Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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Capítulo 6
Dormí mejor que en días anteriores. De hecho, ni siquiera recordaba haber dormido tan bien. Me moví lentamente, sintiéndome cálida, relajada y como si estuviera recostada sobre una nube.
Mis ojos se abrieron adormilados y miré el reloj en mi mesita de noche. Los números verdes luminosos me informaron que eran poco más de las siete de la mañana. ¿Dormí todo el día y toda la noche?
Me congelé cuando un suave suspiro vino detrás de mí. Miré por encima del hombro y vi al hombre de ojos verdes que todavía dormía profundamente. Su brazo estaba envuelto pesadamente sobre mi cintura y su boca estaba haciendo un pequeño puchero mientras dormía. Tenía largas pestañas oscuras y su cabello rojo bronce estaba despeinado. Tal vez era un durmiente inquieto.
Él era hermoso.
Él era mi imprimación.
Él estaba en mi cama.
Me deslicé por debajo de su brazo e instantáneamente su brazo se estiró, buscándome y sus pobladas cejas se juntaron ligeramente pero no se despertó.
Tan pronto como nuestro contacto se detuvo, sentí un tirón en medio de mi caja torácica y vacilé. Soltó otro suspiro y rodó sobre su espalda.
Me di la vuelta y salí del dormitorio, cerrando la puerta suavemente detrás de mí. Cuando giré, vi a Rosalie levantándose de su asiento en el sofá. Ofrecí una breve sonrisa ante su expresión preocupada.
—Perra.
—Guárdatelo. —Ella sonrió y cruzó la habitación, abrazándome—. No sabía qué más hacer.
—Está bien —la tranquilicé. Y más o menos lo estaba. Sabía que ella solo estaba cuidando de mí.
Otra persona me llamó la atención por el rabillo del ojo y solté a Rose para ver a una mujer menuda que me sonreía. Rosalie apretó mi hombro.
—Ella es Alice.
—Soy la hermana de Edward —explicó y luego vaciló ante mi expresión. ¿Quién era…?
Oh.
Su nombre era... Edward.
—Solo voy a correr al otro lado del pasillo y decirle a Emmett que estás bien. Llamé a tu jefa y logré que te dieran un par de días más —indicó Rosalie, dirigiéndose a la puerta. Se cerró detrás de ella y me quedé sola con Alice. Ella me sonrió de nuevo.
—Realmente lamento que nos hayamos entrometido, pero él estaba tan enfermo… Encontré tu billetera y llamé y Rosalie respondió y me explicó que tú también estabas enferma, así que pensamos que deberíamos reunirlos lo antes posible. Ni siquiera me dijo que se imprimó y…
—Espera, espera. ¿Qué? —Me giré hacia ella sorprendida y ella parpadeó. Tenía enormes ojos verdes, como los de él.
—¿Qué?
—¿Se imprimó? Él no se imprimó, yo me imprimé —expliqué y ella jadeó, con los ojos muy abiertos.
—¿Ambos tienen el gen?
Bueno. Eso explicaba por qué de repente había estado tan enferma. Las personas con el gen normalmente no imprimaban con otras personas con el gen. Estadísticamente, tenía sentido, ya que alrededor del 70% de la población no eran imprimadores...
Pero no había oído hablar de nadie imprimando en un imprimador y luego huyendo. Luchando contra dos grupos de genes... no es de extrañar que ambos estuviéramos tan enfermos. Los suplementos probablemente no eran lo suficientemente fuertes en las dosis que estaba tomando.
—Oh… —Alice miró más allá de mí y el tirón en mi caja torácica jaló bruscamente. Vi por encima del hombro a Edward saliendo de mi habitación, frotándose los ojos soñolientos. Se detuvo abruptamente cuando me vio y me ofreció una leve sonrisa.
—Buenos días.
Aparté la cara, mordiéndome el labio.
—Bien. Bueno, creo que sería mejor que te fueras ahora —declaré con firmeza y escuché a Alice respirar bruscamente.
—¿Qué?
—Alice —habló y su voz era profunda y tranquila. Mi corazón comenzó a acelerarse al oírlo y me odié por esa estúpida reacción. Alice le dirigió una mirada aguda antes de dirigirse a la puerta, cerrándola ruidosamente detrás de ella. Volví a mirar a Edward y lo vi contemplándome antes de mirar una botella de suplementos en la mesa. Obviamente sumó dos más dos. Ninguna persona felizmente imprimada compraría suplementos.
—Estás en contra de la imprimación —musitó en voz baja y yo asentí, cruzando mis brazos a mi alrededor. Era vagamente consciente de que todavía estaba usando mi pijama de patito y mi cabello tenía el enredo de tres días y probablemente tenía un leve aroma a vómito en mí. Él, por otro lado, se veía asquerosamente atractivo. Unos pocos días de rastrojo solo aumentaban su atractivo.
Qué injusto.
Bastardo.
Se rascó la mandíbula, sumido en sus pensamientos. Observé por la ventana, evitando su mirada, pero cuando vi hacia atrás, estaba caminando hacia mí. Ya estaba contra la mesa de café, así que no tenía adónde moverme cuando él levantó la mano y colocó sus dedos contra mi mejilla. Cuando nuestra piel hizo contacto, mi estómago se sacudió de una manera agradable y sentí que mi corazón latía con fuerza de nuevo, el órgano traidor se regocijó con nuestro contacto.
Y sin otra palabra, dio media vuelta y caminó hacia la puerta. No miró hacia atrás. Solo se fue.
Oh.
Vaya.
Bien.
Me hundí en el sofá, frotándome la cara antes de alcanzar los suplementos y tomar una dosis. Tendría que duplicar mi ingesta para mantenerme saludable ahora. Apenas tuve tiempo de tragar la tableta antes de que la puerta se abriera de nuevo y entrara Rosalie. Miró a su alrededor y vio que estaba sola.
—¿Qué sucedió?
—Le pedí que se fuera. Así que se fue.
—¿Así? ¿Sin ninguna discusión? —escupió Rosalie incrédula.
—Sí.
Miré por la ventana, haciendo rodar la botella de suplementos en mi mano. Rosalie se paró al lado del sofá y me observó antes de poner sus manos en sus caderas.
—¿Eso es todo? Simplemente vas a dejarlo ir.
—Exactamente.
—Aunque tu salud va a empeorar seriamente. —Su tono fue agudo y cerré los ojos.
—No, Rose.
—Sé que odias la idea de esto, pero debes considerar los otros factores en juego aquí. Te vas a enfermar, Bella. ¿Quieres eso? ¿Quieres ser como Charlie?
—¡Rose, solo déjalo! —grité y ella lanzó sus manos al aire.
—¡Bien! Me voy a trabajar. Llámame si necesitas algo. Como un baldazo de realidad o un golpe en la cabeza.
Entró en el dormitorio y volvió, tirando mi teléfono móvil en el sofá a mi lado. Escuché la puerta cerrarse de nuevo y gemí, rodando sobre mi costado. Qué desastre de mierda.
Levanté la cabeza cuando me di cuenta de que tenía un nuevo mensaje en mi teléfono. Deslicé el botón para abrir el menú y vi que era de un número desconocido. Pero sabía exactamente de quién era.
Te llamare mañana. E
Mierda.
