DISCLAIMER: Los personajes pertenecen en su totalidad a J.K Rowling.

Párrafos de "Harry Potter y el cáliz de fuego" incluidos en la historia.

Nota de autor: La historia se sitúa en el séptimo año de Draco Malfoy en Durmstrang. Al igual que en la historia original de Viktor Krum dónde retrasa un año de sus estudios para jugar al quidditch.

Así que tenemos estos aspectos:

-Draco Malfoy tiene dieciocho años, la misma edad de Hermione Granger, Vincent Crabbe y Gregory Goyle, pero es un año mayor al resto de los personajes de Harry Potter de su curso. (Como Ron Weasley, Blaise Zabini, Pansy Parkinson, ustedes me entienden).

-Tanto Vincent como Gregory se tomaron un año sabático en sus estudios, por órdenes de sus padres, para acompañar a Draco durante su último año escolar una vez regresara de los Mundiales de Quidditch.

-Al igual que en la película, Durmstrang solo acepta a varones en esta historia.

-Hay ciertos eventos en la historia de Harry Potter que tienen una línea del tiempo distinta durante este fanfic. El primer año ocurre de la misma manera, la Cámara de los Secretos se abre hasta el cuarto año de Harry en Hogwarts (segundo y tercer año ocurren sin incidente alguno). Quinto año tampoco es muy emocionante, y no es hasta sexto año donde Sirius Black huye de Azkaban para intentar acabar con Peter Pettigrew.

Entonces hasta séptimo año (en este fanfic) es dónde ocurren la sucesión de eventos de cuarto año de Harry con el Cáliz de Fuego.

¿Me siguen? ¿Si supe explicarme? Si tienen alguna duda no duden en preguntarme, aquí estoy para responder a cualquiera de sus preguntas.

¡Los adoro!

Espero disfruten del capítulo tanto como yo.

Nos leemos pronto.

09/01/23


El Torneo de los tres magos.

02, septiembre-. 1997

Durmstrang.

07.15 a.m.

Si había algo que Draco Malfoy odiara más que la clase de Estudios de Demonios Necrófagos era al director de aquel castillo: Igor Karkarov.

Igor Karkarov era un viejo amigo de su padre, si con viejo amigo se refiriera a que habían matado y torturado muggles juntos bajo las órdenes de Lord Oscuro durante la primera guerra mágica. Al igual que su padre, Karkarov era un mortífago retirado. El perverso director había eludido una larga condena en Azkaban gracias a la información que otorgó al Ministerio de Magia Británico.

El ex mortífago era realmente malvado y Draco dudaba seriamente que después de haberse librado del Ministerio sus actividades extracurriculares hubieran terminado. Sus ojos eran tan fríos como el hielo y siempre llevaba consigo el metálico olor a sangre.

Odiaba quedar atrapado bajo su radar y siempre trataba de pasar desapercibido, pero sabía que con toda la publicidad que acarreó durante los Mundiales, ahora eso ya no sería posible.

Había bromeado sobre ser recibido en persona aquel curso gracias a su nuevo estatus, así que había estado aliviado cuando Karkarov solo lo miró de lejos. Un gusto que no duró demasiado cuando el director lo llamó a su oficina el primer día de clases.

-Fue una atrapada magnífica, Draco -dijo Karkarov con voz pastosa, alejando la atención de Draco del candelabro (que estaba seguro era un cráneo humano real) posado sobre el escritorio hacía su persona-. Pusiste el nombre de Durmstrang en alto, muchacho -sus amarillentos y podridos dientes se asomaron bajo su gran sonrisa.

-Es lo menos que podía hacer, director. Durmstrang me ha enseñado tanto -siseo Draco, arrastrado las palabras con arrogancia aprendida.

La sonrisa de Karkarov se tambaleó solo un poco y si el joven Malfoy no hubiera estado tan al pendiente de sus podridos dientes, se lo habría perdido. Sus propios labios se rompieron en una mueca altiva mientras que su mano derecha -oculta por el oscuro escritorio- se apretaba alrededor de la varita mágica que guardaba dentro del bolsillo de su pantalón.

-Bueno, bueno. No te he llamado aquí para elogiarte, Draco -murmuró Karkarov, sacudiendo una mano en un ademan despectivo mientras que con la otra abría un cajón a su izquierda. En seguida, un pergamino fue tendido sobre el escritorio-. Quiero hablar sobre un importante evento que tendrá lugar este año en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Y nosotros, junto a la Academia de Magia Beauxbatons, fuimos invitados -anunció-. Escogeré a doce de mis mejores estudiantes para que puedan presentarse y me gustaría que fueras uno de ellos.

-¿Qué evento? -quiso saber Draco, ocultando en su tono la curiosidad de tal manera que la pregunta salió con un toque de desconfianza.

Los ojos de Karkarov brillaron con maldad.

-Estamos hablando del Torneo de los tres magos -respondió.

-¿El Torneo de los tres magos? -Draco frunció el ceño-. Pensé que había sido cancelado después del incidente con el basilisco. Todos los campeones murieron aquel año y los directores salieron bastante lesionados.

-Nuestras escuelas, junto con los departamentos de Cooperación Mágica Internacional y de Deportes y Juegos Mágicos, han estado trabajando arduamente durante el verano para asegurarnos que esta vez ningún campeón se encuentre en peligro mortal -respondió Karkarov, aunque Draco no le creyó por completo-. Viajaremos a Hogwarts el siguiente mes y la selección de los tres campeones tendrá lugar en Halloween.

-Y usted quiere que yo sea uno de los tres campeones.

-Quiero que participes -corrigió-. Será un juez imparcial quien decidirá qué estudiantes reúnen más méritos para competir por la Copa de los tres magos.

-Y si llego a ser elegido -murmuró Draco, desviando su mirada una vez más al candelabro en forma de cráneo humano-, ¿qué ganó yo?

-La gloria -sonrió Karkarov con malicia- y el premio en efectivo de mil galeones, que estoy bastante seguro no necesitas.

Le había costado todo de si para no tensarse ante aquella respuesta, así que fingió reírse para darle tiempo de pensar en su próximo paso.

Mil galeones en efectivo. Era cierto que Draco Lucius Malfoy no los necesitaba, su padre era el mago de sangre pura más rico en Inglaterra; la fortuna de los Malfoy databa de siglos atrás y nunca podría vivir lo suficiente para contarla toda. Pero Draco -sin ningún apellido ni historia- podía usar aquel dinero para por fin escapar de las garras de su padre.

Y ciertamente un poco de gloria no le vendría mal. Si ganará la copa y logrará obtener aquel dinero podría hacer una nueva vida en cualquier lugar lejos de Inglaterra. Un lugar dónde el apellido Malfoy no tuviera poder alguno, un lugar dónde su padre no podría interferir con su futuro ni con sus decisiones. Porque no importaba cuantos equipos lo ficharan en Inglaterra para jugar con ellos, todos se echarían atrás con solo una mirada de su padre.

Porque todos, inclusive Cornelius Fudge, temían al apellido Malfoy.

-Hablaré con padre -anunció Draco una vez su falsa risa y sus ruidosos pensamientos se detuvieron-. Ambos sabemos que él tiene la última palabra sobre este asunto.

-Por supuesto.

Ambos magos se pusieron de pie y ninguno de los dos (especialmente el menor) dudó al estrechar sus manos. Antes de salir del oscuro y tenebroso despacho, ya con el pergamino de inscripción guardado en el bolsillo de su gruesa capa roja, Draco Malfoy habló una última vez:

-Apreciaría que Vincent Crabbe y Gregory Goyle fueran tomados en consideración para viajar a Hogwarts en el equipo de los doce seleccionados.

-Así será.

Se despidió con un asentimiento de cabeza y se retiró del despacho, cerrando la puerta detrás de sí. Mientras caminaba por los fríos y oscuros pasillos su mente iba hilando sus siguientes pasos. Participaría en el Torneo de los tres magos, de eso no había duda alguna; lo único que tenía que lograr era que su padre no se enterara hasta que él fuera seleccionado como el campeón de Durmstrang.

Porque no había ninguna duda de que, si su padre llegara a enterarse, no habría manera de que lo dejase participar. Y no era por el riesgo de muerte, porque a pesar de ser su único heredero, a Lucius Malfoy no le importaba la vida de su hijo. No. Era porque su padre enseguida se daría cuenta de sus intenciones, y no había manera en esta vida de que Lucius lo dejara escapar.

25, septiembre-. 1997

Terrenos de Durmstrang.

17.09 p.m.

Draco observó, sentado en una gran roca a las orillas del río, a la pequeña criatura que saltaba de un lado a otro dentro del agua. Sus dos colas se agitaban con alegría y su pelaje había adquirido un tono más oscuro con pequeñas gotas escurriéndose por sus bigotes mojados.

Arropándose dentro de su gran capa roja, no pudo evitar reprimir un escalofrío por el frío de la tarde. Agradeció mentalmente haber aceptado el viaje a Hogwarts, dónde de seguro haría muchísimo menos frío que aquí en Durmstrang.

-¡Demonios! -gruñó Vincent detrás suyo y se giró justo a tiempo para mirar al musculoso chico tambalearse por el rocoso sendero. Gregory logró atraparlo para evitar una caída aparatosa.

Athos, olvidando al pequeño Plimpy que perseguía dentro del río, soltó un sonoro ladrido y salió disparado al encuentro de Gregory, quien había estado cuidando de él durante la participación de Draco en los Mundiales. La mascota del rubio era un Crup que había criado desde los diez años. Se parecía a un Terrier Jack Russel salvo por la cola bífida y era el único sobreviviente de un castigo especialmente cruel por parte de Lucius. Sus otros dos Crup -Eros y Zeus- no habían tenido tanta suerte.

No era necesario mirar de cerca al perro para percibir la gran cicatriz que había cegado su ojo izquierdo y la falta de oreja, un gran recordatorio de aquella tormentosa noche.

-¿Qué se supone que haces aquí, Draco? -preguntó Vincent una vez logró llegar a su lado, cruzándose de brazos y recargándose contra la roca.

-Estoy esperando la llegada de las lechuzas -respondió, disparando una mirada al cielo despejado-. Después de nuestra conversación sobre el Torneo de los tres magos, Karkarov envió una carta a padre, o creyó enviarla más bien -suspiró-. Intercepté a la lechuza de Karkarov y cambié su carta por una que yo escribí. Ahora solo espero la llegada de las lechuzas para poder hacer lo mismo -sacó una carta del bolsillo de su capa con el sello de los Malfoy-. Aquí dice que se me da permiso de participar en el Torneo.

-¿Y realmente piensas que funcionará?

Draco se encogió de hombros.

-No pueden comunicarse vía Polvos Flu, eso solo funcionaría si se encontraran relativamente cerca -respondió-. Sé que va a enterarse en cualquier momento, pero si funciona mi plan, lo hará después de que ya esté inscrito en el Torneo.

-Si tú lo dices…

-No les han dicho a sus padres, ¿verdad? -preguntó Draco cuando Gregory por fin se unió a ellos y Athos se alejó una vez más hacía el río.

-No -negaron los dos-. Somos mayores de edad, ya no tenemos que informarles sobre nuestras decisiones -agregó Gregory.

Draco asintió, regresando su mirada al cielo para distinguir a un grupo de aves surcando el cielo. En seguida, dos de las quince aves, bajaron en picada hacía donde estaba sentado. Batiendo un poco sus alas para frenar su caída, las lechuzas de Karkarov y Blaise aterrizaron sobre los brazos extendidos de Gregory y Vincent.

Bajó de un salto la roca, viendo como Vincent acicalaba la lechuza parda de Blaise, Venus, mientras que la lechuza marrón de Karkarov miraba con ojos ligeramente nublados a Gregory, un hecho que rogaba su padre no se hubiera dado cuenta. Aunque conociendo a Karkarov, era probable que Lucius ignorara la maldición imperius sobre el ave.

Haciendo rápidamente el intercambio entre las cartas, liberó a la lechuza de la maldición antes de dejarla partir hacía su dueño. El animal les graznó un poco, goleó con sus alas el rostro de Gregory y se marchó volando hacía el castillo.

-Maldita ave -escupió Gregory mientras Draco guardaba la carta de su padre en el bolsillo de su pantalón y retiraba la carta de Blaise de la pata de Venus.

Querido Malfoy:

Sé que estas más al pendiente de tu último año de estudios, sobre todo después de haber tomado un año sabático, ¡pero nada te cuesta enviarme una SIMPLE CARTA!

¡Te marchaste justo después de la aparición de la Marca Tenebrosa en el cielo y ni siquiera te dignaste a responder a mis cartas! ¡Creí que tu padre por fin te había matado! ¡Si no fuera porque Theodore me detuvo, hubiera irrumpido en tu inmaculada y maquiavélica mansión!

Aunque no fue hasta que mi madre me aseguró, mediante una carta que le envió a la queridísima Narcisa, que te encontrabas bien pude sentirme aliviado.

Theo y yo nos encontramos perfectamente bien y las clases van como esperaba, pero no es sobre ello por lo que me he comunicado.

¡El vejete de Dumbledore anunció que Durmstrang y Beauxbatons están invitados a Hogwarts para participar en el Torneo de los tres magos! ¡Espero totalmente que tú y el par de musculitos ya se hayan inscrito para poder venir!

¿Puedes imaginártelo?

¡Estaremos juntos durante nuestro último año escolar! ¿¡Qué mejor manera de pasar mi último año en Hogwarts restregándoles en la cara a esos estúpidos de Gryffindor que mi mejor amigo en el mundo es el mismísimo Draco Malfoy!?

¡No me prives de mi gran sueño, Malfoy! ¡Apiádate de esta pobre alma!

P.D.: Adjunté un pequeño incentivo para convencerte.

P.D.2: ¡Ah! También te envío la carta de Theodore.

Besos. Blaise.

No pudo evitar poner los ojos en blanco ante la estupidez de su amigo mientras sacaba la otra carta y una fotografía del sobre, que al verla casi se atraganta con su propia saliva.

El hermoso rostro de Hermione Granger ni siquiera miraba una sola vez a la cámara. Su mirada estaba enfocada en el libro sobre la mesa, con una pequeña mancha de tinta en su mejilla y la punta de una pluma envuelta por sus labios rellenos. Labios rosados y brillosos, tan tentadores.

-¡Mierda! -jadeo Draco sin aliento.

-¿Qué? -preguntó Vincent inclinándose sobre su hombro, pero el rubio rápidamente ocultó la fotografía de la vista recibiendo una mirada desconfiada del azabache-. ¿Qué fue eso…?

-Toma -le empujó la carta de Blaise contra su pecho antes de abrir la carta de Theo.

A Draco L. Malfoy:

Juro por la memoria de mi madre que no tengo nada que ver con esto.

Fui arrastrado por Blaise en su vigilancia que raya el acoso. No puedo ni imaginar lo que Granger (o cualquiera) hubiera pensado si veían a Blaise tomando esa foto.

Me deslindo de cualquier resultado de ahora en adelante.

Atentamente.

Theodore O. Nott.

-Menudos amigos me vine a buscar -se quejó Draco, cerrando los ojos con frustración al sentir el inminente dolor de cabeza que empezaba a zumbar en su cráneo.

15, octubre-. 1997

Aula de Combate Cuerpo a Cuerpo.

13.22 p.m.

El cuerpo de Baran Petre rebotó sobre el suelo con fuerza gracias al lanzamiento de Vincent, quien rápidamente se arrodilló a su lado y le colocó su cuchillo kerambit contra el cuello.

-Död! -anunció el instructor Goshawk dando por terminado el combate.

Vincent se separó de Petre sin darle la espalda y aún con el chuchillo en la mano. No era poco común que los chicos con el orgullo pisoteado decidieran atacar al vencedor cuando este bajaba la guardia.

-¡Andrei! ¡Vlad! ¡Al centro! -ordenó Goshawk sin darle la oportunidad a Petre de recuperarse de la cruel golpiza. Los dos adolescentes rápidamente se separaron de sus respectivos grupos de amigos para pasar al centro mientras la expectativa nadaba en el ambiente.

No era ningún secreto entre los estudiantes de Durmstrang que aquellos dos chicos se odiaban con el alma. Mientras Yakov Andrei se pavoneaba por los pasillos de Durmstrang con el símbolo de Grindelwald tallado en sus libros, la abuela de Egor Vlad había muerto a manos del mago oscuro.

-Veinte galeones a que gana Andrei -murmuró Gregory a su derecha, vestido con el uniforme de combate al igual que el resto de los estudiantes: una playera sin mangas, pantalones cargo, guantes sin dedos y botas; todo de color negro.

-Me insultas. Sabes que no tengo ese dinero -se burló Draco cuando Vincent se sentó a su otro lado, por fin guardando el cuchillo en su funda. El artefacto de plata era el arma favorita de Vincent para usarla en combate, se caracterizaba por tener una hoja curva afilada, aunque usualmente solía usarlas en pareja.

-Entonces yo los apuesto por Vlad -sonrió Vincent, cruzándose de brazos sobre el pecho. Los tres adolescentes estaban apartados del resto de los grupos de amigos, sentados contra la pared de la puerta de entrada.

Solían llevarse bien con el resto de los estudiantes de Durmstrang, sobre todo con los de su grado, pero gracias a que habían retrasado un año de estudios (y a los celos contra Draco) se habían mantenido alejados del resto de los magos.

-Komma igång! -gritó Goshawk dando inicio al combate.

Los dos adolescentes alzaron los brazos frente a sus cuerpos, analizando con la mirada la postura de su contrincante. Vlad fue el primero en atacar, lanzándose sobre Andrei que esquivó el puñetazo por poco.

-Vlad se está dejando llevar por las emociones -dijo Gregory viendo como Andrei tomaba con ambas manos el brazo derecho de Vlad, logrando propinarle dos rodillazos contra el abdomen.

-La mejor manera de atacar es dejarse llevar por las emociones, Greg -dijo Vincent. Frente a ellos, Vlad logró alejarse de Andrei después de darle un codazo contra la nariz-. Te vuelves letal.

Gregory le disparó una mirada extraña a Vincent, que se encogió de hombros mientras Draco negaba con la cabeza.

Andrei bloqueó dos potentes golpes antes de apartarse de un salto, trastabillando hacia atrás al distinguir el cuchillo que Vlad había sacado.

-Si le saca las tripas…

-… nadie va a sacarle las tripas a nadie, Vincent –rodó los ojos Draco.

-… me gano veinte galeones más. -Dijo el mencionado, ignorando la intervención del rubio. Gregory miró a Andrei esquivando el cuchillo que iba contra su costado derecho antes de sacar su propio cuchillo.

-Trato -aceptó Gregory.

-Ustedes son más raros que Theo y Blaise -negó Draco y antes de que Vlad y Andrei pudieran enterrar sus cuchillos en el cuerpo del otro, la voz de Karkarov se oyó por todo el colegio, amplificado por el encantamiento Sonorus:

Las clases se suspenderán por el resto del día. Los doce seleccionados para viajar conmigo al Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería hagan el favor de ir empacando sus pertenencias.

Partiremos a las dieciocho horas en punto.

-¿Saben quién más ira? -preguntó Draco, pero ninguno de sus amigos pudo responder a su pregunta ya que un grito de dolor retumbó en el lugar.

Al centro del aula, arrodillado y con un cuchillo incrustado entre sus costillas, Andrei lloriqueaba de dolor; la sangre se escurría por entre sus manos.

-Vaya manera de terminar el día -masculló Vincent mientras el profesor Goshawk se acercaba a Andrei ya con la varita mágica en la mano. Gregory asintió en acuerdo mientras Draco desviaba la mirada, la bilis subiendo por su garganta.

Definitivamente había una cosa que odiaba más que a Igor Karkarov, y aquello era la sangre.