-¿Qué te sirvo? -preguntó una voz detrás de ella.

Se giró y se encontró con una chica mucho más bajita que ella con la piel bastante blanca, ojos sumamente rojos y pelo más oscuro que la noche.

-No lo sé... ¿qué suele tomar la gente que viene a estos sitios? -dijo con voz temerosa.

La chica la miró durante varios segundos en los cuales se sintieron como una eternidad, aquello le resultó muy incómodo, se sentía fuera de lugar. La gente como ella no solían frecuentar esa clase de sitios así que por supuesto no iba a saber qué pedir.

-Espera un momento-le dijo la camarera y se dio la vuelta para agarrar una botella-. ¿Qué te parece?

-¿Qué es?

-Vino tinto, seguro te gusta-le dijo y le sirvió una copa-, pruébalo.

Agarró la copa al principio con un poco de temor, se la acercó a la cara y pudo percibir los aromas que aquella bebida tenía. Sin saber porqué se relajó un poco, se puso la copa en los labios y probó el contenido de esta.

-Está buenísimo-exclamó sorprendida-, nunca había probado algo así.

-Me alegro que te guste, es de los mejores que tenemos -le respondió con una sonrisa que provocó un ligero sonrojo en sus mejillas.

-¿Me podrías servir más? -le preguntó una vez vaciado el contenido de la copa.

-Con cuidado vaquera, no queremos que te dé algo -le dijo riendo pero aún así le sirvió otra.

Esta vez fue más responsable y alargó el contenido más tiempo, la chica que se la había servido tenía razón, ella no era una experta bebedora y no podía ir tan rápido como iba sino le iba a hacer efecto muy pronto y algo malo podría pasarle.

-¿Qué tal la noche? -le volvió a preguntar la chica después de un rato.

-Fatal -le respondió después de unos segundos.

-Déjame adivinar: te han dejado plantada.

-Peor, yo he dejado plantada -dijo y la camarera soltó una ligera risa ante su respuesta.

-¿Por qué harías algo así?

-Sé que no se nota-dijo con cierto sarcasmo-, pero no soy una persona que salga mucho y mis amigas me convencieron de que fuese a una cita a ciegas por así decirlo y no resultó cómo se esperaba -le enseñó la copa en señal de que se la volviera a llenar.

-Las citas a ciegas pueden ser un dolor de cabeza -le respondió la chica y procedió a llenarle de nuevo la copa.

Volvió a darle un trago, ahora empezaba a sentir un poco la euforia que uno siente cuando bebe, ahora todo le parecía un poco mejor, su situación no era tan mala, de hecho, si uno se paraba a pensarlo bien era hasta gracioso todo aquello. Ni siquiera sabía cómo se llamaba aquél local ni cómo se llamaba la chica que la estaba sirviendo... No sabía cómo se llamaba...

-Perdona que te pregunte, pero, ¿cuál es tu nombre?

La camarera la miró unos segundos antes de responderle con una sonrisa.

-Nico, Nico Yazawa, ¿y tú?

-Kotori, un placer.

...

Lunes, una nueva semana. Después de pasar un domingo horrible por culpa de la resaca provocada la excesiva consumisión de vino tinto estaba como nueva ahora. Sus amigas Honoka y Umi le habían pedido explicaciones ya que le habían hablado a sus padres después de que esta se fuera para preguntarle por su estado le habían respondido que aún no había llegado. Ella les explicó que por culpa de la lluvia se había tenido que esconder en el único local que había abierto por esa zona y que se había retrasado.

-Al menos la próxima vez avísanos -le dijo Umi después de escuchar su explicación.

La semana había transcurrido de lo más normal, asistía a sus clases por la mañana y luego por la tarde se la pasaba con sus dos amigas de siempre. En alguna ocasión le habían vuelto a mencionar a Sakura pero esta se mostró desinteresada por lo que no se le volvió a mencionar a la chica.

Por fin viernes, después de una semana tan dura podría descansar, aunque no sería por mucho ya que los exámenes estaban bastante cerca.

-¿Queréis hacer algo esta noche? -preguntó Honoka a sus dos amigas.

-No lo creo-le respondió Kotori-, quiero estar todo el día tirada en la cama, además, tenemos que estudiar, ¿o se te olvidan que tenemos exámenes?

-Lo sé, lo sé-respondió Honoka-, sólo era una pregunta.

Kotori iba a decirle otra cosa a su amiga pero antes de que pudiera hacerlo chocó con otra persona y por poco tira a la otra persona al suelo.

-¡Lo siento muchísimo! No me fijé por dónde iba y... -se quedó a media frase al ver de quién se trataba.

-No te preocupes no fue para tanto-le respondió la chica y luego se fijó de quién se trataba-. ¡Ah! Eres la del otro día, Kotori era, ¿no?

-¡S-Sí! Tú eras Nico, ¿cierto? Qué sorpresa encontrarte aquí...

-Estudio aquí por las tardes, antes de trabajar -le respondió con una sonrisa que volvió a provocarle un ligero sonrojo.

-¿Trabajas hoy? -fue lo único que pudo decirle.

-Claro, los viernes y sábados por la noche son los días más duros-dijo y empezó a rebuscar entre sus cosas-, toma-le pasó una tarjetita de cartón-, no sé si te acuerdes de dónde estaba el local pero aquí está la dirección, si tú y tus amigas se quieren pasar no lo duden.

Kotori recibió la tarjetita y vio a Nico despedirse y alejarse rápidamente. Sus amigas se quedaron viéndola en espera de una respuesta acerca de quién era esa chica que justo había hablado con ella.

-¿Es una amiga tuya? -le preguntó Umi después de unos segundos.

-Cambio de planes -les dijo de repente Kotori con voz seria sorprendiendo a sus dos amigas-, saldremos hoy.

...

Viernes por la noche y la calle estaba exactamente como se esperaba: a reventar. Las tres amigas estaban con sus mejores galas ya que la cita lo requería. Llegaron sin problemas a la dirección que Nico les había proporcionado.

El ambiente era justo como ella lo recordaba: agradable y sin ser agobiante. Se quiso acercar directamente a la barra para saludar a Nico pero se percató que estaba hablando animadamente con otras dos chicas, una rubia y una con el pelo morado por lo que decidió esperar a que se desocupara. Nico se dio cuenta de que estaba parada ahí por lo que le hizo una señal con el brazo para que se acercara.

-¡Kotori!-exclamó Nico-, has venido.

-H-Hola Nico... -respondió un poco nerviosa al verse objeto de tantos ojos.

-¿Es amiga tuya Nico? -le preguntó una de las chicas que estaba con ella de antes.

-¿Eh? Sí, podría decirse que sí. La conocí el otro día, y resulta que vamos a la misma universidad, ¿no es de locos?

-Kotori, un placer -se presentó la chica después de que Nico terminara de contar el cómo se conocieron.

Las dos chicas hicieron lo mismo: la rubia se llamaba Eli, al parecer era rusa o medio rusa no recordaba bien y la otra chica se llamaba Nozomi. Segun le contaron conocían a Nico desde hacía mucho pero no estudiaban en la misma universidad, pero sí habían estado juntas en la preparatoria.

-¿Has venido sola? -le preguntó Nico.

-No... he venido con ellas dos -le respondió y señaló a sus dos amigas.

-De acuerdo-dijo con una sonrisa-, síganme y las llevaré a una mesa.

-Nico-le dijo de repente Eli-, nosotras nos iremos, pasaremos luego a buscarte ¿de acuerdo?

-De acuerdo, sin problema.

-¿Vas a salir? -preguntó Kotori con curiosidad.

-Sí-le contestó Nico mientras acomodaba a las tres chicas en su mesa-, hoy salgo un poco antes y ellas me insistieron en salir por ahí. Hace un montón que no salgo la verdad.

-Entiendo...

-Podeís venir, solo si queréis claro -la pelinegra pudo ver cómo el ánimo de Kotori se levantaba un poco.

-¿En serio? -en su voz se pudo notar el cambio de humor que esta proposición le hizo.

Sus amigas la miraban confundida, en lo que a ellas respecta Kotori era una chica que siempre se negaba a salir, cada vez que ellas la invitaban siempre tenía una excusa nueva por lo que esto era muy raro.

-Claro, a Eli y Nozomi seguro que no les importa que vengáis con nosotras.

Kotori miró a sus dos mejores amigas con una sonrisa de oreja a oreja por lo que ellas no pudieron negarse.

-Nos encantaría.

...

Esta vez era diferente de la última vez, hoy se sentía raro, pareciera que estaba animada, no se sentía obligada. Creía sentir que iba flotando por la calle, como si sus pies no se movieran pero a pesar la calle iba avanzando. Podía sentir que iba sonriendo, iba junto a Nico hablando de cualquier cosa, de sus clases de la universidad y ella le contaba también del trabajo y de sus clases. Detrás de ellas venían Umi y Honoka acompañadas de Eli y Nozomi quienes las veían con cierta gracia como hablaban entre ellas, hacía mucho que no veían a Kotori tan animada.

Llegaron al local, pagaron la entrada y se dispusieron a entrar, ya desde fuera Kotori podía escuchar la música que estaba sonando.

-Te va a encantar este sitio -le dijo Nico con una sonrisa completamente diferente que dejó a Kotori congelada en su sitio.

Hasta ahora no se había dado cuenta pero una vez que la pelinegra se quitó su abrigo y lo dejó en el vestuario pudo verla entera: llevaba un top negro que le llegaba hasta el ombligo por lo que se estómago estaba al aire y también llevaba unos pantalones negros ajustados de campana; Kotori se quedó congelada de pie viendo las caderas de Nico moverse de un lado a otro al ritmo de la música.

I make no promises, I can't do golden rings

But I'll give you everything

(Tonight)

Magic is in the air, there ain't no science here

So come get your everything

(Tonight)

La música la incitaba, el ambiente la incitaba, el vino que se había tomado antes de venir la incitaba, Nico la incitaba; todo era un estímulo para ella en ese momento, se movía por inercia, ella ni siquiera sabía bailar pero aquello no importaba. Lo que realmente importaba era que estaba ahí, en ese momento bailando sin saber hacerlo, siguiendo sus más puros instintos que le decían más o menos cómo hacerlo. Se puso junto a la pelinegra y no sabía en qué momento lo hizo pero puso sus manos en las caderas de esta quién parecía no importarle la libertad que Kotori se tomó. Nico, por su parte, puso sus brazos en los hombros de Kotori y la miró directamente a los ojos.

...

-Parece que Nico y Kotori han hecho migas -dijo Eli mientras las otras tres chicas asentían con la cabeza.

-Pues sí-respondió Umi-, me sorprende porque Kotori no suele ser... ¿dónde están? Estaban aquí hace un momento.

-Ni idea, estarán por ahí-respondió Honoka mientras se levantaba-. Voy un momento al baño.

Caminó con prisa hasta el baño, de verdad que beber tanto traía sus consecuencias. Entró con cierta torpeza, estaba un poco mareada pero no tanto, intentó entrar en los cubículos pero la mayoría estaban ocupados.

-Genial -se dijo a sí misma.

Llegó hasta el último que tenía la puerta abierta, bendijo su suerte, empujó suavemente la puerta y lo que se encontró la dejó de piedra completamente: allí estaban Nico y Kotori, la última tenía sus manos bajo el top de la pelinegra y esta rodeaba con sus brazos el cuello de su acompañante. Las dos se quedaron con ojos como platos mirando fijamente a Honoka sin saber muy bien qué decir.

-¡Lo siento muchísimo!-exclamó con la cara roja-. ¡No quise interrumpirlas! ¡Ya me voy! -dijo casi gritando y se marchó a toda velocidad.

-¿Deberíamos hacer algo? -preguntó Kotori después de unos segundos de silencio.

Sin decir palabra Nico alargó la mano y le puso el seguro a la puerta del cubículo.

-Listo -dijo y las dos chicas se sonrieron al saber que podían continuar.

...

Dios mío qué difícil ha sido volver a escribir