Hola! He aquí el capítulo que no tuve tiempo de subir ayer.
Cabe resaltar una pequeña aclaración que olvidé comentar en los capítulos anteriores:
Los poderes de Athena los describo de color amarillo-naranja porque me baso en los KOF más viejitos (como del 2011 hacia atrás) y ahí sus poderes lucían de ese color y no morados ni rosados.
Y bueno, agradezco mucho todos los reviews que me han dejado, les dejaré una respuesta en la misma área de reviews porque si no se haría mas largo esto jeje.
Nos leemos hasta la proxima!
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Algunos minutos después de que Iori saliese de la habitación, Athena se encontraba practicando sus poderes en dicho lugar pero, antes de iniciar con la teletransportación, empezó "calentando" con cosas más sencillas.
Empezó lanzando pequeñas esferas de energía una tras otra, siempre procurando que la siguiente fuese un poco mas fuerte que la anterior.
Unos minutos después, al ver que la energía de las pequeñas esferas lucía de un color amarillo-naranja intenso y brillante, decidió intentar con el siguiente paso.
Mientras todo eso ocurría, Kyo había llegado a la propiedad que con tanto esfuerzo se dedicó a buscar.
La casa, comparada con la gran mansión Yagami, lucía bastante pequeña, pero aún era muy espaciosa y seguía luciendo elegante y bien cuidada.
Con la mirada empezó a recorrer cada detalle de dicho lugar.
El portón de la entrada estaba asegurado con un candado grueso, imposible de cortar o forzar.
Buscó con la mirada alguna cámara por ahí, pero parecía no haber tantas medidas de seguridad en esa casa, quizá confiaban en que nadie conocía la existencia de ese lugar, incluso Kyo en ese momento empezaba a cuestionarse si realmente estaban llevando a cabo planes tan elaborados dentro del mismo.
Recargó su frente en la cerca de la casa, la cual estaba formada por barrotes delgados de metal que permitían ver hacia el patio de la propiedad, estaba muy frustrado, ni siquiera sabía por qué había ido a ese lugar sin tener un plan previamente elaborado.
Sus pensamientos lo atraparon por unos segundos, pero de pronto, unos destellos brillantes que alcanzaban a verse apenas con la luz del sol lo hicieron volver a la realidad.
Parpadeó varias veces confundido, esos destellos no podían estar ahí realmente y todo debía ser parte de su imaginación, ¿o no?..
De un momento a otro, los pequeños destellos empezaron a transformarse en una luz, una fuerte luz color naranja electrizante, esa hermosa luz que muchas veces antes había observado.
—¿Athena?..— dijo Kyo como en un susurro.
De repente, la chica simplemente apareció frente a sus ojos.
Kyo se quedó mudo, las palabras quedaron atrapadas en su garganta pues, quería gritarle, llamar su atención pero tenía miedo que eso pudiera alertar a las personas que había dentro de la casa.
Athena estaba muy mareada, había perdido mucha energía intentando lograr aquello, su vista estaba muy borrosa y ni siquiera había visto a Kyo afuera de la propiedad.
Unos segundos después, su vista volvió a la normalidad y, al ver a su amado fuera del lugar sus ojos se llenaron de lágrimas. Empezó a correr rápidamente hacia la cerca y ambos se abrazaron aún con los barrotes de por medio.
—Athena... mi amor, ¿en verdad eres tú?, ¿No estoy soñando? — cuestionó Kyo aun hablando en voz bajita.
—No...— susurró Athena —A menos que sea yo quien esté soñando — sonrió un poco.
Kyo acarició su cabeza con cariño, extrañaba tanto acariciarla, extrañaba su aroma, el tacto de su piel, de su cabello.. quería tenerla completamente entre sus brazos.
—Athena... intenta teletransportarte una vez mas... — pidió el castaño.
—Si.. lo haré — limpió unas cuantas lágrimas de felicidad que corrían por sus mejillas y sonrió.
Después, volvió a juntar la energía en su cuerpo, ya en ese punto ni siquiera tenía miedo de quedar completamente agotada, pues estaba segura que Kyo la iba a proteger no importaba lo que pasara.
Cerró los ojos para concentrarse mejor y, cuando menos lo esperaba, ya se encontraba del otro lado de la cerca, sus pies se tambaleaban debido a la pérdida tan grande de energía pero Kyo la tomó entre sus brazos y empezó a acariciar su cabeza nuevamente con dulzura.
—No puedo creer que estés aquí, mi amor, desde que desapareciste nunca dejé de buscarte— expresó con lágrimas en sus ojos.
—Yo nunca dejé de esforzarme por escapar, no puedo creer que que al fin esté fuera de esa prision y aún mejor, contigo — respondió ella.
Kyo la apartó un poco de su cuerpo y la tomó por los hombros, estuvo unos segundos observándola y después empezó a acariciar su rostro con suavidad.
—Dime, ¿nadie te lastimó? — preguntó mostrándose muy preocupado.
Athena negó con la cabeza, aún se le notaba muy conmocionada por lo rápido que habían ocurrido las cosas.
—Bueno, hermosa — continuó hablando Kyo —Vayamos a casa, necesitas descansar un poco, ¿de acuerdo? – dijo para después tomar la mano de Athena y empezar a caminar.
—De acuerdo, amor — respondió con una sonrisa.
Ambos caminaron unas cuantas calles y después, subieron al auto que Kyo había dejado estacionado ahí precisamente para que nadie notara su presencia en la propiedad.
Unos minutos más tarde, por fin llegaron a su hogar.
Athena entró y al hacerlo sus ojos se inundaron en lágrimas, todo era tan hermoso, era su hogar, el lugar al que Kyo y ella le habían puesto tanta dedicación.
Caminó por la sala de estar y cruzó un arco que dividía este lugar de la cocina, olía delicioso, era el olor del aromatizante que tanto le gustaba: manzana-canela, además los pisos y las superficies estaban impecables.
Volteó a ver a su marido quien caminaba tras ella.
—Kyo, ¿tú te encargaste de mantener todo tan limpio? — preguntó sonriendo.
El joven la rodeó con sus brazos.
—Por supuesto que si, quería darte una buena bienvenida cuando regresaras — besó su frente
Athena disfrutaba tanto la calidez de sus abrazos, no quería que ese momento terminara, pero estaba hambrienta y estaba segura de que Kyo tampoco había estado comiendo bien debido a la preocupación.
—Amor, ¿tienes hambre? — preguntó Athena de repente.
Kyo besó tiernamente su mejilla.
—Si, ¿y tú?, podemos pedir algo de comer si gustas, lo que quieras lo tendrás — sonrió.
Athena le devolvió la sonrisa pero negó con la cabeza.
—No amor, quiero que cocinemos algo juntos, quiero hacer todo contigo — dijo mientras sus mejillas empezaban a tomar un bonito color rosado.
Kyo se quedó observándola, estaba completamente hechizado por ella, tenía tanto tiempo sin verla y ahora no quería perder ni un detalle de su amada esposa.
—Me parece buena idea, vamos a echar un vistazo a lo que tenemos en la despensa para empezar a cocinar algo delicioso — tomó su mano y ambos se dirigieron a la zona de la cocina donde guardaban la despensa.
Algunos momentos después, habían sacado de ahí unas finas láminas de pasta y una conserva de salsa de tomate, también del refrigerador sacaron un recipiente lleno de queso rallado y un paquete de carne molida del congelador.
—¡Si!, tenemos todo para una lasaña — exclamó Athena aplaudiendo alegremente.
Kyo estaba acercando los recipientes a la barra larga que se encontraba en la cocina, dividiendo el comedor del lugar donde estaba la estufa y el resto de electrodomésticos.
—Si, tenemos suerte, ya verás que nos va a quedar delicioso, aunque tal vez se haga demasiada comida — rió un poco.
En eso el celular de Kyo empezó a sonar.
El joven se aproximó a contestar la llamada mientras Athena empezaba a preparar la lasaña observando atentamente las indicaciones de un recetario que tenía a la mano.
—¿Si? — contestó Kyo.
— Oye, Kusanagi, ¿qué sucedió con nuestra reunión de hoy?, estuvimos esperando tu llamada y ...
—No será necesaria la reunión — interrumpió.
—¿Que? — cuestionó Benimaru del otro lado de la línea, después Kyo escuchó como le susurraba algo a otra persona, el castaño sonrió, ellos seguramente se habían reunido por su cuenta y tal vez estaban preocupados.
—No será necesario, acabo de encontrar a Athena — confesó.
Después dirigió su mirada hacia su bella esposa quien se encontraba preparando la comida, ella también le devolvió la mirada y sonrió.
—Kyo, hombre, estas alucinando...— le dijo su amigo rubio.
El joven Kusanagi solo rió y no contestó nada a eso.
—Iremos a verte — atinó a decir Benimaru antes de colgar la llamada.
Kyo frunció el ceño extrañado pero al mismo tiempo se encontraba sonriendo.
Lanzó el celular a el sofá de la sala y se aproximó a la cocina al lado de su amada.
Al llegar con ella la rodeó con sus brazos por detrás y depositó un tierno beso en su cabeza.
—¿Era Benimaru? — preguntó Athena.
—Si, era él — sonrió —Parece que se reunieron y estaban preocupados, de hecho, vienen para acá
Eso tomó a Athena desprevenida.
Se dió la vuelta para quedar de frente con Kyo.
—¿Será necesario hacer más comida? — cuestionó preocupada.
—No, amor, será suficiente para todos — dijo para después acariciar su rostro con suavidad —Déjame ayudarte, así acabamos más rápido— dispuso el joven y acto seguido ambos se pusieron manos a la obra.
Una media hora mas tarde, Kyo había sacado la lasaña del horno.
Athena se encontraba poniendo la mesa para comer y Kyo se estaba quitando los guantes gruesos de cocina que traía puestos, dejándolos después sobre la barra.
El castaño se aproximó a Athena para ayudarle a poner la mesa cuando de pronto el timbre de la casa empezó a escucharse.
—Ya llegaron — dijo Kyo sonriente y después tomó la mano de Athena para dirigirse a abrir la puerta.
Athena ni siquiera tuvo tiempo de reflexionar cuando ya se encontraba siendo guiada por Kyo hacia la puerta de la casa.
El castaño abrió la puerta y ahí afuera se encontraban Benimaru, Terry, Kensou y también Yuki.
Benimaru estaba a punto de hablar cuando su mirada se posó rápidamente sobre la preciosa jovencita pelipúrpura que se encontraba al lado de Kyo.
—¿Athena?, es... ¿es real todo esto?— cuestionó un poco desubicado.
Kensou ni siquiera esperó un segundo cuando ya se estaba abalanzando sobre Athena claro, teniendo cuidado de no darle un mal golpe en su vientre.
—¡Athena!, ¡No vuelvas a desaparecer asi! — exclamó el joven castaño mientras derramaba libremente sus lágrimas.
Athena en cierta manera se sintió un poco mal por ver la preocupación que había ocasionado en sus compañeros.
—Oh... Kensou, lamento tanto haber sido tan descuidada —respondió ella avergonzada mientras Kensou continuaba lloriqueando.
Terry tenía una ligera sonrisa al ver todo aquello, le conmovía ver a todos tan emocionados y a él también le generaba una sincera felicidad ver que Athena estaba a salvo.
El rubio se acercó a ella y acarició suavemente su cabeza.
—Me alegra que estés bien, Athena, deberías decirnos quien fue el culpable de todo esto para ir y darle una lección — golpeó con su puño la palma de su mano.
Athena agitó las manos enfrente de ella mientras sonreía nerviosamente.
—Ahh, este... eso podemos verlo después, no se precipiten chicos
Tanto Terry como los demás empezaron a reír ante el nerviosismo de la chica.
Kyo los invitó a entrar a su casa, todos pasaron pero Yuki era la única que caminaba completamente en silencio, se veía sumamente avergonzada.
El castaño los guió hacia la cocina, pasando por el hermoso arco con vistas blancas de madera que dividía dicho lugar de la sala de estar. Benimaru, Kensou y Terry lo seguían, Athena iba atrás de ellos seguida de Yuki, pero al pasar los primeros hacia la cocina, Yuki tomó a Athena de la mano haciendo que detuviera sus pasos.
Ella volteó a ver a la castaña confundida, iba a decir algo pero Yuki habló primero.
—Athena... yo... — bajó la mirada mientras unas lágrimas corrían por sus mejillas. Se sentía tan tonta, ellas habían sido buenas amigas por mucho tiempo y por simple resentimiento había llegado al punto de odiarla, ella ya no quería sentir ese peso en su corazón.
—Estaba muy preocupada por ti, tonta – continuó hablando Yuki ahora si rompiendo en llanto completamente.
Athena sonrió levemente, puso una mano sobre su hombro y dio unas palmaditas intentando tranquilizarla.
Le parecía muy lindo ver la preocupación de la chica pero de igual manera no quería verla llorar.
—Discúlpame Yuki, lamento haberlos preocupado tanto — dijo ella avergonzada, bajó la mirada mientras un pequeño rubor aparecía levemente en sus mejillas.
Kyo se asomó hacia la sala al ver que ni Athena ni Yuki hacían acto de presencia en el comedor, que era donde ellos se encontraban, pero, al ver que estaban conversando decidió darles espacio y regresó con sus amigos.
—Te prometo que estoy cambiando, Athena, quiero que volvamos a ser amigas, que puedas acudir a mi cuando necesites ayuda y yo poder ver crecer a este pequeñito que no tiene culpa de nada— dijo esto último para después acariciar el vientre de la chica.
Athena sonrió mientras unas pequeñas lágrimas empezaban a aparecer, sus palabras la conmovían.
Ella también deseaba eso, en su corazón no existía rastro alguno de resentimiento y lo único que quería era arreglar las cosas.
—¡Claro que podemos ser amigas de nuevo! — abrazó a Yuki al momento que sus lágrimas empezaban a salir con más fuerza —Te extrañé tanto — agregó con sinceridad.
—Y yo a ti — correspondió el abrazo mientras sus lágrimas se derramaban de igual manera.
Yuki sintió como su corazón empezaba a sanar, había necesitado eso por tanto tiempo pero ahora por fin estaba sucediendo.
Después se separaron y ambas chicas limpiaron sus lágrimas.
Athena sonrió al encontrarse a sí misma llorando con tanto sentimiento.
—Bueno, basta de llorar, mejor vamos a la cocina, que los demás deben estar esperándonos – Dijo con una sonrisa para después tomar la mano de Yuki y guiarla hacia dicho lugar.
La castaña solo asintió y empezó a seguirla.
Una vez entrando al comedor, Kyo las esperaba justo al lado de la entrada, al verlas llegar se acercó a las chicas y notó como la dos habían estado llorando, pero se veían felices, así que supuso que habían quedado en buenos términos.
El castaño sonrió levemente y sé acercó a Yuki, puso una mano sobre su hombro y le dio unas cuantas palmadas.
—Pasa, la comida está servida— se dirigió a ella mostrándose muy atento y extendió su mano indicando el lugar donde podía sentarse.
—Gracias — respondió ella con una sonrisa y aún algunas lágrimas en sus ojos, después se dirigió al lugar indicado por el castaño.
Kyo tomó la mano de Athena y la guió hacia el lugar destinado para ella, justo a su lado.
Ambos tomaron asiento y todos empezaron a comer.
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Mientras tanto, en otro lugar.
—¡Iori, ven aquí! — gritaba Katsuo aparentemente furioso.
Iori salió de su habitación y apenas habiendo puesto un pie fuera, se encontró con el joven que lo miraba molesto.
—¿Que demonios quieres ahora? — contestó Iori
—¡Explícame cómo es que Athena no está en su habitación! — alegó.
Iori por dentro estaba sonriendo, ella en verdad había logrado salir, aun que, se preguntaba dónde se encontraría en ese momento... ¿En casa con Kyo? O quizá, en la calle, perdida..
Eso lo preocupó, pero intentó disimular y le dirigió una mirada desafiante al joven que tenía enfrente.
—Tu también estabas en la casa, explícamelo tú-Lo confrontó él.
Katsuo negó con la cabeza, no estaba para juegos, estaba realmente molesto aun que, no pensaba rendirse así de fácil.
—Ella debió haber escapado, pero que no crea que me quedaré de brazos cruzados, voy a encontrarla a ella y a el idiota de Kyo Kusanagi y les daré una buena lección— exclamó.
— ¿Que piensas hacer? — cuestionó Iori interesado en sus planes.
—Voy a asistir al próximo torneo de KOF, se que ellos también irán porque querrán encontrarme al igual que yo a ellos — confesó Katsuo.
Iori chasqueó la lengua, ese joven era insoportable y no sabía cuando rendirse.
Él no iba a permitir que pudiese llevar su plan a cabo, no permitiría que despertara a Orochi y por sobre todas las cosas, no permitiría que le quitara la felicidad a Athena, ella no se merecía eso.
Si Katsuo no se rendía, ¿tendría que ser él mismo quien acabara con ese chico?
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