VI CONSUELO
El cuatro de enero Hermione fue al Departamento de Educación Mágica para rendir sus EXTASIS. Harry le dio un desayuno especial, lo mejor que había aprendido en casa de los Dursley cuando era pequeño y luego de exigirle que no limpiara la cocina, la acompañó por la red Flu con su pase especial para entrar al Ministerio de Magia sin tener que pasar por la cabina de teléfono que los visitantes generalmente debían utilizar.
La bruja se sentía preparada, pero estaba ansiosa, no por la prueba, sino por la gente. Por un momento se preguntó si era legal usar un encantamiento desilusionador dentro del Ministerio. Obviamente ya sabía la respuesta, estaba completamente prohibido cualquier tipo de magia que evite el reconocimiento de los visitante, pero aun así se vio tentada a apuntarse con la varita o volver a Grimmauld Place por la capa de invisibilidad de Harry. porque las miradas curiosas la estaban intimidando.
Por suerte Harry se había ofrecido a guiarla por el ministerio, ya que era la primera vez que Hermione salía en público en el mundo mágico desde la ceremonia de los caídos .
Sabía que en algún momento iba a volver al mundo mágico, pero hasta el momento no había sido un requerimiento. Siempre que necesitaba algo en Diagon Alley, como ingredientes de pociones o libros, podía pedirlo por correo y a parte de un viaje a Hogwarts para visitar a Hagrid y las visitas a La Madriguera, Hermione no necesitaba entrar al mundo mágico. Por el momento, la simple vida que había construido entre Grimmauld Place y su trabajo en la librería le bastaba.
Harry la dejó en el Departamento de Educación Mágica y le deseo éxito, recordandole que era Hermione Granger y que no había prueba académica que pudiera contra ella. Ella le sonrió y lo vio marcharse para ir al Departamento de Aurores.
Al entrar a la sala donde la secretaria le dijo que estaba la lista de asistencia vio el pequeño grupo que daría el examen con ella. La mayoría alumnos de Slytherin que prefirieron tomar tutores a volver al castillo. Blaise Zabini hablaba con Pansy Parkinson, Theodore Nott, Millicent Bulstrode y Wayne Hokins estaban sentados a un costado, cada uno con un libro repasando Transfiguraciones. Sue Li and Lisa Turpin hablaban con unos desconocidos que no habían estado en su año, que asumió eran jóvenes que buscaban la convalidación de sus notas de otros países o personas que recibieron su educación mágica desde su casa.
Hermione se acercó al escritorio a inscribir su nombre, se sentó, sacó uno de sus apuntes y se concentró en leerlos para evitar levantar la cabeza y tener que ver los rostros curiosos de sus ex compañeros.
Algunas personas pasaron a inscribirse, pero no les prestó atención hasta que llamaron a entrar a la sala de examinación. Justo al levantarse, miró al frente y se encontró con Draco Malfoy cara a cara, con su postura postura aristocrática y una túnica hecha a la medida.
Ambos se miraron incómodos, Hermione se llevó enseguida sus dedos al anillo y empezó a girarlo en un intento para calmarse. Draco, por el movimiento que había hecho, bajó su mirada a su brazo y abrió sus ojos sorprendido. Hermione supo enseguida lo que el mago pensaba, a pesar de tener una túnica puesta y de tener un sin fin de hechizos para tapar sus cicatrices, no podía cambiar la realidad de que Draco Malfoy había presenciado la sesión de tortura de Bellatrix Lestrange.
- Granger - dijo al fin el rubio - yo… yo…
- Tú fuiste una víctima - señaló la bruja sabiendo lo que el mago intentaba decir - tanto como yo, Malfoy.
- De todas maneras - dijo el mago intentando recuperar la compostura - lo siento.
Hermione solo asintió con la cabeza. Sabía que Draco Malfoy hablaba con honestidad, podía sentirlo en su tono, en el cambio de su postura, en lo vulnerable que se veía, pero en ese momento no tenía la inteligencia emocional, ni la energía para enfrentar a la primera persona que le hizo ver que no era aceptada en el mundo mágico. Por mucho que veía que necesitaba Malfoy necesitaba escuchar que aceptaba sus disculpas, no pudo decirlo.
Aun sin poder calmarse completamente, Hermione rindió los test escritos de transfiguración y pociones, para luego ir a la cantina del ministerio, para una pausa de dos horas antes del práctico de encantamientos.
Fácilmente podía volver a Grimmauld Place o salir a Diagon Alley o Londres muggle, como el resto de los que rendían los exámenes, pero no tenía la energía de pasar por el vestíbulo, o de interactuar con vendedores, por lo que tomó una mesa alejada del resto, se sento mirando a la pared para que nadie reconociera su rostro y comió sola, con un libro de encantamientos abierto.
- Hemione.
La bruja se dio vuelta, asustada de que alguien la reconociera, pero se relajó al ver que se trataba de Remus Lupin. El mago se sentó a su lado con una bandeja de comida y una sonrisa acogedora a pesar de haber tenido una transformación hace solo dos días.
- Remus - saludó Hermione cerrando su libro - no sabía que hoy trabajabas en el Ministerio.
- Toda ésta semana, de hecho - comentó Remus - cuando me ofrecieron trabajar en terreno para el departamento, no consideré que también debía hacer el papeleo y ahora tengo dos meses de misiones y reuniones que archivar antes del viernes.
La bruja sonrió viendo como el hombre lobo, a pesar de su trabajo con criaturas, su hijo y la luna llena, parecía estar en un constante estado de control, sus sonrisas parecían honestas y emanaba una energía que la relajaba. La vida de Remus era un conjunto de tragedias, cada una más injusta que la anterior, y ella aun no podía superar sus problemas.
- ¿Todo bien, Hermione? - preguntó preocupado el hombre lobo.
Tocándose la mejilla, se dio cuenta que tenía un par de lágrimas en el rostro. Ni siquiera las había sentido venir, pero no eran una sorpresa. Le había pasado antes, ya un par de veces sola, pero nunca nadie la había encontrado tan desprevenida.
Por un momento pensó en dar una excusa, decir que era alérgica o algo parecido, pero entro todo lo que pasaba, miró a su alrededor, se dio cuenta de que ninguna de las mesas cercanas estaban ocupadas y colocando un muffliato, decidió ser honesta.
- No - reconoció.
Sin escrúpulos y sin censurar su emociones, Hermione comentó lo que había pasado con Malfoy, cómo, a pesar de que de verdad creía que él era una víctima tanto como ella, no encontraba un lugar en su corazón para enfrentarlo o disculparse. Y no se detuvo ahí, le habló de cómo aún, después de meses, encontraba un sin fin de conexiones para recordar a Ron y la desesperaba, desde ver a un pelirrojo hasta escuchar a alguien hablar de Quidditch.
Las palabras salían libremente, mientras Remus posaba su mano sobre la de Hermione y en silencio la escuchaba hablar sobre la culpa que aún la invadía por la muerte de Ron y cómo sentía que vivía en un limbo emocional, reviviendo el pasado una y otra vez, sin poder vivir de verdad. Le dijo cómo creía que además era una horrible hija por no saber dónde estaban sus padres y una peor amiga con Harry que debía contenerla en sus ataque de angustia, llevando el peso de sus problemas, sobre los de él mismo.
- Y de verdad lamento bombardearte con mis problemas, sé que probablemente preguntabas solo por educación, pero…
- Hermione, no tienes por qué disculparte - le interrumpió Remus, hablando por primera vez - está bien sentirse así, está bien hablar con alguien y al igual como le he dicho a Harry, siempre puedes venir a mi cuando necesites ayuda.
- Gracias, Remus - le dijo la bruja - algún día superaré todo esto, aunque ahora parezca imposible.
- Lamentablemente no hay solo una forma de superar los traumas - confesó Remus - es más, no estoy seguro de que uno realmente los supera, pero si podemos aprender a vivir con ellos.
Hermione suspiró y miró su mano, con el anillo de Ron, arriba estaba las manos de Remus, cálidas y bastante más grande que las de ella. En uno de sus dedos estaba una alianza dorada, su argolla de matrimonio.
- ¿Y tú? - le preguntó Hermione, sin dejar de mirar los anillos - ¿Todo bien?
- De a poco aprendiendo a vivir con lo que hemos vivido - comentó vagamente Remus - pero Teddy ayuda.
- Tal vez no sea la mejor persona, Remus - reconoció la chica mirándolo directamente a los ojos - pero así como tú me ofreciste tu ayuda y me escuchaste, no olvides que yo también estoy para escucharte.
Después de esa conversación, Remus llegó a cada almuerzo de esa semana a la cantina del Ministerio de Magia, con su bandeja de almuerzo y un chocolate extra. Ningún día hablaron de lo que había ocurrido el lunes, pero ella le contaba sobre sus exámenes de la mañana y lo que pensaba que ocurriría en los prácticos de la tarde. Remus la ayudó a concentrarse en su Patronus y técnicas para no paralizarse en el caso de que tuviese que enfrentar un Boggart el miércoles en su exámen práctico de Defensa.
Por suerte no hubo ningún Boggart, pero los examinadores quedaron sorprendidos con su brillante nutria formada con todas las sonrisas que pudo recordar que Ron le había dado.
En algunos almuerzos, Remus le habló un poco del Departamento de Regulación y Criaturas Mágicas, de cómo estaban intentando cambiar todo el sistema para incluir las nuevas propuestas de Kingsley, pero que era difícil cambiar la mentalidad de los magos y brujas, así como de las criaturas que no querían tener relación con el Ministerio de Magia.
Los hombres lobo, por ejemplo, sufrían el estigma de Fenrir Greyback, pero no solo de la comunidad mágica, sino que entre ellos mismos. Después de la guerra habían muchos lobeznos, personas recién transformadas, que no aceptaban su nueva condición y por lo tanto se aislaban de manera peligrosa en bosques, sin algún contacto de algún sanador que es algo que la división de bestias está poniendo a disposición de todos los que están registrados.
La meta, por lo menos para Remus, era conseguir subvencionar la poción Matalobos, que en su caso solo tenía porque Andromeda era pocionista y la pensión de huérfanos, la cuenta que Tonks había dejado y el fondo por su Orden de Merlín Primera Clase, le permitían costear los ingrediente.
Él estaba seguro que si las manadas se organizaban, podían conseguir la poción para hacer las transformaciones menos traumáticas, simplemente porque era la mejor manera de mantener a la sociedad segura de hombres lobos que sufrían de transformaciones no controladas.
Hermione estaba fascinada con la idea y no podía dejar de pensar en cómo ese podía ser el primer paso para otras seres, bestias, espíritus o criaturas, pudieran mejorar su calidad de vida. Quizá ya entendía que los Elfos Domésticos no quisieran libertad, pero eso no significaba que aún pensaba en eliminar las condiciones deplorables en las que probablemente aún vivían algunos.
Remus le aseguró, además, que por lo que él veía el departamento, el Departamente tendría alguna posición abierta para ella.
- ¿Y? - preguntó Remus cuando la fue a buscar el viernes a la sala de examinación, con Teddy en brazos - ¿Al fin libre?
- Al fin libre - repitió Hermione saludando a ambos - ahora solo debo esperar los resultados.
Hermione estaba feliz de ver a los Lupin. Harry, que había ido a buscarla todos los días después de sus exámenes, tenía su primera misión ese fin de semana y junto a otros miembros de la academia partieron en la mañana de aquel viernes hacia el bosque negro alemán para entrenar en un nuevo ambiente. Remus se ofreció a ir a buscarla junto con Teddy, para que no volviera a Grimmauld Place sola.
Iban a salir para tomar el ascensor cuando alguien llamó su nombre y Hermione sintió un escalofrío por la espalda. Dándose vuelta vio el cabello rubio de Draco Malfoy, que abrió la boca para hablarle, pero se detuvo apenas notó que Remus estaba a su lado.
No sabía que era posible, pero el mago se veía más pálido de lo normal, sus ojos revelaban el terror de ver a Remus. Si no fuera porque estaban en un lugar público, Hermione hubiese considerado repetir la cachetada que le había dado en tercer año. Después de la guerra y todo lo que habían pasado, ¿Todavía tenía prejuicios contra hombres lobos?.
Pero justo cuando le iba a decir algo, para defender a su ex profesor, Hermione recordó que ese mismo rostro era el que Malfoy había puesto cuando Bellatrix le prometió a Fenrir Greyback que podía jugar con ella después de su sesión de tortura. El feroz hombre lobo había estado más de una vez en la mansión, en su casa.
- Malfoy - se forzó a saludar Hermione - espero que todo saliera bien en tu examen.
- Gracias, espero lo mismo de tí - se apresuró a decir Malfoy recuperándose del susto de ver a Remus - yo, lo siento, sé que lo último que quieres es verme, pero quería entregarte algo. Mi arresto domiciliario impide correo mágico por un año más y pensaba en esperar ese tiempo, pero cuando vi que estabas aquí, pensé que era mejor asegurarse que lo recibieras.
Hermione lo miró confundida mientras el mago sacaba de su bolsillo una pequeña bolsa de terciopelo azul.
- No está maldito - le aseguró el mago - pero no me sentiré mal si quieres comprobar que no haya nada extraño, escuché lo de tus padres y yo… yo sólo pensé que querrías tenerlo.
Intrigada, tomó la bolsa de Draco, sin revisar por maldiciones o trucos. La abrió y encontró una cadena de plata con un corazón. Hermione la reconoció enseguida, dio vuelta el corazón y ahí, estaba la inscripción: "Siempre contigo, Patrick y Carolin Granger". Hermione no podía creer lo que veía, casi pensó que era una broma, pero Malfoy no tenía cómo saber del regalo que sus padres antes de tomar el Hogwarts Express por primera vez.
De pronto pensó en la última vez que lo tuvo puesto. El recuerdo de estar en el piso de la Mansión Malfoy pasó por su mente, Bellatrix la tenía sujeta y bruscamente tiró de la cadena, para luego colocar la daga maldita en su cuello. Podía escuchar el sonido de metal de su cadena contra el piso de piedra, estaba segura que se había roto y después de todo lo que había pasado, la había dado por perdida.
Hermione miró Malfoy, con ojos aguados, casi listos para soltar lágrimas y sin pensarlo se acercó a él y lo abrazó. Si alguien le hubiese dicho hace una semana que estaría abrazando a Draco Malfoy, la hubiese mandado a revisarse la cabeza a San Mungo. El mago estaba visiblemente incómodo, su cuerpo no parecía estar acostumbrado a recibir expresiones físicas de afecto, sus brazos tiesos se movieron lentamente para corresponderle, pero de una manera robótica.
- Gracias - susurró Hermione antes de soltarlo - es lejos lo mejor que me ha pasado en meses.
Era honesta, después de todo lo que había ocurrido, después de pensar muchas noches en tomar un traslador internacional a Sidney para buscar a Wendel y Monica Wilkins, ver la cadena de plata de sus padres después de tanto tiempo, le hizo sentir que de verdad aún estaban con ella.
- No es nada - le aseguró Malfoy - sólo, creía que debías tenerlo, la familia es importante.
Hermione sabía que era el momento para decirle que estaba bien, que aunque no se imaginaba siendo su amiga y si sentía que había sido el atormentador de su infancia, ella no lo culpaba de lo que había ocurrido en su hogar.
Dándose vuelta, buscó la mirada de Remus, que no estaba a más de un metro de ella, claramente escuchando todo lo que habían hablando, listo para intervenir en el caso de que fuese necesario. Teddy, aun en sus brazos, tenía el cabello liso y platinado, igual que Draco. Su rostro aun no cambiaba, tenía los ojos y labios de Remus, también las orejas, pero su nariz era la de Nymphadora Tonks, que junto al cabello rubio platinada dejaba ver el parentesco sanguíneo que tenía con Draco Malfoy.
- Si, la familia es importante - comentó Hermione - ¿Recuerdas al profesor Lupin?
Remus dio un paso adelante, quedando junto a Hermione.
- Señor Malfoy - saludó el hombre lobo estirando el brazo que no sujetaba a su hijo.
- Profesor - respondió Draco luego de un segundo de duda, estrechando la mano del hombre lobo, para luego quedarse mirando a Teddy - Y…
- Edward - señaló Remus - Edward Lupin.
Draco se quedó mirando al niño, estiró su mano como si se tratara de un adulto y el pequeño la sujetó con fuerza, para luego cambiar su cabello, esta vez a un color turquesa.
- Metamorfomago - murmuró Draco impresionado - ¡Brillante! Mi madre me ha comentado que su abuelo era un metamorfomago, siempre soñé con ser uno.
- Como su tatarabuelo - agregó Remus riendo al ver la cara confundida de su ex alumno - Edward es el hijo de tu prima Nymphadora.
Teddy volvió a cambiar su cabello, probablemente al ver la reacción en la cara de Draco cuando cambió su cabello anteriormente. Pero el mago se quedó mirándolo con curiosidad, aun sintiendo como el niño agarraba su mano como si fuese un juguete.
- ¿Tiene contacto con Andromeda Black, profesor? - preguntó el joven.
- Tonks, Andromeda Tonks - corrigió Remus - vivo con ella.
- Yo sólo he podido salir para rendir mis exámenes por mi arresto domiciliario - explicó Draco - pero mi madre, después de la sentencia de mi padre a estado sola, no sale aunque no tiene ninguna restricción, estoy algo preocupado, últimamente ella me ha hablado mucho de su hermana Andrómeda y creo que le gustaría reconectarse con ella.
- Puedo preguntar - insinuó el hombre lobo - no puedo prometer nada, ambas no se separaron en los mejores términos, pero definitivamente puedo preguntar.
- Gracias, profesor.
Ya en Grimmauld Place, Hermione explicó lo que Draco Malfoy le había dado y que, a pesar de lo que había ocurrido al principio de la semana, parte de ella pensaba que incluso Draco Malfoy merecía una segunda oportunidad.
Feliz, Hermione desenganchó la cadena e intentó colocarla alrededor de su cuello, pero no tuvo éxito.
- ¿Necesitas ayuda? - preguntó Remus casualmente mientras terminaba de calentar la comida de Teddy.
Asintiendo, Hermione le entregó la cadena y levantó su descontrolado cabello, para que Remus pudiera cerrar el broche.
- Estoy seguro que tus padres estarían orgullosos de ti - susurró Remus rodeando su cuello con la cadena, cerrando el broche y bajando sus manos para que su cabellera callera sobre sus hombre - ¿Así está bien?
- Es perfecto, Remus - sonrió Hermione - gracias.
Debo admitir que luego de escribir la primera escena con Draco Malfoy pensé en cómo esa parte sería un buen comienzo para un increíble Dramione y con el final, más enganchada quedé con la idea, ¿Alguno aquí gusta de esa pareja?, no es mi OTP y no me imagino escribiéndolos, pero Oh, por Merlín que disfruto leerlos cuando están bien escritos. Gracias por comentar, poner en favoritos y seguir, espero me digan que piensan de este capítulo, como ven, de a poco y lentamente, los engranajes de esta relación empiezan a moverse.
Debo comentar que hoy escribí el epílogo de esta historia y he quedado llena de energía y entusiasmo para seguir escribiendo esta historia que por el momento contará con 15 capítulos.
Roben una sonrisa, salten sobre un sillón y vean fotos antiguas.
Simona Polle
