Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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Capítulo 22
Miércoles por la noche, hora de la llamada de Charlie. Se me adelantó esa semana y contesté el teléfono.
—Hola, papá.
—Hola, chica. ¿Vienes el próximo fin de semana?
Teníamos el fin de semana largo debido a que la oficina estaba cerrada el viernes, me apoyé contra la encimera de la cocina.
—Claro, eso tiene sentido. Puedo llegar temprano el viernes y luego regresarme el domingo —accedí y escuché la brusca aprobación por parte de Charlie. Charlamos un rato y luego se despidió cuando Sue lo llamó para cenar.
Sonaba feliz. Colgué, pensando mucho.
¿Debería preguntarle a Edward si quería venir conmigo a Forks? Significaría decirle a Charlie que me imprimé. También le mostraría a la gente que estaba siguiendo la impronta. Todavía estaba tomando los suplementos, pero ahora solo una vez al día y no me había sentido nada mal. Esto me inquietaba un poco, mi cuerpo se estaba ajustando a la proximidad de Edward.
No podía simplemente ignorar más esto. Cualesquiera que fueran mis sentimientos por la impronta, lo que sentía entre Edward y yo era poderoso. Realmente no habíamos salido desde el fin de semana, pero hablábamos todos los días y en realidad extrañaba verlo.
La impronta era poderosa, pero ¿cuánto de lo que estaba sintiendo era eso y cuánto era lo que realmente sentía por Edward? Este tipo de pensamientos podían volver loca a una chica.
Crucé el pasillo y entré al apartamento de Rosalie y Emmett, saludando mientras lo hacía. La última vez que no los alerté de mi presencia, fui recibida por la desagradable vista del trasero de Emmett.
Lección aprendida.
—Estoy en la cocina —dijo Emmett en voz alta—. ¿Quieres cenar?
—¿Qué estás cocinando? —pregunté, yendo a la cocina.
—Lasaña.
—Oh, rico. Sí, por favor. —Me senté en una sección limpia de la encimera de la cocina y observé cómo Emmett llenaba un plato con carne, pasta y queso antes de meterlo en el horno.
—Entonces, ¿qué te trae a nuestros dominios, Swan? —inquirió Emmett—. ¿Buscando a Rosie?
—Solo distrayéndome.
—¿De tu novio?
—Él no es mi novio, así que deja de actuar como un niño de catorce años —lo regañé mientras me entregaba una botella de cerveza abierta.
Emmett se rio, tomando un trago de su propia bebida. Me acomodé, quitando la etiqueta de mi botella.
—Tengo algunos problemas.
—Si son problemas de chicas, realmente preferiría que esperaras a que Rose llegara a casa del trabajo. —Parecía un poco aprensivo y puse los ojos en blanco.
—No son problemas de chicas. Está relacionado con la relación —expliqué y Emmett se encogió de hombros.
—¿Tiene que ver con Edward?
—Sí.
—Pregúntame.
Respiré hondo y continué triturando la etiqueta de mi botella. Emmett me esperaba con calma, bebiendo su cerveza.
—Bueno... me cae bien.
—Lo deduje por la sonrisa tonta —musitó Emmett, sacando vegetales del refrigerador y encontrando una tabla de cortar.
—Pero no sé cuánto me gusta.
—¿Debido a la imprimación?
—Debido a la imprimación. —Observé cómo empezaba a enjuagar las verduras de la ensalada y le pasé un cuchillo afilado del bloque de madera.
—¿Por qué te gusta? —cuestionó Emmett, cortando un tomate en cuartos.
—Porque es agradable. Como, genuinamente agradable. Y es divertido y dulce. Todavía me envía esos chistes tontos.
—¿Y la impronta les dice que están hechos el uno para el otro?
—Sí.
—Pásame la cerveza. —Le entregué la botella a Emmett y bebió de nuevo antes de mirarme—. ¿Entonces cuál es el problema? Te gusta él. Le gustas. La madre naturaleza está diciendo que lo hagas.
—Debido al problema del libre albedrío que viene con la impronta.
—Y por tu propia voluntad, has decidido que Edward es agradable, divertido y dulce. Por cierto, si alguna vez le cuentas a Edward esta historia, asegúrate de incluir varonil y rudo si no quieres que se sienta totalmente castrado.
Quité el último trozo de la etiqueta y lo doblé en un pequeño cuadrado. Emmett probablemente podía ver que todavía me sentía insegura y comenzó a charlar de nuevo mientras cortaba una rama de apio.
—¿Sabes que Rosalie no podía soportarme cuando nos conocimos?
—¿Qué? —Nunca había oído eso antes. Emmett sonrió, riendo para sí mismo.
—Sí. Ella trabajaba en una cafetería y yo iba todos los días. Simplemente me senté en ese mostrador, tratando de entablar una conversación con ella y ella me ignoró cada vez.
—¿Por qué seguiste intentándolo?
—Porque tenía un presentimiento sobre ella. —Emmett sonrió, entregándome un trozo de pepino. Lo mastiqué ociosamente—. En el momento en que la vi, supe que ella era adecuada para mí y todo lo que supe sobre ella después de eso lo confirmó. No fue una impronta, pero a veces simplemente sabes cuándo alguien va a cambiar tu vida.
La puerta se abrió y Rosalie gritó hola, quitándose los zapatos mientras se acercaba y tomaba mi cerveza, bebiendo profundamente antes de inclinarse para besar a Emmett.
—¿Todo está bien? —preguntó y yo asentí.
—Sí. Todo está bien.
No todo estaba bien.
Angela y yo nos sentamos en nuestros escritorios en silencio, sin siquiera atrevernos a levantarnos para tomar un café. Victoria llevaba de mal humor toda la mañana. Había cerrado de golpe archivos, gritado por teléfono y ni siquiera nos miró una sola vez.
Pero ahora era la hora del almuerzo y Victoria siempre le pedía a una de nosotras que fuera por su almuerzo.
Capté la mirada de Angela y levanté una mano. Ella asintió y cada una de nosotras golpeó nuestros puños contra las palmas.
La mano de Angela formó un trozo de papel y la mía se apretó en una roca.
Maldición.
El alivio en el rostro de Angela era palpable y gemí suavemente cuando me levanté de la silla y me acerqué a la puerta cerrada de la oficina de Victoria. Llamé suavemente y entré por orden de Victoria.
Las persianas estaban cerradas y pude ver de inmediato que estuvo llorando. Sus ojos estaban enrojecidos y miró hacia otro lado, sorbiendo mientras yo dudaba, cerrando la puerta detrás de mí.
—Uh, iba a… almorzar… —Ella asintió en silencio y tragué saliva. Me sentí desesperadamente incómoda al verla golpeando su bolígrafo contra el escritorio.
—Solo un sándwich estará bien —indicó suavemente y yo asentí.
Después de un largo momento, tomé un respiro.
—¿Hay algo... hay algo que pueda hacer? —inquirí, esperando que fuera un problema relacionado con el trabajo. La suerte no estaba de mi lado.
Victoria mantuvo la mirada fija en el escritorio mientras hablaba, con la voz ronca por el llanto.
—Problemas maritales, Isabella —comentó—. Tuvimos una pelea esta mañana. Otra vez.
Otra vez. Lo que implica que había tenido otras. No hablé y Victoria suspiró profundamente, dejando caer la pluma.
—No sé qué más decirte.
—Lo siento. —Fue lo único que se me ocurrió decir. Victoria negó con la cabeza, apartándose el rizado cabello rojo de la cara.
—Lleva a Angela a almorzar también. Ambas necesitan el descanso.
Asentí en silencio de nuevo y salí de la oficina. Angela me miró e inclinó la cabeza interrogativamente, pero negué con la cabeza.
No quería decirle lo que vi. Estuve así de infeliz y vulnerable una vez y nadie quería espectadores en esas circunstancias.
—Vamos. Ella nos quiere fuera a las dos —informé y Angela abrió su cajón, sacando su bolso.
Eché un último vistazo a la puerta cerrada de la oficina antes de irnos y suspiré. Por primera vez, sentí una punzada de simpatía por Victoria y surgió la sensación de inquietud que me infectaba la boca del estómago cada vez que James estaba cerca.
Esa era una pelea en la que no quería estar involucrada.
