Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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Outtake 2: Por ahora

El sábado por la mañana, comencé a vomitar.

Me desplomé junto a mi baño, la billetera negra presionando mi cadera donde la había guardado en el bolsillo de mis vaqueros. La saqué de nuevo y volví a ver los detalles.

Isabella Swan.

Una dirección que estaba a menos de veinte minutos de donde yo estaba.

Una mujer que huyó de mí, por razones desconocidas.

Y una mujer que necesitaba conocer.

Si tan solo la hubiera detenido, si tan solo pudiera haberle explicado.

La agitación me revolvió el estómago.

Vaya.

No era agitación. Me incliné en el inodoro de nuevo.


—¿Edward? ¿Estás en casa? —La voz de Alice hizo eco a través de mi apartamento. Podía escucharla, pero no podía moverme. Me dolía demasiado, como si Alice me hubiera atacado con un bate de béisbol o pisoteado con cada par de zapatos que tenía. Mi pecho estaba ardiendo, agonizando y tan desesperado por Isabella Swan.

»¿Dónde estás? Necesito mis DVD para esta noche. —Su voz era tan aguda que gemí contra las frías baldosas. ¿Cuánto tiempo llevaba acostado aquí? No podía abrir los ojos, la luz me los lastimaba.

—¿Qué... joder, Edward, estás bien? —Suaves dedos tocaron mi cara y la miré. Su rostro nadó a la vista, la preocupación grabada en sus rasgos.

—Alice…

—¿Qué pasó? ¿Estás enfermo? —preguntó y cerré los ojos de nuevo, apretando los dedos alrededor de la billetera.

—Ella escapó. —Me atraganté, doblándome en una bola mientras mi pecho apuñalaba de nuevo, tirando en alguna dirección desconocida.

Ve hacia ella. Encuéntrala.

Alice me quitó la cartera de las manos y sacó el permiso de conducir. Se quedó en silencio y luego empujó la billetera de nuevo en el bolsillo de mis vaqueros.

—De acuerdo. Está bien, podemos hacer esto. Vamos a buscarla, ¿vale?

—Ella escapó. No lo sabe —traté de explicarle, pero Alice estaba me estaba empujando, tratando de arrastrarme hacia la puerta.

—No me importa. Edward, estás tan enfermo… No sé qué podría pasar si no te llevo con ella. —La voz de Alice tembló ligeramente. Tal vez estaba tan asustada como yo.

Negué con la cabeza.

—No. No, solo necesito dormir. Necesito dormir —insistí. Alice me dio su mirada más infeliz, pero hoy no estaba funcionando. Tropecé hacia la cama y me dormí en segundos, pero fue un sueño inquieto.


Sus ojos estaban muy abiertos, y marrones, y miraban hacia otro lado. Su cabello volaba detrás de ella mientras corría y no importaba lo rápido que corría tras ella, mis pies no me acercaban más.

Puertas del tren cerrándose.


—Edward, por favor. Solo déjame llamarla, ¿de acuerdo? Puedo explicárselo —suplicó Alice, pero simplemente la observé. No sabía qué hacer. Ella quería espacio, yo podía darle espacio.

Pero la necesitaba.

Tal vez ella necesitaba tiempo.

Pero la necesitaba.

No había comido en tres días. Seguía vomitando, pero no salía nada y mi garganta ardía con bilis.

Encuéntrala. Encuéntrala. Encuéntrala.

—Levántate. —La voz de Alice fue como una navaja cortando mi cerebro. La miré con ojos adormilados y ella comenzó a ponerme los zapatos en los pies—. Te dije que te levantaras. Vamos para allá. No me importa lo que tenga que hacer. Ella te va a ver.

—Alice…

—Es esto o los suplementos, Edward, y me encantaría verte tratar de explicarle esto a mamá y papá —espetó—. Llamé al apartamento, no hubo respuesta, así que vamos para allá.

Estaba demasiado débil para discutir con ella en este punto. Empujó un paquete de chicles hacia mí y comenzó a guiarme hacia la puerta. Tropecé y ella resopló fuertemente.

—No me hagas llamar a Jasper para llevar tu trasero al auto.

—Bien. —Normalmente habría discutido con ella, aunque solo fuera por el gusto de hacerlo.

Mastiqué un chicle en su lugar.

Era media tarde, así que el tráfico no era tan malo, pero estaba demasiado ocupado tratando de no vomitar de nuevo, mi mano presionando el dolor en mi pecho, el dolor que palpitaba. Estaba empeorando a medida que nos acercábamos a su apartamento.

¿Y si ella no me recibiera? ¿Qué pasaría si no me escuchara?

—Ya llegamos —informó Alice, poniendo el freno de mano. Me las arreglé para salir del auto sin su ayuda, pero mientras subíamos los escalones hasta la puerta principal, pude sentir que mis piernas comenzaban a temblar por el agotamiento. Me apoyé contra la pared mientras Alice presionaba el timbre del apartamento etiquetado como B. Swan. ¿B? ¿Quién era B?

Oh, mierda. ¿Estaba casada? ¿Ella estaba…?

Mi cabeza dio vueltas y escupí el chicle, forzando la bilis de regreso. Alice me miró y luego saltó cuando el intercomunicador se activó.

¿Hola?

—¿Isabella Swan? —preguntó Alice por el intercomunicador.

No, soy su vecina. ¿Quién es?

—Me llamo Alice. Necesito verla. Se trata de mi hermano, está aquí, necesita verla de inmediato. Está enfermo.

La voz en el intercomunicador se quedó en silencio antes de que sonara el timbre, abriendo la puerta.

Subimos las escaleras y cuando llegamos al segundo piso, estaba a punto de desmayarme. Estaba tan cansado, me dolía tanto. Casi podía llorar, tan varonil como era. Solo quería acostarme en este piso y dormir hasta que el dolor desapareciera...

—No te atrevas —amenazó Alice, apoyándome con su diminuto cuerpo. Una puerta se abrió más adelante y una mujer alta y rubia se asomó para mirarnos. Sus ojos se abrieron.

—Tú eres él, ¿no? Adelante —dijo ella y nos hizo un gesto para que entráramos al apartamento—. Ha estado vomitando durante tres días.

No sabía... No sabía que afectaba tanto al impresor.

»Ella está aquí —señaló la mujer y pude escuchar la ansiedad en su voz—. Va a odiar esto.

—No hay mucha elección —masculló Alice bruscamente mientras me empujaba hacia la habitación a la que se dirigía la rubia.

Era un dormitorio. Sobre la cama yacía una figura pequeña, envuelta en pijamas y mantas arrugadas. Su cabello oscuro se extendía por doquier, enredado y anudado. La rubia pasó su mano por la frente de la chica.

—¿Bella, cariño? No te enojes. No sabía qué más hacer. —Sonaba como si fuera a llorar, pero no podía concentrarme en eso.

Bella. Bella. Bella.

Alice me empujó a la cama y me hundí en el colchón con un gemido, mis extremidades protestando. Mi estómago se revolvió tristemente pero ya no sentía tanto frío. Me acosté bocarriba, cerrando los ojos brevemente antes de girar la cabeza para mirar a Bella.

Su vecina estaba ayudando a ponerla de lado para que estuviera frente a mí. Sus ojos oscuros se abrieron un poco mientras me miraba, su respiración inestable. Tenía una capa de sudor en su frente y círculos oscuros debajo de sus ojos. El tirón en mi pecho golpeó de nuevo y hacia ella.

Moví mis brazos hacia ella, envolviéndolos a su alrededor tan suavemente como pude y le di un suave jalón. Rodó hacia mí y gimió cuando su piel tocó la mía. Podía entender por qué. Los dolores se desvanecieron de inmediato, las náuseas se desvanecieron y de repente me sentí exhausto, pero sin dolor. Ella suspiró suavemente, presionando su frente en mi cuello.

Alice y la vecina salieron de la habitación y mientras Bella se movía un poco, su cuerpo descansaba contra el mío, puse mis brazos alrededor de ella. Era pequeña. Era perfecta contra mí, tan liviana y como un bálsamo calmante para cada dolor y malestar que me había atormentado durante los últimos tres días.

Cerré los ojos, acercándola a mí y le di la bienvenida a la paz del sueño.


Cuando me desperté, estaba solo. No quería vomitar. Me sentía renovado.

Pero estaba solo.

Presioné mi mano contra el colchón a mi lado. Todavía estaba caliente.

Me levanté de la cama, pasándome la mano por el pelo. Mi ropa estaba arrugada y mi mandíbula estaba cubierta de rastrojos. Me estiré, considerando mis dolores y molestias.

Estaba un poco dolorido, como si hubiera estado haciendo demasiado ejercicio. El dolor en mi pecho todavía estaba presente, pero no tan severo. Tal vez tener a Bella cerca era suficiente para ayudar a calmar la impronta.

Podía oír voces en la habitación de al lado y me puse de pie, metiendo mis pies en mis zapatos mientras caminaba. Me detuve junto al marco de la puerta, frotándome el sueño de los ojos.

Alice me observaba y tenía esa mirada ligeramente culpable que significaba que había estado hablando de algo que no debería haber dicho. Pero en realidad no me importaba ella en ese momento.

Bella me miró por encima del hombro y pude vislumbrar un rostro pálido en forma de corazón y mejillas sonrojadas. Sonreí un poco, sintiendo la imprimación empujándome hacia ella, desesperada por su toque de nuevo.

—Buenos días —saludé suavemente y ella desvió la mirada rápidamente. Sus brazos se envolvieron alrededor de sí misma y frotó su pie contra el suelo. Llevaba una pijama con patos. Era linda.

Muy linda.

Me hizo recordar un chiste que había escuchado de niño. ¿Cuándo se despiertan los patos? En el graznido del alba. Luché por contener una sonrisa al pensar en eso porque Bella estaba hablando.

—Bien. Bueno, creo que sería mejor que te fueras ahora —declaró en voz baja y Alice jadeó, con los ojos muy abiertos.

—¿Qué? —Ella estaba observando a Bella y reconocí su expresión.

—Alice —llamé su atención y le di una mirada. Me fulminó con la mirada antes de rodar los ojos y caminar hacia la puerta, cerrándola detrás de ella. Luché contra una mueca ante el sonido.

Bella se giró lentamente y me sorprendí mirándola de nuevo. Sus ojos eran tan oscuros y con forma de almendras. Se estaba mordiendo el labio y se veía tan incómoda que aparté los ojos para darle un respiro.

Aterrizaron en la mesa de café y vi un frasco de medicamentos allí. Lo reconocí de inmediato.

Eran suplementos.

Vaya. Por eso le dolía. Había estado tan enferma como yo.

Ella tenía el gen y esta era una impronta bidireccional.

Solo que ella tenía suplementos, así que...

—Estás en contra de la imprimación —respiré y ella asintió, envolviendo sus brazos a su alrededor otra vez.

Bueno, esto era... Mierda, esto era malo. Mi impronta, mi indicada... no quería esto. No escapó porque no entendiera lo sucedido. Sabía que se había imprimado y trató de combatirlo huyendo y usando suplementos.

Ella no quería esto.

Me rasqué la mandíbula y la miré. Apartó la mirada y sus mejillas se sonrojaron.

Ella no quería esto.

Pero yo sí lo quería. Y no me rendiría, no ahora, no cuando finalmente la había encontrado.

Caminé hacia ella y ella se sobresaltó, sorprendida por mis acciones.

Presioné mi mano en su mejilla y ella jadeó suavemente cuando nos tocamos y sentí que mi corazón latía más fuerte al tocar su piel.

Ella era la indicada.

Sonreí y me di la vuelta, caminando hacia la puerta.

Alice estaba esperando en el pasillo y me miró sorprendida.

—Edward, ¿qué...?

—Vamos. Necesito darme una ducha. Y comer —comenté y ella frunció el ceño.

—Simplemente te vas a ir.

—Por ahora —murmuré en voz baja.

Por ahora.