CAPÍTULO 4: EL SEGUNDO DÍA
12
Después, en otra habitación, Jiraiya mira a su ahijado dormir mientras el tipo a su lado rellena unos papeles.
— Veamos — dice el tipo— por lo que parece, la chiquilla dice la verdad. No fue ella quien atacó a Naruto, sino el muerto. Hemos mirado su documentación y no concuerda ni con el análisis sanguíneo ni con... nada, realmente.
— Sí, vale, es un espía — responde Jiraiya, con mala cara— esa historia me la conozco. Los Uchiha no se fian de nosotros, qué sorpresa me das. Lo que me gustaría saber a mí es cómo demonios se nos ha colado uno de ellos en el maldito hospital. ¡En el hospital! ¿Tú eres consciente del daño que podría haber hecho? ¿Del que ha estado a punto de hacer?
— Deja el drama, Jiraiya — dice la mujer que entra ahora por la puerta: delgada, rubia, guapa, estresada. Lleva una bata de hospital con una placa en la que puede leerse su nombre, "Tsunade Senju", encima de la palabra "Directora"— Lo hecho hecho está. Quedémonos con que la cosa no ha llegado a mayores.
— Le ha partido el cuello como si fuera el de un pollo, Tsunade. He visto las radiografías. Y no te equivoques, hurra por el chico, pero él no es así: ni se carga a la gente de buenas a primeras ni me pega nada más tenerme a tiro. Así que perdóname si me pongo dramático.
— ¿No habrías hecho tú lo mismo si alguien te intenta hacer lo que le hizo?
— Por favor — Jiraiya se sienta junto a la camilla, agotado— no le compares conmigo.
El tipo de los papeles se les queda mirando, incómodo. Luego carraspea.
— Esto... — dice, mientras sigue leyendo— Sí. Aquí tengo el informe sobre la chica, Tayuya, de la aldea del Sonido. Le hemos hecho un chequeo y no encontramos nada inusual, excepto por el sello maldito, claro. Está lucida y relativamente sana. Tiene... cierta habilidad con las palabras, si me lo permiten. Me ha llamado cosas que no había oído antes.
— Cosas de la edad. Sigue.
— Parece ser que la orden de ubicarla en la habitación 315 vino de... usted, Tsunade-san. Aunque la explicación es poco ortodoxa. Aquí pone, y cito textualmente: ponedla en la maldita habitación. Firmado, Tsunade.
Ella se pasa la mano por la cara sudorosa, y suspira.
— No nos sobra el tiempo por aquí, sabes.
— Me lo imagino. Pero en el Consejo agradeceríamos una explicación.
A Jiraiya le sale una risotada. Suena amarga.
— El Consejo debería irse a la mierda — dice. El tipo le ignora.
— ¿Y bien, qué pongo en el informe?
— Cuando la recibimos en el hospital — Tsunade se sienta en una mesilla, algo lejos de los otros dos— enseguida nos dimos cuenta de su cuerpo se regeneraba mucho más rápido de lo normal. Algunas de sus heridas habían empezado a cerrarse. Tuvimos que sacar cosas de dentro de ellas. Al principio pensamos que se trataba del sello maldito. Pero luego...
— ¿Pero luego?
— La chica es una Uzumaki — dice Jiraiya— fin de la historia.
La pluma del hombre del Consejo deja de escribir, y él levanta la vista por encima de sus gafas sin montura.
— Me temo que necesitaré una explicación más detallada — dice.
— Verás, amigo — empieza Jiraiya— hay una cosa que se llama sangre, y si la miras muy muy de cerca, te dice de dónde...
— Por favor, contrólate — le corta Tsunade, a lo que sigue—: Le hice el análisis yo misma. No sólo comparte clan con Naruto, sino que también tiene el mismo tipo de sangre. Usamos parte de su tejido para recomponerle el costado. Son sorprendentemente compatibles.
— Entiendo que comprendéis lo que significa esto — el hombre habla despacio— y la importancia del asunto.
— Yo lo que entiendo es que voy a sentar el culo en esta silla hasta que se despierte — dice Jiraiya— y que hasta entonces, todo lo demás me la trae al pairo. Y tú — añade— ya acabaste tu informe. No es una pregunta, te estoy diciendo que te largues. ¡Fuera, vamos!
Un rato después, Jiraiya vierte una buena cantidad de café en un vaso de papel y lo pone sobre una de las mesitas de noche. Inoichi Yamanaka, sentado junto a ella, se lo agradece asintiendo con la cabeza.
— Deberías de tener un poco más de cuidado con esta gente — le está diciendo—, por mucho que no te guste, el Consejo tiene las riendas de la aldea en este momento.
— Me gustaría poder expresarte lo poco que me importa la opinión del Consejo — Jiraiya se sirve un café y toma un sorbo— pero no creo que encuentre las palabras. Tú cuéntame lo tuyo.
— Les he echado un vistazo a los dos. Esta niña, Tayuya... Orochimaru la capturó de muy pequeña. No parece tener muchos recuerdos anteriores a eso, y si los tiene, no he podido verlos. Lo que viene después es lo que te imaginas. — Jiraiya asiente— No es ni mucho menos una santa, pero no creo que sea un peligro por el momento.
— ¿Y Naruto? — Es lo que realmente quiere saber.
— Nada.
— ¿Cómo que nada?
— Es como echar un vistazo a una pared en blanco. No hay ningún recuerdo del que tirar, más allá del episodio con el médico. Noto la presencia del Zorro en su interior, pero nada más. Está amnésico, Jiraiya. Los médicos se darán cuenta cuando despierte, pero yo te lo voy diciendo desde ya. No te va a reconocer, ni a ti ni a nadie. Así que tened cuidado: si te atacó, es posible que vuelva a hacerlo cuando despierte.
— No creo que me sirviera de nada — dice Naruto— teniendo en cuenta cómo fue la última vez.
El sobresalto casi les echa el café por encima. Cuando se giran hacia él, Naruto está sentado en su camilla, con una expresión tranquila en la cara que no pega con el rojo intenso de sus ojos.
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En escasos minutos la habitación está repleta de médicos. Tsunade llega desde algún punto del hospital, con el cabello despeinado y toda la pinta de haber trabajado trece o catorce horas del tirón. Hay sangre en su bata. Preocupación en su mirada.
— Dejadme examinarlo.
Casi tiene que sacarle a Jiraiya de encima. El viejo no deja de hacerle preguntas a Naruto: "¿cómo estás, te duele algo? ¿te acuerdas de mí?", y todo lo que recibe a cambio es una media sonrisa y una mirada divertida.
— ¿Por qué te me pegas tanto? — dice— Tu pelo se me mete en la nariz.
Es como si la agresividad que había en él se hubiera esfumado. Ni siquiera pone pegas cuando le quita las vendas y revela las heridas dentro. Cuando todos se estremecen al ver el gran amasijo rojo que tiene en el costado, Naruto simplemente lo toca con la punta de los dedos y mira la sangre en ellos.
— Vaya — dice— me han hecho trizas.
Pero ninguna de las pruebas revela nada extraño. La verdad es que está bastante mejor de lo que esperarían de alguien que hace poco estuvo al borde de la muerte. Y eso es, ¿no es así? Es normal que esté algo confuso. "No es inverosímil", es lo que dice Tsunade, "que tenga problemas para recordar, teniendo en cuenta su estado." Lo que no dice, en cambio, es lo que todo el mundo está pensando. Esa sencilla pregunta. ¿Qué pasa con sus ojos?
— Quiero que los abras bien, así, eso es. Ahora aguanta sin parpadear.
— Es muy guapa de cerca, señorita — dice él. Y por primera vez en mucho rato, Jiraiya pone un gesto que se parece a una sonrisa.
— No te me hagas ilusiones — dice— que podría ser tu...
— Hermana mayor — acaba Tsunade— Parece ser que estás bien. El color de tus ojos ha... cambiado, lo cual, te voy a ser sincera, no tengo ni la más remota idea de por qué ha pasado. Normalmente, cuando pasa, tú... da igual. Estás bien. Todo lo bien que puedes estar, al menos. Ahora necesitas reposo. A este ritmo, no tardarás ni un mes en salir de aquí.
— ¿Has oído eso, renacuajo? — Jiraiya le alborota el pelo al chico— Te vas a poner bien en un pispás. Para ser tan pequeño eres duro como las piedras.
Naruto parpadea, y les va mirando uno a uno. Primero al hombre del pelo blanco, a quien llaman Jiraiya, quien le mira como entre orgulloso y preocupado, entre triste y contento. No parece mal tipo después de todo. Luego mira a Tsunade, la mujer médico, a la que todos miran con tanto respeto. Está el tipo rubio del café, están los otros médicos. La joven con el cabello rosa que le mira desde la puerta, sin atreverse a entrar, pero nerviosa. Él les mira y les mira, mientras ellos hablan y hablan, hasta que sus voces se entremezclan en una maraña sin sentido. Y todo lo que él piensa puede resumirse en una sencilla frase, que finalmente resuena en su cabeza, y dice: «¿Pero quién diablos es toda esta gente?»
14
Sucede unos días más tarde. La chica del pelo rosa entra en la habitación con un ramo de flores. La rubia que venía con ella se queda por fuera.
— Naruto — dice con cautela— soy Sakura, ¿te acuerdas de mí?
— ¿Por qué me traes flores?
— Quiero que te recuperes pronto.
— No entiendo qué tiene que ver una cosa con la otra.
— Entiendo que estés enfadado, yo...
— No — le corta él— no lo estoy, cómo voy a estarlo. Es decir, ¿quién eres tú? Yo qué sé. Llevo diciéndole lo mismo a todo el mundo desde que me desperté. Me dicen que tengo amnesia y luego me preguntan si me acuerdo de quiénes son. Pues no. — Naruto coge las flores y se las pone en el regazo. Saca una, la huele, y vuelve a meterla en el ramo— Sin ofender, las flores me dan igual.
— Naruto, yo...
De pronto, los ojos rojos del chico se le clavan en los suyos.
— ¿Qué me hiciste para que te sientas tan culpable?
Es como si le tiraran un cubo de agua fría por encima. Sakura se queda parada un momento, trata de encontrar las palabras, lo hace, y luego calla de todos modos. ¿Qué le va a decir? ¿Que siente que casi le maten por su culpa? ¿Y de qué serviría decirlo? Maldita sea. ¿Desde cuándo Naruto tiene una mirada tan penetrante?
— Tan sólo vine a decírtelo antes que nadie — Sakura ha tomado una decisión, y tragándose muchas de las cosas que siente, se aleja unos pasos de Naruto, y dice—: Es Sasuke. Sé que ya te contaron sobre él. Esta mañana, le... no ha sobrevivido. Lo siento.
Naruto coge otra flor y la gira entre los dedos.
— Ah, vale — dice. Luego parte el tallo.
— ¿Y ya está? ¿Ah, vale?
— Me sorprende que te esperaras otra cosa. Teniendo en cuenta el agujero que me hizo y eso.
— ¡Era tu mejor amigo!
— Es un desconocido. Que intentó matarme.
— Tú... cómo puedes... — La otra chica, la rubia, entra a la habitación y trata de llevarse a Sakura.
— Vamos — dice— tiene amnesia, Sakura. No sabe lo que dice.
— Claro que sé lo que digo — protesta Naruto—, y lo siento, señoritas, pero por lo que sé de él, se merecía todo lo que le pasó.
Sakura se pone colorada. Y luego, algo de entro de ella se rinde por fin. Todos estos días de tensión, las noches sin dormir, ver a sus dos amigos apagarse rápidamente. ¿Todo eso, para qué? ¡Para que Naruto le escupa en la cara!
— ¡Eres...! — chilla— ¡Eres un monstruo! ¡No tienes corazón!
Los gritos la acompañan por el pasillo mientras la chica rubia, es decir, Ino Yamanaka, se la lleva a un lugar donde pueda calmarse. Ella no dice nada, pero en su cabeza, vuelve sobre las palabras de Naruto:
«Por todo lo que sé de él, se merecía lo que le pasó».
De vuelta en la habitación, Naruto coge las flores, y las pone sobre la mesilla de noche. Luego se levanta a abrir las cortinas y mira fuera. Hace un tiempo de perros. Últimamente no hace más que llover. Un cuervo pasa por fuera de su ventana un par de veces antes de irse volando a alguna parte. Para cuando desaparece en el cielo, Naruto también lo ha hecho de la habitación.
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— Gracias.
— ¿Y tú qué haces aquí?
Tayuya levanta la vista del libro que tiene en el regazo. Hay un chico plantado en su puerta (abierta), con una bata de hospital y un gotero con ruedillas, y no es otro que Naruto Uzumaki.
— Darte las gracias por ayudarme. — dice él— Mira, lo hago otra vez: gracias. No me seas malagradecida y acéptalas para que pueda irme tranquilo.
— No me lo puedo creer — Tayuya cierra el libro de golpe— ¿pero tú eres tonto, chaval? Vamos a ver, de nada. Ahora sal de mi vista.
Él se le queda mirando un rato, apoyado en el marco de la puerta.
— No tienes pinta de lectora. No te pega.
— Tú tienes pinta de payaso y sí te pega.
— No te imaginaba así.
— ¿Así cómo?
— Tan amargada.
— Yo a ti te parto la cara — gruñe ella, y se pone en pie. Él se ríe por lo bajo cuando ella se le planta en frente con mil asesinatos en la cara. Y deja de reírse cuando Tayuya cumple su profecía, y le suelta tremendo puñetazo en la nariz.
Naruto se cae de culo y el gotero se va al suelo, se arma un jaleo, vienen los enfermeros corriendo.
— ¡Pero tú...! ¡Serás bruja! — Naruto se tapa la nariz ensangrentada y se pone de pie. — ¡Me las vas a pagar!
— Me las vas a pagar — se burla ella— ¡hablas como un viejo de ochenta...! ¡Ay!
No se esperaba que le devolviera el puñetazo. Se oye un golpe seco cuando le alcanza en la mejilla. Es como un martillazo. ¿Cómo pega tan fuerte? Ahora es ella quien se va al suelo.
— ¡Te voy a matar! ¡Naruto Uzumaki!
— ¡Ja, ja, ja! ¡A que te ha dolido!
— ¡Te voy a sacar las tripas!
— Pero vamos a ver, decidme qué está pasando aquí — una voz masculina les interrumpe. Un ninja que hace un instante no estaba ahí les separa, poniéndoles una mano en la coronilla a cada uno— si tenéis pensado convertir el hospital en una guardería, decídmelo para que pueda traeros unos pañales.
Hay un montón de gente viniendo de todas partes. Hay médicos, ninjas, y algunos pacientes. Pero ni Naruto ni Tayuya se fijan en ellos, qué va. Sólo tienen ojos para ese hombre que les sujeta. Porque los dos, al mismo tiempo, han sentido una cosa sobre él: el tenue olor a sangre que le acompaña, y la inconfundible sensación que producen las intenciones de matar.
— Aprovecho para presentarme — dice el ninja, soltándoles las cabezas—: me llamo Kakashi Hatake, y a partir de este momento, soy vuestro capitán.
16
— Claro que tú ya me conoces de antes — dice, más tarde, en la habitación de la chica—, solía ser tu sensei. Sakura, Sasuke y tú érais un equipo. No salió demasiado bien y ahora estamos como estamos. Pero bueno. Las cosas pasan, et cétera.
Tiene la voz de alguien que está pasado de vueltas. Habla como recitarías la lista de la compra: en su tono hay rutina, aburrimiento, no mucho más. Tayuya y Naruto están sentados en dos camillas opuestas; él está de pie frente a la puerta, como diciéndoles "de aquí no sale nadie." Porque esa es exactamente su intención.
— Dada tu situación te hablaré brevemente sobre mí, así tú, Tayuya, también me conoces un poco.
— Sé perfectamente quién eres, Colmillo Blanco. Tienes casi tanta sangre en las manos como mi maestro.
— Estás comparando una gota con un océano, chiquilla. Y a partir de ahora hazme el favor de llamarme Kakashi-sensei. O Kakashi a secas, me da igual. El apodo ahórratelo: la persona que se lo ganó ya no está con nosotros. — Naruto va a abrir la boca, pero él se le adelanta—: Atrapado en Samsara, como todos. En cualquier caso. Como os dije, me llamo Kakashi Hatake y soy un jonin. Antes de esto hice algunas cosas. Luego otras. Ahora me toca ser profesor.
Hay una pausa en la que esperan a que siga. No lo hace.
— ¿Ya está? — dice Naruto— ¿Eso es todo?
— No, pero lo demás no es asunto vuestro. En fin, hablemos de vosotros. Vamos a conoceros un poco. Yo haré tu parte, Naruto, porque, bueno, ya sabes.
— Ya me han hablado sobre mí.
Kakashi, que no le hace ni caso, se saca un librito del chaleco. Está lleno hasta arriba con los perfiles de los ninjas más noveles de la aldea.
— Veamos, Naruto Uzumaki. Eres un genin con algunas misiones a sus espaldas. Luchaste contra Zabuza, el ninja renegado, y saliste airoso. Vaya. Ahí estuve yo — Kakashi le echa una mirada con su único ojo visible. Su banda de ninja, que lleva a la frente, le cubre el otro— y no fue bonito. Luego te encontraste con Orochimaru, el sensei de tu amiga, y de algún modo saliste vivo. Impresionante. Oh, y mira esto. Te enfrentaste a Gaara, de la Arena, y venciste. Un verdadero elemento, ese chico. ¿Sabías que tenía una Bestia con Colas dentro? Son como grandes amalgamas de chakra, muy peligrosas, muy fuertes. Y sin embargo tú le venciste. Ahora, ¿sabrías decirme por qué? No le soples la respuesta, Tayuya. Déjale que lo haga solo.
Ella le pone mala cara y abre el libro de antes, mientras Naruto frunce el ceño, sin enterarse de nada de esto.
— A mí qué me cuentas — dice finalmente—, vamos, bonito discurso, pero, ¿para qué hacerme la pregunta si me lo vas a decir de todos modos?
— Felicidades, piensas. A lo mejor sacamos algo de todo esto. La respuesta es sencilla: tú también tienes una Bestia con Colas dentro. La más poderosa, de hecho. El Zorro de las Nueve Colas. Y por este motivo has logrado sobrevivir a esa vida que tienes. Por ese motivo, y créeme, por ningún otro, lograste sobrevivir a Sasuke. Por cierto — dice— ¿sabes que ha muerto, verdad?
— Sigues haciendo preguntas para las que sabes la respuesta. ¿También me caías mal antes, o es algo nuevo?
— Simplemente me llama la atención —dice Kakashi— cómo te ha afectado la pérdida de tu memoria. No pareces tú mismo, Naruto.
— Una pena, y todo eso. ¿Te importa ir al grano?
— Es a eso a lo que me refiero. — Hay una pausa. Tayuya pasa otra página, pero, si te fijas, está escuchando atenta— Desde que salgas de este hospital, vamos a entrenarte. En todo este tiempo, has dependido demasiado del Zorro, y eso es una idea terrible. No es algo que puedas controlar, no es algo con lo que deberías convivir.
— Este Zorro del que me hablas — dice Naruto— ¿qué es, exactamente? No te referirás a un animal.
— Está hecho de chakra, pero tiene conciencia. Esta, digamos entidad, lleva rondando el mundo desde antes de que recordemos. Y en algunas épocas, la hemos encerrado dentro de distintas personas.
— ¿Para contenerla?
— Para utilizarla. Pero como ocurre con todas las cosas que no comprendemos, el asunto se nos suele ir de las manos. Mi objetivo es que esto no ocurra. Vamos a volverte fuerte, Naruto, para que nunca más tengas que depender de sus poderes.
Suena un bufido. Viene de Tayuya.
— A buenas horas. Ya se os podría haber ocurrido antes.
— Las cosas no son tan sencillas, chica.
— Claro que sí. Lo que pasa es que ahora le miráis a los ojos y os entra el canguelo. Y tú — le dice a Naruto— espabila, sospechan de ti. Mira que eres tonto. Imbécil.
— Muy perceptiva. Ahora hablemos de ti, Tayuya, de la Aldea del Sonido.
— No sabes nada de mí.
— Te equivocas, al contrario. Sabemos mucho. Alguien se dio un baño en esa cabecita tuya, navegó — hace un gesto con las manos— muy tranquilamente por tus recuerdos. Y encontramos muchas cosas interesantes de ahí.
— ¿Me habéis... leído la mente?
El chakra de la chica empieza a erizarle la piel, a agitar los mechones de su cabello. Pero la potente agresividad que emana de ella se da de bruces con la fría realidad, una calma helada, pero mortal, que rodea a Kakashi. Como una orca que nada tranquila y solamente te observa, pero que en cualquier momento...
— ¡Zas! — Kakashi da una fuerte palmada que sobresalta a los dos— Ves, esto es lo que tardaría en cortarte el cuello. ¿No sería una pena acabar así? — dice, sonriendo con su ojo visible—. Sería un desperdicio. Como también lo sería tirarte en una celda y ya está. Eres una jovencita con talento y algún secreto. Aquí nos gusta eso. Así que se ha llegado a una decisión: como nos gusta pensar que somos una aldea racional, y no demasiado sangrienta, te vamos a dar la oportunidad de tu vida. Únete a nosotros, o te matamos. ¿Cómo lo ves? Disculpa que te lo diga así. Me sugirieron que lo hiciera con más tacto, pero la verdad no me quise molestar.
— Estás loco si piensas que voy a unirme a vosotros.
— No es que tengas muchas opciones ahora mismo, chiquilla. — Ella chasquea la lengua y gira la mirada. Kakashi vuelve a sonreír, una sonrisa falsa. Se saca otra cosa del chaleco, son dos bandanas con el símbolo de la Hoja. Lanza una a Naruto, y la otra a Tayuya—. Te voy a decir cómo va el asunto. Puedes hacer una de dos cosas. Uno, te unes a nosotros, y tienes otra oportunidad en una aldea donde no todo el mundo está enfermo. Dos, te rajo aquí mismo. Le digo a los demás que me atacaste y actué en defensa propia; Naruto, aquí, si es que le queda algo de su personalidad, dirá la verdad. Y a nadie le va a importar un carajo. Te enterramos, me llevo una bronca más o menos larga, y mañana amanecerá igual que hoy. Así que ponte esa bandana — añade al final— y no me jodas, Tayuya.
Al final no le queda otra que hacerle caso. Tayuya se ata la bandana a la frente, y Naruto, pensativo, hace lo mismo.
— ¿Contento? — dice ella, con voz amarga.
— Muchísimo — responde Kakashi—, una imagen enternecedora. Bienvenidos al equipo 7, chicos. Se esperan grandes cosas de vosotros; de hecho, ¡ya tenemos una misión! No os preocupéis, es muy sencilla. Simplemente tenéis —ahora les clava la mirada, primero a uno, luego al otro— que conseguir un cascabel.
