Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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Capítulo 20

Cena.

Podía hacer la cena. La cena no era un compromiso loco, no significaba que la imprimación hubiera ganado, significaba que yo elegí cenar con Edward.

Quien resultaba ser mi impronta.

Y también tenía que ser jodidamente caliente.

Era terca, pero tenía ojos. Lo digo en serio. El tipo hacía caer las bragas mientras caminaba por la calle. Lo que esas mujeres no sabían era que Edward Cullen era un poco tonto.

Comenzó con un texto de broma.

Oye, Bella, ¿cómo llamas a un vuelo sin alas?

No sé.

Un paseo.

Edward, eres absurdo. Eso fue horrible.

Oye, Bella, ¿quieres escuchar un buen chiste sobre una pizza?

Estoy mentalmente suspirando, pero seguro.

No importa... es demasiado ricota*.

Acabo de gruñir. En voz alta.

Oye, Bella, ¿qué es marrón y pegajoso?

¿No tienes trabajo?

Un palo. Sí, hoy está muy aburrido y como es domingo, decidí encontrar un mejor uso de mi tiempo.

Si quieres comer esta noche, te sugiero que me dejes seguir cocinando.

Oye, Bella… espero con ansias esta noche.

Cuando recibí ese mensaje, el dolor en mis costillas estalló como un fuego artificial y tuve que apoyarme contra el mostrador de la cocina, mirando mi teléfono.

Yo también.


Hice pierna de cordero cocida en salsa de romero y vino tinto, papas gratinadas y verduras frescas. Porque todos esos platos tomaban mucho tiempo para preparar y cocinar y cuanto más tiempo estaba ocupada, menos tiempo estaba enloqueciendo.

Y enloqueciendo estaba.

No sabía cómo admitirlo, pero… me gustaba Edward. Era divertido y agradable y, como se mencionó antes, jodidamente atractivo.

Pero tampoco estaría remotamente interesado en mí si no fuera por la imprimación. Estaba bastante segura de eso. Salía con mujeres modelos con una carrera que pasaban los fines de semana rescatando cachorros o cosas por el estilo. Yo pasaba mis fines de semana leyendo o jugando Xbox con Emmett. Nunca he rescatado un cachorro en mi vida. Y ciertamente no soy una modelo, no es que tenga un aspecto trágico, simplemente... no soy una modelo.

En un mundo sin impronta, Edward no me querría. ¿Quién iba a decir que me deseaba ahora? Todo lo que sabía era que él quería hacer que la imprimación funcionara. No había dicho que quería una relación de impronta tradicional, pero seguramente lo haría eventualmente.

No quería lastimarlo y sabía que lo estaba manteniendo a distancia, pero también tenía que protegerme. Técnicamente, no debería tener miedo de que me lastime debido a la imprimación bidireccional... estaba atado a mí, como yo lo estaba a él. Pero las expectativas... siempre cambiarían, siempre podrían ser diferentes. Edward tenía expectativas de la impronta.

No sabía cuáles eran sus expectativas de mí.

Por otro lado, no sabía cuáles eran mis expectativas de él. Con Jacob, esperaba amor, matrimonio e hijos. Con ese tipo en el bar, esperaba sexo y despedidas incómodas.

Si tenía alguna expectativa de Edward, era de rechazo y decepción, porque eso era todo lo que había visto en las imprimaciones.

Suspiré, yendo a mi habitación a cambiarme. Me puse unos lindos vaqueros y mi nuevo suéter azul. Me veía bien y me mordí el labio, pasándome las manos por los costados, alisando la tela. Me puse unos aretes y volví a salir a la cocina. La comida olía bien y mi estómago gruñó un poco. Me moría de hambre y saqué una punta de espárrago de la vaporera, masticándola ociosamente.

Sonó el timbre y me acerqué al altavoz, presionando el botón del intercomunicador.

—¿Hola?

—Soy yo. Edward.

—Sube —dije, masajeando la parte dolorida en mis costillas. Me apoyé con la espalda contra la puerta, esperando que llamara.

—No seas estúpida, Bella —me susurré a mí misma—. No seas… solo dale una oportunidad, ¿de acuerdo? Solo averigua qué va a salir de esta imprimación y no seas estúpida.

Llegó el golpe y respiré hondo antes de darme la vuelta y abrirla. Edward sonrió, su mano en su cabello y una botella de vino en la otra.

—Hola.

—Hola —suspiré una respuesta cuando entró. Se inclinó y rozó sus labios sobre mi mejilla rápidamente antes de pasarme la botella.

—Espero que esto esté bien. Que vaya con lo que estás cocinando.

—Está bien —indiqué con una sonrisa. Me siguió a la cocina y serví una copa de vino para cada uno. Edward estaba mirando a escondidas en la sartén sobre la estufa que contenía las piernas de cordero.

—¡Ay! —Se chupó el dedo escaldado y puse los ojos en blanco.

—¿Estás bien?

—Sí. Mamá siempre me regaña por entrometerme en la cocina —explicó con una sonrisa y un escalofrío me recorrió la espalda al verlo.

—La cena está casi lista, a menos que quieras el gran recorrido. —Miré de la cocina a la sala de estar—. Ese es el baño y ese es el dormitorio.

—La mejor gira en la que he estado este año.

—Las críticas han sido positivas —respondí secamente.

Nos sentamos en mi pequeña mesa y Edward gimió su aprecio por la comida. Resultó bien. El cordero estaba tierno y se despegaba del hueso, las papas estaban ricas y cremosas y las verduras estaban crujientes y deliciosas.

—Bella, eso fue fantástico —alabó, frotándose el estómago cuando terminamos. Sonreí, bebiendo mi vino. Se me había subido un poco a la cabeza, haciéndome sentir bastante ligera.

—Me alegra que lo hayas disfrutado —agradecí y Edward sonrió de nuevo. Habíamos mantenido la conversación ligera, hablando sobre el trabajo y la familia de Edward. Sus historias sobre Alice me hicieron reír.

—Suena como si fueran muy cercanos —comenté y él asintió.

—Lo somos. Es un dolor en el trasero, pero no la cambiaría por nada del mundo. —Se rio entre dientes—. Recuerdo cuando la conocí por primera vez. Era solo una bebé y yo no estaba muy entusiasmado con tener una hermana. Le pregunté a papá si podíamos cambiarla por un niño.

Me reí, poniéndome de pie con los platos. Edward me ayudó a limpiar la mesa y le dije que se sintiera como en casa. Dejé los platos en remojo y volví a buscarlo. Estaba agachado junto a mi biblioteca, leyendo los títulos.

—Tienes una colección bastante diversa aquí —comentó, recorriendo con el dedo los títulos que abarcaban desde manga hasta novelas de chicas y misterios de asesinatos.

—Me gusta mezclarlo —confesé, sentándome en el sofá. Encendí la televisión en una vieja comedia para proporcionar un poco de ruido de fondo mientras Edward movía su atención a las únicas dos fotografías en la habitación. Una era mía, Rosalie y Emmett en la playa y la otra era de Charlie y yo.

—¿Este es tu papá?

—Sí.

—Te pareces a él. El bigote especialmente. —Sonrió y yo fruncí el ceño, arrojándole un cojín. Lo atrapó hábilmente, su risa resonando por todo el apartamento. Levanté mis pies debajo de mí mientras él se hundía en el sofá a mi lado.

—¿Has vuelto a saber de tu madre? —preguntó tentativamente y mordí mi labio, descansando mi barbilla en mi brazo mientras me apoyaba en el respaldo del sofá.

—No. Quiero decir, no ha tratado de contactarme en años.

—¿Pero eres cercana a tu papá?

—Él me crio, prácticamente solo —respondí en voz baja, mirando la fotografía—. Él es asombroso.

—Me encantaría conocerlo algún día.

Mi corazón latió con fuerza ante esas palabras y miré a Edward. Su cuerpo estaba girado para estar frente a mí y su rostro estaba serio, esperanzado, pensativo…

—Me dijo que está saliendo con alguien —susurré y las cejas de Edward se juntaron.

—¿Saliendo con alguien?

—Sí. Él... ha estado tomando suplementos durante tanto tiempo... No entendía cómo podía hacerlo. —Presioné mi mano contra mis costillas—. No entiendo cómo alguien puede sentir… esto… y ver a alguien más y sentir…

No sabía cómo explicarlo y me estaba frustrando, siendo desgarrada en dos direcciones; la mano de Edward presionó sobre la mía contra mis costillas y el dolor se desvaneció bajo su toque. Su frente tocó la mía y sentí su aliento en mis mejillas.

—Aunque lo intentaste. Lo intentaste en el club —musitó, tenía desesperación en su tono, desesperado por una explicación, por consuelo, y sentí que las lágrimas picaban en mis ojos.

—No quería ceder ante la impronta.

—¿Y ahora?

—No sé. ¡No lo sé! —jadeé la respuesta cuando la boca de Edward encontró la mía. Sabía a romero y vino y dulzura y alivio. Envolví mi mano en su camisa, apretando mis dedos en la tela.

—¿Por qué estás luchando tan fuerte? —susurró Edward, envolviendo una mano alrededor de mi nuca y acercando mi boca a la suya.

—Quiero elegir —jadeé entre besos frenéticos antes de capturar su boca de nuevo—. Quiero elegir.

—Elígeme a mí.

Era más que una súplica. Los brazos de Edward me rodearon, jalándome contra él, ambos repentinamente desesperados por el contacto, el tirón entre nosotros frenético cuando deslicé mis dedos en su cabello y él se movió para acostarse sobre mí, una de sus rodillas entre las mías mientras me besaba una y otra vez, el sabor del vino en sus labios y lengua.

»Elígeme a mí —pidió de nuevo y me quedé quieta, sin aliento, cuando abrí los ojos para verlo mirándome, verdes, intensos, hermosos.

Quería llorar. Quería besarlo de nuevo. La imprimación me suplicaba que me rindiera, que le diera todo; y mi mente me gritaba que redujera la velocidad, que pensara, que pensara en Charlie y Esme y Jacob y Edward, Edward, Edward.

Se inclinó de nuevo y presionó su frente contra la mía, cerrando los ojos. Nuestros pechos estaban apretados y casi podía sentir los latidos de su corazón. Moví mi mano hacia arriba para colocarla sobre el órgano palpitante y Edward soltó un suave suspiro.

—No sé lo que estoy haciendo, Bella.

—Yo tampoco.

—Te deseo. No es solo la impronta, no puede serlo. La impronta es solo genética. Esto es más —sonaba tan seguro. Tan seguro y quería creerle mientras rozaba mi boca contra la suya otra vez, mis dedos en el suave cabello de su nuca—. ¿Me deseas? —susurró las palabras en mi boca, como si tuviera miedo de escuchar la respuesta.

¡Sí!, gritó la impronta y yo dudé.

Era hermoso, amable y divertido y me deseaba. Él me deseaba.

—Te deseo, pero…

—Pero no imprimado.

—No sé. —Volví a sentir esa sensación de que mi mente se desgarraba en dos direcciones diferentes—. No tiene sentido.

Estábamos muy quietos, ambos con los ojos cerrados hasta que Edward comenzó a moverse, enderezándose hasta que estuvo sentado pero conmigo pegada contra él para que mi cara descansara en el hueco de su cuello y sus brazos alrededor de mí. Ninguno de los dos habló durante mucho tiempo.

—Esto es muy difícil —murmuró—, te he esperado tanto tiempo de, pero también tenía miedo de encontrarte.

—¿Por qué? —Jugué con el botón de su camisa, trazando el pequeño círculo de plástico.

—Porque tenía miedo de no ser suficiente. Que no cumpliría con la imprimación correctamente, que no podría hacerte feliz.

—Supongo que ese es el problema con una impronta bidireccional. Tenemos que descubrir qué es lo que el otro necesita y convertirnos en eso —sugerí lentamente, pero Edward negó con la cabeza, su barbilla rozando mi cabello.

—No cambies. No quiero que lo hagas y tampoco quiero cambiar.

—¿Acaso no es ese el objetivo de una imprimación? ¿Convertirse en lo que la otra persona necesita? —mascullé con amargura y Edward apretó sus brazos a mi alrededor.

—Creo… —comenzó lentamente—, que simplemente somos lo que la otra persona necesita. Y tal vez ambos necesitábamos algo más. Es por eso que ambos imprimamos.

Esto llevaba a la pregunta, ¿qué necesitaba? ¿Qué había estado esperando? ¿Y qué había estado esperando Edward?

Cerré los ojos, descansando contra el hombro de Edward mientras me sostenía. Esto se sentía tan bien, como si lo hubiera estado esperando. Se sentía tan bien.

Y ese era el problema: no sabía cómo confiar en ese buen sentimiento porque no sabía cuánto era la imprimación y cuánto era lo que realmente sentía por Edward. Y viceversa, ¿cómo podría estar segura de los sentimientos de Edward por mí?

Todo lo que sabía era que se sentía bien.

Levanté la cabeza y lo besé de nuevo. Su mano acunó la parte de atrás de mi cabeza y captó mi mirada, brillantes ojos verdes.

—No tenemos que encontrar todas las respuestas en este momento, ¿verdad? —dijo reflexivamente—. Tal vez podríamos simplemente… ¿hacerlo a nuestra manera? Imagina que nos acabamos de conocer en el andén de la estación y te invité a salir y la primera cita fue increíblemente incómoda y estaba demasiado nervioso para decir algo, así que hice bromas estúpidas toda la noche.

—¿Y pasé la noche poniendo los ojos en blanco? —Sonreí, entusiasmándome con su extraña idea. Se rio, mi torso moviéndose sobre su pecho retumbante.

—Exactamente. Pero creo que eres increíble, así que te invito a salir de todos modos y te ofreces a cocinar la cena para que no te vean en público conmigo.

Me reí esta vez y Edward agachó la cabeza, presionando su rostro contra mi cabello. Deslicé mis brazos alrededor de su cuello, enterrando mi propia cara en su cuello. Nos sentamos en el sofá, escuchando las risas de la comedia y el sonido del tráfico que pasaba por el apartamento. La mano de Edward acarició mi espalda de arriba abajo y ese gesto reconfortante en combinación con la plenitud de la comida y la pesadez del vino me hizo sentir somnolienta. Cerré los ojos con un suave suspiro.

No puedo decir cuánto tiempo nos sentamos allí, la mano de Edward en mi espalda y yo al borde del sueño, pero después de un rato se movió.

—Debería irme. Parece que te vas a quedar dormida en cualquier momento.

—Mmm.

Me puse de pie y con la mano de Edward firmemente alrededor de la mía, caminamos hacia la puerta. Antes de que Edward la abriera, se inclinó y me besó de nuevo, dulce y suave.

—¿Puedo volver a verte pronto? —preguntó y yo asentí.

—Buenas noches, Edward.

—Buenas noches, Bella.

Abrí la puerta y me quedé en el umbral, observándolo mientras se dirigía a las escaleras. Me lanzó una última sonrisa antes de desaparecer.

Fue entonces cuando me di cuenta de que Rosalie y Emmett miraban a través de su propia puerta principal, con sonrisas iguales en sus rostros.

—¡Oye, mira, Rosie! Es Edward, ese chico con el que Bella no está saliendo y que no es un idiota, pero sí genial. Me pregunto qué estaba haciendo en el apartamento de Bella —susurró Emmett en voz alta a Rosalie, quien me sonrió.

Les saqué el dedo medio a ambos antes de cerrar la puerta e irme a la cama.