Tú, yo y nosotros
Disclaimer:
Los personajes pertenecen a S. Meyer; la historia es mía.
Capítulo 28: La calma antes de la tormenta
EPOV
La vida era buena.
No negaría que, después de todas mis malas decisiones, estaba aliviado de que hubiera terminado bien para mí. A veces, cuando miraba atrás y me daba cuenta de lo mal que había obrado, me preguntaba si el destino algún día me daría una patada en el trasero. O si el karma me mordería.
Pero no.
Tenía a Bella, a Rebecca y, por supuesto, a Jared. Las cosas iban viento en popa; nuestra relación se estaba afianzando día con día, con el pasar de los meses, y las cosas se establecieron en un ritmo tan maravilloso que pensé que, al final, todo lo que había hecho o no estaba destinado a ser. Siempre fue así.
No me arrepentía de mi primer matrimonio, porque me había dado a Jared. Él era la luz de mis días; me había costado mucho acostumbrarme a ser un buen padre para él, pero nuestra relación floreció con la ayuda de mi novia y su hija. Ahora, podíamos considerarnos un equipo de cuatro. Y no lo cambiaría por nada.
Incluso, hasta cierto punto, tampoco me arrepentía de haber estado con Irina. Ella fue buena para mí; me sacó del hoyo en el que estaba, y lo único que aun me dolía es que nunca pude regresar sus sentimientos como ella siempre quiso. Fui despreciable, pero me alegró que se la estuviera pasando bien. Parecía haberme superado.
Al menos eso parecía en el ejemplar de la revista que estaba frente a mí.
«Irina Denali y el fotógrafo Laurent Aristegui saliendo muy amorosos de un bar en el centro de Seattle».
No lo iba a negar, me sentí aliviado en cuanto vi el ejemplar. Fue maravilloso que ella pudiera seguir adelante sin mí, a pesar de la forma tan brusca en que habíamos terminado nuestra relación. Siempre me sentí un poco mezquino por tener sentimientos por Bella aun estando con ella, incluso cuando jamás la había engañado.
Lo único que me dolía es que Alice siguiera enojada conmigo. Y no solo conmigo, parecía que era una trato general para todas las personas que la querían. Esme estaba muy dolida, porque aunque se habían pedido perdón después de la "pelea" en su fiesta de bienvenida, las cosas no habían sido igual que antes.
Y Jasper y ella tenían un odio profundo y una pelea eterna entre ellos, algo que simplemente no podía entender. Parecía más bien pasión mezclada con resentimiento, un sentimiento tan antiguo que ya ni siquiera deberían recordar por qué empezó en primer lugar.
Lo peor es que yo había cuestionado a Jasper, y él seguía queriendo a mi hermana. Pero sus diferencias eran tan marcadas que no había forma de que se reconciliaran, al menos no por el momento.
Alice estaba definitivamente en el equipo Irina, y eso la había hecho alejarse de todas las personas que estaban de acuerdo con mi nueva relación con Bella.
Yo no podía culpar a mi hermana por estar de parte de Irina, incluso aunque lo estuviera haciendo de forma equivocada; ellas eran amigas desde hacía más de una década. Y yo había sido una piedra en el zapato que era su amistad. Nunca debí meterme ahí, por más que Irina hubiese presionado todos mis botones. Pero lo hice. Y ahora cargaba eso conmigo como una cruz en mi espalda.
El teléfono sonó, sacándome de mis pensamientos. Lo alcé, consciente de que era Zafrina, mi secretaria.
—Señor Cullen, tengo a la señorita Isabella Swan en la línea.
—Gracias, Zafrina. Comunícamela, por favor.
No era raro que Bella me llamara a mi trabajo; se acercaba a veces a la hora de la comida con Jared y Rebecca. A veces comprábamos comida en el restaurante chino a unas calles de aquí, y todos comían en mi oficina. Durante esos pequeños momentos, todo se sentía hogareño. Era mi familia visitándome, y todos en el edificio lo sabían.
No podía esperar a que fuera oficial.
Le había dado muchas vueltas al asunto; Bella y yo ya llevábamos varios meses juntos y nos habíamos adaptado a la perfección. Era un suplicio cada noche tener que separarnos, y la carita de Jared cuando tenía que irse conmigo me rompía el corazón cada vez.
Él lo había dejado claro: quería a su familia junta, y prácticamente veía a Bella como su mamá. Pero yo aun tenía mis reservas, esas cosas eran algo que teníamos que platicar entre los dos, porque ambos veníamos con un paquete.
Rebecca me aceptaba, a pesar de que no dejaba de decirme "señor Edvad"; ni siquiera porque le había pedido que no me dijera señor. Era chistoso, y parecía que lo hacía para molestarme. Esa niña era traviesa, un reflejo casi exacto de su madre, a excepción de su cabello y ojos.
Yo quería ser su papá. Quería ser el apoyo de ellas como más que un novio, más que una relación. Quería que mis dos niños y mi esposa me recibieran cada noche en casa. Maldición, hasta quería un maldito perro.
Siempre fui un hombre con sueños comunes, por así decirlo. Quería el paquete completo. La familia, el amor, el cariño, ser el pilar de personas que dependieran de mí, pero también depender yo de ellas. Con Tanya eso no había sucedido; ella había sido infeliz cada momento desde que nuestro niño nació. En un principio no la entendí, no entendía como alguien no pudiese amar y dejar todo por Jared, pero fue porque mi egoísmo nunca me dejó ver que ella no era esa clase de mujer.
Ella era la clase de mujer libre, que se dejaba llevar con el viento. Y yo era un roble, estable, constante, que permanecía quieto y le gustaba de esa manera.
Y luego estaba Bella.
Bella era como una flor en nacimiento. Anclada a la tierra igual que yo, pero mucho más inocente, con más movimiento. Auténtica.
De alguna manera, sentía que ella había florecido a mi lado. Ambos queríamos lo mismo: una familia, una casa, amor incondicional y todo lo que derivara de él.
Pero decirlo y hacerlo eran cosas muy diferentes. Tal vez ella no estaba lista, ¿qué pensaba yo? Apenas y llevaba menos de un año siendo autosuficiente. Yo estaba consciente de que ella se había mudado de Jacksonville por las incomodidades que su madre le causaba. La visita de su hermana en las semanas anteriores había confirmado lo muy feliz que estaba viviendo sola, sin su familia cerca.
Entonces ¿me estaba apresurando yo por ya querer vivir una vida al lado de ella?
Por supuesto, para mí sería maravilloso casarme antes. La última vez había tenido una boda sencilla, lo cual era gracioso porque la personalidad de Tanya era todo menos sencilla. Ella hubiera querido tirar la casa por la ventana, pero no lo hizo. Y no lo hizo porque sabía que en el fondo no me quería como debía quererme. Debí haberlo sabido en ese entonces, pero como siempre, me cegué.
Y ahora no quería cegarme. No quería adelantarme. No quería que Bella se sintiera apresurada porque yo pusiera un anillo enfrente de ella y se viera en la obligación de decirme que sí. Así que, por más que quisiera sorprenderla, lo mejor que yo podría hacer sería sentarme con ella y expresarle mis deseos para el futuro, confirmar si los suyos coincidían con los míos.
Y rogar internamente que fuera así.
—Hola, corazón —saludé con alegría en cuando el tono del teléfono me avisó que Bella estaba en la línea—. ¿Qué sucede?
—Edward —sonaba agitada, como si estuviera corriendo. Me preocupé enseguida.
—¿Pasa algo? ¿Estás bien? ¿Y los niños?
—Sí, sí. Estamos bien —se rio. Me relajé en mi asiento y rodé mis ojos; debí haberlo sabido—. Estaba jugando a las atrapadas con Jared y Rebecca. No sé cómo me convencieron para ir al parque. El sol está horrible.
Confirmé mis sospechas. Bella era muy blanda con nuestros niños, pero me gustaba de esa manera.
—Acabamos de llegar a casa —dijo como si nada. Me gustó como se refería a "casa" como si viviéramos juntos, aunque no fuera así. Pronto, me prometí—. Todos estamos hambrientos, pero le pedí a la señora Cope que no hiciera de comer. Bañaré a los niños y me preguntaba si podíamos ir a verte, para que podamos comer todos juntos.
La sensación de calidez me llenó el pecho. Me encantaba cómo me incluían en sus planes; lo único que me molestaba un poco es que Bella siempre llamaba para confirmar si podía verme. Yo era el maldito jefe, siempre me tomaría el tiempo para ver a mi familia, sin importar qué o quién.
—Por supuesto que sí, cariño. Sabes que no tienes que preguntar eso —chequé mi agenda, solo para confirmar qué junta o reunión tendría que mover para poder verlos—. ¿A qué horas estarán aquí?
—Mmh, alrededor de las cuatro. O tal vez las cinco. Depende de si Fresita se deja bañar o no —se echo a reír—. Oh, por cierto, Jared te tiene una sorpresa. Ha parloteado sobre eso todo el día.
Sonreí. Por supuesto que sí.
—Ah, ¿sí? ¿Algún adelanto sobre qué es?
—Nop —tronó la P, sonando chistosa—. Ya lo verás cuando lleguemos. Te dejo para apurarme, sino jamás estaremos allí.
—Por supuesto, amor. Cuídate. Te amo.
—Yo también te amo.
Colgué el teléfono, sintiéndome feliz ahora que sabía que vería a mi familia. Hoy era de esos días pesados en el trabajo; a veces no me era posible salir a las cinco como siempre. Era el jefe, después de todo, y necesitaba quedarme algunas veces. Antes, cuando estaba solo con Jared, la culpa me carcomía porque se quedaba solo con la señora Cope.
Ahora él estaba con Bella, y parecía disfrutar mucho de su tiempo con ella. Y luego, cuando yo llegaba horas más tarde, él y fresita salían corriendo a recibirme con los brazos abiertos. Y Bella se recargaba en la pared, viéndonos abrazarnos hasta que no se resistía más y se unía a nuestro momento.
Joder. En serio quería eso para siempre. Ya estaba cansado de tener que irme a casa todas las noches.
Quería una casa en los suburbios como la de papá y mamá o la de Emmett y Rosalie. Con un patio grande donde mis niños pudieran jugar y que Bella decorara como quisiera. Quería darle la certeza que estaría allí, y apoyarla ahora que estaba pensando en volver a estudiar. Darle todo eso sería mi placer.
El teléfono volvió a sonar, sacándome otra vez de mis pensamientos. Si seguía a este ritmo, nunca resolvería los archivos que aun tenía por delante. Ser el jefe de finanzas me estaba pasando factura.
—Señor Cullen, tiene otra llamada en la línea. Es la señorita Cullen.
Fruncí el ceño. Alice nunca llamaba, especialmente no ahora que estábamos en nuestro estado permanente de "pelea".
¿Qué querría?
Mierda. ¿Le habría pasado algo?
—Pásamela, por favor, Zafrina.
—Por supuesto, señor.
Dos pitidos después, la tenía en la línea conmigo.
—Edward, voy para tu oficina —ni siquiera me saludó.
—Hola, Alice —rodé los ojos. Parecía sonar perfectamente bien, pero como quiera pregunté—: ¿Sucede algo?
—Er, sí, pero no —su voz sonaba dudosa, e instantáneamente me preocupé.
—¿Qué pasa?
—No puedo decirte por teléfono, estoy algo nerviosa —me respondió—. Tengo que pasar a dejar unas cosas a mi trabajo antes de ir a tu oficina, pero en cuanto me desocupe saldré para allá. No te preocupes, no sé si es algo malo, pero será mejor que te lo diga en persona.
—¿Estás manejando? —en cuanto me dio su afirmación, continué—: Bien, ten cuidado. No vayas muy rápido, y sea lo que sea lo arreglaremos cuando llegues aquí, ¿está bien?
—Sí, está bien —suspiró—. Mierda, el semáforo. Tengo que dejarte, Edward.
—Vale. Y, ¿Alice?
—¿Sí?
—Te quiero.
Hizo una pausa. Casi un latido, pero estuvo ahí.
—Yo también te quiero, hermano —respondió. Mi corazón se contrajo; hacía tanto que no escuchaba a mi hermanita pequeña diciéndomelo, que no me había dado cuenta de lo resentido que estaba por eso—. Te veré en un rato.
—Está bien. Cuídate.
—Nos vemos.
Aunque quería concentrarme en los documentos que estaban frente a mí, me fue imposible después de esa llamada. No era habitual en Alice estar frenética, o nerviosa, para el caso. Ella solía hacer berrinches cuando las cosas no le salían como quería, pero nunca la había escuchado tan… ansiosa. Como si tuviera algo malo que decirme, pero se estuviera conteniendo para no preocuparme.
Me pregunté si tenía que ver con Jasper. Justamente ellos habían estado teniendo este tira y afloja del cual no podían salir. ¿Habrían peleado?
No quise quedarme con la duda, demasiado preocupado por el bienestar de mi hermana, así que le mandé un mensaje al aludido.
Hey, ¿estás? – E.
Dos minutos después, su respuesta llegó.
Sí, ¿qué pasa? – J.
¿Has hablado con Alice últimamente? – E.
No desde hace unos días. Tuvimos una pelea – J.
Parece que ustedes dos no pueden estar sin ponerse las manos encima. En el mal sentido, me refiero – E.
Sí, bueno… – J.
¿Por qué me preguntas? – J.
No lo sé – E.
Me llamó y sonaba preocupada por algo – E.
No me quiso decir por teléfono, así que la estoy esperando en la oficina. Creí que tendría que ver contigo – E.
Joder, no. Me gusta molestarla… y peleamos, sí, pero no haría nada para que esté preocupada – J.
¿Quieres que hable con ella? – J.
Sí, pero solo después de que yo lo haga – E.
Sé que Alice está equivocadísima respecto a Bella, Jasper, y que tu lealtad hacia nosotros hace que no intentes nada con ella, pero no deberías dejar pasar la oportunidad ahora que ambos se han reencontrado – E.
Digo, ¿cuáles eran las posibilidades de que ustedes regresaran al mismo tiempo a Seattle? – E.
Tal vez tú le serías de mucha ayuda a entrar en razón – E.
Yo quiero estar con ella, pero no es tan fácil – J.
No quiero poner todo mi corazón de nuevo en la relación y que ella no esté lista – J.
Ya no podría soportarlo – J.
Lo sé. No es una decisión fácil – E.
Piénsalo, hermano – E.
Lo haré – J.
Y cuida de ella – J.
Por supuesto – E.
:) – J.
Recosté mi cabeza en el respaldo de la silla y restregué mis ojos. Si el problema de Alice no tenía nada que ver con Jasper, ¿en qué estaría metida que se vería en la necesidad de recurrir a mí?
Me quemaban los nervios por saber, y estaba muy preocupado. Alice no era de esas personas que te buscaban porque sí, especialmente si estaba enojada contigo. Tan solo el mayor ejemplo era Jasper, quien era el amor de su vida, y aun así lo dejó por varios años solo por unas diferencias entre ellos. Y nunca había volteado atrás.
Es por eso por lo que me preocupaba mucho mi frágil relación con mi hermana. Yo no quería perderla, pero tampoco haría oídos sordos a lo mucho que ella odiaba a Bella. Después de todo, ella era mi novia y con algo de suerte pronto sería mi esposa. Dividirme entre las dos no era mi plan de vida, y no quería tener que tomar bandos. Pero Alice estaba actuando de manera muy inmadura.
Decidí dejar de centrarme en Alice por un momento, porque me volvería loco mientras no tuviera noticias de ella. Solo esperaba que no llegara al mismo tiempo que Bella y los niños, porque no quería tener más problemas que manejar en mi canasta. Dios, apenas eran las tres de la tarde y la cabeza ya me ardía, y eso que ni siquiera estaba trabajando del todo.
Había estado tan concentrado en todas mis marañas mentales que hoy también saldría después de mi horario laboral de la oficina. Ya comenzaba a acostumbrarme a salir cuando todo el edificio estuviera vacío. Ahora me llevaba bastante bien con el guardia del turno nocturno.
Concentré toda mi atención en el archivo que tenía frente a mí; uno de los barcos de la naviera del viejo James estaba dándonos problemas. Habían robado parte de la carga que estaba destinada a llegar a Países Bajos hacía unas semanas, y el papeleo del seguro de los productos me estaba dando jaqueca. Generalmente yo no me metía en esos líos, eso era cuestión del área de logística, pero se estaba volviendo mucho trabajo el resolver ese pequeño problemilla. Nos estaba costando una verdadera fortuna, y hasta que no arregláramos esa situación legalmente, estábamos estancados. El viejo james y el tío Marcus estaban furiosos, al igual que yo.
Aun así, las cosas no iban tan mal para VyC. Marcus ya pensaba en retirarse, pero eso significaba que a mí se me quedaría toda la responsabilidad de la empresa. Era una oportunidad bastante grande, que me traería mucha ayuda económica ahora que quería comprarme una nueva casa y casarme, pero, joder, no quería descuidar a mi familia por el trabajo. Quería disfrutarlos lo máximo posible, por lo que estaba sopesando en poner a alguien más en el puesto de director general y quedarme con mi puesto como director financiero. Lo más probable era que Marcus se pondría hecho una verdadera furia, pero definitivamente yo no podría con tanta responsabilidad si iba a formar una familia.
Joder. Tantas decisiones rondando por mi cabeza estaban empezando a aumentarme la migraña.
Media hora después del extraño mensaje de mi hermana estaba concentrado en unos documentos cuando un estruendo en la parte de afuera de la oficina llamó mi atención. Los gritos de Zafrina se escuchaban por todas partes.
—Señorita, debe esperar a que le avise al Sr. Cullen que usted está aquí. ¡Señorita!
Fruncí el ceño y ya me había levantado para ir a ver que estaba sucediendo cuando la puerta de mi despacho se abrió de golpe y una mujer rubia entró a la habitación.
Me quedé parado, estático en mi lugar mientras me hacía la idea de a quién tenía enfrente. Ella alzó la barbilla y sonrió maliciosamente en cuanto me vio.
—Hola, Edward.
Parpadeé, sintiendo que el color se me iba del rostro.
—Tanya.
Quise vomitar. Parecía ser que el karma había llegado por fin.
Yesss, lo siento, ya les hacía falta un poco de drama a la feliz pareja. Era todo demasiado perfecto para ser verdad, ¿no creen? -.-
Por si no quedó claro en la lectura, este capítulo está ubicado un par de meses después de que Jessica se fue, así que la relación de Edward y Bella ya está más afianzada. Eso debería contar algo, ¿no creen?
Muchas gracias por sus comentarios en el capítulo anterior, los aprecio todos y me motivan a seguir :)
¡Nos leemos la próxima semana!
