Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic


Capítulo 14

—¿Quieres dar un paseo? —Era una pregunta bastante inocente. Asentí y me deslicé del taburete, siguiendo a Edward hasta la puerta del restaurante. La sostuvo abierta para mí y salí, consciente de que el tirón en mi pecho me estaba atrayendo hacia él.

Caminé con cuidado por la calle, manteniendo un pequeño espacio entre nosotros. Las manos de Edward estaban a su lado y noté que sus dedos temblaban un poco, como si quisiera alcanzarme. Mis propias manos se crisparon en respuesta y las metí en los bolsillos de mis vaqueros.

No estábamos lejos del parque Ballard Commons y caminamos en esa dirección. Al ser sábado, estaba repleto de niños haciendo uso del skate park. Todos los bancos estaban llenos, así que Edward hizo un gesto hacia un trozo de césped libre y nos sentamos. Arqueé las piernas frente a mí, inclinándome sobre ellas con los codos mientras él se sentaba en un ángulo que le permitía mirarme.

—¿Puedo hacerte otra pregunta? —inquirió y asentí, estudiando su rostro más de cerca. Tenía una mandíbula muy cuadrada y cejas pobladas. Le daba a su rostro un aspecto muy simétrico, yo seguía con ganas de contemplarlo, de examinarlo, de notar cositas como la peca a la derecha del pómulo de un lado y la leve cicatriz en el labio.

De repente me di cuenta de que me estaba mirando. Me sonrojé.

—¿Lo siento?

Él sonrió, riendo suavemente para sí mismo. Era como si tuviera un secreto que me estaba ocultando.

—¿Está todo bien? —preguntó de nuevo.

—Sí, sí... ¿cuál era tu pregunta? —Me enderecé, tratando de quitarme el sonrojo de las mejillas. Edward parecía estar disfrutando de una broma privada, pero inclinó la cabeza al hacer la pregunta.

—Te pregunté si ves a tus padres a menudo.

—Vaya —dudé, metiendo el cabello suelto que se había escapado de mi trenza detrás de mis orejas —. No. Más o menos.

—Gracias por aclarar eso —bromeó Edward y respiré hondo.

—Es solo mi papá. Lo veo cada dos meses. Debería llamarlo en realidad. —Hice una nota mental.

—¿Qué hay de tu mamá?

—Ni idea. La última vez que supe de ella, tenía unos once años y le dije que se fuera a la mierda.

Sus cejas se dispararon ante mi insensibilidad.

—Un vocabulario infernal para una niña de once años.

—Mira, Edward, solo voy a decirlo. Mi papá se imprimó en mi mamá. Mi mamá se fue y tuve que ver a mi papá sufrir por una imprimación rota.

La cara de Edward estaba pétrea mientras le contaba la historia.

Ninguno de los dos habló.

Eventualmente, Edward soltó un profundo suspiro.

—¿Es por eso que corriste?

—Parcialmente. Yo no... Odio que esta cosa me controle. No quiero que nada tenga tanto poder sobre mí. No eres tú, es…

—La imprimación. —Edward terminó mi oración suavemente. Me encontré con sus ojos. Estaban tristes y, sin dudarlo, extendió su mano y tocó la mía, envolviendo sus dedos alrededor de los míos. Inhalé profundamente ante la oleada de placer y paz que me llenó con su toque.

Cerré los ojos, luchando por contener las lágrimas.

Yo no quería esto.

Pero no pude soltarme.

—Por favor, no estés triste —susurró Edward y su mano se curvó alrededor de la parte de atrás de mi cuello, atrayéndome a su abrazo y no pude luchar contra su ternura, dejándolo envolverme en comodidad, y el tirón finalmente se detuvo.

Ambos respiramos un suspiro de satisfacción por eso. La mano que no estaba en mi cuello frotaba de arriba abajo mi espalda, y mi frente descansaba contra su mejilla. Era tan cálido que la ligera aspereza de su barba contra mi piel era como un ancla en un mar de emociones inciertas. Mi mano se curvó en la tela de su camisa. Era suave, como si la hubieran lavado demasiadas veces. Olía bien, como a jabón y ropa limpia; giró la cabeza ligeramente, sus labios rozaron mi frente, sus manos subieron a mis mejillas mientras apoyaba su frente contra la mía. Mi corazón latía con fuerza, sí, sí, sí y mis ojos se abrieron cuando me di cuenta de lo que estaba a punto de suceder.

Aparté a Edward, jadeando, y él parpadeó, dejando caer sus manos de mi cara.

—Mierda. Lo siento, Bella, lo siento mucho. —Su voz era frenética, como si pensara que iba a salir corriendo, pero nivelé mi respiración.

—No, no, está bien —susurré, frotando mis manos sobre mi cara—, eso fue solo… fue demasiado. Demasiado pronto.

—Lo siento. Yo solo... se sentía...

Sabía lo que quería decir. Incluso cuando nos separamos, aunque su pierna todavía estaba presionada contra la mía, el dolor en mi pecho había regresado. Busqué mi bolso y lo puse sobre mi hombro, mirándolo a la cara.

—Me tengo que ir. Tengo mucho trabajo con el que ponerme al día, pero... no estoy huyendo, ¿de acuerdo? Solo estoy... tomando un descanso.

Edward asintió y se puso de pie, ayudándome a ponerme de pie. Se aferró a mi mano y tragué saliva, tomando una respiración profunda.

—¿Puedo enviarte un mensaje de texto más tarde? —preguntó Edward y yo asentí.

—Sí.

Me alejé y supe que, si miraba hacia atrás, Edward estaría frotándose el lugar en sus costillas que yo estaba agarrando con las mías.