Tú, yo y nosotros

Disclaimer:

Los personajes pertenecen a S. Meyer; la historia es mía.

Capítulo 27: Zozobra

BPOV

Jessica era un auténtico dolor en el trasero, de eso no cabía duda, pero con el pasar de los días me di cuenta de que, de alguna manera extraña y completamente en contra de mi voluntad, la había extrañado.

La verdad es que nunca habíamos pasado una temporada fuera del ojo de halcón de Renee, y noté rápidamente (después de su ataque agrio contra Edward el primer día) de que ella era, en realidad, agradable. De una forma extraña.

Justamente ahora se encontraba en mi cocina, con Rebecca sentada en su sillita de comer y moviéndose al ritmo de una canción vieja de los Black Eyed Peas. Fue algo así como surreal el verla actuar de ese modo. Es decir, eso es algo que yo hubiera hecho, no ella. Nunca ella.

—¿Quieres pancakes?

—Er, sí, ¿por qué no? —me medio encogí de hombros y me senté al lado de Rebecca, que picaba alegre su plátano y la mitad de su panqueque, completamente ajena a mí y a mi cara de confusión.

—Aquí tienes —Jess puso un plato justo a frente a mi—. ¿Miel está bien?

—Sí, gracias.

Bien, bien, ¿dónde estaban las cámaras?

Nadie podría culparme por desconfiar gravemente de Jessica; tenía razones… y de sobra.

Mientras yo era una Swan, Jessica se había cambiado el apellido a Dwyer cuando Renee se volvió a casar. Ella era una versión mini de mamá y, por supuesto, era su favorita. Nunca tuve problemas con eso, yo no podía ser tan centrada, ni tan obtusa, como para ser la mejor de las hermanas.

Jessica y Charlie no se llevaban bien. Bueno, la verdad es que no se llevaban para nada. A pesar de que papá la quería, no había soportado sus arrebatos en contra de Sue y de Seth al paso de los años y, ya para el final, se había encargado de darle lo necesario para estar y nada más. Hacía tiempo que no se hablaban, y no parecía que eso fuera a cambiar, ni siquiera con Jessica tan cerca de él. Ella estaba bien siento la favorita de mamá, apegada a sus reglas y completamente diferente a mí.

Tampoco era como que yo fuera un rebelde sin causa, pero ciertamente nunca me acomodé al modo mandón y completamente tirano de Renee, y mi plan siempre fue escapar de ella. El tener a mi hija por supuesto retrasó los planes un poco… y mi posterior depresión fue solo la cereza del pastel.

Renee se aprovechó de mi debilidad los primeros dos años de la vida de Rebecca, y la había querido criar a su modo. En cuanto tomé el control, dejé de permitirlo.

Y luego puse distancia. Medio país de ella, por cierto.

Así que no era malo de mi parte no querer tener a Jessica aquí. Solo estaba cansada de las sucias artimañas que solía tramar con mamá, y no quería volver a lo mismo. Especialmente no teniendo a Edward cerca mío, ¡mucho menos a Jared!

Había decidido que los defendería a capa y espada; los amaba, por supuesto, y haría todo lo que estuviera en mis manos porque ellos no resultaran dañados por mi odiosa familia materna, incluso si eso significaba cortar raíces con todo lo que me uniera a ellos.

Pero Jessica tenía otros planes.

—Me iré pronto, ¿sabes? —dijo de repente, sacándome de mis pensamientos—. No es necesario que me pongas esa cara.

Miré a Rebecca, que comía de su desayuno envuelta en su aura infantil de siempre, ajena a la conversación que, al parecer, íbamos a tener Jessica y yo.

—No te estoy poniendo ninguna cara.

—Nunca fuiste buena fingiendo, hermanita.

—No estoy fingiendo —mi tono de voz fue duro, y me di cuenta de que me estaba poniendo a la defensiva, cosa que odiaba. Así era mi vida antes de mudarme, y no lo había extrañado en lo absoluto.

—Cuéntame de ese novio tuyo. Parece un poco… mayor.

Saqué mi barbilla hacia el frente, enderezándome en mi asiento ante su tono condescendiente.

—No es tan mayor. Apenas nos llevamos unos cuantos años —diez, para ser exactos. No es que importe.

—Y tiene un hijo.

¿Por qué siempre tenía que usar ese tono remilgoso conmigo?

—Sí. Y yo también.

—¿Está casado?

Me puse rígida.

—No, por supuesto que no. Si estuviera casado no estaría conmigo. Por Dios santo, Jessica, ¿en qué concepto me tienes? —siseé.

Mi hermana se encogió de hombros y bebió un trago de su jugo de naranja. Estaba tan cómoda en mi casa que no se veía como si se fuera a ir pronto, pero esperaba que sí. De lo contrario, yo la echaría a patadas.

—Pues no nos contaste nada, ni a mí ni a mamá, ¿qué esperabas que pensara?

—Nada, no quería que pensaran nada porque no tenía intenciones de decirles.

—¿Por qué?

Alcé la ceja hacia ella, con mi mejor cara de ¿En serio?

Jess estaba inexpresiva, como siempre, pero yo la conocía mejor. Sabía que detrás de su semblante de póker se encontraban sus pensamientos prejuiciosos, esos con los que me había atacado toda la vida. Fingía querer a Rebecca, y sí, tal vez en algún punto lo hacía, pero era un cariño producto de la forzada convivencia, no algo que había sucedido por querer hacerlo.

Yo no la quería aquí, arruinando la vida que había formado en los meses que había estado en Seattle. Solo quería que se fuera… y no volverla a ver. Ni a ella ni a Renee.

—Es obvio por qué.

Jessica suspiró.

—Escucha, Bella, yo… lo siento. No quería sonar grosera.

Fruncí el ceño, ¿esta era una de sus tácticas de manipulación?

» No mentí cuando dije que me iría pronto. No quiero incomodar.

—¿Te vad, tía Jess? —la infantil voz de Rebecca nos interrumpió. Se me estrujó el corazón; tal vez si nos había estado escuchando. No me gustaba hablar de temas como la incomodidad de mi hermana y mía frente a ella, incluso aunque no entendiera la mayor parte de las cosas.

Los niños podían llegar a conclusiones muy rápido tan solo escuchando el tono de voz de los adultos. El mayor ejemplo de ello era Jared; para sus casi siete años, era bastante suspicaz con todo a su alrededor. Desenvolverse con Edward les había costado a ambos mucho trabajo y mucha terapia debido a sus problemas anteriores.

No quería someter a mi hija a eso.

—Sí, cariño. Solo vine unos días por trabajo… me iré pasado mañana —esto último lo dijo mirándome a mí. Asentí, inexpresiva, y seguí comiendo.

No íbamos a tener esta conversación con Rebecca en la mesa.

.

.

.

Me alegré un poco más cuando llevé a Rebecca a la guardería y entré a trabajar. Lo único que me pesaba es que no había podido llevar a Jared también a la escuela. Antes de que Jessica llegara, Edward y yo habíamos agarrado un ritmo bueno en el cual yo llevaba a los niños a la escuela y los recogía. No me molestaba; me acomodaba perfectamente a su horario.

Ahora, con Jessica en el plato, ese horario habitual había trastabillado. Me negaba a dejar que Edward y Jared tuvieran que soportar la incomodidad que mi hermana producía a su alrededor.

Sin embargo, al día siguiente, una llamada por teléfono me puso los nervios de punta.

Era Reneé.

No había tomado mi descanso en el trabajo, afortunadamente, así que le hice una seña a Ángela para avisarle que lo tomaría y caminé hacia la parte trasera del establecimiento. Había un pequeño patiecito, de menos de tres metros de ancho, con una banca de madera vieja en la que a veces salía a sentarme para pensar, o cuando estaba muy abrumada. Esos veinte minutos eran valiosos para mí, prácticamente los únicos en los que estaba sola. Casi siempre estaba acompañada de Rebecca, o mi nueva familia extendida: Edward y Jared.

No me molestaba. Lo agradecía.

Suspiré con pesadez y me aventé en la banca, sin preocuparme por ser delicada. Estaba enojada con Jessica; lo más probable es que hubiese ido a contarle todo a Reneé en cuanto tuvo oportunidad. No estaba enfadada porque quisiera esconder a Edward, no, pero esa información era mía para compartir. Y si no lo había hecho, había sido por mis propios motivos. El que no lo hubiera respetado me pesaba bastante, y no podía esperar para que se largara de mi casa.

Reuní valor y por fin presioné el botón para contestar.

—Isabella, no puedo creer que me enterara de tu nueva situación solo porque Jessica vino a decirme. ¡Cómo te atreves a ser tan desconsiderada!

—Hola, mamá —saludé con sarcasmo, interrumpiéndola en su perorata—. Yo estoy bien, ¿qué tal tú?

—No me hables en ese tono, señorita, no estás en posición de hacerlo —me reprochó. Apreté los dientes, consciente de que mi día acababa de irse al carajo. No importaba que no hablara seguido con mamá; de alguna manera ella se las arreglaba para congelar mi humor.

Antes la justificaba demasiado. Pensaba que todo lo que hacía era por mi bien, justo como ella decía. Pero en cuanto comencé a salir de mi caparazón, noté todas las banderas rojas en su comportamiento. Si yo lo permitía, ella nunca me dejaría ser libre. Se sentiría siempre con la necesidad de querer guiarme a un lugar en el que yo no quería estar. Cuestionaría todos y cada uno de mis movimientos, obviando mis decisiones y manejándome a su antojo.

Yo no quería esa vida para mí. Muchísimo menos para Rebecca.

—Escucha, mamá —suspiré con cansancio, frotándome los ojos. No había dormido bien la noche anterior. Quería dormir con Edward, aunque eso era difícil considerando que nuestros departamentos sólo tenían dos habitaciones. Juntar a los niños para que durmieran juntos era básicamente un aviso de no – dormir y pijamada para ellos—. No sé cuál sea tu problema, pero lo que sea, estoy segura que no es justificación para que me grites de esa forma.

Por supuesto que sabía cuál era el problema, pero dejé que ella lo sacara primero. Tal vez si salía de su sistema, podría continuar con su vida, refunfuñando a muchos kilómetros lejos de mí.

—No te hagas la tonta, Isabella. Hablé con Jessica esta mañana —por supuesto que sí. Mi hermana incluso se había tardado en hacerlo—. No puedo creer que me ocultaras que estás saliendo con un hombre, y no con cualquier hombre, ¡sino con un papá soltero! ¿Qué crees que dirá la gente sobre ti?

Solté un gruñido.

—¿Perdón? —grazné con dureza—. ¿Se te olvida que yo también soy mamá soltera, madre? No es como que esté en posición de ponerme picky, y aun si lo estuviera, no tendría por qué hacerlo. Él es maravilloso y…

—Y es mayor. Completamente fuera de tu liga, si lo que Jessica dijo es verdad —discutió. Mis ojos se aguaron, ¿entonces qué? ¿creía que yo no era lo suficiente para alguien como Edward?—. En serio, Isabella, ¿qué estás pensando?

—Estoy pensando que ya estoy harta de que cuestiones todas mis decisiones —me estaba quedando rápidamente sin paciencia. Años y años de rencor estaban acumulados en mi lengua, pero no era el lugar ni el momento de pelear. Solo quería cortar todo lo que tuviera que ver con Reneé de tajo—. Supéralo, madre. No soy Jessica, tampoco soy tú y nunca lo seré. Y solo para que lo sepas, sí, estoy enamorada un hombre que tiene un hijo y que es mayor que yo y no, no me importa lo que piensen tú y la mitad de la población de Seattle. Estoy harta de jugar a tu juego retorcido, consíguete alguien más a quien molestar.

Colgué, sin siquiera esperar su respuesta. Sabía que no habría una, ni intentaría llamarme de nuevo. Antes, cuando vivía con ella, solía aplicarme la ley del hielo por días, a veces incluso semanas, cuando no hacía lo que decía. La culpa y el pánico de hacer algo mal me movía, y siempre terminaba pidiéndole perdón aunque yo no hubiera echado nada a perder.

Pero esta vez era diferente. Yo no era más una chiquilla, era una mujer, una madre, que vivía independientemente por primera vez en su vida. Y si Reneé decidía no volver a hablarme nunca, el único sentimiento que tendría cabida en mí sería el alivio. Alivio puro y duro.

Me desperdigué de mi asiento, dándome cuenta de que ya habían pasado quince de los veinte minutos libres que tenía. Esperaba que nadie hubiera escuchado mi arrebato, y afortunadamente mis compañeros no me miraron raro cuando regresé al frente a atender a los clientes.

Más tarde hablaría con Jessica.

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—¿Cómo te fue en la guardería, mi amor? —pregunté, levantando a Rebecca en mis brazos cuando la recogí de la escuela horas más tarde. Estaba creciendo, y ya pesaba bastante como para que yo la cargara por distancias largas, pero a veces no podía evitarlo. Era mi bebé.

—Bien, mami. La señodita Claire nos enseñó a escribid mi nombre hoy —lo había visto. No había parado de revolotear una hoja con un "Rebecca" escrito en letra grande. Su manito aun no tenía suficiente habilidad para escribir, y las letras eran casi ilegibles, para la intención estaba allí.

—Qué bien, mi amor. Creo que te mereces un premio por eso, ¿qué tal si horneamos unas galletas al rato? —seguro que sería incómodo teniendo a Jessica en la casa, pero esperaba que se la pasara encerrada en el cuarto una vez que tuviera unas palabras con ella. Ahora que mi enojo se había enfriado, ya podía pensar las cosas claramente y no correrla, pero de mañana no pasaría. No la quería más en mi vida. Mucho menos en mi casa.

—¡Sí! ¿Nos puede ayudar Jaded?

—Por supuesto, cariño. De hecho, iremos por él ahorita —contesté mientras la amarraba a su asientito de bebé.

Había hablado con Edward una hora antes, y él estuvo de acuerdo en que no debíamos cambiar nuestra rutina por mi visitante molesto. Él llegaría a casa después de las cinco, como siempre, y cenaríamos juntos como habíamos estado haciendo todos estos días. No podía esperar por un momento de tranquilidad con mi familia de nuevo, sin Jessicas y mamás molestas.

Jared me esperaba en la entrada de la escuela con sus manos apretadas firmemente en las azas de su mochila. Su mirada estaba en una niña al lado suyo.

Aunque ya no era tan retraído como antes gracias a la terapia, seguía teniendo patrones tímidos. Aun así, a un lado suyo la niña parloteaba alegremente y no parecía importarle que Jared no hablara demasiado. Mi bebé la miraba atentamente, y solo contestaba con síes y ajáes. Pero bueno, era un avance.

—Hola, corazón —lo saludé sonriente—. ¿Quién es tu amiga?

La cara de Jared se iluminó notoriamente cuando me vio.

—Hola —dijo—. Kim, ella es mi m… Bella.

Mis hombros cayeron cuando no completó su frase. Sabía que Jared estaba comenzando a verme como algo más, como su mamá, pero aun no habíamos llegado a ese punto. No lo había platicado con Edward todavía, y atrasarlo estaba confundiendo a mi niño.

No quería otra cosa más que ser la mamá de Jared. Pero nunca me impondría a Edward haciendo algo sin su explícito permiso.

—Hola, cariño —por más que no quise, ignoré el tropezón de Jared.

—Hola, señorita Bella —la niña sonrió, mostrando que le faltaban varios dientes. Era morena, bajita y con el cabello lacio y amarrado en dos coletas. Era adorable.

—Kim, vámonos —una mujer unos pasos más atrás de nosotros la instó desde su posición con otras mamás. A pesar de mis idas y venidas a la escuela de Jared, aun no me sentía con la comodidad de acercarme a ellas. Después de todo, era solo la novia de Edward.

En serio, en serio, eso debía cambiar pronto.

La cara de Kim cayó cuando, la que supuse que era su mamá, le habló otra vez.

—Nos vemos el lunes, Jad —se acercó y le dio un beso en la mejilla a Jared, quien se quedó rígido como una piedra. Parpadeé, sorprendida por el movimiento, y vi cómo la niña no se esperaba por una respuesta, porque salió corriendo.

Me mordí el labio y evité hacer comentarios al ver a mi pequeño osito ponerse rojo. En cambio, pasé mi brazo sobre sus hombros y lo jalé hacia mí, caminando hacia el coche donde Rebecca nos esperaba impacientemente.

—¿Cómo te fue hoy, corazón?

Horas más tarde, Jared, Rebecca y yo éramos un batidillo de harina después de por fin lograr hacer las galletas. Ahora una bandeja repleta de ellas descansaba en la rejilla enfriándose. Aun no había visto a Jessica, pero en cuanto llegara hablaría con ella.

El sonido del elevador nos sacó a los tres de la cocina, pero no era mi hermana, sino Edward. Los niños salieron corriendo hacia él, abrazándolo. Y él recibió el abrazo, a pesar de que su traje azul quedó manchado de harina. Se rio, aplastando a los dos monstruitos entre él.

Sentí que mi corazón se me salía del pecho. Así era como quería que fueran todos los días de mi vida, pero ¿estaba lista para ello?

La respuesta era sí. Siempre sería sí.

—Hola, amor —me saludó con un beso cuando estuvo fuera del apretujado abrazo. Los niños se habían distraído rápidamente con el iPad de Jared, viendo un video—. ¿Cómo estás?

Le di un beso, no queriendo contestarle aun. Los brazos de Edward me alcanzaron y me rodearon mientras su boca saboreaba la mía, pero no estuvimos mucho tiempo unidos. No nos gustaba ser demasiado apasionados en frente de los niños.

Descansó su frente en la mía, encorvándose un poco para poder alcanzarme. Me permití relajarme acurrucada contra él, y por fin contesté:

—Bien, bueno, más o menos. Tuve una pelea con Reneé —hice una mueca, y él me miró preocupado—. Desearía decir que fue por culpa de Jessica, pero la verdad es que no. Ella solo fue un factor decisivo… pero ya era algo que veía venir con anticipación.

—¿Puedo preguntar por qué se pelearon?

—No vale la pena —fruncí el ceño, pero me sacudí de la sensación y besé su nariz, sonriéndole—. En lo que a mí respecta, esa relación terminó. No estoy dispuesta a seguir buscando la aprobación de mamá, y eso lo supe desde que pise Seattle hace tantos meses atrás.

—Me alegra oír eso. No era sano para nadie.

Asentí.

—Aun así, tengo que hablar con Jessica. Me preguntaba si podías llevarte a los niños a tu departamento en lo que lo hago; tengo la sensación de que no será bonito. Ella no debe tardar.

—Por supuesto que sí, amor. La señora Cope nos hizo de comer a todos.

Sonreí.

—Excelente. Los niños y yo hicimos el postre —sus ojos se iluminaron cuando agregué—: Galletas con chispas de chocolate.

—Qué delicia.

—Limpiaré a Rebecca para que puedan irse, ¿está bien? —me mordí el labio—. Deberías dejar ropa de Jared aquí conmigo para ocasiones como esta en que se ensucie.

Edward asintió.

—Traeré una muda la próxima vez —besó mi cabeza.

Llamé a Rebecca para cambiarla y arreglarla lo mejor que pude. Diez minutos después estaba sentada en la sala de mi casa, completamente sola y esperando a Jessica. Afortunadamente para mí, mi hermana no tardó en llegar.

La arribé en cuanto cruzó el elevador, con los brazos cruzados y totalmente a la defensiva.

—Lo que hiciste fue mezquino, incluso para ti —empecé a decir, tomándola por sorpresa. La culpa nubló sus rasgos en cuanto notó lo enojada que estaba—. Fuiste a decirle a Reneé todo lo que sabías de mí, a pesar de que te di un lugar dónde quedarte. No tenías por qué meterte en mis asuntos.

—Bella, yo me preocupo por ti —intentó defenderse. La rabia invadió mi cuerpo, totalmente fuera de control.

—¡Pues deja de hacerlo! —grité, alegrándome por un instante de haber tomado la decisión de hacer que Edward y los niños se fueran—. No tenías por qué entrometerte. Ni ahora, ni nunca. Siempre haces cosas "por mi bien", pero en realidad es por ti. Siempre es por ti.

—Sé que me guardas rencor por contarle sobre tu embarazo a mamá —que ella sacara ese tema a colación fue un golpe bajo que no me esperaba. Parpadeé, fúrica.

—Pues sí, estuve molesta contigo durante muchísimo tiempo. Pero te perdoné, y no, no fue por ti. Fue porque Rebecca fue lo mejor que me pasó y me alegro no haber… —suspiré—. Me alegro no haber detenido mi embarazo. Pero eso no cambia que lo hiciste con las intenciones más mezquinas, en ese entonces y ahora. Tu intención era provocar una pelea entre Renee y yo, otra vez, porque sabes que mamá nunca estaría de acuerdo con mis decisiones —hice una pausa, sintiendo cómo me temblaba la voz y odiándome por eso—. Era mi noticia para dar, Jessica, no tuya. Y lo arruinaste.

—No era mi intención hacerte daño, Bella. Nunca lo fue —aunque parecía que había arrepentimiento de verdad en su mirada, no me lo tragué. Ya no podía con ella.

—No me importa cuáles hayan sido tus intenciones —contesté honestamente, y me acerqué al mostrador para tomar el topper con todas las galletas que había hecho. Me dirigí hacia el elevador y antes de salir dije—: Te quiero fuera de mi casa mañana mismo. Ni siquiera te molestes en despedirte, no me interesa.

Entonces, me fui.


Hola, hola. Ya sé, ha pasado un tiempo. LO SIENTO.

Tenía un bloqueo escritor horrible que se me quitó ayer, literalmente lol Escribí dos capítulos aparte de este en una noche después de no haber tocado esta historia por meses. La creatividad obra de las maneras más extrañas.

Espero que me dejen su review para decirme qué opinan, si estuve bien o mal... y así. Me gustaría oír qué piensan.

Ya nos acercamos un poco al final, tenía planeado que esta historia durara unos 34 o 35 capítulos entonces no falta mucho. :3

¡Nos leemos!