Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic


Capítulo 19

—Necesito zapatos. O una bolsa nueva. Algo caro —anunció Rosalie, entrando en mi apartamento. Era sábado por la mañana y levanté la vista de mi tazón de cereales.

—¿Qué hizo Emmett?

—Se acostó a las tres de la mañana porque estaba jugando un partido de fútbol en su Xbox. Me despertó después de haber estado en un turno de catorce horas.

Esas eran las reglas de su relación. Si Emmett cabreaba a Rosalie, su tarjeta de crédito recibía una paliza. Si Rosalie cabreaba a Emmett, él tendría el control remoto durante dos semanas. No lo entendía, pero el sistema les funcionaba.

—Nos vamos al centro. Agarra tu bolso y vuelvo en veinte minutos —ordenó Rosalie mientras raspaba los últimos copos de maíz.

—Claro, claro... pero vamos a buscar un Barnes & Noble.

—Lo que sea —masculló Rosalie por encima del hombro.

Fui a mi habitación y me puse unos zapatos cómodos, pasando un cepillo por mi cabello. Había estado de compras con Rosalie antes y este era generalmente un evento de todo el día. No me importaba, ir de compras era una manera tan buena de pasar un sábado como cualquier otra.

Emmett estaba sacando la basura cuando nos fuimos y besó a Rosalie antes de irnos.

—Que te diviertas —comentó él dulcemente.

—Lo haré, cariño. ¿Vas a cocinar la cena?

—Por supuesto. Bella, ¿quieres stroganoff?

—Suena bien, Em. —Sonreí cuando me guiñó un ojo, desapareciendo adentro mientras Rosalie y yo nos dirigíamos a su auto.


Aparcamos en Pacific Place y Rosalie me llevó a la boutique más cercana. Y luego a la siguiente más cercana. Y luego alrededor de ocho más después de esa. La seguí obedientemente e incluso encontré algunas piezas para mí, un suéter azul oscuro y unas lindas bailarinas. Estaba debatiéndome sobre un par de vaqueros cuando Rosalie apareció a mi lado, agarrando sus bolsas.

—No. Hay un lugar mejor para los vaqueros al que quiero ir en un rato —ofreció y tomé su consejo, devolviéndolos.

Cuando era adolescente, odiaba ir de compras. Pero una vez que comencé la universidad, pasé un poco más de tiempo buscando en las tiendas, enfocándome en encontrar algunas cosas que realmente me gustaban. Incluso ahora, probablemente solo me llevaría a casa dos o tres piezas de ropa en comparación con los puñados de Rosalie, pero disfrutaba armando atuendos a partir de pequeñas piezas que amaba.

—Vamos a recargar baterías, voy a necesitar cafeína. Después podemos ir a tu librería y visitar algunos lugares más antes de regresar —sugirió Rosalie y acepté. Era un día fresco, aunque no llovía, lo cual era un cambio agradable.

—Me gusta ese suéter que tienes —dijo Rosalie casualmente mientras nos dirigíamos a un restaurante—. Ese color realmente te queda bien.

—Gracias, podría combinarlo con esos pantalones negros. Oh, lo siento —me disculpé mientras chocaba con alguien, pero luego me congelé cuando miré casualmente a la persona con la que me choqué.

Era Alice Cullen.

Ella parpadeó hacia mí sorprendida.

—Vaya. Hola… Bella… —murmuró, un poco sin aliento.

—Alice, mira por dónde vas, cariño. ¡Casi derribaste a la pobre chica! —Otra voz interrumpió nuestra breve competencia de miradas y me encontré mirando a una mujer menuda y con curvas, probablemente de cuarenta y tantos años, con cabello rizado color caramelo y ojos agradables.

—Oye, ¿no vas…? —Rosalie se detuvo, reconociendo a Alice de la noche que trajo a Edward a mi apartamento.

Nos quedamos incómodas por un momento hasta que Alice pareció recuperarse, apartando su mirada de la mía.

—Lo siento. Uh... Mamá, esta es... esta es Bella. Bella, mi mamá, Esme Cullen —nos presentó con incertidumbre, no segura de mi reacción. Todavía estaba congelada en el lugar, parpadeando estúpidamente a la hermana de Edward. Mientras tanto, Esme había tomado una bocanada de aire, obviamente sabiendo quién era yo.

—¡Vaya! Oh, Bella… —respiró emocionada y luego se detuvo, mirando a Rosalie, quien se presentó suavemente mientras yo seguía allí, como una imbécil.

—Alice y yo estábamos a punto de almorzar. Por favor, únanse a nosotras.

—Nos encantaría —accedió Rosalie mientras yo todavía tenía trabada la lengua, pero le lancé una mirada rápida y ella me la devolvió, retándome a desafiarla—. Estábamos a punto de comer de todos modos.

—Maravilloso. —Esme sonrió, casi vibrando de placer. Alice se veía un poco más insegura, y estoy segura que el mismo sentimiento se reflejó en mi propio rostro.

Entramos en el restaurante y Esme pidió una mesa para cinco antes de mirar por encima del hombro para sonreírme.

»Nos encontraremos con Edward para almorzar, estoy segura de que estará encantado de verte.

Oh, Dios…

Alice parecía aún más angustiada mientras nos dirigíamos a la mesa y antes de que nos sentáramos, me miró a los ojos y murmuró una disculpa en silencio, mirando incómodamente a su madre. Eso fue raro. Sabía que Edward le había pedido que se mantuviera alejada de mí, pero ella no tenía la culpa aquí. En realidad, nadie la tenía. Esme probablemente no sabía toda la situación y Alice no había roto su promesa a Edward.

Edward.

Mi corazón se aceleró un poco cuando su nombre entró en mi mente y el dolor en mi pecho dio una punzada irritable, desesperada por él, anhelando su toque nuevamente.

Así que no fue una sorpresa que yo fuera la primera en saber cuando él entró y, a juzgar por la forma en que sus ojos buscaron los míos al instante, tampoco fue una sorpresa para él. Se paró junto a la mesa, contemplándome. No mostraba conmoción en su rostro, ni sorpresa, sino una mirada de placer incierto.

—Bella...

—Nos encontramos con Bella y Rosalie afuera, así que las invitamos a unirse a nosotros —explicó Esme alegremente. Edward asintió en silencio y se sentó a mi lado, mirando a Alice. Ella levantó las manos en un gesto inocente y negué con la cabeza.

—Alice no… quiero decir… —Miré mis manos con torpeza y Rosalie soltó un suave resoplido de risa, entregándome un menú.

—Tu ineptitud social me está matando ahora mismo —murmuró mientras Edward también tomaba un menú.

—Rosalie, ¿cómo es que Bella y tú se conocen? —inquirió Esme, decidida a romper el hielo de una forma u otra.

Cuando Rosalie comenzó a hablar, me arriesgué a mirar a Edward. Me observaba de vuelta e intercambiamos sonrisas incómodas.

—Lo siento por mi mamá.

—Está bien —dije suavemente, dejando mi menú y apoyando mis codos en la mesa. La mano de Edward rozó mi muñeca y ambos dimos ese familiar suspiro de placer cuando nuestros dolores mutuos se desvanecieron.

—¿Cómo estás? —preguntó en voz baja mientras Rosalie y Esme charlaban. Noté que Alice estaba mirando disimuladamente sobre su menú, pero la ignoré.

—Estoy bien. ¿Tú?

—Bien, también. —Sonrió y señaló algo en mi menú—. Los raviolis de champiñones son muy buenos aquí. Si te gusta eso.

Sonreí y asentí con la cabeza, quitando las manos del camino cuando llegó la camarera para tomar nuestros pedidos. La mano de Edward colgó a un lado de la mía y, sin darnos cuenta, nuestros dedos se entrelazaron. El pulgar de Edward recorrió el dorso de mi mano, enviando un escalofrío a través de mi caja torácica con cada latido

—¿Qué es lo que haces, Bella? —indagó Esme y giré la cabeza para mirarla.

—Soy editora junior y asistente en una pequeña editorial.

—¿Estás trabajando en algún libro interesante en este momento? —preguntó Edward y yo rodé los ojos.

—No. Esta semana leí un manuscrito sobre cómo la energía solar es el futuro. No sirve de mucho cuando vives en Seattle.

Esme se rio entre dientes y sentí los dedos de Edward apretar los míos. La sensación de su piel contra la mía me distraía tanto que ni siquiera escuché a Esme haciéndome una pregunta hasta que Rosalie me dio un codazo.

—¿Lo siento? —Levanté la vista bruscamente.

—Te pregunté si siempre has vivido en Seattle.

—Oh, no. No, vine a la universidad aquí. Disculpen, necesito… —Me puse de pie, soltando la mano de Edward. Necesitaba un minuto para mí, me sentía totalmente abrumada. Alice, Edward, Esme, todos mirándome, era demasiado.

Me dirigí al baño de damas y pasé mis manos bajo el grifo de agua fría, luego presioné mis dedos fríos en mi cara. Tomé una respiración profunda. Me miré en el espejo.

Todo estaba bien.

Oh, mierda, estaba protagonizando mi propia versión retorcida de "Conociendo a los Padres". Excepto que, en lugar de una comedia hilarante, le causé a su hijo una agonía y angustia increíbles.

—¿Estás bien? —Levanté la vista y vi el reflejo de Esme en el espejo. Tragué saliva y me giré para mirarla.

—Sí. Sí, lo siento, solo necesitaba un descanso.

—Me acabo de dar cuenta de que estoy haciendo exactamente lo que temía cuando conocí a los padres de Carlisle. Lo siento —se disculpó Esme, su rostro torcido en una expresión comprensiva—. Estoy haciendo eso que hacen las mamás, ¿no?

—Supongo que es tu trabajo —balbuceé torpemente y Esme apretó mi hombro cálidamente.

—Dejaré de hacerlo, lo prometo. ¿Te importa si hablamos un momento?

Había un pequeño sofá en un extremo del baño y nos sentamos. Pasé mis manos nerviosamente sobre mis rodillas, deshaciéndome del polvo inexistente. Esme me sonrió de nuevo.

—Edward nos explicó a su padre y a mí lo que pasó con su imprimación.

Desvié la mirada, la sangre corriendo por mi cara. Oh, Dios. Esto no era bueno. La mano de Esme tocó la mía.

»También sé que Edward te explicó lo que sucedió cuando Carlisle se imprimó en mí. No fui precisamente receptiva y le dije que no me interesaba una relación romántica. Puedo entender por qué estarías reacia en tu situación, es algo que puede ser muy difícil de aceptar —ofreció en voz baja—. No voy a tratar de exaltar a Edward, porque sé que nada de lo que pueda decirte influirá, pero todo lo que puedo decir es que lo entiendo.

—No sé lo que estoy haciendo —solté y Esme se rio, acomodando su cabello detrás de sus orejas.

—Oh, cariño, eso no tiene nada que ver con la impronta. Eso tiene que ver enteramente con los hombres. Particularmente los hombres Cullen, generalmente no tienen idea de cuán encantadores pueden ser. ¿Volvemos a la mesa antes de que Edward piense que te estoy obligando a un matrimonio arreglado?

Le di una sonrisa a medias y la seguí. Los otros estaban hablando, Edward aparentemente bromeando con Alice mientras ella le hacía un puchero.

—Nunca vas a dejarlo ir, ¿cierto? ¡Lo juro, rompes la figura de GI Joe de un tipo una vez y nunca dejas de escuchar sus quejas!

—Lo ataste a un fuego artificial. Todo lo que encontramos fue una bota de combate —replicó Edward y Rosalie se rio.

—Mira esto, Bella, Alice aquí es la alborotadora de la familia.

—Pero Edward siempre estuvo cerca para ayudarme a cubrirme la espalda. —Alice sonrió a su hermano y él puso los ojos en blanco. Esme arqueó una ceja.

—Y qué placer fue criarlos a ustedes dos. Todavía tengo ataques de ansiedad cada vez que planeo una cena, temiendo lo que podrían estar planeando.

El resto de la comida transcurrió sin incidentes, mucha charla ligera y cuando terminamos, Edward miró su reloj.

—Tengo que volver a la oficina —se despidió y me levanté bruscamente.

—Te acompañaré hasta la salida. Rose, ¿tomas mis bolsas?

Salimos a la calle y bajamos un poco para no estar directamente frente a la ventana del restaurante. Edward me miró, con una leve sonrisa nerviosa.

—¿Está todo bien? ¿Esme no…?

—No, no. Ella estuvo bien. Es amable —escupí apresuradamente.

No sé por qué dije la siguiente parte. Mi mente saltaba de una Esme imaginaria, rechazando a Carlisle, un hombre desesperado por ayudarla y finalmente aceptando la imprimación y Charlie, usando suplementos y su propia fuerza para encontrar la felicidad sin su impronta.

Direcciones opuestas y yo en el medio, tratando de tomar una decisión. No podía tomar esa decisión en este momento.

—¿Quieres venir a cenar mañana por la noche? —pregunté, fijando mis ojos en su cuello. Era más fácil mirar su cuello que sus ojos. Edward tragó saliva, vi moverse su nuez de Adán.

—Sí. Está bien, sí. —Pasó su mano por su cabello y me mordí el labio, moviendo mi mirada hacia el concreto bajo nuestros pies.

La mano de Edward apareció en mi línea de visión y me tocó la barbilla. Mis ojos se lanzaron hacia los suyos y él estaba sonriendo un poco.

—Envíame un mensaje de texto con la hora y cualquier cosa que pueda llevar.

—Está bien —susurré y la mano de Edward se movió para acunar mi mejilla, acercándome más. Me tensé un poco, pero su boca se presionó contra mi frente, un gesto suave y dulce. Mis dedos se envolvieron alrededor de su muñeca y lo miré a los ojos de nuevo.

No dijo una palabra más. En cambio, nos separamos en medio de la concurrida calle y mientras caminaba de regreso al restaurante para encontrarme con Rose, sentí que en lugar de seguir la imprimación como Esme, o dejarla como Charlie, podría elegir mi propio camino.