Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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Capítulo 11
Me desperté antes de mi alarma a la mañana siguiente. Tenía la boca seca y me dolía un poco la cabeza, pero no me sentía mal físicamente.
Emocionalmente, estaba casi muerta. Tomé un suplemento tan pronto como me desperté y me acosté en la cama, frotando el punto sensible de mis costillas.
Oh, Dios, la mirada en el rostro de Edward cuando estaba bailando con Mike. Y después de todo eso, no solo no armó un escándalo, sino que me consiguió un taxi y se aseguró de que llegara a casa sana y salva, sin ninguna otra presión.
¿Por qué no podía ser un imbécil? Así sería mucho más fácil lidiar con él. Pero su mirada contemplando mi taxi alejarse, su mano sobre sus doloridas costillas hizo que las lágrimas picaran mis ojos. Puede que no haya querido esta imprimación, pero no quería lastimarlo.
Llamaron a la puerta y salí a trompicones del dormitorio, frotándome los ojos. Era un repartidor afuera de la puerta.
—Buenos días. Tengo una entrega de desayuno para Bella. —Me tendió una tablilla con un sujetapapeles y firmé, sin entender realmente. Pero tomé la canasta ofrecida y la llevé a mi cocina. Croissants, fruta fresca, café, conservas, salchichas… gemí, mordiendo un trozo de tocino. Buenos días, cielo.
Había un sobre en la canasta y lo abrí, esperando una factura. En su lugar, tenía una nota escrita a mano.
Espero que no te sientas muy mal esta mañana. Edward.
¿POR QUÉ no podía ser un imbécil?
Angela se veía mucho peor que yo. Deslicé un croissant sobre su escritorio y ella comenzó a masticarlo sin quitarse las gafas de sol. Un gruñido indicó su agradecimiento mientras me acercaba a mi propio escritorio, bebiendo mi café.
Victoria salió de su oficina, tecleando en su Blackberry.
—Bella, voy a estar en finanzas la mayor parte de la mañana. James debería venir a almorzar, ¿puedes decirle que nos veremos en la tienda de delicatesen?
—Sí, Victoria —accedí amablemente y Victoria miró a Angela, rodando los ojos ligeramente.
—Angela, trata de no desmayarte en tu escritorio. Va a venir un cliente y causa una impresión terrible cuando el personal está inconsciente.
—Sí, jefa —murmuró Angela en voz baja, aún sin quitarse las gafas de sol.
Victoria desapareció en dirección a las escaleras y Angela gimió, apoyando la cabeza en su escritorio.
—¿Por qué me siento tan fatal y tú estás fresca como una jodida lechuga? —se quejó y dudé.
—No sé. ¿Karma por tener la idea de salir en una noche entre semana?
—Perra. ¿Qué te pasó de todos modos? Un minuto estabas encima de ese tipo rubio y al siguiente ya no estabas, y él parecía triste al respecto. —Angela tomó otro bocado de croissant.
Jugueteé con el ratón de la computadora.
—Uh, solo tuve dudas. No estaba en un buen estado de ánimo —indiqué casualmente.
Afortunadamente, Angela no llevó más lejos la conversación. Simplemente volvió a poner su cabeza sobre el escritorio.
Era una mañana ajetreada, así que Angela salió corriendo a buscarnos algo para almorzar. Me senté en mi escritorio, releyendo un manuscrito. Era aburrido. Realmente aburrido. Pero todavía estaba tratando de ascender aquí, por lo que Victoria era libre de darme los manuscritos más aburridos que ingresaban al edificio.
Me desplomé sobre mi silla, colgando mis piernas sobre el brazo, golpeando mi pluma contra el manuscrito. Bostecé, garabateé en un pósit y lo pegué en la página en la que estaba, sin mirar cuando se abrió la puerta.
—¿Cuánto te debo? —pregunté, asumiendo que sería Angela con el almuerzo.
—No es nada —comentó una voz masculina y levanté la vista bruscamente. James me sonrió desde la puerta. Me enderecé, sentándome correctamente en mi silla.
—Oh, lo siento, señor Hunter.
—Seguramente ya puedes llamarme James, Bella. —Miró hacia la puerta de la oficina de Victoria.
—Ella todavía está con el equipo de finanzas, pero se reunirá con usted en la tienda de delicatesen —le entregué el mensaje y James asintió, cruzó la oficina y se detuvo junto a mi escritorio. Me incliné hacia atrás, alejándome un poco de él.
—¿Cómo te va aquí, Bella? ¿Sigues disfrutándolo?
—Por supuesto, señor Hunter. —Oh, caramba, ¿tratas de meterme en problemas con tu esposa?
—Bien, bien. —Miró hacia el escritorio de Angela y vio el fondo de pantalla de ella y Ben en la pantalla de la computadora.
Mi fondo era el estándar que venía con la computadora.
—¿Nadie especial en tu vida? —inquirió James, sentándose en el borde de mi escritorio. Me aclaré la garganta torpemente, jugueteando con el borde del manuscrito.
—Um… bueno, es… —¿Lo hay, Bella?—. Es complicado —terminé débilmente.
—¿No lo es cada relación? —Sonrió, tomó un pisapapeles y le pasó el pulgar por encima. No pude evitar preguntarme por qué todavía estaba aquí. Date prisa, Angela—. ¿Vives sola, Bella?
Está bien, ya es suficiente.
—Victoria debería estar casi terminando. ¿Quiere que le llame? —Hice un gesto hacia el teléfono y James sonrió.
—¿Evitando mis preguntas?
—Se les acabó el pavo, así que te compré un bocadillo de atún. —La oportuna voz de Angela se oyó a través de la puerta y dudó al ver a James sentado en mi escritorio—. Oh, hola, señor Hunter. ¿Bella no le dijo que se verían con Victoria en el deli?
—Lo hizo. Solo estábamos charlando —explicó James amablemente y se enderezó, depositando mi pisapapeles en el escritorio—. Voy hacia el deli ahora, si le puedes avisar a Victoria.
—Lo haré. —Angela asintió, manteniendo abierta la puerta para él.
Cuando desapareció, me estremecí exageradamente.
—Jesús, apareciste en el momento oportuno, Ang.
—¿Qué fue eso?
—Ni idea —mascullé, alcanzando mi sándwich—, pero la próxima vez, yo iré por la comida.
