Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic


Capítulo 17

Caminé con Edward fuera de mi oficina y avanzamos por la calle. No lo miré, pero podía sentir sus dedos contra los míos, entrelazados. Su pulgar frotó suavemente mi mano e hizo que el dolor en mi pecho explotara como burbujas de champán.

Llegamos al café y lo vi de reojo. Atrapó mi mirada y sonrió, soltando mi mano para empujar la puerta y abrirla para que yo pudiera entrar delante de él. En el momento en que me soltó la mano, sentí que el dolor volvía, pero solo un poco. Cosquilleaba un poco, sintiendo su cercanía, anticipando su próximo toque.

—¿Qué es bueno aquí? —preguntó mientras mirábamos el menú de la pizarra.

—El sándwich de tocino y brie de arándanos es genial —indiqué—, o el de pavo derretido. No dejes que me olvide de llevarle uno a Angela.

—No lo haré. —Sonrió y ambos ordenamos. Ambos pedimos el de tocino y queso brie.

Conseguimos una mesa y cuando nos sentamos, la mano de Edward descansaba sobre ella. Coloqué la mía al lado para que se tocaran y al instante el dolor desapareció. Noté que la tensión pareció abandonar sus hombros cuando nos tocamos y sus dedos rodearon los míos, jugando con ellos un poco.

—Entonces, ¿cómo te metiste en el negocio de publicación? —inquirió Edward, sus ojos fijos en los míos, aunque sus dedos seguían moviéndose contra los míos.

—¿Qué más haces con un título en literatura? —Sonreí y él se rio suavemente.

—¿Escribir la próxima gran novela americana?

—Resulta que no soy tan buena escribiendo. Sin embargo, soy bastante buena juzgando la escritura de otras personas, de ahí la edición —expliqué, sorbiendo mi coca cola con mi mano libre.

—¿Editas algo interesante?

—Por el momento no. Tienes que ganarte las cosas buenas y todavía estoy bastante bajo en la jerarquía. Quizás dentro de un año más o menos. O si Victoria alguna vez se va y Angela es ascendida a su trabajo, entonces yo sería la segunda al mando.

—¿Ese era el esposo de tu jefa hace un momento? —cuestionó Edward y yo rodé los ojos.

—James.

—Parecías un poco tensa.

—Nada de un poco. El tipo es un asqueroso total —mascullé airadamente. No quería pensar en James o en lo que estaba pensando de mí.

La cuestión es... que tomar suplementos era una prueba de que me estaba resistiendo a una imprimación. Si bien la ley impedía que cualquiera que se resistiera a una imprimación fuera discriminado, aun así, sucedía. No conocía la opinión de Victoria sobre la impronta, pero si fuera tradicionalista, podría hacerme la vida muy desagradable. No era raro que los que se resistían fueran hostigados.

Edward no volvió a comentar sobre la situación de James. En cambio, bebió un poco de su soda y se reclinó cuando llegó nuestra comida. Nuestras manos se separaron cuando empezamos a comer y vi como Edward masajeaba el punto dolorido que reflejaba el de mi propia caja torácica.

Le di un mordisco a mi sándwich, disfrutando la salinidad del tocino contra la dulzura del arándano y el suave sabor del queso brie. Edward gimió y asintió.

—Esto está bueno.

—Aún te duele —solté, y Edward hizo una pausa, su sándwich a medio camino de su boca. Su mano volvió al lugar dolorido y bajó la mirada.

—Sí. Un poco, supongo. El tuyo también, ¿no?

—Sí. —Froté el dolor también.

Le dio otro mordisco al sándwich y lo volvió a dejar, limpiándose los dedos en una servilleta.

—Yo… eh, comencé a tomar los suplementos. El día después... después de que pasé la noche —comentó en voz baja, sin mirarme a los ojos—. Alice me los compró.

—Probablemente hizo lo correcto. Yo no estaba exactamente... quiero decir, tú tenías mucho dolor —balbuceé, mirando mi sándwich. De repente ya no tenía tanta hambre. Edward jugueteó con la servilleta, aparentemente tan inseguro como yo.

—¿Qué quieres de la imprimación? —Era una pregunta muy atrevida, casi grosera y definitivamente no apta para el almuerzo en un café público. Los ojos de Edward se dispararon hacia los míos y tragué saliva antes de hablar de nuevo.

—Creo… creo que tenemos que averiguar lo que cada uno de nosotros quiere. Porque es una imprimación bidireccional. Quiero decir... improntas regulares, el imprimador se convierte en lo que la otra persona necesita que sea, ¿no es así? Pero eso no funcionará con nosotros porque ambos somos…

—Lo sé.

Extendió su mano, con la palma hacia arriba sobre la mesa entre nosotros. Sin dudarlo, bajé mis dedos hacia los suyos, ambos exhalamos mientras el dolor desaparecía. Edward me miró a los ojos de nuevo. Anticipé su respuesta: Alice dijo que él había estado esperando para imprimarse, me dijo que no podía darse por vencido. Quería el amor tradicional, el romance, todas las cosas que se suponía que venían con una imprimación.

—Quiero tu amistad y tu compañía.

Vaya.

Parpadeé y él suspiró, apretando sus dedos alrededor de los míos.

»No puedo pedir nada más porque sé que no puedes dar más que eso. Entiendo que ya has renunciado a una gran parte de tus creencias acerca de la impronta para venir hasta aquí conmigo y... no pediré nada más de lo que puedas dar. Tenemos que encontrar el equilibrio, Bella. No puedo pedirte todos los aspectos habituales de la relación de impronta, y no puedes pedirme que me aleje y dependa de esos suplementos porque ninguno de nosotros puede tener lo que quiere. Pero tal vez lo que queremos cambie. No sé cómo funciona esto más que tú.

No supe qué decir a eso. Observé cómo su mano envolvía la mía, gentil y cálida. Asentí.

—La amistad... parece un buen lugar para empezar —accedí en voz baja y él sonrió, se formaron arrugas en el rabillo de sus ojos mientras usaba su mano libre para recoger su sándwich.