V SONRISA
"Estimada señorita Granger,
Bajo las circunstancias vividas por nuestra comunidad el año escolar anterior, el Consejo Escolar de Hogwarts ha decidido entregar diferentes opciones para terminar la carrera escolar de sus alumnos. Es por eso que cada alumno puede decidir si desea seguir en el año correspondiente a su edad o, en caso de encontrar falencias en su preparación, repetir un año escolar. Además el Departamento de Educación Mágica ha abierto fechas especiales para rendir los exámenes T.I.M.O.S y E.X.T.A.S.I.S para los alumnos que deseen seguir su educación con tutores desde sus hogares.
Si bien esta decisión puede generar confusión para nuestros alumnos y sus familias, dejamos a su disposición a los jefes de casa para poder aconsejar durante el periodo estival y guiar en la toma de decisiones.
El año escolar se retrasara un mes por las labores de reconstrucción del castillo, comenzando así el primero de Octubre, por lo mismo esperamos una decisión sobre su año escolar a no más tardar el primero de Septiembre.
Detalles de seguridad dentro del castillo, tutores privados aprobados por el Ministerio de Magia, contacto de jefes de casas y lista escolar para su año escolar, pueden ser encontrados en los pergaminos adjuntos.
Cordialmente,
Filius Flitwick
Subdirector
Colegio Hogwarts
de Magia y Hechicería
"
Hermione siempre había priorizado la educación por sobre todas las cosas, casi podía recordar el tiempo en el que su mayor temor era escuchar a Minerva McGonagall decir que había reprobado cada una de sus asignaturas y que ya no podía ser considerada una bruja.
Pero ahora ese miedo le parecía absurdo, su preocupación por mostrar su conocimiento en frente de sus profesores le parecía incomprensible después de una guerra. Y aunque una parte de ella quería volver al castillo y graduarse con honores, como siempre había soñado, estaba la otra parte de ella que no estaba segura si era capaz de volver a ese lugar.
- Sabes que no necesitas volver - le comentó Harry mientras veían sus cartas de Hogwarts - Kingsley nos dio EXTASIS honoríficos, no es necesario volver al castillo, ni siquiera rendir los exámenes.
- No tengo a donde ir, Harry - confesó Hermione.
Hasta ese momento, no había comentado sus miedos con nadie, pero cada noche la perseguían. Quizá le habían entregado una orden de Merlín, con una ayuda económica significante, pero eso no quitaba que no tenía donde vivir. Sus padres estaban perdidos en alguna ciudad en Australia, sin saber que tienen una hija al otro lado del océano y si bien sabía que los Weasley siempre la iban a acoger como a un miembro de la familia más, no sabía si era lo suficientemente fuerte cómo para quedarse en un lugar que le recordaba tanto a Ron.
- Puedes vivir conmigo - comentó Harry.
- ¿Vivir juntos?, Harry, tú tampoco tienes dónde ir.
- Sirius me dejó Grimmauld Place, está siendo remodelada y estará lista en un par de semanas. Remus se encargó de revisar que no hubiesen maldiciones y logró sacar a la señora Black.
- En este momento no soy la mejor compañía.
- Yo tampoco, Mione.
- Harry, no quiero ser una carga para ti, después de todo lo que has vivido.
- ¿Sabes, Hermione?, tal vez yo soy el rostro de la lucha contra Voldemort, pero tú siempre estuviste ahí conmigo, quizá yo soy la carga.
- No digas eso, jamás serías una carga.
- Yo también necesito salir de aquí, Hermione y no estoy listo para estar solo.
Hermione miró a su amigo y volvió a recordar que ella no era la única que había perdido a Ron y que necesitaba salir de una casa llena de pelirrojos. Por primera, desde la batalla, fue Hermione quien consoló a Harry.
- Solo no me pidas cocinar - comentó Hermione, colocando su mano sobre la de Harry.
- Trato - sonrió Harry.
Desde ese momento, Hermione tenía donde vivir, pero debía decidir qué hacer con su vida. Siempre había tenido algunas ideas sobre qué vida quería tener, tenía tantas opciones como folletos vocacionales de quinto año, pero con la guerra su cabeza había dejado de planear en el futuro, porque parte de ella no sabía si de verdad iba a tener un futuro que vivir. Desde que habían fundado el Ejercito de Dumbledore que ayudaba a Harry a tiempo completo en su misión de derrotar a Voldemort, eran años en los que generalmente los alumnos de Hogwarts pensaban en pasantías y mandaban aplicaciones de trabajo, pero ella no había hecho nada de eso.
Según Kingsley, con sus notas anteriores, recomendaciones de profesores, medallas por la guerra y sus EXTASIS honoríficos, podía elegir casi cualquier trabajo, pero sabía que no sería sencillo elegir. Si era honesta, a pesar de que los días después de la conversación con Harry, sacaba una que otra sonrisa y ya no lloraba tanto, aún tenía ataques de angustia que la paralizaban y aun revivía momentos de la guerra en los momentos menos oportunos.
Había tomado la costumbre de girar su anillo sin parar cada vez que se le apretaba la garganta sin razón, se encerraba en el baño cuando sentía que había mucha gente a su alrededor y siempre tenía dosis de filtro de paz en su bolso de cuentas, que llevaba a todas partes con ella.
Era una lástima que en el mundo mágico no existieran los terapeutas, porque aunque no era una experta, era completamente consciente de que sufría algún tipo de síndrome post traumático y que si no lo trataba de alguna manera, iba a empeorar.
- Entiendo que no vuelvas a Hogwarts, Herms - le aseguró Ginny mientras le ayudaba a desempacar sus cosas en la habitación en Grimmauld Place - también que quieras salir de La Madriguera como Harry, pero me gustaría que me prometieras que no te van a encerrar en esta casa.
Una parte de ella quería asegurarle que no iba a ocurrir, pero ¿A dónde se supone que iría?, Harry partiría su entrenamiento en la academia, Ginny y Luna volverían al castillo como estudiantes y Neville se les uniría como ayudante de Herbología. Cada vez que salía a algún lugar del mundo mágico era bombardeada por reporteros o caras curiosas.
Sin la guerra, no tenía un propósito.
- Lo prometo - le aseguró la bruja, prometiéndoselo a ella misma también.
Y aunque no estaba segura cómo, Hermione lo intentó. Quizá aun sufría en silencio y temía por su salud mental, pero sabía que debía hacer algo y por eso decidió postular a un trabajo temporal en Londres muggle, un lugar donde podía mantenerse anónima y ocupada. Un lugar donde nadie la conociera.
Así, pasado los meses, forjó una pequeña rutina. En las mañanas bajaba para encontrarse con un somnoliento Harry preparando el desayuno para los dos, conversaban un poco y luego lo veía marcharse por la chimenea. Ella ordenaba la cocina y luego salía y usaba el transporte público muggle para llegar a Daunt Books Marylebone, una hermosa librería donde había encontrado empleo gracias a los papeles muggles falsificados por Mundungus Fletcher.
Por las tardes volvía para estudiar para sus EXTASIS, que tomaría a pesar de tener los honoríficos por la guerra, porque aunque no quería volver al castillo, sentía que era su obligación demostrar que había obtenido las calificaciones para trabajar en el mundo mágico, como cualquier otra persona. En la tarde cenaban con Harry o planeaban algo en Londres muggles, ir al cine e incluso un día fueron a un arcade.
A veces iban donde los Weasley, que de a poco iban recuperándose de las tragedias familiares. Molly nunca los dejaba irse sin por lo menos cuatro cenas congeladas y Arthur les preguntaba por algún artefacto muggle que había encontrado en alguna redada. Por lo menos una vez a la semana Teddy Lupin pasaba las tardes con Harry, quien lo consentía con regalos cada vez que podía. Hermione sabía que Harry estaba compensando por la falta de amor en su propia infancia, él mismo se lo había comentado, pero no iba a recriminarle absolutamente nada, porque al parecer Teddy era exactamente lo que Harry necesitaba para superar la guerra.
- Harry, no es que no lo aprecie, pero de verdad creo que no debes tenerle un juguete nuevo cada vez que venga a visitarte - insistió Remus cuando vio el nuevo sonajero que Harry le entregaba a Teddy.
- Pero para eso están los padrinos, Remus - rió Harry cargando a Teddy, que enseguida cambió su cabello al color azul de su nuevo sonajero - estoy seguro que Sirius era peor que yo.
De a poco la rutina la ayudó de salir de sus tiempos más depresivos. Su trabajo en Daunt Books Marylebone quizá era un trabajo mundano, pero que la distraía de la realidad. Estar rodeada de personas que no tenían idea del mundo mágico era liberador, conocer cómo funcionaba una caja registradora y los pagos con tarjetas la hacían sentir un poco más unida a la vida antes de Hogwarts, además no podía negar que el lugar era espectacular, los estantes de robles cuidando los tomos, el olor a literatura, le hacían sentir un poco menos deprimida y por trabajar en el lugar obtenía un descuento de veinticinco por ciento de descuento.
Obviamente, no todo era maravilloso, no podía negar que habían momentos incómodos, como cuando Julia, una de las trabajadoras en la librería, no entendía como no conocía alguna expresión de moda o una canción del momento. La rubia fingió tener un ataque cardiaco cuando Hermione no supo cantar Angels de Robbie Williams.
Un día una cliente vio su anillo y la felicitó por su compromiso.
- Yo me caso en julio - exclamó la joven entusiasmadamente mientras le pasaba dos libros sobre manualidades - ya estoy colapsada con todo lo que hay que planear, mi madre aún no puede creer que no he elegido un vestido ¿Puedes creerlo?. Dime por favor que encontraste un vestido con menos de un año de anticipación, estoy apunto de escaparme y casarme a escondidas.
Hermione sintió que la garganta se le cerraba e intentando no ser notada se pellizco y tensó los músculos de las piernas para evitar que las lágrimas no salieran de sus ojos. La joven la había sorprendido con sus comentarios y le recordó como su madre hablaba del día de su boda, cómo había bajado tanto de peso que el vestido le quedaba grande y cómo su suegra olvido recoger la torta de novios.
Todo lo que ella no tendría en su boda con Ron.
- No te preocupes - sonrió Hermione intentando calmarse - de seguro tu novio se casará contigo aunque estes en pijama o se escapen a otra ciudad, planificar puede ser un caos, pero siempre recuerda por qué lo están haciendo, que lo importante es que se tienen el uno al otro.
La joven soltó un suspiró, la miró agradecida y pagó por sus libros.
Ese día Hermione llegó a Grimmauld Place con el deseo de encerrarse en su pieza y no hablar con nadie, algo que por suerte, Harry respetaba. El brujo solo tocaba la puerta de su habitación para preguntarle si quería cenar o si necesitaba algo, a veces Hermione lo dejaba pasar y se recostaban en la cama para pasar las penas. Pero ese día, entró a la Grimmauld Place y antes de poder subir las escaleras, se encontró con con Harry, Remus y Teddy en el comedor. Harry entendió a penas se acercó a saludarlo que era uno de los días en que no quería ver a nadie, pero justo cuando la bruja iba a dar una excusa para aislarse del mundo, el bebé de tan solo siete meses se aferró a su cabello y no la quiso soltar.
- Oh, Teddy - lo retó Remus - lo siento mucho, Hermione.
Harry se acercó a Hermione para que le pasara a Teddy, pero el pequeño empezó a reír mientras imitaba el cabello de la bruja con su metamorfomagia.
- No, no - se apresuró a decir Hermione - creo que me quedaré, al fin y al cabo, ¿Cuándo encontraré a alguien que aprecie este desastre de melena?
Y Harry vio por primera vez en meses como Hermione rió con honestidad, su primera sonrisa desde la guerra y pensó que quizá, Teddy era justo lo que Hermione necesitaba.
Y aquí un nuevo capítulo, gracias por seguir la historia y agregar a favoritos, espero que comente e intenten adivinar que ocurrirá entre Remus y Hermione.
Jueguen Tetris, bailen lambada, crean en algo.
Simona Polle
