Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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Capítulo 4
Tenía ojos verdes.
Mi iPod seguía sonando y tenía ojos verdes.
El anuncio de que el tren iba a salir retumbó en mi cabeza mientras nos mirábamos el uno al otro.
La gente empezaba a fijarse en nosotros ahora. Sus ojos sondeando y juzgando y dándose cuenta de lo que mi instinto sabía, pero mi mente aún negaba.
Tenía ojos verdes.
Su mano se movió hacia mí y me puse de pie de un salto, apartando mis ojos de los suyos. Las náuseas llenaron mi estómago mientras me alejaba de él, empujando a los extraños hacia la puerta del tren que se cerraba. Mi bolso estaba fuertemente agarrado en mi mano y escuché un grito cuando me deslicé a través de las puertas, tropezando mientras me agarraba del poste más cercano. Sin darme cuenta, ví por encima del hombro y encontré ojos verdes mirándome a través de la ventana de la puerta del tren mientras se alejaba. Su mano se estrelló contra la ventana mientras intentaba, en vano, detener el tren.
Me recorrió un escalofrío y me desplomé contra el poste, cerrando los ojos.
Oh Dios mío.
Me acababa de imprimar.
—¿Estás bien? —preguntó alguien y miré hacia arriba. Una chica con vaqueros rotos y un piercing en el labio me miraba con curiosidad. Asentí débilmente.
—Sí… no quería perder el tren… —susurré patéticamente.
Ella asintió y volvió su mirada aburrida a la ventana.
Mi corazón todavía latía con fuerza cuando llegué a mi edificio. Me dolía un poco la cabeza y me temblaban las manos.
Me había imprimado.
Me había imprimado.
Un gemido escapó de mis labios cuando llegué a mi puerta y mis llaves se deslizaron de mis dedos y golpearon el suelo.
Me apoyé contra la puerta, tratando de recuperar el aliento.
No podía escapar de esto.
Me había imprimado.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza de nuevo, el miedo inundó mis venas. Podía escuchar los latidos de mi corazón en mis oídos, mi visión se nublaba.
—¿Bella? —Giré la cabeza y vi a Rosalie parada en la puerta de su apartamento—. ¿Estás bien, cariño?
—Rose… —susurré, sintiendo lágrimas calientes y vergonzosas rodar por mis mejillas. Rosalie frunció el ceño y extendió los brazos.
Entré en ellos sin dudarlo. Mi estómago se revolvió cuando ella me abrazó.
—Bella, ¿qué pasó?
No podía hablar, mi respiración salía en jadeos superficiales. Me llevó a su apartamento y me sentó en el sofá. Me doblé, con la cabeza entre las rodillas.
—¿Vas a vomitar?
—No —me atraganté, aunque no estaba muy segura. Su mano acarició mi cabello, maternal y gentil.
Después de unos minutos, logré exhalar la palabra que aclaraba el misterio.
—Imprimado…
—Oh, mierda —jadeó Rosalie y me reí débilmente.
—Exactamente mis sentimientos.
—¿Quién es él?
Me quedé en silencio y Rosalie se inclinó hacia adelante, mirándome a los ojos.
—Bella... ¿quién es él?
Se me hizo un nudo en la garganta y el estómago se me revolvió de nuevo.
Tiene ojos verdes.
—Hice algo estúpido, Rosalie —grité y Rosalie cerró los ojos con desesperación.
Le dije todo. Mis acciones precipitadas, sin siquiera pensar en las consecuencias...
—Bella, huiste de la impronta... Ni siquiera sabía que eso era posible —musitó Rosalie ansiosamente—. Pero ahora mismo, necesitamos hacer una cita con un médico. Vas a necesitar suplementos o te vas a enfermar mucho.
—El número de mi médico está en una tarjeta en mi billetera —informé, señalando la bolsa a mis pies. Me recosté en el sofá, mientras ella buscaba en mi bolso, y cerré los ojos. Me dolía la cabeza, un ruido sordo en la base del cráneo y todavía sentía náuseas.
—Bella, tu billetera no está aquí —indicó Rosalie suavemente—. ¿Está en tu abrigo?
—No, está ahí… —me detuve.
Me di cuenta.
Corrí al baño, donde caí contra el inodoro, vomitando ruidosamente mientras Rosalie corría detrás de mí, trayendo agua.
Mi billetera estaba en la plataforma del tren, en la mano del hombre con el que me había imprimado. Mi billetera con mi licencia de conducir, tarjetas de crédito, todo lo que me identificaba y daba mi dirección.
Él me iba a encontrar.
