Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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Outtake 3: Ser lo que necesitas

No creo que pueda ser lo que necesitas o lo que quieres. Yo también lo siento.

El único contacto que tuve con Bella y lo había leído tan a menudo, me sorprende que mi teléfono no se haya incendiado a estas alturas. Ahora era jueves y la batería de mi teléfono se había agotado dos veces esta semana, revisándolo cada pocos minutos para ver si recibía algo nuevo.

Una impronta bidireccional. No preví esto. Por un lado, esto era malo porque Bella estaba en contra de la impronta. Ella no quería esto. No me quería, comenzó directamente a tomar suplementos.

Por otro lado, una impronta bidireccional significaba que se suponía que ella era perfecta para mí, de la misma manera que yo lo era para ella. Eso es lo que era la impronta, ¿verdad? Te encontraba a la persona perfecta.

Bella... no era lo que había imaginado.

No sé, tal vez esperaba demasiado. Una impronta unidireccional podría haberme causado tanto dolor. Esta impronta bidireccional era aún más impráctica: nos hacía totalmente dependientes uno del otro. Aunque ahora estaba tomando suplementos (ante la insistencia de Alice), el dolor en mis costillas no se desvanecía.

Suspiré, pellizcando el puente de mi nariz mientras dejaba caer mi teléfono celular sobre mi estómago, mirando hacia el techo de mi apartamento. Y luego me asusté cuando empezó a sonar.

—¿Hola? —respondí con entusiasmo.

Edward, soy yo —se escuchó la voz de Alice y luché contra mi decepción, frotándome las costillas cuando noté su tono lloroso.

—¿Alice? ¿Qué pasa?

Hice algo realmente estúpido —sorbió ruidosamente y me senté, tensándome.

—¿Qué sucedió? ¿Estás bien?

Sollozó de nuevo.

»Alice, ¿dónde estás? Dime que estás bien —supliqué, ya de pie y buscando las llaves de mi auto.

Estoy bien, estoy… estoy bien. Edward, fui a ver a Bella.

—¿Qué?

¡Solo quería hablar con ella! Estás sufriendo y ella también, y solo quería que entendiera, pero…

—Qué. Sucedió. —Mi voz era áspera, mucho más enojada que cualquier tono que hubiera usado antes para hablarle a Alice.

Ella hipó a través de su ansiedad antes de responder, su voz temblaba.

Me gritó. Me dijo que tenía derecho a salir y encontrar a un chico desconocido si quería porque no iba a dejar que la imprimación la controlara.

Me sentí enfermo. Esto estaba mal. Esto estaba tan mal. Se suponía que ella... estábamos imprimados...

—¿A dónde fue? ¿Te dijo?

Bar Eclipse. Edward, lo siento.

—Hablaré contigo más tarde.

Colgué sin despedirme. Estaba enojado, estaba tan enojado. ¡Alice no tenía por qué interferir con mi impronta!

Pero en el fondo, sabía que debería haber hecho más. Debería haber sido yo quien viera a Bella, ir con ella y tratar de hacer que esto funcionara.

Agarré mis llaves y mi billetera, dirigiéndome a la puerta.


El bar estaba lleno, la gente bailaba y reía, disfrutando de las bebidas baratas. La bebida no era mi razón para estar allí y la música latía casi tan fuerte como mis costillas.

Ella estaba aquí, en alguna parte, y solo podía esperar que me escuchara.

Empujé a un grupo de mujeres que reían tontamente, ignorando sus murmullos y llamadas. No me interesaban, todo lo que quería era a Bella y ella tenía que estar aquí en alguna parte.

La imprimación tiraba y dolía, necesitándola, deseándola tanto.

¿Dónde estaba?

Escaneé la habitación, los ojos saltando de persona a persona. Demasiado alto, demasiado pesado, color de cabello incorrecto, color de ojos incorrecto, rostro con forma incorrecta, incorrecto, incorrecto, incorrecto…

Mi respiración se detuvo en la garganta.

Allí estaba. Brillando en esta habitación oscura y en los brazos de un hombre rubio mientras bailaban. Su cabello estaba despeinado y oscuro. La barbilla del tipo rozó su frente antes de mirarla.

No, no, no.

Sentí un cuchillo en mis costillas, cortando, dividiendo y perforando mi corazón, cortándome en pedazos mientras las manos de él recorrían sus caderas y cintura, poseyendo lo que se suponía era mío. Ella se lo permitió, sus brazos alrededor de su cuello, sus ojos en los de él.

¿Ella lo quería? ¿Cómo podría él ser mejor para ella que yo? Yo era suyo, total y completamente. Yo era su imprimación, ella la mía.

No me quería.

Me desplomé contra la pared más cercana, observándola.

Ella me estaba mirando.

Sus ojos se agrandaron y sus mejillas se tiñeron de rojo. Parecía que no podía respirar y sentí que la imprimación me atravesaba de nuevo.

No me quería.

Él inclinó la cabeza y la besó y vi que su mano se deslizaba por su cabello, acercándolo más, profundizando su abrazo.

Cerré los ojos, la sangre drenándose de mi rostro mientras el dolor aumentaba. La bilis subió a mi garganta y luché contra ella, empujando mi puño contra mis costillas, tratando de luchar contra el dolor antes de que me pusiera de rodillas.

Levanté la vista y vi a Bella alejándose del chico, con la mano en la boca. Se veía horrible, pálida, temblorosa. El desconocido dio un paso adelante, pero ella sacudió la cabeza y levantó las manos para mantenerlo a raya mientras se alejaba de él. Le temblaban las manos cuando desapareció entre la multitud.

No podía respirar.

Me abrí paso hasta la salida más cercana, repentinamente desesperado por el aire frío de la noche. Fue como salir a la superficie de un charco de agua y me moví hacia la carretera, deseando haber traído los suplementos conmigo. No ayudaban mucho para aliviar el dolor, pero seguramente algo tenía que ayudar con esta agonía.

Miré calle abajo y vi a Bella, a solo unos metros de distancia. No me había notado, su mano en el aire mientras llamaba un taxi. Estaba llorando, sus manos frotándose la cara mientras trataba de detener a los vehículos que pasaban.

Uno se detuvo a mi lado, sin darse cuenta de que no lo estaba esperando.

La estaba esperando a ella.

Abrí la puerta del taxi, esperando a que ella se diera la vuelta y me viera, pero no lo hizo, todavía luchando con las lágrimas.

¿Por qué estaba llorando? ¿Se arrepentía de sus acciones?

Quería tocarla. Quería consolarla, ayudarla, hacerle saber que todo iba a estar bien. Excepto que no sabía si lo estaría. Ya no sabía nada.

—Bella. —Se giró al escuchar su nombre y la vista de su rostro lloroso casi me rompió. Su rostro se contrajo al verme, pero luchó contra las lágrimas. Su mano cayó lentamente a su costado.

¿Por qué no me dejaba acercarme a ella?

Hice un gesto hacia el taxi, invitándola a tomarlo, pero sin atreverme a hablar en caso de que rompiera el hechizo bajo el que estaba, el que le impedía escapar.

Se movió hacia mí, sus ojos fijos en los míos, como un animal asustado, listo para saltar a la menor provocación.

Me dolían las costillas y me llevé la mano a ellas. Los ojos de Bella siguieron el gesto antes de regresar a mis ojos nuevamente. ¿No se había dado cuenta de que yo sentía lo mismo? ¿Que la tirantez en la impronta nos afectaría por igual? Tal vez no lo hacía... tal vez por eso hizo lo que hizo...

Se metió en el taxi y cerré la puerta, dándole su dirección al conductor. Mientras el auto se alejaba, su pequeño rostro lleno de lágrimas miró el mío a través de la ventana y la observé hasta que se perdió de vista, con mi mano en mis costillas, manteniéndome firme.

Una parte de mí quería enfadarse con ella, pero no podía. Simplemente no la entendía. No entendía cómo podía luchar contra algo que era tan potencialmente bueno. La quería.

La quería.

Quería saber de ella, llegar a conocerla, quería averiguar todo sobre ella.

Era egoísta, pero quería todo de ella.

Solo esperaba que ella me diera la oportunidad de conseguirlo.