Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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Capítulo 12
Cuando llegué a casa esa noche, tenía una nota de Rosalie clavada en mi puerta.
Emmett salió con los chicos. La noche de chicas empieza a las 7.
Me encantaban las noches de chicas. Rosalie y yo nos emborrachábamos con vino barato, nos llenábamos de comida chatarra y Emmett siempre nos preparaba el desayuno por la mañana. ¿Qué más se puede pedir?
Entré en mi apartamento y me quité los zapatos, sacando mi teléfono. No le había enviado un mensaje de texto a Edward para decirle gracias por el desayuno. Estuve debatiéndome todo el día y ahora saqué mi teléfono y escribí un mensaje corto.
Gracias por el desayuno.
Allí, simple, al grano y sin ningún tipo de presión o insinuación de que me gustaría más contacto. Presioné enviar y fui a ponerme la pijama.
—Dame tu mano. —Rosalie blandió un par de tijeras para cutículas—. Estas perras deben limpiarse.
Dejé que atacara mis uñas, eligiendo mentalmente un barniz mientras hablaba sobre su trabajo.
—¿Estás empezando a ponerte melancólica, Rose? —bromeé mientras me limaba las uñas y sonreía.
—Demonios, sí. Ya me conoces, me encantan los bebés. Pero tenemos que casarnos y conseguir una casa primero. Quiero todo el paquete suburbano, completo con una cerca blanca y un patio grande para que corra el perro.
Alcanzó el esmalte rojo oscuro que estuve mirando y tomé un sorbo de mi vino.
—Entonces… ¿cuándo vas a sellar el trato finalmente? Has tenido esa piedra en tu dedo durante cuatro años —pregunté y ella se encogió de hombros.
—Cuando encontremos algo de tiempo, supongo. No tengo familia a la que invitar y Emmett solo tiene a su mamá y papá. Quizás vayamos al juzgado un fin de semana y gastemos el dinero en una buena luna de miel. No sé. —Empezó a pintarme la uña con cuidado.
Mordí mi labio.
—Um… vi a Edward anoche. Y le envié un mensaje de texto hoy —murmuré en voz baja y ella me miró con una sonrisa amable. Me incliné en el sofá con mi brazo libre y suspiré.
»Su hermana vino a verme y trató de hacerme sentir culpable para que fuera a verlo. Así que hice mi típica mierda de Bella y fui a un club para tratar de encontrar a un tipo desconocido.
—Imbécil.
—Lo sé. Solo que cuando encontré al señor desconocido, también vi a Edward en el club.
—Mierda. ¿Causó problemas? —preguntó Rosalie con curiosidad y suspiré.
—No. Me fui y él me consiguió un taxi sin decir una palabra. Y luego me envió el desayuno esta mañana.
—Eh.
Alcanzó mi otra mano, sumergiendo la pequeña brocha en el esmalte. Observé en silencio mientras pintaba y después de unos minutos me miró a los ojos nuevamente.
—Entonces, ¿qué vas a hacer ahora?
—¿Sobre la imprimación?
—Sí. Sé que puedes mantenerte saludable con suplementos, pero... por lo que he oído, la imprimación se mantendrá. ¿Vas a estar sola por el resto de tu vida? ¿La imprimación te permitirá estar con alguien más?
No sabía cómo responder a esas preguntas. Tomé otro sorbo de vino, pensando mucho.
—No lo sé, Rose. Le estaba diciendo a Angela... Quiero elegir a alguien, no que alguien me fuerce. Pero... duele, Rose.
Froté el dolor en mi caja torácica.
»Ya no estoy enferma, pero todavía me duele estar lejos de él —expliqué en voz baja. Rosalie estaba calladamente contemplativa.
—Me parece, Bella, que te estás complicando la vida innecesariamente. Edward no ha hecho nada para demostrar que es un mal tipo. Podría ser perfecto para ti genéticamente, pero ¿quién dice que no sea bueno para ti de otras maneras y nunca lo descubrirás porque estás dejando que la imprimación nuble tu juicio?
Maldita sea Rosalie y su sentido común.
Alrededor de la una de la mañana y la botella de vino número tres, saqué mi teléfono mientras Rosalie roncaba levemente en el sofá. Tenía un mensaje de texto.
De nada.
Mmm. Eso fue... corto.
Contemplé las palabras de Rosalie de antes. Tal vez fue el alcohol, tal vez fue el dolor persistente en mi pecho, tal vez fue la soledad. Porque me sentía un poco sola.
Siento que deberíamos hablar. O algo.
Envié el mensaje y esperé la punzada de arrepentimiento que no llegó, para mi sorpresa. Lo que me sorprendió fue la respuesta instantánea de Edward.
Me gustaría hablar. O algo.
Resoplé para mis adentros.
¿Te estás burlando de mí?
Una vez más, su respuesta fue instantánea.
Nunca.
Bien. ¿Por qué estás despierto a esta hora de todos modos?
En parte, terminando algunos trabajos. En parte respondiendo a mensajes de texto tuyos. ¿Por qué estás despierta?
Le echo la culpa al vino y a los ronquidos de mi mejor amiga. ¿A qué te dedicas?
¿Mi trabajo? Soy arquitecto. ¿Tú?
Editora junior para una editorial. ¿Cuántos años tienes?
29. ¿Tú?
24. ¿Sabes que tu hermana vino a verme ayer?
Sí. Yo no la envié.
No pensé que lo hicieras.
Llegué para disculparme por eso anoche.
Dejé caer mi teléfono en mi regazo. Realmente no quería hablar sobre el lío de anoche. Después de un largo momento, tomé mi teléfono nuevamente y envié otro mensaje de texto.
¿Cuándo quieres hablar?
¿Mañana? ¿Almuerzo en la cafetería de Ed?
Está bien. Hasta entonces.
Buenas noches.
Dejé mi teléfono y me acurruqué debajo de la manta que Rosalie me había arrojado. Este podría ser el mayor error que he cometido.
Tal vez.
