Palabras: 460.
PICNIC.
El sol brillaba con fuerza en el cielo azul.
Todos parecían estar de buen humor y felices. Excepto cierta pareja de erizos...
–¡Ella te miraba como comiéndote con los ojos! —Exclamó una celosa Amy— ¡No coquetees con todas las chicas!
–¡Solo la salvé de que un balón le de justo en la cabeza! —Se defendió Sonic.
–Sí, y luego le dijiste: cualquier cosa puedes decirme, con esa sonrisa insinuadora tuya. —Bufó molesta— Y ella va y te dice: eres mi héroe, Sonic —La imitó con voz aguda y haciendo ojitos exageradamente.
–No seas dramática, Amy —Le dijo dándose la vuelta, para terminar con la discusión.
Amy dio un grito exasperada y se fue dando pasos furiosos.
Sonic suspiró, debía hacer algo para que Amy se desenoje y lo perdone.
Una lamparita imaginaria se encendió dentro de su cabeza, y se fue corriendo a la velocidad de la luz.
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–No seas dramática, Amy. —Dijo burlonamente frente a un espejo— Estúpido Sonic.
Se retocó un poco y luego de refunfuñar un poco más salió de su casita. Un destello azul la envolvió y pronto estaba en los brazos de su idiota novio, corriendo a una velocidad increíble.
–¡Oye! ¡¿Qué estás haciendo?! —Exclamó creyendo que iba a caerse. Sonic sonrió despreocupado e ignoró su pregunta.
Luego de unos segundos, se detuvo frente a un lago. Amy se sorprendió al ver una manta en el pasto y una canasta sobre ella.
El lugar era precioso, el sol iluminaba a través de los altos árboles, debido a su posición siendo el atardecer.
El cielo parecía pintado con acuarelas rosas, celestes y violetas.
Se sentaron en silencio, Amy, sin palabras, observaba a su erizo. Estaba clarísimo que ya lo había perdonado, pues cada vez que él tenía esos detalles ella sentía como se derretía por dentro, su panza se llenaba de mariposas inquietas que revoloteaban dentro de ella.
Ninguno de los dos habló, sus miradas lo decían todo. La de él, pedía perdón, mientras que la de ella respondía con un "te perdono". Ambos sonrieron y se dispusieron a comer lo que había en la canasta. Claramente no hecho por Sonic.
Pero él no diría nada, y ella no lo mandaría al frente. Sabía lo malo que era el erizo en la cocina.
Entre risas y charlas el cielo abandonó sus colores pasteles, para dar paso a las estrellas y la luna de la noche. Así, finalizó esa inesperada pero agradable "cita" que ambos prometieron repetir pronto.
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¡Hola! Lo prometido en deuda :v
Un nuevo drabble, pude terminarlo en un período más corto, sigo mal por haber tardado tanto con el anterior :'c
Espero que este, pese a su simpleza y sencillez, les haya gustado
Dejen sus reviews, y ¡nos leemos, ojalá, pronto!
