Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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Capítulo 8

Volví al trabajo al día siguiente. Cuando llegué a la oficina, Victoria me estaba esperando. Debo haberme visto tan mal como me sentía porque me echó un vistazo y luego me indicó que me fuera a mi escritorio y a la pila de papeleo que se había acumulado en mi ausencia.

Me enfoqué en los correos electrónicos, poniéndome al día con la correspondencia y revisando los manuscritos que Victoria dejó para revisar. Edward no me había respondido y no estaba segura si estaba decepcionada o aliviada.

Estaba aliviada.

Me sentía aliviada.

—Bella, si no dejas de dar golpecitos con ese lápiz, te lo clavaré en el globo ocular —masculló Angela a través de la oficina abierta que compartíamos. Levanté la vista y sonreí tímidamente.

—Lo siento, Angela.

—¿Te sientes mejor, cariño? —preguntó amablemente, poniéndose de pie y caminando hacia la pequeña área de la cocina que mantenía la cafeína en nuestras venas durante todo el día.

—Sí, nada mal —mentí y fui a unirme a ella, sacando una galleta del paquete en el cajón y mordisqueándola. Me miró por encima de sus gafas de montura gruesa y suspiré, espiando por encima del hombro para asegurarme de que Victoria no estuviera cerca.

—Yo, eh... imprimé el viernes por la tarde.

—¡Oh Dios mío! ¿Es por eso que faltaste? ¿Estabas conociéndolo? —preguntó Angela emocionada y contemplé mi galleta a medio comer, sintiendo que mi apetito desaparecía rápidamente.

—No exactamente. Quiero decir... ya sabes lo que siento sobre la imprimación. —Volví a mi escritorio y Angela me siguió, poniendo una taza de café en mi escritorio. Abrí mi cajón y le mostré a Angela los suplementos. Sus ojos se agrandaron.

—Ay, Bella…

Se sentó en la esquina de mi escritorio y le conté lo sucedido. Estuvo en silencio todo el tiempo y lo aprecié. Ya era bastante difícil explicar lo que pasó.

—¿Qué vas a hacer ahora? —inquirió y me encogí de hombros, bebiendo mi café.

—No sé. Dice que no va a ceder, pero yo tampoco. No quiero esto.

—¿Qué quieres? —cuestionó Angela gentilmente y observé a través de la habitación hacia su escritorio. Su computadora estaba de espaldas a mí, pero sabía lo que mostraba su pantalla. Una fotografía de ella y Ben en sus vacaciones en Brasil, abrazados, la adoración clara en ambos rostros.

—Quiero lo que tú y Ben tienen —susurré—. Quiero elegir a alguien. No que me obliguen a hacerlo, quiero conocer a alguien, llegar a conocerlo, enamorarme y tener la opción.

Nos quedamos en silencio durante mucho tiempo.

Angela se acercó y me apretó la mano.

—Realmente no tengo ningún consejo, cariño. Quiero decir… no sé mucho sobre imprimación, pero si esta es la decisión que has tomado, sabes que estoy de tu lado.

—Gracias, Angela. —Ofrecí una sonrisa y soltó mi mano con una sonrisa.

—Ben y yo vamos a ir a Eclipse esta noche si quieres venir. El jueves es una noche barata y hace tiempo que no venimos a trabajar con resaca. Victoria podría estar sospechando. —Me guiñó un ojo y me reí, asintiendo.

—Eso suena bien. Oh, vuelve a tu escritorio. —Yo estaba observando por encima de su hombro. El esposo de Victoria, James, estaba en camino.

Angela regresó rápidamente a su escritorio cuando él entró. James era... raro. Era bien parecido, con su cabello rubio helado y ojos azules claros, vestido con un traje a la medida, pero Angela y yo estábamos de acuerdo en que su comportamiento era un poco... raro. Entró y nos ofreció a los dos una sonrisa.

—Hola, chicas.

—Hola, señor Hunter —murmuró Angela, luciendo muy ocupada en su escritorio. Miré la pantalla de mi computadora mientras la sombra de James caía sobre mi escritorio.

—Hola, Bella —dijo, sus ojos fijos en mi rostro. Levanté la vista a regañadientes.

—Hola, señor Hunter. Victoria debería estar libre, entre.

—Gracias, cariño. —Guiñó un ojo, sus ojos se demoraron un poco más de lo socialmente aceptable antes de desaparecer en la oficina de Victoria.

Angela me miró a los ojos y se estremeció exageradamente.

—¿Almuerzo?

—Almuerzo —coincidí, alcanzando mi bolso. No nos gustaba comer en la oficina cuando James estaba. Él y Victoria pasaban la hora del almuerzo encerrados en su oficina y ninguna de nosotras quería pensar en lo que estaba pasando a puerta cerrada.

Tomé una pastilla de suplementos y seguí a Angela fuera de la oficina.