Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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Capítulo 9

Rímel… ¿Dónde diablos estaba? Busqué en mi pequeña bolsa de maquillaje mientras mi teléfono sonaba. Lo agarré y lo sujeté entre mi oreja y mi hombro.

—¿Sí?

Estamos en camino, Bella —cantó Angela por el teléfono mientras tomaba el pequeño tubo negro.

—Está bien, nos vemos en diez —respondí y colgué, aplicándome rímel en las pestañas lo más rápido que pude sin mancharme la cara. Me arreglé la pequeña blusa negra con tiras, y alisé mis vaqueros, los que hacían que mi trasero y mis piernas se vieran increíbles. Necesitaba sentirme bien esta noche.

Me cepillé los dientes, borrando el sabor del sándwich de queso tostado que cené y abrí el gabinete del baño, buscando enjuague bucal. La pequeña botella inocente de suplementos me miró y la fulminé con la mirada.

Púdrete.

Tomé una pastilla y me dirigí al sofá, apagando la televisión cuando sonó el timbre. No podía ser Angela, era demasiado pronto, pero tal vez era Rosalie.

Ciertamente no esperaba ver a la pequeña mujer de cabello oscuro llamada Alice. Dudé, mi bolso en mi mano.

—Oh. Hola —saludé lentamente, sin saber cómo reaccionar. Alice sonrió cálidamente.

—Hola, Bella. Lo siento, ¿es un mal momento?

—Más o menos, mis amigos vienen por mí, vamos a ir al bar Eclipse esta noche —indiqué, alcanzando mis llaves que estaban colgadas en la pared. Alice entró en mi apartamento y cerró la puerta detrás de ella cuando me senté para ponerme los zapatos.

—No tardaré mucho. Habría llamado, pero no tengo tu número.

—¿Sucede algo malo? —pregunté, observándola. No podía entender qué estaba haciendo ella aquí.

Edward. Algo le ha pasado a Edward. El tirón en mi caja torácica envió una punzada de agonía a través de mi torso y me froté el lugar. Alice observó el movimiento de mi mano y frunció el ceño.

—Él sigue haciendo eso también...

—¿Qué?

No respondió, pero se sentó frente a mí mientras buscaba mi otro zapato. Me enderecé y la miré.

—¿Qué haces aquí, Alice?

—Quiero hablar sobre Edward —indicó con franqueza y sentí una agitación incómoda en mi estómago.

—Realmente no es asunto tuyo —mascullé rotundamente y ella frunció el ceño.

—Está sufriendo, Bella. Tú también debes sentirlo.

—Para eso están los suplementos —espeté, manteniendo mi tono neutro mientras me acercaba a la ventana, buscando el taxi. Escuché su respiración entrecortada ante mis insensibles palabras. Y tal vez fueran duras, pero no era de su incumbencia.

—¿Pero por qué? Quiere conocerte, ha estado esperando su imprimación toda su vida. ¿Por qué no querrías eso? —cuestionó ella, de pie con una expresión de confusión desesperada.

Y ahí estaba. Yo era la anormal. Con el gen de la impronta, sin deseo de imprimar.

Vi el taxi detenerse y pasé junto a Alice hacia la puerta, manteniéndola abierta.

—Voy a salir. Tienes que irte.

—Bella, ¿cómo puedes hacerte esto a ti misma? —suplicó Alice, siguiéndome. Sentí una irracional oleada de ira y me volví hacia ella.

—¿Tienes el gen, Alice?

—¿Qué? No… no, Edward es mi hermanastro, no tengo el gen.

No tienes idea de cómo es. No voy a dejar que una pequeña y estúpida jodida genética gobierne mi vida —escupí enojada, haciendo un gesto hacia la puerta—. Podría salir por esa puerta y encontrar a alguien con quien follar y no hay razón por la que no pueda. Tú y tu hermano no tienen nada que ver conmigo.

Ya estábamos en el pasillo ahora y cerré la puerta de mi apartamento y me alejé de ella enojada. Llamó mi nombre, pero bajé corriendo las escaleras y salí a la calle.

Encontraría algún chico desconocido para follar. Lo había hecho antes de la imprimación y podría hacerlo ahora.

Tenía un propósito para esta noche.