Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, la historia es de Kat097, yo solo me adjudico la traducción, con el debido permiso de la autora.

Disclaimer: Twilight belongs to Stephenie Meyer, this story is from Kat097, I'm just translating with the permission of the author.

Capítulo beteado por Yanina Barboza

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Outtake 4: Noche de cita.

Estaba aburrido. El proyecto de Clarinson estaba terminando y no tenía ningún deseo en este momento de comenzar una nueva pila de papeleo. No cuando tenía una velada en casa de Bella que esperar.

Una cena.

Era solo una cena, tenía que seguir recordándome eso. Tenía que mantener las cosas ligeras, especialmente después de que asusté a Bella el fin de semana pasado al casi besarla. Era demasiado pronto para eso.

Aunque no quería que fuera demasiado pronto. Quería que fuera... ya.

Mantenlo ligero, Cullen, me dije firmemente mientras sacaba mi teléfono.

Oye, Bella, ¿cómo llamas a un vuelo sin alas?

Eso fue ligero. Lindo, incluso. Seamos realistas, los chistes infantiles son adorables. Mi teléfono vibró y revisé el mensaje ansiosamente.

No sé.

Un paseo.

Edward, eres absurdo. Eso fue horrible.

Absurdo... eso estuvo bueno, ¿verdad? Quiero decir, mejor ser absurdo que un imbécil. Esto de las bromas podría funcionar, estaba seguro de ello.

Oye, Bella, ¿quieres escuchar un buen chiste sobre una pizza?

Mandé el mensaje, probando mi teoría.

Estoy mentalmente suspirando, pero seguro.

No importa... es demasiado ricota*.

Acabo de gruñir. En voz alta.

Esa imagen me hizo sonreír y rápidamente escribí otra.

Oye, Bella, ¿qué es marrón y pegajoso?

¿No tienes trabajo?

Un palo. Sí, hoy está muy aburrido y como es domingo, decidí encontrar un mejor uso de mi tiempo.

Si quieres comer esta noche, te sugiero que me dejes seguir cocinando.

Oye, Bella… espero con ansias esta noche.

Dejé mi teléfono, mi corazón latiendo nerviosamente en mi garganta. ¿Muy lejos? Mi teléfono vibró de nuevo y abrí el mensaje con temor.

Yo también.

Oh, sí. Los chistes me iban a ayudar con esto.


Compré una botella de vino en el camino y me senté unos minutos en el coche, tratando de calmar mis nervios.

Solo era una cena. Cena estaba bien. Una cena puede ser alegre y llena de conversaciones agradables y podría intentar una conversación ingeniosa.

Y convencer a mi impronta, mi alma gemela genética, de que yo era la mejor persona para ella.

Así que sin presión.

Fui a la puerta y pulsé el timbre de su apartamento.

¿Hola?

—Soy yo. Edward. —Gemí por dentro cuando ella abrió la puerta. Qué idiota. ¿A quién más esperaba?

Subí las escaleras y llamé a la puerta, tratando de domar mi cabello. Cuando Bella abrió la puerta, sonreí. Llevaba vaqueros y una camisa azul que hacía que su cabello se viera aún más oscuro.

—Hola —saludé elocuentemente y ella respondió. Antes de perder los nervios, besé su mejilla y le entregué la botella de vino para cubrir mis nervios.

La seguí a la cocina y me asaltó el delicioso olor a romero y ajo. Había un plato de papas cremosas enfriándose a un lado y una olla en la estufa. Miré dentro y solo vi carne dorada en una deliciosa salsa perfumada antes de que el aire caliente escapara de la tapa y me quemara el dedo. Bella puso los ojos en blanco y yo sonreí, admitiendo que no era la primera vez que mi ansiedad por la comida me metía en problemas.

La cena salió bien. Probablemente no fui tan ingenioso y encantador como podría haber sido, pero al menos no me fui demasiado idiota. Después de la cena, Bella encendió la televisión y yo examiné las fotos en su biblioteca. Tenía una de ella y su vecina, Rosalie, y quien supuse que era el prometido de Rosalie. La otra era de un hombre de cabello oscuro con un bigote espeso. Sus ojos eran como los de Bella, intensamente marrones.

—¿Este es tu papá? —pregunté.

—Sí.

—Te pareces a él. El bigote especialmente. —Me hizo una mueca y me arrojó un cojín a la cara. Lo atrapé y fui a sentarme a su lado en el sofá. Metió los pies debajo de ella cuando me senté y la miré. Finalmente parecía cómoda, como si no fuera a correr gritando por las colinas.

—¿Has vuelto a saber de tu madre? —inquirí y ella se mordió el labio, girando en el sofá para que su brazo descansara contra el respaldo.

—No. Quiero decir, no ha tratado de contactarme en años —musitó en voz baja, tratando de mantener su tono indiferente, pero había algo debajo. ¿Incertidumbre, tal vez?

—¿Pero eres cercana a tu papá? —Instantáneamente su comportamiento cambió. Sus ojos se dirigieron a la fotografía en la estantería y sonrió un poco, su expresión se iluminó.

—Él me crio, prácticamente solo. Es asombroso.

—Me encantaría conocerlo algún día.

Las palabras solo se me salieron, pero de repente me di cuenta de lo cierto que era. quería conocerlo, porque eso significaría estar conociendo más a Bella. Significaría que Bella me dejó entrar.

Me miró fijamente y luego frunció el ceño un poco, mirándose las manos.

—Me dijo que está saliendo con alguien.

—¿Saliendo con alguien? —repetí tontamente. Saliendo con alguien.

Tenía una impronta rota. Pero él estaba... ¿era eso posible? ¿Realmente posible?

Un pensamiento aún peor me golpeó.

¿Bella me decía esto porque era lo que quería?

—Sí —respondió en voz baja—. Él... ha estado tomando suplementos durante tanto tiempo... No entendía cómo podía hacerlo. No entiendo cómo alguien puede sentir… esto… y ver a alguien más y sentir…

Su mano estaba apretada contra sus costillas y puse mi mano sobre la suya, tratando de calmarla, tratando de no ser demasiado intenso, pero no pude mantenerme alejado con la impronta atrayéndome hacia ella. Me incliné hacia ella, mi frente descansando contra la suya. Sus párpados revolotearon mientras luchaba en silencio, completamente inmóvil.

—Aunque lo intentaste —murmuré suavemente y la cara de Bella se arrugó, cerrando los ojos con fuerza—. Lo intentaste en el club.

Ella negó con la cabeza ligeramente, su piel rozando la mía.

—No quería ceder ante la impronta.

—¿Y ahora? —Por favor, por favor…

—No sé. ¡No lo sé! —Se le quebró la voz y la besé porque estaba muy cerca y la necesitaba y ella no sabía qué significaba que nuestra impronta no se hubiera roto, no del todo.

Todavía tenía una oportunidad.

—¿Por qué estás luchando tan fuerte? —cuestioné, acercando su rostro y besándola de nuevo. Ella se apartó lo suficiente para responder.

—Quiero elegir. Quiero elegir.

A mí.

—Elígeme a mí.

Se deslizó sobre su espalda y la besé fuerte y desesperadamente, mi mano en su cabello, acunando su rostro, su cuello, besándola una y otra vez, tratando de convencerla, de mostrarle que esto estaba bien. Esto era correcto. Esto podría ser la perfección si solo le diera una oportunidad.

Levanté mi cara de la de ella.

»Elígeme a mí —susurré y ella me miró fijamente. Su expresión era casi desconcertada, su rostro sonrojado. Su mano estaba apretada alrededor de la parte delantera de mi camisa, manteniéndome cerca, y me pregunté si siquiera notaba que lo estaba haciendo.

Su mano subió por mi pecho y se posó sobre mi corazón, que latía tan fuerte que ella debió haber sido capaz de oírlo. Tragué saliva.

—No sé lo que estoy haciendo, Bella.

—Yo tampoco. —Su voz era pequeña y no me miró a los ojos, mirando su mano y mi corazón.

—Te deseo. —A la mierda, iba con todo. No podía mantener la calma ni estar tranquilo, porque ella tenía que saber esto—. No es solo la impronta, no puede serlo. La impronta es solo genética. Esto es más.

Su mano se deslizó a mi cuello, besándome suavemente y cerré los ojos, recibiendo su abrazo. Ella iniciando el contacto era... más de lo que podía soñar.

Y aun así no era suficiente.

»¿Me deseas? —Apenas podía escuchar mi propia voz, pero ella se quedó inmóvil, su dedo acariciando el cabello de mi cuello, moviéndose ligeramente debajo de mí.

—Te deseo. —¡Sí!—. Pero…

Ya lo sabía. Y se sentía como una pequeña grieta en mi corazón que solo crecería con cada palabra que ella dijera.

—Pero no imprimado.

—No sé. No tiene sentido. —Era tan sincera, su voz llena de confusión.

Me enderecé, volviendo a sentarme con Bella en mi regazo. Me dejó moverla e inclinó la cabeza para descansarla contra mi cuello. Apreté mis brazos alrededor de ella, amando la sensación de ella contra mí, cuán perfecto se sentía su cuerpo contra el mío.

Ella no quería la imprimación. Ella quería elegir. Realmente nunca había pensado en la impronta como una carga. ¿Cómo podría, cuando vi lo felices que eran Carlisle y Esme?

Bella no había visto eso. Ella solo conocía una imprimación que traía dolor. ¿Cómo podía creer que lo único que quería era hacerla feliz con eso como precedente? ¿Cómo podría ser su impronta cuando lo que ella quería era no tener ninguna impronta?

—Esto es muy difícil. Esperé tanto por ti, pero también tenía miedo de encontrarte —confesé en voz baja.

—¿Por qué?

—Porque tenía miedo de no ser suficiente —admití, sintiendo vergüenza por mis palabras—. Que no cumpliría con la imprimación correctamente, que no podría hacerte feliz.

¿Alguna vez sería capaz de hacerlo? Yo era lo contrario de lo que ella quería.

Bella suspiró y su cálido aliento bailó sobre mi cuello.

—Supongo que ese es el problema con una impronta bidireccional. Tenemos que descubrir qué es lo que el otro necesita y convertirnos en eso —sugirió y pude escuchar la incertidumbre en su voz. Negué con la cabeza, presionando mi mejilla contra su suave cabello.

—No cambies. No quiero que lo hagas y tampoco quiero hacerlo —sentencié porque era cierto. Sabía quién era y aunque aún no la conocía, quería conocerla a ella y no a quien ella pensaba que quería conocer.

—¿Acaso no es ese el objetivo de una imprimación? ¿Convertirse en lo que la otra persona necesita? —Su tono era amargo y apreté mi agarre sobre ella. No la dejes ir.

—Creo… —inhalé una respiración profunda—, que simplemente somos lo que la otra persona necesita. Y tal vez ambos necesitábamos algo más. Es por eso que ambos imprimamos.

Tal vez Bella necesitaba a alguien más abierto de lo que ella era, alguien que pudiera aceptar la impronta y hacerle ver su potencial. Y tal vez yo necesitaba a alguien que pudiera encontrar una manera de hacerme ver que una impronta era una relación real, una que necesitaba trabajo y no un simple "felices para siempre". Tal vez creí eso durante mucho tiempo. Puede estar bien querer el felices para siempre, pero no esperar que caiga en mi regazo. Tenía que trabajar para ello. La impronta me trajo a Bella, ahora yo necesitaba hacerla mía.

Me besó de nuevo y supe que haría cualquier cosa para traerle felicidad.

—No tenemos que encontrar todas las respuestas en este momento, ¿verdad? —sugerí, mis manos en su espalda—. Tal vez podríamos simplemente… ¿hacerlo a nuestra manera? Imagina que nos acabamos de conocer en el andén de la estación y te invité a salir y la primera cita fue increíblemente incómoda y estaba demasiado nervioso para decir algo, así que hice bromas estúpidas toda la noche. —Ese es el tipo de cosas que probablemente haría de todos modos. Bien podría ella aceptar el hecho de que se imprimó en un genio de la comedia...

—¿Y pasé la noche poniendo los ojos en blanco? —dijo secamente y me reí.

—Exactamente. Pero creo que eres increíble, así que te invito a salir de todos modos y te ofreces a cocinar la cena para que no te vean en público conmigo.

Ella se rio, como había esperado que lo hiciera. Seguí acariciando su espalda, mis dedos rozando su suave cabello. Su respiración era profunda y suave y me pregunté si se había quedado dormida. Esperaba que lo hiciera para que pudiéramos quedarnos aquí toda la noche. No podía pensar en nada que quisiera más.

—Debería irme —musité en voz baja y ella se movió en mi regazo—. Parece que te vas a quedar dormida en cualquier momento.

Ella tarareó en voz baja en acuerdo y se puso de pie para acompañarme a la puerta. Cuando me giré para despedirme, me llamó la atención lo hermosa que era. Tenía los ojos somnolientos, la piel enrojecida y el cabello revuelto y suave. Me incliné para besarla de nuevo, mis dedos arrastrándose a lo largo de su mandíbula.

—¿Puedo volver a verte pronto? —Ella asintió y yo sonreí.

Dijimos buenas noches y me dirigí al ascensor, incapaz de evitar la sonrisa en mi rostro.

Ella quería elegir. Yo quería ser su elección. Así que tomaría la decisión correcta, la obvia. No podía cambiar quién era yo, pero sería suyo, por completo. Le mostraría quién era yo y esperaría que fuera quien ella quería. Tenía que creer que lo era, porque la impronta podría ser solo genética, pero nos unió, y tal vez... tal vez había una razón para eso, una que iba más allá del código genético.

Porque no podía estar sintiendo todo lo que sentía entonces solo por los genes. Tanta emoción tenía que significar más. La genética no podía hacer que me sintiera tan atraído por su sonrojo, por su sonrisa, por ella.

Iba a hacer de esto más que una imprimación.