Hola! Vengo a traerles el capítulo 4 de esta historia.
Agradezco mucho sus reviews, la verdad no esperaba tener tantos jeje
Los amito mucho, nos leemos hasta la próxima.
.
.
.
Kyo y sus compañeros llegaron a la mansión Yagami y, ni bien pusieron un pie en el sitio, el castaño comenzó a empujar bruscamente el portón de la entrada, el cual, obviamente no se abría y simplemente llamó la atención de la empleada de la casa.
.
—¿Qué escandalo es este? — cuestionó la mujer al mismo tiempo que empezaba a acercarse al portón.
Los tres chicos que acompañaban a Kyo intentaban detenerlo, pero el se resistía.
—¡Déjenme entrar! — exclamó el castaño.
—Discúlpeme joven, pero no puedo hacer eso.. — contestó la señora Mashiro.
—Kyo.. — habló Benimaru en voz baja tratando de tranquilizarlo —Se que estás desesperado, pero, no podemos venir a armar un escandalo así como así —
—¡No me importa! Quiero ver a Athena, se que la tienen aquí —
—Kyo, espera… —
—¡Athena! — empezó a gritar el joven mientras sacudía el portón con brusquedad.
.
.
Mientras tanto, dentro de la mansión.
.
—Demonios, ese idiota.. — dijo Katsuo para después ponerse de pie bruscamente
—Rápido, ve con la chica, asegúrate que no cometa ninguna tontería— dispuso el sr. Yagami
—Si, enseguida —
Y dicho esto, salió en dirección al cuarto de la joven.
.
.
Mientras tanto, Athena había escuchado la voz de Kyo y lo primero que hizo fue levantarse de la cama y acercarse a la ventana de la habitación la cual, se encontraba en el tercer piso.
Se asomó por la ventana y pudo visualizar ahí afuera a Kyo acompañado de Kensou, Terry y Benimaru.
Sus ojos se llenaron de lágrimas en ese momento, estaba salvada, con ellos ahí era evidente que la iban a ayudar a salir de ese lugar.
—¡Kyo! .. — empezó a gritar la joven al mismo tiempo que golpeaba con sus puños el cristal de la ventana —¡Terry!, ¡Benimaru!, ¡Kensou!... ¡Estoy aquí! — continuó.
Pero ninguno de ellos parecía percatarse de esto.
Athena no lo sabía, pero el cristal de la ventana estaba cubierto con un papel polarizado que impedía ver hacia adentro, así mismo, toda la residencia estaba equipada con aislante de sonido, por lo que, aún gritando con todas sus fuerzas, el sonido que escaparía sería mínimo.
Empezó a desesperarse, pero no desistía, seguía golpeando la ventana con la esperanza de que pudieran escucharla.
De repente sintió como alguien jaló de su cuerpo al mismo tiempo que cubría su nariz y boca y, también, con su otra mano la sujetaba fuertemente del cuerpo inmovilizando sus manos y brazos.
La joven poco a poco empezó a sentirse mas débil, hasta que de pronto, se desvaneció completamente.
El joven Katsuo dejó a Athena en la cama mientras se acercaba al cesto de la basura y tiraba ahí un trozo de tela con cloroformo que había usado para dejarla inconsciente, después, simplemente salió de la habitación y una vez fuera, se encargó de cerrar la puerta con llave.
.
.
.
Mientras eso ocurría dentro de la mansión, Iori había salido a encarar a los jóvenes que se encontraban haciendo escándalo fuera de su residencia.
—¿De que se trata todo esto? — exclamó el pelirrojo
—¡Yagami! ¡Sé que tu y tu familia han secuestrado a Athena y te exijo que la dejen libre! ¡Acabemos con esto como es debido! —
El pelirrojo se quedó sorprendido ante la acusación tan acertada del Kusanagi, ¿cómo sabía que ella estaba ahí?, ¿quién se lo había dicho?.
—No se de donde sacaste esa estupidez — respondió con firmeza, intentando ocultar la sorpresa que su acusación le había provocado —Pero no soy un maldito secuestrador, además, con lo tonta que es esa niña capaz y fue a perderse por ahí, la están buscando en el lugar equivocado. — aclaró
El castaño se encontraba hirviendo de coraje, no sabía por que pero tenía la certeza de que Yagami estaba mintiendo.
— Si no tienes nada que esconder déjame entrar —
—¿cómo crees que voy a dejarte pasar?, idiota, ya lárgate con tus amigos a otra parte y dejen de hacer escándalo— ordenó
—Kyo, ya cálmate un poco — habló Kensou — No me refería precisamente a Iori cuando dije que querían vengarse de ti.. —
—¿Entonces a quién mas? —
—No lo sé, solo lo dije sin pensar, yo también estoy preocupado por Athena y solo me molesta que no la hayas cuidado bien — expresó
—¿Qué dijiste? — cuestionó molesto para después tomar a Kensou por el cuello de su playera.
Tanto Terry como Benimaru se acercaron a ellos para intentar separarlos.
Por otra parte, Iori los miraba mientras sostenía una sonrisa burlona en los labios, después, simplemente se dio la vuelta para entrar nuevamente en la mansión.
.
.
.
Una vez dentro, Iori se encontró con su padre discutiendo algunas cosas con el joven Katsuo.
Había pensado pasar esto por alto, pero, estaba harto de que siempre fuera él, el último en enterarse de las decisiones que tomaban, por lo que, después de meditarlo unos segundos, decidió acercarse a ellos.
— Entonces, ¿Cuándo nos mudamos a la casa en la ciudad? — cuestionaba el joven
Iori aclaró su garganta para que esos dos se percataran de su presencia.
—Ah, Iori, que bien que llegas— expresó el sr. Yagami — Tendremos que cambiar nuestra ubicación para ejecutar el plan de una vez por todas— confesó
—Si, pero, pensamos que tu tendrás que seguir viviendo en la mansión, para no levantar sospechas — complementó Katsuo.
Iori lo reflexionó por un momento.
—O sea, ¿Planean irse solo ustedes dos con Athena? — cuestionó mostrándose serio e inconforme.
El joven Katsuo sonrió de lado.
—¿Tienes algún problema? —
Las miradas de ambos jóvenes se cruzaron y se notaba mucha tensión en el ambiente.
—Yo voy con ustedes— exigió Iori
—No sería buena idea… —
—¿Por qué no vamos tu y yo?, Katsuo, nadie tiene que sospechar nada y además no sabrán nuestra nueva ubicación— propuso Iori
El sr. Yagami sonrió ante la actitud del joven, pues, nunca lo había visto tan insistente con un tema solo con tal de estar al pendiente de una chica.
—Iori, ven aquí — dispuso el hombre.
Iori se acercó a el, observándolo detalladamente pues, no entendía el porqué de esa sonrisa tan sospechosa, después, ambos caminaron alejándose de Katsuo.
El joven tenía intriga de lo que su padre tenía que decirle, más aún, porque rara vez sonreía de esa manera.
—¿Qué pasa? — cuestionó el joven
—Iori, te gusta esa chica ¿verdad? — preguntó sin mas.
Iori se sobresaltó ante la pregunta tan repentina, pero intentó disimularlo.
—No, ¿Qué te hace pensar eso? — respondió tratando de lucir firme, pero el hombre se percató de que algo ocultaba.
—Oh, vamos Iori, ¿sabes?, me gusta esa chica para ti… cuando el plan quede ejecutado, me gustaría que ella fuera tu esposa, imagínate, los dos juntos tendrían una descendencia muy fuerte.. — declaró.
Iori se quedó petrificado ante todo lo que su padre acababa de decirle… sin duda, esta vez no tenía nada coherente para contestarle.
Al ver el estado de su hijo, el hombre continuó.
—Si no es contigo… Katsuo la tomará como su esposa y también se quedará con el liderazgo… no me falles —advirtió, para después decir una última cosa en voz alta —Van a ir Iori y tu, Katsuo, me surgió un contratiempo.. —aclaró mientras caminaba hacia la salida de la habitación.
Iori aún estaba muy desconcertado con todo lo que acababa de pasar, pero intentó poner en orden su mente para poder asumir la responsabilidad de esa situación.
—Bueno Katsuo, ya escuchaste, seremos tu y yo, nos vamos esta misma tarde — ordenó antes de empezar a caminar hacia fuera de la habitación.
.
.
.
Algunas horas mas tarde , Iori se encontraba esperando a Katsuo a que terminara de preparar su equipaje para irse a su próximo destino.
Mientras tanto, el joven se encontraba recostado en la cama, con los brazos por detrás de la cabeza mirando a la nada, mientras las palabras de su padre no dejaban de resonar en su cabeza.
"Me gusta esa chica para ti"
"me gustaría que ella fuera tu esposa, imagínate, los dos juntos tendrían una descendencia muy fuerte.."
El pelirrojo chasqueó la lengua, ¿cómo podía su padre plantearle algo así?.
Era verdad que, ella le gustaba desde hacía mucho tiempo, pero, ella ahora era la esposa de su peor enemigo… no quería a una chica que ya hubiera pasado antes por el.
Además, le parecía algo demasiado ruin todo lo que su padre junto con Katsuo estaban planeando, ¡No podía apoyar eso!, sin duda, no participaría en ese estúpido plan..
Así que, decidido, se puso de pie para salir de la habitación, abrió la puerta y ahí se encontró con el joven Katsuo, a punto de tocar.
Iori continuó caminando, haciendo al joven a un lado para poder pasar.
—Andando, ya tardaste demasiado— dijo Iori demandante.
Katsuo no respondió nada y simplemente empezó a caminar detrás de el.
Ambos llegaron a la habitación de la chica.
Entraron y la observaron en la cama, parecía dormida, pero no podían arriesgarse a averiguar si estaba consciente o inconsciente.
—Voy a inyectarle un sedante para que no despierte en todo el camino — susurró Katsuo mientras se acercaba a Athena con una jeringa en la mano.
Iori vió como el joven le inyectaba el medicamento a la pelipúrpura.
Le incomodaba ver como desde que ella había llegado ahí se la pasaba dormida por esas cosas que le inyectaban, sentía lastima por ella.
.
—Bueno, pues, andando— dijo ahora Katsuo al mismo tiempo que tomaba a la joven pelipurpura entre sus brazos.
Iori simplemente asintió con la cabeza y empezó a salir de la habitación, seguido de Katsuo, después, se subieron a un auto para emprender el viaje.
.
.
.
En otro lugar.
Kyo se encontraba sentado en una de las bancas del parque pensando.
Intentaba entender… ¿qué era lo que querían esos secuestradores?, si realmente querían algo a cambio, ¿por qué no se habían comunicado aún?, a menos que realmente estuvieran tramando algo mas elaborado, pero ¿qué? Y ¿quién?.
A decir verdad su mente no daba para más y estaba casi seguro de que los Yagami tenían algo que ver con eso, pero, sin pruebas era casi imposible hacer algo.
No podía mas con la situación, sentía como si su mundo se le viniera abajo, pero no se iba a rendir, ¡eso nunca!.
Cerró los ojos para descansar la vista un momento, y, mientras tanto, su mente trabajaba a la máxima potencia intentado encontrarle una respuesta a todo lo que estaba ocurriendo.
Estuvo algunos minutos así cuando de pronto, el ruido de unas pisadas lo hizo volver a la realidad.
Abrió los ojos para ver de quien se trataba y, para su sorpresa, se encontró con Yuki, quien caminaba acercándose a el poco a poco con una expresión un poco extraña, pues parecía molesta por alguna razón.
La joven llegó con el y decidió sentarse a su lado, sin siquiera decir nada, estuvieron unos segundos así hasta que la castaña decidió romper el silencio.
—Tenía mucho sin verte— atinó a decir Yuki, Kyo ni siquiera le dirigió la mirada.
—Si, lo mismo digo — respondió de una manera un tanto cortante.
Yuki no sabía que mas decir, pero sentía mucho rencor hacia el, por lo que, tenía ganas de molestarlo y hacerlo enojar para desquitarse un poco.
—¿Quién lo diría?, primero me cambiaste por Athena y ahora terminaste dejándola embarazada, aunque, quien sabe…—
—No asumas cosas sin saber— interrumpió
—Uy, perdón amargado, pero, como te decía, talvez ella no se cuidó a propósito para amarrarte de por vida— terminó riendo de una manera burlona, Kyo no estaba para esas tonterías en ese momento.
—No, no fue así… además, ya estarás feliz, acaban de secuestrar a Athena hace unos días, si es todo lo que querías decirme, ya te puedes ir.. — terminó diciendo con un tono de voz bastante apagado.
Yuki no respondió al instante puesto que no acababa de procesar toda esa información.
Kyo se puso de pie y se dispuso a retirarse, pero la joven lo tomó de la mano para hacer que se detuviera.
—Espera, ¡¿qué?! — exclamó sorprendida
—Lo que oíste—
—No, no puede ser… yo… jamás hubiera deseado que pasara algo así, Kyo… lo siento mucho…— se disculpó sinceramente
—Si, ya no importa, ahora solo quiero encontrarla, no hay nada que me importe mas en este momento— expresó
—Y, ¿cuándo sucedió eso?, si hace apenas unos días Athena y yo nos encontramos en este mismo parque —
—Si, tiene pocos días y fue precisamente en este lugar donde desapareció… ese día vine a buscarla y lo único que encontré fue su celular y su bolso tirados en el pasto— baja la mirada —No debí dejarla venir sola… si tan solo hubiera hecho algo…— se lamentó.
Yuki ya no podía sentir nada mas que preocupación, además de un poco de culpa por haber tenido sentimientos tan negativos hacia la chica en algunas ocasiones.
De pronto, su mente empezó a revivir ese momento, ese día que estaba con Athena en el parque, recordó haber visto a un sujeto sospechoso rondando el lugar.
—Kyo… yo… creo recordar algo importante— confesó.
—¿de qué hablas? — cuestionó el joven intrigado.
—Ese día que estaba con Athena en el parque, al momento de irme, me encontré con un sujeto muy extraño rondando los alrededores… era un joven pelirrojo — describió
Kyo empezó a inquietarse al escuchar eso.
—¡Lo sabía! — exclamó —¡Ese idiota de Iori Yagami! —
—No, no era Iori—
Kyo hizo un puño con su mano.
—Pero era un Yagami, ¡de eso estoy seguro! — bajó la mirada mientras intentaba contener toda esa ira acumulada en su interior. —El idiota de Kensou tenía razón, quién esté detrás de todo esto debe ser alguien que quiere ajustar cuentas conmigo… pero, ¡¿es tan cobarde como para desquitarse con Athena en lugar de buscarme a mi?! — se preguntó para después, apretar aún mas su mano demostrando así lo molesto que estaba.
Yuki observaba el mal estado en el que se encontraba Kyo, se le notaba muy inquieto, desesperado, incluso mas impulsivo de lo normal… Tanto que estaba dejando pasar un detalle muy importante.
—Kyo, quien esté detrás de todo esto no quiere desquitarse con Athena, sino con toda tu familia, con cualquiera que lleve su sangre— exclamó la joven.
Kyo aun no entendía del todo a que se refería.
—Si, pero.. entonces ¿qué están tramando? — cuestionó confuso.
Yuki observaba como el castaño sobaba su cabeza como intentando pensar mejor, pero su mente no daba para mas en ese momento.
La joven incluso se preguntó si sería buena idea decirle lo que ella estaba pensando, pues, podía estar equivocada y eso solo iba a inquietar aun mas a Kyo, quien ya de por si no hallaba que mas hacer con esa situación, pero, de no estar equivocada… si se quedaba callada las cosas podrían empeorar.
—Kyo…— habló Yuki para llamar su atención, tenía que hacerle esa observación a ver si así Kyo se daba cuenta de ese detalle que estaba pasando por alto —No olvides que… Athena está esperando un hijo tuyo…—
.
.
.
.
Algunas horas mas tarde.
La luz de la luna apenas alcanzaba a iluminar la sala de estar de la pequeña casa.
Siendo ya las 12 de la madrugada, todos se encontraban en sus respectivas habitaciones, o eso se suponía.
Iori se encontraba en la cama recostado sin poder quedarse dormido, de hecho, el pelirrojo se encontraba preocupado por Athena... ella no se merecía todo lo que le estaba pasando.
Tenía que hacer algo para impedir que el idiota de Katsuo y su padre pudieran ejecutar ese tonto plan... era verdad que Iori odiaba a los Kusanagi, pero, ese no era su estilo, el quería acabar con ellos a su manera y no aprovechándose de inocentes para obtener resultados.
Estuvo dándole vueltas a todo eso en su cabeza cuando de repente, sintió la boca muy seca, así que decidió levantarse e ir a la cocina por un vaso de agua.
Iori se puso de pie y abrió la puerta de su habitación, caminó por un pequeño pasillo que conectaba a la sala de estar, la cual, se encontraba justo al lado de la cocina.
Pero sus pasos se detuvieron en seco al escuchar a alguien rondando el lugar.
Puso un poco mas de atención cuando se percató de que ese alguien, era Katsuo, caminando de un lado a otro en la sala de estar mientras sostenía una conversación con otra persona mediante una llamada telefónica.
—Si, si, no te preocupes, ese idiota hace todo lo que yo le digo.. — habló Katsuo en voz baja.
Iori frunció el ceño al escuchar eso, ¿de quién estaba hablando? Y, ¿con quién?.
—Que no te preocupes, el plan estará ejecutado pronto, me desharé de los Kusanagi y después, también de los Yaga... — no terminó de hablar debido a que había notado por el rabillo del ojo la presencias de alguien en el lugar —Te habló después — atinó a decir antes de cortar la llamada.
Iori entró al lugar e ignoró completamente el hecho de que el joven se encontraba ahí, después, pasó de largo y se dirigió a la cocina a servirse agua, que era a lo que iba desde un principio.
Katsuo lo siguió, al principio en total silencio, pero después, decidió decir algo para romper el hielo.
—¿No podías dormir?— cuestionó.
Iori lo vió de reojo pero no le devolvió la mirada en ningún momento.
Tomó un vaso de vidrio y se aproximó al grifo de agua, después, empezó a llenar su vaso.
—Continúa con tu llamada, yo ya me voy
Katsuo se encontraba preocupado en ese momento, tenía mido de que Iori hubiera logrado escuchar algo de lo que estaba diciendo, de ser así, su plan podría irse al caño en poco tiempo.
—No es necesario, ya terminé — mintió.
Iori sentía demasiado coraje hacia él, pues, a pesar de que Katsuo no había terminado de hablar, él entendió perfectamente a lo que se refería.
Planeaba deshacerse primero de los Kusanagi, y después... de los Yagami.
El no era tonto, entendía que ese joven realmente no estaba de su lado, pero, no podía revelar que lo sabía, no aún.
—Como quieras — Dijo Iori para después, dejar el vaso vacío sobre la mesa y salir en dirección a su habitación.
Katsuo se quedó en silencio rogando internamente que el joven Yagami no hubiera escuchado su conversación.
.
.
.
Al día siguiente, apenas despertar, Iori fue a la habitación de la joven pelipúrpura.
Le preocupaba bastante y no se explicaba el por qué, aunque, después de todo, él tenía cierta humanidad que a Katsuo y a su padre les hacía falta.
Abrió con llave la puerta y una vez hecho eso, entró en la habitación.
Athena se encontraba despierta, mirando a la nada mientras permanecía sentada en el borde de la cama.
Iori alcanzó a ver como una lágrima se deslizaba por su mejilla.
Se sintió muy mal al respecto.
El pelirrojo empezó a caminar hacia ella lentamente, la joven al notar su presencia limpió esa lágrima con su mano y se volteó hacia otro lado intentando disimular que había estado llorando, no quería volver a mostrar debilidad frente a él.
—Ah, Iori, ¿que haces aquí?— cuestionó .
—Sólo venía a ver como estabas— dijo intentando ocultar el hecho de que estaba preocupado.
Athena rió con un poco de sarcasmo.
—Pues, bien, supongo, quitando el hecho de que estoy encerrada en un lugar que no conozco y que se la pasan dándome cosas para dormir todo el tiempo— expresó.
—Lo siento... —
—No, dime algo, Iori, ¿por qué no me puedes ayudar?, ¿le tienes tanto miedo a tu familia?— cuestionó, esta vez, volteó a verlo directamente a los ojos.
El pelirrojo se sintió ofendido por esa pregunta.
—Si te ayudo, automáticamente Katsuo se quedará con mi lugar en el clan, no puedo permitir que eso suceda— dijo al mismo tiempo que hacía un puño con su mano.
— Y, ¿es muy importante para ti el liderazgo en el clan?—
—Pues claro que lo es, tuve una infancia horrible en la que me prepararon para eso, sufrí malos tratos por parte de mi padre y sería terrible que hubiera sido en vano, peor aún, que un desconocido de repente se quede con el lugar que me corresponde, ¡no puedo permitirlo!— externó Iori.
El silencio invadió el lugar por algunos segundos.
Era evidente que a Iori le dolía mucho todo eso y, en cierta forma, tenía razón de pensar así.
—Te entiendo, después de todo quieres luchar por ese lugar que te pertenece y, es razonable, tu pasaste muchas pruebas y superaste varios obstáculos para convertirte en un futuro en el líder del clan, sería injusto que alguien llegue de repente y se quede con ese lugar por el que tanto te esforzaste — expresó.
Iori sintió como una calidez se apoderaba lentamente de su corazón.
No sabía por qué, pero, siempre que estaba con Athena, podía desahogarse libremente con toda la confianza de que no sería juzgado... y siempre había sido así...
No es que ellos fueran buenos amigos, eso era algo imposible, ya que, desde siempre, Athena se la pasaba pegada con Kyo como un imán, siempre escuchaba de boca de varias personas que esos dos se iban juntos a entrenar, que salían juntos e incluso en una ocasión se había enterado de que Athena se había cambiado a la misma escuela que el castaño simplemente para poder estar con él.
Ser amigos, para Iori era algo imposible, por la cercanía de Athena con el joven Kusanagi, su peor enemigo... pero, aun así, cada que llegaban a intercambiar una que otra palabra o cada vez que tenían una pequeña conversación, la joven le dejaba claro a Iori que podía contar con ella... su mirada era tan sincera, sus palabras tan reconfortantes, su voz tan dulce... El pelirrojo agradecía internamente por esos pequeños momentos que podía compartir con ella.
—Bueno, Iori — habló Athena de repente, sacando al pelirrojo de sus pensamientos —Si no puedes ayudarme yo lo entiendo, en verdad... pero, de igual manera voy a salir de aquí, no puedo seguir mas tiempo encerrada— advirtió.
Iori frunció el ceño extrañando.
—Pero, ¿cómo le vas a hacer para escapar?, ni siquiera puedes usar tus poderes — le recordó a la chica, quién rió levemente ante el comentario.
—No me subestimes Iori, voy a salir de aquí y no volveré mas que para patearle el trasero a ese tonto— aseguró.
Iori sonrió de lado, ella siempre era así, no se rendía hasta lograr su cometido, era una chica muy fuerte y persistente, tal vez... realmente sería capaz de lograrlo.
—Bueno, por el momento te traeré algo de comer... ¿quieres algo en específico? — cuestionó mostrándose muy atento.
Athena lo meditó por unos segundos.
—Quiero sushi — respondió.
Iori sonrió levemente al mismo tiempo que se dirigía a la puerta de la habitación.
—De acuerdo, en un momento te lo traigo.. — dijo para después salir de dicho lugar.
Una vez fuera, Iori se topó con Kastuo, quien se encontraba sonriendo mientras negaba con la cabeza.
Al joven Yagami le extrañó ese comportamiento por parte del chico, pero decidió no tomarlo en cuenta por lo que siguió caminando sin prestarle atención.
Katsuo caminó detrás de el, se percató de como el joven tenía planes de salir de la casa, por lo que, habló para detenerlo.
—Dime, Iori..— habló en voz baja.
El nombrado detuvo sus pasos estando justo frente a la puerta de salida.
Katsuo continuó.
—Te gusta esa chica ¿no es así? — cuestionó.
Iori suspiró pesadamente, pero continuaba dándole la espalda debido a que un rubor se había apoderado de su rostro.
—No te metas en lo que no te importa — atinó a decir.
—Y, ¿que te hace pensar que no me importa?, de hecho, me alegraría que estuvieras enamorado de ella, de esa manera, creo que estarías igual de interesado en ejecutar el plan como nosotros— expresó.
Iori se dió la vuelta para tener al joven de frente.
Lo miro a los ojos con cierta confusión.
—¿Qué tiene que ver una cosa con la otra?— cuestionó extrañado
—Pues, sólo imagínalo, una vez ejecutado el plan, esa chica ya no tendrá nada que la mantenga amarrada a Kyo Kusanagi— expuso.
—Ellos están casados, idiota. — exclamó Iori ya un poco enfurecido.
—Bueno, pero un estúpido papel pierde importancia si ella se enamora de ti —
—Pero ... —
—Solo piénsalo, después de un buen tiempo yo creo que puedes enamorarla, además, se nota que no le caes tan mal—
Katsuo intentaba persuadirlo, pero Iori parecía sacarle la vuelta a cada idea que el le daba.
No podía permitirse dejar pasar esa oportunidad de asegurar al joven Yagami como parte de su equipo.
—Verás —volvió a hablar Katsuo —no se si sabías, pero, para tomar el liderazgo necesitas estar casado —
Iori lo sabía de antemano, no veía la necesidad de que ese joven intentara "recordárselo".
—Ya lo sé, pero puedo casarme cuando yo quiera, cualquier mujer estaría feliz de heredar esa fortuna— resopló.
—Pero, que mejor que casarte con la mujer de la que estás enamorado — rió un poco.
Iori sabía que Katsuo tenía razón, siempre iba a ser mejor idea contraer matrimonio con una mujer de quien realmente se está enamorado y, también era verdad que él se sentía suficientemente bueno como para enamorar a esa chica, pero, por alguna razón no se le hacía la mejor manera de hacer las cosas.
—Mira, Iori — habló Katsuo al ver que el joven se había quedado muy pensativo —A fin de cuentas vamos a deshacernos de los Kusanagi, ¿te imaginas eso?, la pobre Athena estará desconsolada, ahí llegas tu a brindarle tu apoyo y después... todo sucederá como arte de magia — rió con un poco de sarcasmo —incluso deberías agradecerme, llegué para deshacerme de todos tus problemas— aseguró.
Iori se acercó a él rápidamente y lo tomo del cuello.
—Yo no tengo por qué agradecerte nada, idiota, además tengo prisa— lo suelta.
Katsuo sonrió.
—Bueno, pues, adelante Iori, ve a hacer tus cosas... — dijo al momento que acomodaba el cuello de su camisa.
Iori salió de la casa sin voltear atrás.
Katsuo, por otra parte, se quedó pensando que ojalá Iori al menos estuviera reflexionando lo que le había dicho.
.
.
.
