Descargo de responsabilidad: Naruto y sus personajes pertenecen a Masashi Kishimoto.
Advertencias: AU, OoC, ItaSaku. Si tiene continuación.
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No es el amor lo que es ciego, sino los celos — Lawrence Durrell
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—¡Maldito bastardo desgraciado!— después de cinco años a Sakura escuchar esas palabras ya no le resultan sorprendente, los pacientes que por lo general recibe bajo su guardia suelen ser bastantes espesos de mente.
El jodido turno de la noche, se dice cuando intenta calmar a la señora que embravecida trata de liberarse de los enfermeros para llegar al cuarto donde reside el paciente, que resulta ser de hecho su esposo, con intenciones de matarlo. Si es que el accidente que ha tenido hace unas horas no ha logrado su cometido aún.
A la única que parece divertirle la situación es a Ino Yamanaka, su amiga de la infancia, quien esconde con un mínimo de sutileza una sonrisa detrás del portapapeles con los datos del hombre.
—Tranquilícese por favor señora, podrá ver a su esposo en cuanto salga de cirugía— intenta calmar con profesionalismo la de cabellos rosados. Quien sabe que si de ella dependiera dejaría que la desafortunada mujer se encargara personalmente de la intervención médica.
Porque Sakura que empatiza hasta con las hormigas puede entender de alguna manera el dolor expresado en aquella mujer de cabellos negros, que tras ser llamada al hospital y llegar a toda prisa, descubre no solo el estado crítico de su cónyuge, sino también que iba acompañado de otra mujer.
Y Sakura sabe que pese a sus continuos insultos y expresión enardecida sabe que por dentro está llorando. El dolor de sentir el corazón romperse en miles de pedazos. Ese dolor que ya había experimentado antes en su adolescencia, aunque por razones diferentes, porque un rechazo, un amor no correspondido, no duele tanto como una traición.
Y aunque Sakura puede imaginar su dolor, espera nunca tener que experimentar ese tipo de situación.
(Sakura 22:40) "Mi turno ya termino, iré para casa ahora."
(Itachi 22:55) "Esta bien, ve con cuidado"
(Sakura 22:57) "¿Quieres que te espere para cenar juntos?"
(Itachi 23:20) "No, llegare tarde hoy, aun debo terminar unos trabajos"
Sakura mira una vez más la pantalla de su celular antes de guardarlo.
—¿Iras en taxi?
—No, prefiero caminar.
—Eres muy transparente Sakura— se burla Ino.
—¿No entiendo que es lo gracioso Ino-cerda?— cuestiona Sakura con desdén, mientras se desviste para portar ahora una ropa más casual. Un jersey blanco y unos pantalones negros.
La mirada que le dirige Ino es inquisitiva.
—No te enojes frente— contesta sin ganas de pelear. Ino termina de cambiarse también y desenvuelve la bufanda que segundos antes había puesto en su cuello. Sakura la mira interrogante cuando se acerca a ella— Toma, Sai vendrá a buscarme más tarde y sé que no querrás venir con nosotros. Así que al menos usa esto.
El enojo se evapora junto con un suspiro de resignación y Sakura todavía siente que algo le molesta.
—Gracias.
Ino, que parece conocer todas y cada una de sus expresiones, espera que su amiga formule la pregunta que parece atormentarla desde que aquella pobre mujer se había retirado del hospital tras largos minutos de blasfemar contra su esposo.
—¿No era más fácil ser honesto…?— Y Sakura no termina de anunciar su pregunta cuando nota los ojos verdes de Ino reflejar una profunda melancolía que la descoloca por completo. Y es ante esa expresión de incertidumbre, ese silencio que se instala entre ellas, lo que le da pie a Ino a contestar aquella pregunta sin completar.
—¿Crees que dolería menos? No es tan simple Sakura, muchos están dispuestos a traicionar, pero no a responsabilizarse por sus actos— Ino hace una pausa que a Sakura le resulta demasiado larga— A veces es preferible simplemente no amar.
Y son aquellas palabras, esa simple explicación vaga las que se instalan en su cabeza como un panal repleto de abejas. Y no puede evitar pensar en Itachi, con quien lleva ya tres años de relación.
—Me iré ahora— Sakura prefiere dejar el tema de lado. Aunque en el fondo, cuando ve a Ino despedirse con un gesto de mano, se pregunta si su amiga ya había experimentado la deslealtad de un amor antes, porque puede jurar que en esos segundos en los que vio sus ojos, estos también reflejaban ira.
¿Incluso alguien como Ino, fue lastimada de esa manera?
Sakura prefiere no ahondar aún más en sus propios pensamientos.
—Buen trabajo a todos— vocifera con una voz seria, despidiéndose de sus compañeros antes de dirigirse a la entrada del hospital.
La lluvia, aunque leve, le hace replantearse la idea de llamar a un taxi, mas esta es desechada casi de inmediato. Su departamento está a veinte minutos a pie y ciertamente sabe que, aunque llegue rápido, no abra nadie ahí, por lo que prefiere tomarse el tiempo para despejar su mente.
Extrae un paraguas del bolso azul que cuelga de su hombro derecho y lo abre sobre su cabeza. Y aunque declara para sí misma que ha sacado su celular solamente para verificar la hora, no puede evitar entrar una vez más a la bandeja de mensajes para releer nuevamente el aviso enviado antes por Itachi.
"No, llegare tarde hoy, aun debo terminar unos trabajos"
A Sakura no le sorprende y tampoco le resulta molesto, siendo el trabajo de ambos exigentes y absorbentes la posibilidad de verse a menudo es muy escasa. Incluso cuando ya se encuentran viviendo juntos desde hace más de un año.
Sakura guarda su celular y se dispone a caminar bajo aquella llovizna que espera sea capaz de distraerla de aquellas imágenes, que maliciosas, comienzan a formarse en su cabeza.
Conoce a Itachi lo suficiente y aunque su relación es vista de manera extraña por muchos, pues las muestras de afectos y las palabras dulces son algo que jamás nadie cercano a presenciado, esa era su manera de amarse.
Después de todo ¿No era su relación una simple cuestión de conveniencia mutua? Sakura recuerda las primeras veces que cruzaron palabras, cuando su existencia para ella aún era insignificante porque solo se trataba del hermano mayor de Sasuke-kun, el niño que siempre había amado tan abiertamente, que resultaba imposible, incluso pensar, que Itachi no lo supiera también en ese entonces.
Pero los años pasaron y Sasuke salió con alguien más, se casó con alguien más, y tuvo hijos con alguien más. Y sus sueños, ilusiones y el amor que alguna vez confeso en exclamaciones se evaporaron en el aire juntos con la tenue esperanza de una oportunidad que jamás se dio.
"Sean felices, más felices que cualquiera en esta tierra" fueron las palabras que recito en la boda del hombre que rompió su corazón, frente a unas cincuenta personas que atentas, la observaron con pena, tratando de buscar alguna grieta en su alma para compadecerla aun más. Pero Sakura solo rio y salto, bailo y canto. Y al final de la ceremonia fue Itachi quien se ofreció a llevarla hasta su casa, en donde ambos acabaron en la cama, y una relación que jamás tuvo un comienzo se formó entre las sabanas, entre aquella calidez que Sakura jamás pensó que podría necesitar.
Y pronto comprendió, cuando semanas después de formalizar su propia relación ante familiares y amigos, que era aquella mujer de cabellos castaño y ojos negros que los felicitaba con autentica alegría, a quien Itachi realmente amaba. Pero que al igual que ella, la cosas no habían resultado como él quería.
Ambos terminaron siendo dos almas completamente solitarias en busca de algo a que aferrarse, en busca de una calidez que los hiciera sentirse más reales, más vivos. Porque esa era la relación que tenían, esa era la razón que los unía. Y si un día Itachi decidía dejarla Sakura no tendría nada que reprocharle.
Aunque aún había una pregunta que seguía atormentándola, incluso después de tantos años.
¿Itachi seguiría amando a esa mujer?
Y ahí estaba el problema, porque Sakura, incluso en contra de todas sus fuerzas, se había enamorado inequívocamente de él.
Aunque eso era algo que nunca se lo diría, se juró a si misma cuando se detiene frente a un parque conocido. Aquel en el que Naruto y Sasuke solían visitar junto con ella después del jardín, incluso después de haberse recibido de la universidad. Cuando la nostalgia se volvía demasiado pesada y los tres decidían reunirse. En donde todo problema personal era olvidado y solo estaban ellos tres, recordando viejos tiempos.
Y a Sakura sus despedidas siempre le resultaban lentas, porque Sasuke pronunciaba más de dos palabras y Naruto hablaba sin cesar mientras ella solo escuchaba. Porque esa era la manera de decirse que se extrañan demasiado, pero sin decirlo realmente.
Sakura contempla una vez más el parque y reanuda su camino a casa.
El semáforo en verde, los autos avanzando, el color cambiando a rojo y finalmente un pie delante del otro. Sakura mira cada esquina, los nombres de las calles, la vidriera de los locales y a cada persona que cruza su mirada con ella al pasar por su lado.
Son solo diez minutos más antes de llegar, pero sus pasos se detienen al instante.
Y lo hacen bajo aquel cielo repleto de nubes negras, bajo aquella lluvia que se intensifica con fuerza y frente a la imagen de un hombre de largos cabellos a la distancia que porta una sonrisa de felicidad en su rostro.
Una muy pocas veces visto por ella.
Y sus ojos se abren con desmesura al deslumbrar otra figura salir de un local detrás de él. Y Sakura ya no necesita más excusas absurdas para calmar a su corazón que late desembocado mientras su mano apresa con más fuerza el mango del paraguas.
"Llegare tarde hoy, aun debo terminar unos trabajos"
El mensaje se repite en su cabeza como un bucle, atormentándola de manera funesta. Pero se niega a dejarse llevar por malos pensamientos por lo que decide acercarse, pero sus pies, anclados al suelo, se niegan a moverse. La voz que intenta llamarlo se niega a salir cuando el nudo en su garganta crece y crece asfixiándola lentamente.
¿Cenar con Izumi era el trabajo que imponía la empresa Uchiha? ¿Mentirle a ella también lo era?
Sakura ya no necesita imaginar aquel dolor, porque es cuando siente algo romperse en su interior y estrellarse en el suelo en millones de fragmentos que es que decide girar sobre sus talones y marcharse de ahí.
Ah, siempre lo ha sabido, en el fondo siempre había sabido que la seguía amando.
—¿Sakura-chan?— por un momento Naruto está seguro de que está demasiado afectado por el alcohol que recorre su sistema, porque está seguro que no hay ninguna razón para que Sakura se encuentre sentada en la entrada de su casa con la cabeza escondida entre las piernas y con un paraguas y un bolso al lado de ella. Menos que menos a las doce de la noche— ¿Sakura-chan?
Y ya no es la sorpresa lo que impregna su voz, sino la preocupación ante la falta de respuesta. Naruto la toma de ambos lados de la cabeza para levantar su rostro.
—Naruto— la voz de Sakura suena adormilada y sus ojos, carentes de brillo, se clavan en aquellos ojos estupefactos— ¿Por qué tardaste tanto?
Naruto no tiene tiempo para procesar la situación cuando el mismo ha comenzado a temblar a causa del frio. Y le asusta aún más las frías mejillas que ahora cumbre con sus dos manos.
¿Cuántas horas había estado esperándolo?
—Vamos a dentro— la sobriedad le llega de golpe y levanta a Sakura de los hombros junto con su bolso. Maniobra para insertar la llave y abrir la puerta ahora con Sakura sobre sus brazos. No se toma el tiempo para descalzarse, sino que va directo al sofá, la recuesta y se apresura a correr hacia su habitación, toma una gruesa frazada y corre escaleras abajo—¡Que demonios Sakura-chan!
Se queja mientras la envuelve por completo. Las preguntas internan lo abruman, pero prefiere guardar silencio.
Un silencio que para su fortuna se corta en solo segundos.
—Naruto— susurra encogiéndose aún más en su posición— ¿Puedo quedarme a dormir hoy?
—¿Crees que te habría dejado irte si quisieras?— le contesta después de un momento, cuando Sakura mira detrás de él, seguramente a la puerta, pensado quizá que él sería capaz de echarla a altas horas de la noche. Y Naruto espera que diga algo más, que sea capaz de explicar su repentina aparición y en tal circunstancia, pero le resulta imposible. Porque Sakura solo permanece inmóvil e inexpresiva, como si su alma hubiera abandonado su cuerpo.
Y el celular que se encuentra dentro del bolso que ha dejado tirado en la entrada no ha dejado de sonar.
