¡Hola! ¿Qué tal los trata el domingo?
He de confesar que mi domingo no pinta tan bien de momento jajaja. Me parece que estoy presentando algunos "asuntos" de salud que me pondrán en la obligación de ir al médico durante esta semana, así que bueno, ni modo ¡Deséenme suerte! .
Por cierto, se me había olvida comentarles que a este fic también le hice una playlist en Spotify con las canciones que estaba escuchando en loop mientras escribía esta cuestión. Como esta historia está hecha para ser bastante tranquila y feliz, son unas poquitas canciones de amorsh jajaja. Mientras, les dejo esto por acá :)
Disclaimer: MSLN Ni sus personajes me pertenecen. Todo el crédito a sus respectivos autores.
Capítulo 4: Tengo mis contactos.
No podía evitar dirigir su mirada a la puerta cada cierto tiempo.
Ese hábito que había adquirido hace poco tiempo solo se hacía más frecuente cuando el tránsito de clientes se hacía más lento, justo como le estaba pasando esa tarde.
Podría incluso intentar engañarse a sí misma y decirse que su continuo mirar hacia esa dirección solo se debía a que estaba ansiosa por recibir a los nuevos clientes que entrarían a la cafetería, y así prepararse para poder atenderlos de la manera más amable posible. Pero su verdadero motivo era mucho más egoísta y menos profesional.
La verdad, se moría de ganas de ver nuevamente esa cabellera rubia atravesando la entrada, como se había hecho costumbre desde hace algunos meses.
Pero, lo cierto de la situación era que llevaba más de un par de meses sin verla, y por más que había intentado quitarle importancia al asunto, cada vez que terminaba un nuevo turno sin ver a esa mujer sentía como una espinita en el pecho que no podía sacar.
Casualmente, la última vez que se habían visto había sido justamente cuando se encontraron de manera fortuita en la librería. Estaba segura de que había leído bien las señales de Fate. Ambas habían pasado un rato bastante agradable, y realmente la conversación con la rubia había fluido prácticamente como si se conocieran desde toda la vida. Incluso, se había sentido tan cómoda con la interacción que estaban teniendo en ese momento que había tomado la decisión de confesarle sus sentimientos allí mismo, cosa que hubiese logrado si no hubiese sido por esa estúpida llamada del trabajo.
Al diablo el manager de la cafetería ¿Acaso no podía contratar más personal?
Y así, tuvo que ver como sus obligaciones laborales marchitaban la hermosa oportunidad de oro que había florecido frente a sus ojos gracias a un encuentro fortuito, y a una lluvia repentina.
¿Acaso el intentar confesarse había sido mucho?
Y todavía la rubia le había dado esperanzas insinuando una posible cita a futuro.
Porque lo que habían hecho esa tarde era tener una cita ¿No?
- Nanoha
Entonces, no podía entender por qué demonios la rubia llevaba casi dos meses sin aparecer nuevamente por la cafetería. En verdad, estaba casi segura de que tanto Fate como ella estaban entendiéndose de la misma manera. Sí, quizá dejarle corazoncitos junto a su nombre no era lo más obvio del mundo. Es más, la primera vez lo había hecho incluso sin pensar, un poco impactada por la belleza de la chica. Pero luego se había hecho costumbre, y era una costumbre que ya no podía eliminar, sobre todo cada vez que esa rubia tomaba el vaso descartable de Starluck y una hermosa sonrisa se dibujaba en su rostro al percatarse del pequeño detalle que le estaba dejando junto al nombre.
- Na-no-ha
Sí, quizá había sido algo impulsiva al empezar a ponerle corazones. Usualmente si el cliente que atendía había sido amable en su interacción les dejaba una carita feliz, o un "feliz día", nada tan elaborado. Pero la primera vez que vio a la rubia fue como si su cerebro hubiese tenido un cortocircuito, y casi sin pensar sus manos se movieron para hacer ese dibujo. Sí, sabía que estaba mal terminar teniendo un "crush" por una de las clientes, pero incluso Rein, que era una de las personas más observadoras que conocía, le había dicho que la rubia le estaba haciendo ojitos.
Y, para completar, estaba tan nerviosa cuando se despidieron que no se le había pasado por la cabeza pedirle a Fate su número telefónico. O sea, ¿Cómo diablos iban a tener otra cita si no tenían cómo comunicarse para ponerse de acuerdo?
- ¡Nanoha!
- ¿¡Qué!? - exclamó Nanoha, sobresaltada - Por Dios Rein ¡Me asustaste!
La peli gris solo la miró, alzando una ceja mientras se cruzaba de brazos, sin dejar de mirarla.
- ¿Perdón? Llevo como dos minutos hablándote - informó Rein - Parecía que estabas perdida en las nebulosas.
- Yo… Discúlpame Rein - se excusó Nanoha, suspirando - Estaba un poco distraída.
- Ay Nanoha, Nanohita ¿Qué voy a hacer contigo? - preguntó su amiga, posando una de sus manos sobre su hombro - ¿Pensando en Fate otra vez?
Nanoha no pudo evitar que sus mejillas se encendieran ante la mención de la chica que llevaba días habitando sus pensamientos. Avergonzada, solo alcanzó a asentir levemente, mientras Rein se recostaba en el mostrador para mirarla mejor.
- ¿Sabes que puedo pedirle a Hayate que me de el número de Fate, cierto?
- Sí, sí lo sé - admitió Nanoha, con un puchero.
- Entonces, ¿Por qué no quieres que le pida a Hayate el número de Fate? - preguntó Rein, con una sonrisa - Así, puedes llamarla o no sé, al menos escribirle, y arreglan de una vez por todas el enredo mental que tienen ustedes dos. Me desespera verlas, siento que se están ahogando en un vaso de agua, lo cuál es bastante estúpido porque créeme, no se a quién pretenden engañar ustedes dos pero es más que obvio que se traen ganas.
- Es que, Rein, en serio, no puedo. Es decir, quiero ser yo quién hable con Fate, y le pida su número de teléfono - contestó Nanoha, dejando escapar un gruñido de frustración - Y de ser posible, quiero invitarla a salir. En verdad quiero hacerlo, pero es algo que tengo que hacer frente a frente.
- ¡Uy! Qué romántico ¿Te llaman Romeo? - comentó Rein, dejando escapar una risita ante la cara de pocos amigos de Nanoha - ¡Tienes que aprovechar la tecnología! No siempre se pueden hacer las cosas a la vieja escuela Nanoha. A mi me parece más bien que leer tantas novelas de Romance te está empezando a afectar.
Si era honesta… Ella también estaba empezando a pensar eso mismo.
La verdad sí, aunque no lo admitiera en voz alta era una romántica empedernida. A pesar del par de relaciones fallidas que tenía bajo la manga, y numerosas citas desastrosas en su adolescencia, se ilusionaba con solo pensar que alguien, en el mundo, posiblemente estaba destinada para ella. No podía evitar sonreír al imaginar esa posibilidad de que, de manera repentina, alguien pudiese llegar a su vida en el momento más inesperado para poner su mundo de cabeza y arrastrarla hacia una historia de amor que se volvería digna de una película.
Y, tenía que aceptarlo, en la vida real las relaciones amorosas eran mucho más complicadas. Más que la unión de dos personas perfectas, terminaba convirtiéndose en el encuentro de dos seres humanos con una mochila de experiencias a cuestas, que intentaban buscar la manera de trabajar en sus diferencias para adaptarse lo mejor posible a esa otra persona, sin perder su esencia en el intento, y también sin romper la esencia del otro en el proceso.
Pero después encontraba libros que la hacían soñar nuevamente con esos amores de ensueño, como el último libro de Bardiche.
Lo había adquirido en preventa a la primera oportunidad, y apenas lo tuvo en sus manos lo devoró en un dos por tres. La elección de la trama no podía hacerla sentirse más identificada con su situación: una hermosa historia de amor entre una solitaria mujer, llamada Korra, que se enamora perdidamente de una barista llamada Asami y, en consecuencia, termina encontrando el amor de su vida en una cafetería. Ese libro prácticamente le hablaba directo a su alma.
Para Nanoha, las casualidades no existían.
Desde el momento en el que vio a Fate, sintió como si algo dentro de ella le susurrara al oído que quizá valía la pena arriesgarse nuevamente con esa mujer.
Quizá, esa rubia era la Korra que le había preparado el destino.
- Bueno, si quieres decírselo frente a frente está bien, cada quién tiene sus métodos - aceptó Rein - Pero entonces harías muy bien en armarte de paciencia.
- ¿Qué? - preguntó Nanoha, extrañada - ¿Por qué?
- ¿No recuerdas que te había dicho que Fate estaba de viaje?. ¡Si fue Hayate quién la llevó al aeropuerto!
Ah, cierto, lo había olvidado. Rein le había dicho hace algún tiempo que Fate había tenido que irse de viaje por temas de trabajo. Seguramente por eso había pasado tanto tiempo sin verla.
- Hace algunas semanas Hayate me dijo que Fate estaba fuera de la ciudad todavía, pero que seguro regresaba pronto, así que si quieres conquistarla frente a frente te va a tocar esperar a que esté de vuelta. - continuó Reinforce - Ah, y hablando de esperar - agregó, mirando el reloj que colgaba en una de las paredes de la cafetería - Ya mi turno terminó así que iré a cambiarme. Hayate me dijo que venía por mí, así que, si aún no he salido ¿Podrías decirle que me espere algunos minutos?
- Sí, claro.
Nanoha solo observó como Reinforce se dirigía hacia el depósito antes de fijar nuevamente su vista en la entrada de la cafetería.
Luego de unos minutos la puerta de entrada se abrió, pero nuevamente no alcanzó a ver la característica cabellera rubia de la persona a la que más esperaba. Esta vez, una enérgica castaña se dirigía hacia el mostrador, con una sonrisa de oreja a oreja.
- ¡Hola Nanoha! - la saludó efusivamente Hayate - ¡Qué bueno verte! ¿Rein aún no sale?
- Hola Hayate - le devolvió el saludo - Ya terminó el turno pero se está cambiando. Seguro sale en unos minutos más.
- Perfecto. Tengo algo de tiempo entonces. Te tengo una sorpresa que sé que te va a encantar.
Ante la mirada extrañada de Nanoha, Hayate rebuscó en su bolso hasta encontrar un sobre blanco, que le extendió a Nanoha con una sonrisa. Por lo que la cobriza ya conocía de la castaña gracias a sus interacciones, muy probablemente esa sonrisa tenía un trasfondo oculto que sabía que no podría descubrir tan fácilmente.
- Un pajarito me dijo que esto te va a gustar.
Nanoha tomó el sobre con curiosidad, pero no pudo evitar parpadear un par de veces producto de la sorpresa al ver su contenido.
Era una tarjeta de invitación a un evento secreto de firma de libros de Bardiche.
- No hace falta que me agradezcas - añadió Hayate, al ver como Nanoha se había quedado muda de la sorpresa.
Había sabido del concurso por las redes sociales de las librerías que conocía. Además, como estaba suscrita al mail list de novedades de la editorial que publicaba los libros de Bardiche también le había llegado la notificación para registrarse en un concurso para obtener una de esas invitaciones. Las invitaciones eran poquísimas, y, de pasó, al entrar, los asistentes debían firmar un compromiso legal que los obligaba a no revelar la identidad del autor.
Cabe destacar que, obviamente, el ingresar cámaras, grabadoras o algún dispositivo similar estaba más que prohibido.
- Pe-pero esto es - murmuró Nanoha, intentando recomponerse - ¿Cómo conseguiste esto?
- Ah, bueno, tengo mis contactos - respondió Hayate, encogiéndose de hombros - Un buen mago no revela sus secretos.
- No puedo aceptarlo Hayate - dijo Nanoha, acercándole nuevamente el sobre a la castaña - Es demasiado. Esto es muy valioso, seguro preferirás ir tú…
- Mi querida Nanoha, lo que se regala no se quita - comentó Hayate, rechazando el sobre - Eso es para tí. Puedes estar segura de que yo no lo necesito, pero sé que esa invitación va a estar mucho mejor en tus manos, así que asegúrate de ir. Algo me dice que ese evento es uno de esos que te pueden cambiar la vida - agregó, con un guiño - ¡Ah mira! Allí viene Rein.
Efectivamente, en ese momento la peli gris salió del mostrador y se acercó casi a la carrera a Hayate, depositándole un beso a la castaña que hizo que hasta la misma Nanoha se sonrojara.
Nanoha estaba segura de que si hacían eso frente a un policía se las iban a llevar por irrespeto a la decencia.
- Allí me cuentas cómo te fue - dijo Hayate, antes de salir de la cafetería de la mano de Rein.
Mientras Nanoha se llevaba el sobre al pecho, suspirando mientras agradecía su suerte, afuera de la cafetería mientras caminaban por las calles de la ciudad en dirección a la casa de Hayate, Rein no pudo evitar fijarse en la pícara sonrisa que había quedado plasmada en el rostro de su novia.
- ¿Le diste la invitación, verdad? - le preguntó Rein a Hayate, casi segura de la respuesta.
- Así es - admitió Hayate - Parece que pronto Nanoha tendrá una cita con su destino
N/A: En inglés esa última frase suena genial porque podría quedar así como "a date with her Fate" :(
En fin! Llegó el momento de contestar los reviews!
Nadaoriginal: Jajajaja estaba en el trabajo cuando leí lo de "Fate en el paraíso" y me dio un ataque de risa nivel Dios... Sobre todo porque es verdad :p Bueno, un poquito de felicidad de vez en cuando no cae nada mal.
Chat'de'Lune: Pues sí, si que les había faltado el número telefónico. He aquí las consecuencias de ese despiste jajaja. Definitivamente son tal para cual. ¡Un abrazo en la distancia!
Guest: A Hayate no se les escapa nadie! Y de paso tiene tiempo de hacerla de cupido también. Toda una maestra esa mujer :D
¡Nos leemos el próximo domingo con el final!
