Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.
Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.
Capítulo beteado por Yanina Barboza
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Capítulo 27
Estaba tan nerviosa al día siguiente. Llegué al trabajo al mismo tiempo que Angela y ella me miró con curiosidad. No pasé buena noche y era muy consciente de las bolsas debajo de mis ojos.
—¿Estás bien?
—Sí —musité secamente. Angela lo tomó como una señal de que no quería hablar. Hice clic en mis correos electrónicos, sin leerlos en absoluto.
Exactamente a las nueve de la mañana, Victoria entró en la oficina. Me puse rígida de inmediato, pero ella no dijo nada, simplemente se sirvió un café y revisó dos veces su agenda.
—¿Tyler ha enviado confirmación sobre la novela de Watkins, Bella? —preguntó y salté con el sonido de mi nombre.
—Eh, eh, no. No, ¿quieres que le llame? —tartamudeé.
—Si pudieras. —Me dio una mirada extraña mientras se dirigía a su oficina y Angela me miró fijamente a través de la oficina.
—¿Qué sucede contigo? —siseó, con los ojos muy abiertos.
—Nada. No puedo hablar de eso —susurré, volviendo a mi computadora. Me sentía enferma.
A la hora del almuerzo, me calmé un poco y dejé de tener visiones de Victoria cortándome la garganta por detrás con un abrecartas o golpeándome hasta matarme con un zapato de tacón. Angela salió corriendo a comprar sándwiches y nos sentamos en su escritorio, leyendo un correo electrónico de Ben, tratando de persuadir a Angela de que él necesitaba una noche de fiesta con los chicos. No es que Angela tuviera objeciones reales, pero le gustaba hacerlo sufrir un poco. Escribimos un correo electrónico que sonaba como el inicio de una situación de rehenes, exigiendo que Ben pagara con helado Ben and Jerry's, vodka y una temporada de Sex and the City.
Victoria salió de la oficina al final de la hora del almuerzo, con expresión agria.
—Angela, pon a Eric al teléfono. Han vuelto a joder la novela de Mason. Lo juro por Dios, su agente va a tener un día de campo demandándonos —ordenó bruscamente.
Me levanté para volver a mi escritorio y un repentino dolor espantoso irradió a través de mis costillas. Me doblé, jadeando cuando una segunda ráfaga de dolor me golpeó y caí al suelo. Escuché a Angela gritar mi nombre y Victoria se arrodilló junto a mi cabeza, ayudándome a ponerme de lado.
Me sentía enferma y mi cabeza palpitaba de dolor. Era casi tan malo como los primeros días después de que me escapé de Edward.
—Bella, ¿puedes oírme? —indagó Victoria, su mano en mi frente y yo asentí.
—Sí... sí, puedo oírte —susurré, apoyándome en Angela mientras me ayudaba a sentarme. Estaba temblando y sollocé cuando me dolieron las costillas de nuevo, el mismo lugar que siempre me dolía cuando estaba lejos de Edward. Empujé mi puño en el lugar, tratando de calmarlo.
—Duele —gemí y Angela corrió a mi escritorio. Cuando regresó, vi la botella de suplementos en su mano. Victoria les lanzó una mirada rápida pero no hizo ningún comentario mientras me tragaba dos pastillas.
Esperamos durante casi quince minutos.
No hicieron nada.
—Tal vez deberíamos llamar a una ambulancia —sugirió Victoria eventualmente y negué con la cabeza.
—No… no necesito una ambulancia —respiré, Angela me apretó la mano.
—¿Quieres que llame a Edward?
¿Lo quería? El dolor era tan fuerte... Rosalie figuraba como mi contacto de emergencia, ya que Charlie estaba demasiado lejos para hacer algo al respecto sobre Edward... ¿Él también tenía dolor? ¿Qué estaba pasando?
Antes de que ninguno de nosotros pudiera tomar una decisión, mi teléfono móvil comenzó a sonar con fuerza. Victoria fue a mi escritorio y lo agarró, dándomelo.
—¿Hola? —respondí, mi voz un poco ronca.
—¿Hablo con Bella? —preguntó una voz que no reconocí y fruncí el ceño, haciendo una mueca cuando mi pecho latió de nuevo.
—Sí. ¿Quién es?
—Mi nombre es Jasper Whitlock. Estoy con Alice Cullen, soy su novio.
—¿Qué pasa? —El temor comenzó a subir desde la boca de mi estómago y me aferré a la mano de Angela. Sentí frío.
Jasper se quedó en silencio por un momento.
—Es Edward. Lo llevarán al Seattle Memorial Hospital. ¿Puedes venir?
—Sí —apenas me escuché hablar.
—Te veremos en las puertas delanteras. Solo mantén la calma, ¿de acuerdo? —La voz de Jasper era tranquilizadora, pero no quería que me tranquilizaran.
Me puse de pie, tambaleándome y Angela me tomó del codo para estabilizarme.
—¿Que está pasando? —demandó y negué con la cabeza, las náuseas me subían a la garganta.
—Edward. Está en el hospital. Necesito llegar allí.
—Te llevaré —ofreció Angela, mirando a Victoria, quien asintió.
—Adelante. Te llamaré más tarde —accedió ella, viéndose preocupada.
Eso no hizo nada para sofocar mis náuseas.
Jasper era alto, delgado y rubio. Llevaba vaqueros sueltos y una camisa de franela y solo lo reconocí porque era la segunda persona más agitada del hospital, después de mí. Me acerqué a él y me miró con reconocimiento.
—¿Bella?
—¿Dónde esté él? ¿Qué sucedió? —Mi voz se quebró y sentí el brazo de Angela alrededor de mi cintura.
—Está en cirugía. Los otros están esperando, te llevaré con ellos.
Lo seguí por los pasillos, pasando máquinas que emitían pitidos y enfermeras parlanchinas. Angela estaba a mi lado, pero apenas la noté.
Edward.
Edward.
EdwardEdwardEdward…
Llegamos a una pequeña sala de espera. Alice estaba acostada sobre dos sillas, con la cabeza en el regazo de Esme, quien estaba apartando el cabello corto de su hija de su rostro. Carlisle estaba encorvado en la fila de sillas de enfrente, con la mano en el pelo. Cuando entré, Alice se sentó y le tendió las manos a Jasper, quien la levantó y la sentó en su regazo donde ella se acurrucó contra él. Su rostro estaba surcado por las lágrimas.
Esme se puso de pie y se acercó a mí, atrayéndome a su cálido abrazo, pero mi centro se sentía helado y duro.
—Bella, cariño… —susurró pero negué con la cabeza. Mis manos aún temblaban.
—¿Qué sucedió?
—Siéntate. —Carlisle me guio a una fila de asientos y se sentó a mi lado. Esme se sentó a mi otro lado, sosteniendo mis manos.
—¿Qué sucedió? —repetí la pregunta. ¿Por qué nadie me decía lo que estaba pasando? ¿Qué le había pasado a Edward?
EdwardEdwardEdward…
—Edward tuvo un accidente. Lo atropelló un auto —reveló Carlisle en voz baja. Lo miré fijamente, sin entender del todo sus simples palabras.
—Excepto que no fue un accidente. Alguien lo atropelló —advirtió Alice amargamente, enterrando su rostro en el hombro de Jasper. Él la hizo callar, pasando su mano arriba y abajo de su espalda.
La observé antes de volver mi rostro hacia Carlisle. Parecía mucho mayor que la última vez que lo vi y sentí la mano de Esme temblando contra la mía.
—¿Qué? —Mi voz no sonaba como la mía.
—Había cámaras de circuito cerrado y un testigo presencial. Edward estaba en el estacionamiento subterráneo de su oficina y lo atropellaron, el auto se alejó a toda velocidad —explicó Carlisle, su tono todavía tranquilo y gentil.
Mi cabeza comenzó a dar vueltas y el color debe haber desaparecido de mi rostro, porque lo siguiente que supe fue que Carlisle estaba arrodillado frente a mí, su mano en mi pulso.
—Bella, respira hondo por mí.
—Estoy bien —murmuré, mi voz débil—. ¿Dónde está? ¿Puedo verlo?
—Está en cirugía en este momento —aclaró Carlisle—. Lo ingresaron directamente y probablemente estará allí por un tiempo. ¿Hay alguien a quien pueda llamar por ti?
Angela todavía estaba allí, pero se inclinó hacia adelante y me quitó la bolsa.
—Llamaré a Rosalie —ofreció con firmeza.
Rosalie y Emmett llegaron en menos de una hora. Estaba acurrucada en una silla con la cara enterrada en las rodillas cuando sentí los brazos de Rosalie envolviéndome, atrayéndome en un abrazo entre ella y Emmett.
—Bells —murmuró mi nombre y quise llorar, pero me sentía demasiado entumecida. Tenía frío y la punzada persistente en mi pecho se sentía como si alguien me estuviera cortando las costillas una y otra vez.
—¿Todavía está en cirugía? —inquirió Emmett y Carlisle asintió. Se hicieron las presentaciones, pero mis ojos se quedaron en el reloj, observando y esperando.
Dos horas después de mi llegada, vomité. Un minuto estaba sentada, apoyada entre Emmett y Rosalie, al siguiente estaba sobre mis manos y rodillas, ahogándome con la bilis asquerosa. Mi cabeza comenzó a dar vueltas y mi cuerpo me dolía, como si alguien hubiera pasado un día golpeándome con un bate de béisbol.
Me desplomé, atrapada por Emmett, quien me acostó de costado siguiendo el consejo de Carlisle.
—Bella, ¿qué pasa? —demandó Rosalie, entrando un poco en pánico, y me agarré las costillas doloridas.
—Edward… —jadeé desesperadamente—. ¡Edward…!
—La impronta está siendo afectada por sus heridas —indicó Carlisle y cerré los ojos, luchando por contener las lágrimas—. He oído hablar de esto, pero nunca lo he tratado.
Empezaron a hablar sobre mí, discutiendo suplementos e hidratación y otras cosas que me importaban un carajo.
Alguien clavó una daga en mis costillas y contuve un grito, gimiendo en voz alta. En un instante, Emmett me levantó como a una niña, acunándome contra su pecho mientras Carlisle usaba su influencia como médico para encontrarme una habitación y una cama para acostarme. En menos de treinta minutos, me conectaron a una vía intravenosa para hidratarme y tomé otra píldora de suplemento. Rosalie se sentó en la cama a mi lado, sosteniendo mi mano mientras Emmett hablaba en voz baja con Alice y Jasper. Todos los Cullen estaban en la habitación conmigo y todos seguíamos esperando.
Angela se excusó para volver a la oficina y actualizar a Victoria sobre las noticias y la mención del nombre de mi jefe me devolvió a la realidad y a un repentino y obvio entendimiento. Aparté mi mente de Edward por unos segundos y agarré la mano de Rosalie.
—Rose, Edward fue atropellado por un auto.
—Lo sé, cariño —dijo Rosalie con calma y negué con la cabeza con urgencia.
—No, no lo entiendes. Fue a propósito. Alguien lo atropelló.
Me miró por un momento, pero Emmett se dio cuenta antes que ella y miró a Carlisle rápidamente.
—¿Tienes el número de la policía, respecto al ataque de Edward?
—¿Qué ocurre? —indagó Esme, sentándose y todos me miraron. Rosalie frotó mi mano reconfortantemente y tragué saliva.
—Anoche… el esposo de mi jefa me estaba esperando. Dijo que estaba enamorado de mí y pensó que yo quería estar con él.
—La estaba acosando en medio de la calle, tuve que quitárselo de encima —agregó Emmett con un gruñido.
Las lágrimas pincharon mis ojos y miré hacia el techo.
—Él… él piensa que estoy luchando contra la imprimación para estar con él. Le dije que estaba equivocado, que quería estar con Edward. —Me tragué el sollozo que amenazaba con escapar—. Estaba tan enojado.
—¿Cuál es su nombre? —Carlisle estaba tan serio, sacando su teléfono celular.
—James Hunter. Su esposa es Victoria.
Carlisle desapareció, llamando a la policía. Me desplomé hacia adelante, acurrucándome en el abrazo de Rosalie. Estaba tan cansada, tan enferma y quería ver a Edward. Quería verlo. Emmett se sentó al otro lado de la cama, acariciando mi mano cálidamente.
—Lo atraparán, Bells.
Quería a Edward.
Cuatro horas después de mi llegada, me despertaron. No sabía cuándo me había quedado dormida, pero Esme estaba acariciando mi mano suavemente.
—Bella, está fuera de cirugía. El médico está aquí para hablar con nosotros.
La miré fijamente por un momento y vi a un hombre en bata de pie en la entrada.
—Este es el doctor Gerandy. Estuvo en cirugía con Edward —lo presentó Carlisle y el doctor Gerandy asintió.
—Fue complicado. Están trasladando a Edward a la UCI, todavía está en estado crítico. El auto le destrozó el fémur izquierdo y al caer se rompió varias costillas y perforó un pulmón —comunicó—. Además, tuvo una fractura en el cráneo, aunque no parece haber ninguna inflamación en el cerebro, lo cual es una buena noticia. Los moretones y las laceraciones habituales que se esperan con este tipo de incidente, por supuesto.
Ninguno de nosotros habló, todos anticipando que no había terminado. El doctor Gerandy se pasó una mano por la cara, frotándose las mejillas.
—Tuvimos varios momentos peligrosos durante la cirugía. Su corazón se detuvo brevemente, aproximadamente dos horas después de la cirugía, pero lo recuperamos rápidamente. Nuestro objetivo ahora es hacerle pasar la noche. Después de eso, será para despertarlo y descubrir qué tan coherente está.
Nada de esto sonaba como una buena noticia. Edward había muerto. Su corazón se detuvo y noté vagamente que cuando su corazón se detuvo fue cuando me enfermé gravemente.
—¿Podemos verlo? —La voz de Alice era diminuta y parecía una niña pequeña asustada. El doctor Gerandy miró a Carlisle, quien se volvió hacia nosotros.
—Solo por un momento. La política del hospital es de dos a la vez.
—Bella y mamá deberían ir. Papá, puedes llevarlas. —Alice se acomodó en los brazos de Jasper y no me opuse. Carlisle desconectó mi vía intravenosa y me quitó la cánula de la mano.
Seguí a los padres de Edward por el hospital hasta que llegamos a la UCI. Hacía frío y era estéril, las enfermeras bullían de un lado a otro. Carlisle nos llevó a una habitación privada y me tambaleé, Esme me sostuvo.
Edward yacía en la cama, conectado a varias máquinas diferentes que emitían pitidos tranquilizadores. Le habían afeitado la cabeza y tenía una línea de puntos limpios cerca de la sien derecha. La mayor parte de su cuerpo estaba cubierto con una manta y vi como Esme entraba en la habitación, acariciando su mano suavemente. Carlisle se paró al lado de su esposa y susurraron entre ellos, con Edward.
Me aferré a la puerta en busca de apoyo.
Estaba tan pálido, los rasguños y cicatrices casi luminosos contra su piel. El desorden del cabello hermoso ya no estaba. Pero estaba vivo. Él estaba aquí y estaba vivo.
Esme salió de la habitación, besando mi mejilla.
—Te dejaremos un momento con él —propuso y me quedé a solas con él. Me acerqué a la cama y me paré a su lado, demasiado asustada para tocarlo en caso de que lo rompiera.
—Edward.
Por supuesto, no hubo respuesta. Pasé mis dedos suavemente sobre su mano.
»Lo siento mucho, Edward —susurré, sintiendo un nudo en la garganta—. Ojalá esto no hubiera pasado. Desearía haber… Desearía que pudieras escucharme para poder decirte cómo me siento. Porque no voy a decirlo hasta que sepa que estás escuchando.
Pude ver a Carlisle y Esme esperando afuera de la puerta. Alice estaba esperando para venir a ver a su hermano. Me incliné hacia adelante y besé su frente ilesa. El suave pitido del monitor cardíaco llenó mis oídos mientras cerraba los ojos, descansando mi piel contra la suya.
No lo diría.
