Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
Grupo en Facebook: Tradúceme un Fic
Capítulo 26
Me quedé completamente inmóvil, mirando a James. Todavía estaba en los escalones, a unos diez pies por delante de mí y su sonrisa no había vacilado.
Giré la llave de mi puerta en mis manos, sin saber muy bien cómo reaccionar.
—Bella... —susurró James mi nombre en voz baja y tragué saliva, caminando hacia él. Bajó para quedar de pie en la acera a mi lado.
—Hola, James —saludé, un poco formal, pero no sabía de qué otra manera hablar.
¿Por qué estaba aquí? No tenía sentido. A menos que… oh, mierda.
—Te he estado esperando —indicó James y levanté mi mano.
—Mira, James... No me voy a involucrar, ¿de acuerdo? Tus problemas con Victoria no tienen nada que ver conmigo.
Parpadeó, luciendo perplejo.
—Nunca soñaría con meterte en problemas con Victoria, Bella. Mira... ¿podemos hablar? —Su tono era suplicante e hizo un gesto hacia el edificio, pero de ninguna manera dejaría que este tipo entrara en mi apartamento. Pasé junto a él y me senté en los frescos escalones de piedra, mirándolo con una expresión resuelta que le hizo saber que eso era lo más lejos que íbamos a llegar.
James vaciló y luego se sentó en el escalón a mi lado, dejando solo un pequeño espacio entre nosotros. Lo observé atentamente. Nunca había visto su cara tan expresiva. Casi parecía estar discutiendo consigo mismo internamente y después de un momento, se giró para mirarme. Sus ojos claros buscaron mi rostro. Parecía a punto de hablar cuando sacudió la cabeza, apartando la mirada de nuevo.
Mi paciencia se estaba agotando.
—James, ¿hay algo que pueda hacer por ti? —pregunté abruptamente. Mi culo se estaba enfriando y no podía recordar la última vez que me había sentido tan incómoda.
Mientras hablaba, James me miró y sonrió, inclinándose hacia delante para posar una mano sobre una de las mías. La acción me sorprendió tanto que ni siquiera pensé en moverme.
—Bella, te amo. Estoy enamorado de ti.
¿Qué?
Estaba demasiado aturdida para expresar ese pensamiento, así que James siguió hablando, sin darse cuenta de que estaba congelada. En lugar de eso, apretó sus manos alrededor de una de las mías, su rostro más feliz de lo que nunca lo había visto.
»Durante tanto tiempo… No sé exactamente cuándo, pero cada vez que iba a tu oficina, esperaba que estuvieras allí. No sabía cómo decírtelo o hacértelo saber. ¿Te acuerdas? —Él sonrió, riéndose un poco para sí mismo—. Te pregunté si tenías a alguien especial en tu vida y dijiste que era complicado.
Parpadeé hacia él.
¿Qué?
¿Qué mierda?
James se movió un poco para inclinarse hacia mí, mirándome a la cara. Estaba bastante segura de que mi boca estaba abierta, pero a él no parecía importarle.
»Empecé a tener esperanza entonces, Bella. Empecé a tener la esperanza de que te refirieras a mí y luego vi tus suplementos. No me di cuenta de que tenías el gen de la impronta, pero los suplementos significan que no lo quieres, ¿no es así?
¿Qué estaba pasando?
»Y entonces lo supe, Bella. —Él sonrió, levantando su mano para acunar mi mejilla—. Supe por qué estabas luchando. Estabas luchando por nosotros, ¿no?
Me puse de pie y las manos de James se apartaron. Bajé de los escalones y me moví por la acera, mi mente zumbando y mi cuerpo entumecido.
Esto no tenía sentido. ¿Cómo podía pensar…? ¿Le di alguna señal? ¿Hice…?
Me detuve y me giré, observándolo. Mi corazón latía con fuerza y traté de reprimir el pánico que sentía.
—¿Es por eso que dejaste a Victoria?
—Por supuesto que lo es —declaró, riéndose un poco. Me puse las manos en el cabello, sin saber qué hacer conmigo misma, nerviosa bajo su mirada.
—James... esto es... no entiendo.
—Estoy enamorado de ti. —Se puso de pie y yo negué con la cabeza.
—No, no lo estás.
—Bella, te amo.
—¡Tienes que dejar de decir eso! —espeté, regresando hacia él—. ¡Tienes que detener todo esto!
—Sé que tiene que ser difícil, Bella. Has estado luchando contra esto durante tanto tiempo, pero no te preocupes. Podrás encontrar un nuevo trabajo, tengo conexiones con otras editoriales.
Parecía tan feliz, como si fuera la cosa más simple del mundo, su mano extendida hacia la mía. Mantuve mis brazos a mis costados y respiré hondo, mirándolo.
—James, necesito que me escuches.
—Por supuesto. —Mantuvo sus fríos ojos azules en los míos y tragué saliva.
Esto no iba a resultar bien.
—Lo siento... si te he dado la impresión equivocada, pero... —dudé—, estoy saliendo con alguien.
James parpadeó hacia mí.
»Tuve problemas con la imprimación al principio, eso fue lo complicado, y por eso comencé a tomar los suplementos, pero las cosas han cambiado. Lo estoy viendo ahora y estamos…
Me detuve. El rostro de James se quedó atónito de repente, como si no entendiera lo que estaba diciendo. Empecé a hablar de nuevo, lento y con cuidado, como si me estuviera acercando a un animal peligroso.
—No tenía idea de cómo te sentías, James, y lo siento.
—Pero ahora lo sabes —intervino apresuradamente y avanzó, sus manos sobre mis hombros, evitando que diera un paso atrás—, sabes cómo me siento y lo que quiero. ¿Este otro tipo, el que vi en la oficina? Es una impronta, es... ¿lo estarías viendo si no fuera por eso? ¿Puedes decirme honestamente que lo amas como yo te amo?
—¡No estás enamorado de mí, James! —siseé, tratando de luchar contra la ira en mi pecho por la forma en que habló sobre Edward—. ¡Ni siquiera me conoces!
—¡Estoy enamorado de ti! —insistió—. ¡Dime que amas a tu imprimado y que lo amas aparte de la impronta!
Y ahí estaba. Todo por lo que estuve batallando internamente hasta este punto me lo había arrojado a la cara este hombre delirante, cuyos dedos apretaban mis brazos.
Vi sus ojos azul pálido y deseé que fueran verdes. Su cabello rubio perfectamente peinado debería haber sido un desastre de mechones de bronce que se negaban a quedar planos. Sus cuidadas manos deberían ser ligeramente callosas, cubiertas de tinta y suaves contra mi piel.
—Me estoy enamorando de él. —Las palabras fueron poco más que un susurro y la mirada de sorpresa de James debió reflejarse en mi rostro, porque no lo sabía y ciertamente no tenía la intención de decirlo en voz alta.
Me estaba enamorando de Edward. Las palabras que tanto evité, que ignoré cuando hicimos el amor por primera vez, se formaron repentinamente y de manera tan obvia y simple que me pregunté por qué había sido tan difícil admitirlo en primer lugar.
—Te amo.
La voz de James me sacó de mi ensoñación y de repente fui muy consciente de lo cerca que estaba, del calor de su cuerpo cerca del mío, con su rostro cerca del mío.
—James, detente…
—¡Te amo! —Su tono ya no era suave y suplicante, sino enojado y levanté mis manos para apartarlo, pero su boca estaba sobre la mía.
Luché contra él, apartando la cara mientras intentaba besarme de nuevo.
—Bella…
—¡Suéltame, James! —escupí, empujando su pecho para poner espacio entre nosotros. Puse mi talón sobre su pie y él siseó, pero no me soltó.
—¡Bella! —llamó mi nombre otra vez, pero fue ahogado por un grito y James fue arrancado de mí.
Emmett se paró entre James y yo, su enorme mano en el cuello de James. Su habitual expresión jovial estaba torcida por la ira.
—¿Qué mierda, hombre? Una dama te patea y te dice que la sueltes, ¡entonces jodidamente la sueltas! —Se enfureció y James jaló su camisa para liberarla del agarre de Emmett.
—¡Esto no tiene nada que ver contigo! Bella…
—Emmett, vámonos. Quiero entrar —pedí, apretando el brazo de Emmett.
Emmett asintió, rodeándome con un brazo mientras me conducía hacia la puerta.
—¡Bella, no puedes simplemente dejarme! —La voz de James nos siguió, pero Emmett me hizo pasar al interior con toda la eficiencia de un guardaespaldas. No nos detuvimos hasta que llegamos a las puertas de nuestros apartamentos y Emmett dejó caer su brazo.
—¿Qué diablos fue eso?
No respondí. Negué con la cabeza, notando que me temblaban las manos. Emmett también se dio cuenta y me llevó al apartamento de él y Rosalie, envolviéndome en un abrazo.
—Bella, ¿estás bien? —inquirió suavemente—. ¿Quién es ese tipo?
—El esposo de mi jefa —murmuré y Emmett se rio suavemente.
—Bueno, esto suena como una historia divertida.
Rosalie llegó a casa unos minutos después y le conté a los dos lo que James dijo. Rosalie negó con la cabeza y Emmett rechinó los dientes.
—Cabrón. Si hubiera llegado allí unos minutos antes…
—¿Cómo se supone que voy a ir a trabajar mañana? —consideré con voz ronca—. ¿Cómo se supone que voy a enfrentar a Victoria? ¿Y si él se lo contó?
—Ella no puede despedirte. Va contra la ley.
—Pero no puede evitar que haga las cosas muy desagradables para ti —masculló Rosalie secamente—. ¿Vas a decirle a Edward?
No les había mencionado mi epifanía sobre mis sentimientos por Edward y no tenía planes de hacerlo.
—Voy a tener que hacerlo. Mañana vamos a cenar. Entonces se lo diré.
No sabía en ese momento que no tendría la oportunidad de decirle nada a Edward.
