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En la mansión Yagami:

—¿Me escuchas?— hablaba Clark por medio de un radio comunicador.

—Si, te escucho claro — confirmó Kyo.

—Entonces iniciemos, el señor Yagami no está en casa, agradécele a la suerte — rió un poco.

Kyo sonrió de lado.

La misma suerte, o lo que sea que fuera que había puesto a Athena en su camino desde un principio, sería la misma que lo ayudaría a encontrarla.

La misión empezó, los jóvenes de los Ikari Warriors ya habían desactivado las cámaras y otras medidas de seguridad que tenía la mansión.

Los cuatro chicos entraron saltándose la barda, al caer del otro lado lo primero que se encontraron fue a los dos guardias de seguridad que estaban rondando por el patio.

—¡Es nuestro turno!, Kensou — exclamó Terry.

El joven castaño asintió con la cabeza, estaba decidido a darlo todo por esa misión.

Kyo y Benimaru continuaron corriendo apresuradamente hasta entrar en la mansión.

No tenían mucho tiempo, era cierto que había sido una suerte que el padre de Iori no estuviera en ese momento y, aunque él no suponía un gran obstáculo si llegase a aparecer, aun así no quería alargar demasiado esa misión, quería encontrar a Athena lo antes posible y largarse de ahí todos juntos.

—Benimaru, vamos a dividirnos — sugirió el castaño.

—De acuerdo, tu busca en las habitaciones de arriba y yo en las de abajo— contestó el.

—Muy bien, ¿traes tu comunicador? — le preguntó a su compañero.

—Si, todo está en orden, anda, anda, hay que apresurarnos —

Kyo asintió y continuó caminando rápidamente hacia el segundo piso de la casa.

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Mientras tanto, en otro lugar.

—Athena, ¿que demonios fue ese ruido?— cuestionó Iori al entrar a la habitación de ella, pues apenas había puesto un pie en la casa cuando escuchó un fuerte golpe proveniente de dicho lugar.

—M-me golpeé, por accidente... — se limitó a contestar.

Iori notó como ella estaba sentada abrazándose a sí misma con fuerza y también mantenía sus ojos fuertemente cerrados como si estuviese aguantando un dolor muy grande, empezó a alarmarse por ello.

—¿Que pasa? — cuestionó preocupado, pero aún así su voz seguía escuchándose fría y sin mostrar sus sentimientos.

—Nada, déjame sola — se limitó a contestar.

Iori frunció el ceño entre extrañado y ofendido, no entendía por que ahora ella lo trataba de esa manera, pero no se iba a quedar a averiguarlo, entonces se aproximó a la puerta y giró la perilla de ésta.

—L-lo siento.. — dijo Athena con un hilo de voz.

Iori sonrió de manera un poco burlona, incluso parecía que disculparse era el deporte favorito de esa chica.

El pelirrojo no dijo mas nada y salió de la habitación dejando a la jovencita sola dentro de dicho lugar.

Una vez fuera, Katsuo también llegó a la casa.

Apenas entrar el joven encendió un cigarrillo y se puso a fumar dejando el lugar lleno de humo, eso molestó a Iori.

—¿Que demonios haces fumando aquí adentro?, sal de aquí — ordenó.

—No me jodas, Yagami, déjame en paz que vengo muy cansado — se dignó a contestar.

Iori estaba hirviendo en coraje, tenía ganas de irse sobre él en ese momento pero no lo hizo.

En lugar de eso, se acercó al joven Katsuo y tomó el cigarrillo con sus dedos quitándoselo de la boca, después, lo lanzó al piso haciendo que este soltara un poco de cenizas, pero, no conforme, lo pisó con sus zapatos deshaciéndose por completo del cigarrillo.

Katsuo no le quitó la mirada a Iori mientras hacía todo aquello.

—¿Cual es tu problema?, mejor ve y métete al cuarto con tu noviecita, a mi déjame tranquilo —exclamó Katsuo.

Iori no dijo nada, en lugar de eso, le arrebató toda la cajetilla de cigarros de la mano y la tiró a la basura mientras sostenía una sonrisa burlona en los labios.

—¡Eres hombre muerto! Yagami — gritó Katsuo para después abalanzarse hacia el lanzando un golpe tras otro.

Iori también tenía muchas ganas de molerlo a golpes por lo tanto no se contuvo y le siguió la pelea.

Mientras eso ocurría, en la habitación Athena escuchaba todo ese escándalo y se encontraba preocupada por el desenlace de todo aquello.

El dolor en el vientre comenzaba a cesar poco a poco, pero escuchar el conflicto le desagradaba a nivel emocional, ver la discordia entre esos dos incluso la hacía perder energía, era un ambiente muy pesado e incómodo, pero no tenía mas que aguantar.

Se recostó en la cama con el cuerpo un poco inclinado mientras observaba la oscuridad de la noche por la ventana de la habitación, unos momentos después, pese al escándalo de esos dos, el sueño la venció y cayó profundamente dormida.

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En la mansión Yagami, Kyo y Benimaru habían terminado de recorrer todas y cada una de las habitaciones pero no había rastros de la jovencita pelipúrpura por ningún lado.

—Última habitación, también vacía —comunicó Kyo a su compañero por medio del radio.

—Aquí igual— suspiró pesadamente sintiéndose un poco frustrado —te espero aquí abajo — finalizó diciendo el rubio.

Kyo no estaba conforme, si bien Athena no se encontraba en ninguna de las habitaciones de la mansión, ella podía estar en otro lugar, en alguna otra propiedad de los Yagami, él estaba seguro de que tendrían más propiedades aparte de la mansión, pero ¿para averiguar dónde?...

Sin perder tiempo, se dirigió a una de las habitaciones por las que ya había pasado antes, esta vez, buscando unos documentos que había visto apilados en un gabinete.

Tomó la mochila que traía en la espalda y la puso sobre un escritorio para empezar a llenarla de todos los documentos que encontró.

—Kusanagi, oye, hay que irnos — se escuchaba la voz de Benimaru por el comunicador.

El castaño no tenía tiempo de contestar, siguió llenando la mochila y cuando todos y cada uno de los documentos estuvieron dentro de esta, se apresuró a salir de la habitación.

—Ya voy, espérame en el lobby— le dijo a su compañero rubio mientras aceleraba el paso.

Una vez habiendo bajado, se juntó con Benimaru y los dos salieron de la mansión.

Afuera, los esperaban Kensou y Terry, quienes al verlos salir, rápidamente se acercaron a ellos.

—¿Que pasó?— preguntó Terry un poco confundido.

Benimaru fijó su mirada en los dos guardias que yacían tendidos en el suelo e hizo una mueca de desagrado y burla al mismo tiempo.

—¿Athena no estaba aqui? — se unió Kensou al interrogatorio.

—No, Kensou, ¿no ves? — respondió Benimaru en lugar de Kyo al notar que este lucía muy inquieto.

Terry se acercó a Kyo y le puso una mano en el hombro en señal de apoyo.

—Aún no nos rendiremos, Kusanagi, estamos contigo — dijo él.

Kyo asintió y lo miró con una ligera sonrisa, ellos eran unos compañeros muy leales, todo ese tiempo habían estado apoyándolo en su búsqueda y eso lo motivaba.

El castaño también puso su mano sobre el hombro de Terry y le dió unas palmadas.

—Gracias, yo tampoco me rendiré, aún tengo un as bajo la manga — confirmó para después señalar su mochila.

Después de eso, todos continuaron su camino hacia fuera de el lugar.

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Al día siguiente, Kyo se encontraba solo en casa inspeccionando uno por uno los documentos que había robado de la mansión Yagami la noche anterior.

La mayoría de los documentos no tenían gran importancia, pero, entre ellos logro visualizar uno que llamó su atención.

Este documento consistía en el plano de una casa y, engrapado a este, otros tantos documentos con las escrituras de la propiedad y algunas otras especificaciones. La casa estaba ubicada en esa misma ciudad, sólo era cuestión de buscarla e intentar inmiscuirse dentro para echar un vistazo.

Algo en el fondo le decía que esa casa era la respuesta a todo.

Kyo no podía esperar a sus compañeros esta vez, él había quedado en llamarles para juntarse mas tarde pero, al ver ese plano y la ubicación de la casa, se sentía muy inquieto, necesitaba ir a buscarla, no podía esperar un segundo más.

Así que, algunos minutos mas tarde, después de asegurarse de llevar todo lo necesario, el joven Kusanagi salió rápidamente en busca de esa propiedad.

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En otra parte...

Iori se encontraba caminando hacia la habitación de Athena, la noche anterior había olvidado completamente contarle sobre aquello que había escuchado hablar a Katsuo con los demás sujetos.

Aun que, no quería alarmarla demasiado, intentaría ser lo mas prudente posible al momento de soltar la información.

El pelirrojo entró a la habitación y apenas hacerlo, una Psycho Ball impactó directo en su rostro.

Se quedó conmocionado por unos segundos hasta que de repente empezó a recriminarle a la chica sobre aquello que había hecho.

—¡¿Que rayos se supone que estás haciendo?!, Athena.. — exclamó alterado.

La jovencita pelipúrpura se había puesto de pie para inspeccionar el estado de Iori, pero, al escuchar su tono de voz tan enfurecido automáticamente freno sus pasos y empezó a molestarse también.

—¡Lo que yo quiera!, es la habitación donde me tienen encerrada, ¡debería mínimo poder hacer algo para desestresarme!— respondió ella.

Iori intentó tranquilizarse, era verdad lo que ella decía, además de que había sido su culpa por haber entrado sin previo aviso.

Respiró profundo y empezó a controlar sus impulsos.

—Bueno y, eso que lanzaste hacia mi ¿significa que puedes usar tus poderes de nuevo? — cuestionó ya un poco más tranquilo.

Athena también empezaba a tranquilizarse, volteó su mirada hacia otra parte evitando completamente la del joven Yagami.

—Eso intento...

—Pues, para ser solo un intento fue muy fuerte — declaró el pelirrojo.

—Puede ser, pero una Psycho Ball no va a sacarme de aquí, necesito dominar la teletransportación — finalizó diciendo ella.

Iori sabía que ella lo lograría en cualquier momento, por eso era necesario advertirle del peligro que corría estando incluso fuera de ese lugar.

—Bueno, Athena, sólo venía a informarte que anoche seguí a Katsuo, como te había comentado — dijo el pelirrojo, Athena lo miró como esperando que dijese algo mas, pero Iori estaba pensando la manera de hacerlo.

—Mmm, ¿si?... — murmuró Athena al ver que el no decía nada más.

Iori se acercó a la ventana y se puso a mirar hacia afuera, evitó en todo momento cruzar miradas con la chica.

—Sólo ten cuidado si logras escapar, Katsuo no está trabajando solo y quieren hacerle daño a tu bebé, será más difícil cuidarte de él si no sabes ni siquiera donde podría encontrarse — comunicó el pelirrojo.

Athena estaba inquieta porque sabía que Iori le ocultaba algo más.

—Dímelo todo, Iori, ¿que quieren hacer?

Iori por fin se dignó a mirarla.

—Un sacrificio para despertar a a Orochi , o al menos eso dijeron ellos, hablaron de una clase de profecía sobre el heredero de un tesoro sagrado, yo no...— no terminó de hablar debido a que notó como la chica empezaba a alterarse.

Athena se encontraba dejando caer libremente sus lágrimas mientras sus labios temblaban, Iori ni siquiera había llegado a la mitad de lo que le estaba contando cuando ella sintió cómo su corazón dio un vuelco repentino, esa información fue algo mucho más fuerte de lo que se esperaba.

—Oye ¿te encuentras bien? — Iori chasqueó la lengua —Sabía que no debía decir tanto..

—N-no, gracias por hacerlo..— se limitó a decir ella.

El pelirrojo estaba esperando que ella se tranquilizara para poder dejarla sola, estaba inseguro con el plan de la chica de escapar, pues pensaba que ella estaría más segura ahí donde tuvieran a Katsuo a la vista, así podrían percatarse de cualquier movimiento que él hiciera. Pero ella quería irse y era entendible, tenía que estar al lado de su esposo y al lado las personas que quería.

Después de unos minutos, Athena se veía un poco mejor, así que Iori decidió que era el momento de irse.

—Bueno, me voy, Katsuo no ha salido de su cuarto en toda la mañana así que, si planeas escapar hazlo ahora, será peor si te lo encuentras en la calle — aconsejó.

Athena estaba extrañada de que Iori le dijera todo eso, además, ¿no le perjudicaba a él que ella escapara?.

—¿Te meterás en problemas? — cuestionó ella con cierto aire de preocupación.

Iori sonrió de lado, pero Athena no se dió cuenta de esto debido a que él le estaba dando la espalda.

—No te estoy ayudando, si tu te vas yo no sé nada — finalizó diciendo para después salir de la habitación.

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