Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic


Capítulo 25

Edward me dejó en mi apartamento el domingo por la noche, pero no se quedó, ya que ambos teníamos trabajo temprano a la mañana siguiente. Nos separamos con otro beso prolongado y una luz brillando en los ojos de Edward que no había visto antes.

Tomé el tren para ir al trabajo a la mañana siguiente y encendí la máquina de café antes de que llegara Angela. Llegó unos minutos después de que encendí las computadoras, luciendo alegre y relajada.

—Oye, ¿cómo estuvo tu fin de semana? —indagué y Angela me sonrió.

—Asombroso. Ben me llevó a este spa, fue fantástico. ¿Qué hiciste?

—Um… —Me dilaté unos segundos sirviéndonos una taza de café a cada una, sentándome en la esquina de su escritorio mientras ella ponía su bolso en el cajón del escritorio—. Fui a Forks.

—Oh, genial, ¿cómo está tu papá?

—Está bien. Yo... llevé a Edward conmigo. —Salté de su escritorio y volví al mío antes de que pudiera ver su reacción. Cuando miré a mi alrededor, ella estaba sonriendo ampliamente.

¿Cómo es que me estoy enterando de esto hasta ahora?

—Porque si Charlie le disparaba, quería que tuvieras una negación plausible —bromeé secamente. Angela hizo una mueca, abriendo sus correos electrónicos.

—¿Salió mal?

—No tan mal —murmuré suavemente. El suave y afectuoso adiós de Charlie casi me hizo llorar. Sospeché que él y Edward podrían haber tenido una "charla de hombres" en algún momento durante el fin de semana, pero ninguno de los dos me lo admitiría.

Nos acomodamos y solo cuando vi que eran las nueve y diez y Victoria no estaba, empecé a sospechar que algo no andaba bien. Angela pareció darse cuenta al mismo tiempo que yo y nos miramos a través de la oficina.

—¿La llamamos? —preguntó Angela, pero en ese momento, Victoria atravesó la oficina.

—Angela, llama a mi cita de las nueve y media y cancela. Reprograma para el miércoles y luego cancela mi cita de la una en punto. Bella, háblame del manuscrito de Collins —ordenó abruptamente antes de cerrar la puerta de su oficina. Angela y yo intercambiamos una mirada que decía "aquí vamos".

Victoria estaba revisando sus correos electrónicos cuando entré, tomando asiento frente a su escritorio.

—Necesito hacer todo lo que pueda hacer esta mañana. Mi abogado llegará a la una —espetó bruscamente y dudé. Victoria tamborileó con las uñas contra el escritorio, luciendo distraída y extrañamente tranquila.

—¿Está todo bien, Victoria? —inquirí, sin saber si quería saber la respuesta. Victoria volvió sus ojos claros hacia los míos y vi dolor en sus profundidades. Había visto ese tipo de dolor antes y sabía lo que venía antes de que ella lo dijera.

—James quiere el divorcio. Me dio los papeles esta mañana —informó en voz baja—. Hablamos durante mucho tiempo este fin de semana y pensé… tuve la impresión de que íbamos a intentarlo de nuevo, para que funcionara, pero aparentemente él tenía otra idea.

Suspiró profundamente y se frotó los ojos. Ella no tenía nada de maquillaje. Su cabello estaba ligeramente grasoso. Parecía cansada y su traje normalmente inmaculado estaba ligeramente arrugado.

—¿Hay algo que pueda hacer?

—No se lo cuentes a nadie —pidió en voz baja—, y dame la información sobre el manuscrito de Collins. Tengo mis dudas, pero arriba están entusiasmados.

Hice mi trabajo y Victoria tomó notas mientras hablábamos. Tomó mi copia garabateada del manuscrito y escaneó algunas de mis notas. Sopesamos algunos pros y contras del libro en conjunto y finalizamos con un acuerdo tentativo para enviar el manuscrito a nuestro departamento de publicidad. Si pudieran pensar en una manera realmente buena de vender el libro, podría generar ganancias, pero era arriesgado.

Cuando salí de la oficina, Victoria se había puesto un poco de rímel y recogido el pelo en un moño, estaba escribiendo furiosamente en la computadora y así ya se parecía mucho más a mi jefa.

—Bella, saca a Angela de la oficina a la una menos cuarto por una hora. Prefiero no tener público cuando entre mi abogado —sentenció mientras me dirigía a la puerta.


Oye, Bella, ¿por qué 6 le tenía miedo a 7?

No sé, Edward. ¿Por qué?

¡Porque 7 8 9! Sé que te estás riendo de eso. Está bien admitirlo, porque sé que soy histéricamente divertido.

Tienes razón, prácticamente me estoy haciendo pis de la risa.

Lo sabía. ¿Cena esta noche?

Por supuesto. ¿Dónde te apetece comer?

En algún lugar con bistec, hoy me siento varonil. ¿Te recojo a las 7?

Suena bien. Te veo luego.


Lo que pasó en la cena no era importante. Edward y yo comimos, reímos, comparamos chistes tontos. Me preguntó sobre mi día, yo pregunté sobre el suyo y estábamos tan felices como cualquier otra pareja en el restaurante.

Acabábamos de salir del restaurante cuando Edward gimió.

—Dejé mi billetera sobre la mesa.

—Tonto —dije cálidamente—. Ve a buscarla, te esperaré aquí. —Corrió de regreso al restaurante y puse los ojos en blanco, caminando un poco por la calle. Decidí ser toda una mujer y usar una falda, una decisión de la que me estaba arrepintiendo rápidamente cuando el aire de la noche me golpeó. Un tipo que pasaba me golpeó el hombro y vi alrededor brevemente.

—Lo siento.

—¿Bella?

Me quedé helada.

Jacob me miró fijamente. La mujer alta y de cabello oscuro en su brazo parpadeó sorprendida.

Mi estómago se retorció dolorosamente. Jacob y yo nos miramos y luego me ofreció una breve sonrisa, sus dientes blancos contra su piel oscura.

—Bella... Jesús, ha pasado tanto tiempo.

—Hola, Jacob —saludé débilmente. Me quedé atónita, no sabía qué hacer, qué decir. Jacob contempló a la mujer que estaba con él y ella soltó su brazo con una sonrisa. Él dio un paso adelante, su brazo se extendió en mi dirección y me acerqué, dándole un breve abrazo.

Era más alto de lo que recordaba y lo que una vez olía como a madera y pino ahora solo olía a colonia. Su abrazo fue demasiado fuerte, muy... no sé. Simplemente... incorrecto.

Retrocedí justo cuando Edward volvía a salir del restaurante. Vino a mi lado inmediatamente, mirando a Jacob con curiosidad.

—¿Todo está bien? —preguntó y asentí, sin confiar mucho en mi lengua, secretos escondidos en ella.

—Hola, soy Jacob. Bella y yo nos conocimos en la universidad. Ella es Vanesa —se presentó Jacob y se dieron la mano. Un escalofrío me recorrió la espalda cuando el viento sopló y, en un instante, la chaqueta de Edward estaba sobre mis hombros.

La chaqueta de Edward olía a ropa limpia y a calor y mi pulso latió un poco más rápido.

—Tenemos una reservación —le murmuró Vanessa a Jacob con una sonrisa amable y él asintió, dándome una última sonrisa.

—Fue bueno verte, Bella. Me alegro de que estés... me alegro de que te esté yendo bien —musitó y tenía un tono genuino en su voz que me hizo asentir antes de que los dedos de Edward se entrelazaran con los míos y nos diera la vuelta.


El camino de regreso a mi apartamento fue silencioso. No incómodo, pero estaba muy ocupada dándole vueltas a todo en mi mente.

Ver a Jacob de nuevo... habían pasado años. Antes de conocer a Edward, cada pensamiento sobre Jacob estaba lleno de ira y dolor, retorciéndome en el estómago y trayendo nada más que vacío.

Pero ahora... justo ahora, no significó nada. Solo alguien que solía conocer, alguien que significó algo antes, pero ahora no significaba nada.

Tal era el poder de la impronta.

La mano de Edward descansaba sobre su muslo y me estiré, tomando la suya entre las mías mientras nos deteníamos frente a mi apartamento. Me miró con curiosidad.

—¿Café?

—Por supuesto —accedió.

Cuando entramos, encendí la tetera y me giré para ver a Edward contemplándome con expresión curiosa.

—Entonces… ¿conociste a Jacob en la universidad?

—Lo amaba y se imprimó en otra persona. Me dejó. —Las palabras brotaron y Edward cerró los ojos, como si esta explicación tuviera todo el sentido del mundo, explicara todo lo que sabía sobre mí.

—Lo siento... debe haber sido doloroso para ti esta noche —sugirió en voz baja y había más dolor en su voz que en mi encuentro con Jacob.

Ignoré la tetera hirviendo y me acerqué a él, entrelazando mis brazos alrededor de su cintura y presionando un suave beso en su barbilla.

—Realmente no lo fue. Quiero decir… pensé que así sería. Me dolió mucho cuando se fue, pero justo ahora, apenas sentí nada —expliqué en voz baja mientras cerraba los ojos—. No lo sé. La relación que él y yo teníamos era tan desesperada. Casi enfurecida. Ambos estábamos luchando tan fuerte. Tal vez si hubiéramos dejado de luchar nos habríamos dado cuenta de que no nos queríamos ni la mitad de lo que pensábamos. Tal vez por eso se rindió tan fácilmente a la impronta.

—Y por qué luchaste tan duro contra esto —agregó Edward y me puse de puntillas para besar su mandíbula junto a su oreja. Sus manos fueron a mis caderas, estabilizándome mientras respiraba su aroma.

—Ya no voy a luchar —le recordé y sentí su risa en lugar de escucharla.

—Sí lo harás. Naciste luchadora, Bella. Lo que estás haciendo no es ceder. Es lo que quisiste todo el tiempo. Eres tú eligiendo lo que quieres. Y estoy tan contento de que haya sido yo a quien elegiste.

Nos olvidamos del café.

Empujé a Edward hacia mi habitación y tropezamos y caímos hacia la cama. Los ojos de Edward estaban muy abiertos y cálidos y me besó con fuerza.

—¿Estás segura?

—Sí —afirmé antes de que terminara su oración, tirando de su camisa. Desapareció en segundos, seguida de la mía y la boca de Edward se movió por mi cuello mientras luchábamos con pantalones, faldas, calcetines y ropa interior hasta que solo hubo piel entre nosotros, suave y cálida y oliendo tan bien.

No duró mucho para ninguno de los dos. Estábamos demasiado desesperados, demasiado ansiosos por tocarlo todo y besarnos y movernos juntos tan perfectamente que no podía apartar la mirada cuando Edward se corrió, su frente presionada contra la mía, su cálido aliento en mi rostro.

Era tan hermoso, y antes de que pudiera hacer algún movimiento para apartarme, se giró para quedar de espaldas y yo sobre su pecho, sudorosa, caliente y completamente saciada.

—¿Hubiera pasado esto esta noche si no hubiéramos visto a Jacob? —preguntó Edward un poco más tarde y moví la cabeza para mirarlo.

—No sé. Tal vez no esta noche, pero pronto.

—¿Ah, de verdad?

—Bueno, eres bastante caliente —bromeé, pasando mi mano sobre su suave estómago mientras se reía.

—¿Vas a darme una respuesta directa? —cuestionó y yo suspiré.

—Esto hubiera pasado. Ver a Jacob… como dije, no significó nada. Ya no siento nada por él.

—¿Y qué es lo que sientes por mí?

Parecía asustado y me senté, moviéndome para estar a horcajadas sobre él y me incliné para besarlo.

—Lo que siento por ti... bueno, ciertamente puedo sentirte. —Sonreí cuando se endureció debajo de mí y se rio de nuevo, echando la cabeza hacia atrás. Yo también me reí, besándolo con fuerza cuando comenzamos a movernos de nuevo, entrelazando brazos y piernas.

Realmente esperaba que no se diera cuenta de que no le había dado una respuesta directa.


—Tuviste sexo.

—Buenas noches, Rosalie —saludé mientras subíamos los escalones de nuestro edificio juntas al día siguiente—. Estoy bien, gracias por preguntar.

—Vi a Edward irse esta mañana luciendo mucho más feliz de lo que debería estar un hombre a las siete de la mañana. Finalmente cediste, ¿no? —Me sonrió y no pude evitar devolverle la sonrisa.

—Sí, Edward se quedó a pasar la noche y sí, tuvimos sexo.

—Buen sexo.

—Sexo increíble.

—Ya era hora. Espero que hayas desempolvado allí primero.

—Perra. Voy a hacer chili esta noche —ofrecí a modo de invitación.


La semana pasó tranquilamente, Edward se quedó a dormir otra noche entre semana. El jueves por la noche tuvo una cena familiar y rechacé mi invitación.

—En otra ocasión. Ha sido un día largo y… —A Edward no pareció importarle, besándome.

—Está bien. Pero será mejor que aceptes venir pronto o mi madre podría repudiarme.

—Lo haré. ¿Quieres venir a cenar mañana por la noche? Rosalie dijo que haría una tarta de queso.

—Suena bien —acordó.

Me bajé del tren el jueves por la noche. Trabajé un poco más tarde de lo habitual y el sol estaba bajo mientras caminaba por la calle hacia mi edificio de apartamentos, pero dudé, sacándome los auriculares cuando noté que alguien estaba sentado en los escalones. Se puso de pie, sacudiendo su traje y ofreciéndome una sonrisa.

Era James.