VIII CHOCOLATE

Después de todas las historias sobre Grimmauld Place que Sirius Black le había contado durante sus años en Hogwarts y el lúgubre tiempo en que la casa se transformó en el lugar de reuniones de la Orden del Fénix, Remus nunca se imaginó que volvería voluntariamente a vivir ahí.

De a poco la convivencia se fue ordenando orgánicamente. Kreacher fue uno de los más entusiastas al notar que la noble y ancestral casa de los Black volviera a renacer con la llegada de Teddy, un niño de tan solo dos años y medio, pero que tenía la sangre de sus antiguos amos.

Al pequeño le gustaba correr por las escaleras, jugar a las escondidas y manipular a Harry para que le diera galletas que supuestamente sólo eran para la cena. Aún no podía entender completamente que Andrómeda no estuviera, pero con la ayuda de Molly, Narcissa y Fleur, de a poco se fue acomodando a su nueva vida.

Harry había empezado su último año en la Academia de Aurores. El entrenamiento era tan exigente que tuvo que pedirle ayuda a Hermione para crear un plan de estudios que fuese compatible con los horarios irregulares de las exigentes misiones que empezaba a tener.

El tiempo en el que no estudiaba, entrenaba o consentía a Teddy, lo ocupaba en ir a ver a Ginny a Wrexham, donde entrenaba para su primera temporada fuera del banco de reserva de las Harpías de Holyhead.

Aún así, intentaba pasar tiempo en Grimmauld Place y de preparar el desayuno de Hermione, recordándole que era una de las razones de por qué ella se había mudado con él.

- Yo también puedo hacer desayuno - le comentó Remus mientras veía a Harry revolver huevos en una sartén - no tienes que levantarte tan temprano siempre, te aseguro que me he encargado de varios desayunos y almuerzos.

- Gracias, Remus, estoy seguro que puedes cocinar, pero es casi como una tradición - rió Harry animadamente asegurándose de que Hermione escuchara - en realidad lo hago para recordarle a Hermione que jamás debería acercarse a la cocina, excepto si quiere intoxicarnos.

- ¡HARRY! - gritó la chica indignada.

Remus logró acomodarse rápidamente a la vida con dos jóvenes y su hijo, en parte porque era su única alternativa, porque las leyes aún no lo dejaban ser parte de los trabajadores de planta con los que podría tener beneficios para ganar un sueldo estable y poder criar a su hijo al mismo tiempo.

Aún seguía como trabajador independiente del Ministerio, pero tuvo que tomar horarios que le permitieran pasar tiempo con su hijo y que calzaran con los horarios en que Fleur, Molly o Narcissa estuvieran disponibles.

Si no fuera por el dinero que aún tenía por su Orden de Merlín, la herencia de los Tonks y el fondo de huérfanos de la guerra, no podría costear la vida de él y su hijo, ya que ser un hombre lobo significaba gastar mensualmente grandes sumas por los ingredientes de la poción Matalobos y productos de sanación especializados.

Tenía la suerte de tener el sótano de los Tonks para transformarse de forma segura bajo los efectos de la poción Matalobos que Hermione le seguía preparando, además la bruja seguía volviendo cada mañana luego de la luna llena para curarlo.

- ¿Algún día me dejarás recompensarte por tu ayuda? - le preguntó - ¿o acaso quedaré en deuda contigo de por vida?.

- Remus Lupin, no seas dramático - le ordenó la bruja mientras revisaba su espalda - no me debes absolutamente nada, para eso están los amigos.

La bruja sabía que había tomado una buena decisión al quedarse en Grimmauld Place, porque no sólo aún estaba en el principio de una carrera ministerial con un sueldo que no le permitía independizarse completamente, sino que también necesitaba tener a gente a su alrededor. Personas de confianza que no la acosaran, ni le preguntaran cada día si estaba bien.

Porque estaba mejor, pero notaba que no estaba completamente bien.

Estaba completamente enfocada en su trabajo, en modernizar el departamento y crear leyes que aseguraran un cambio positivo en la comunidad mágica y su relación con las Criaturas Mágicas.

Hasta ese momento, había sorprendido a todos con sus logros y cambios radicales que estaban basados más en su capacidad de investigación y su meticuloso trabajo, que en su fama, como algunos intentaban insinuar.

Había logrado integrar a brujas en el departamento, además de tener representantes oficiales para la gente de agua, centauros y vampiros en los departamentos, lo que aseguraba la integración de las comunidades en las futuras leyes y regulaciones.

Incluso logró crear un departamento contra la captura ilegal y tráfico de criaturas mágicas, que con solo un mes de labor, consiguió capturar una banda encargada de revender caparazones de cangrejos de fuego. También logró la representación de

Pero lejos su mejor logro no fue dentro de su departamento, sino que en uno de los proyectos especiales que Kingsley le encargó en secreto. Le costó demorar algunos proyectos de ley y más de una noche de sueño, pero luego de presentar antecedentes provenientes de setenta y seis víctimas, sus informes llenos de pruebas irrefutables lograron arrestar y juzgar a Dolores Umbridge por sus crímenes contra los nacidos de muggles.

Luego de aún más trabajo, evitó que la defensa de Dolores Umbridge pudiera anular el caso aludiendo el uso del encantamiento Imperio, como todos temían.

- Cuarenta y ocho años en Azkaban - sentenció Elphias Doge.

Cuando volvió del Wizengamot, Harry y Remus la esperaban con una cena de celebración, la primera celebración en la que Hermione no se sintió culpable de estar feliz desde la muerte de Ron, porque si bien sabía que los Dementores fueron relegados de sus trabajos en Azkaban, sentía que se había hecho justicia.

- ¡Por Hermione! - brindaron los tres.

A pesar de todo, la convivencia no estaba exenta de momentos incómodos, como cuando Teddy tuvo su primera experiencia con magia accidental. Hermione salió de su habitación para encontrarse con Teddy abriendo las puertas bajo el lavabo del baño, sacando sus productos muggles femeninos y abriendolos como si fueran pegatinas.

- ¡Edward Lupin! - le llamó la atención Hermione.

La sorpresa de ser descubierto hizo que el niño lanzara las tres cajas, que en vez de caer al suelo, empezaron a volar por el aire, saliendo por el pasillo y, para la vergüenza de la bruja, multiplicándose sin parar.

Remus salió de su habitación rápidamente y se encontró con un torbellino de toallas sanitarias y tampones volando por los aires.

- Oh, Hermione, lo siento - se disculpó Remus mientras veía a Hermione mover su varita para desaparecer los productos con rapidez - prometo compensarte.

Hermione tenía sus mejillas rojas y en vez de mirar al hombre lobo a los ojos, se dirigió a Teddy que aún estaba asombrado de lo que había pasado.

-¿Un helado para celebrar tu primera magia accidental, Teddy? - le preguntó al niño mientras lo levantaba en sus brazos con una sonrisa - tu padre me debe la copa de helado más grande que encontremos y puedo compartirla contigo.

Remus solo rió y la siguió por las escaleras mientras escuchaba a Teddy decir sus sabores de helado favoritos.

Pero lejos el peor momento fue la conversación que Remus quiso tener con Harry cuando empezó a notar que algunas noches, Hermione se levantaba e iba a la habitación de Harry, sin volver hasta la mañana siguiente.

– Yo también fui joven, Harry, pero como un amigo de tus padres me siento en la obligación de decir algo - empezó a hablar Remus.

El hombre lobo estaba nervioso, no era una conversación que quería tener, pero habían muchos indicios, no sólo las subidas de Hermione al piso de Harry, también pensaba en cómo Harry le preparaba desayuno y una mañana, siguiendo a Teddy que había entrado de sorpresa a la habitación de Hermione, se encontró con ambos jóvenes abrazados bajo el cobertor de la bruja, el brazo del mago sobre la cintura de la bruja y las gafas redondas en el piso.

En ese momento, mientras sacaba a su hijo de la habitación y cerraba la puerta pensó en Sirius, que le había apostado treinta Galleons a que iba a nacer una relación amorosa entre Harry y Hermione antes de que terminaran su educación en Hogwarts.

Era imposible no notar que ambos se respetaban y querían incondicionalmente. Lo veía en sus sonrisas, en cómo dependían el uno del otro y como de apoco sanaban juntos los horrores de la guerra.

No quiso decir nada, porque entendía que quizá no querían hacer nada público, en especial por como Hermione podía sentirse al empezar una relación con el mejor amigo de Ronald Weasley y como otros pudieran reaccionar. Iba a darles espacio, quizá buscar un nuevo lugar para cuando la pareja decidiera que querían vivir solos.

Pero todos sus planes cambiaron el día anterior a la conversación, cuando Ginevra Weasley entró por sorpresa por la Red Flu y animadamente y frente a Hermione y él, saltó sobre Harry, saludándolo con un apasionado beso.

Intentando no parecer sorprendido, se fijó que Hermione sonreía con honestidad y sin mostrar ni una gota de sorpresa o enojo, mientras Ginny contaba que la iban a poner como jugadora oficial para toda la temporada.

- No negaré que ambos han sufrido mucho, más que la mayoría y quizá creen que es la mejor manera de sanar, pero créeme que no es la solución.

Harry lo miró confundido, no estaba entendiendo de qué le estaban hablando.

– Sé que ya son adultos como para tomar sus propias decisiones y asumir consecuencias, pero te puedo asegurar que estar a escondidas y que no te comprometas solo va a terminar dañándola, además de terminar con su amistad. No puedo obligarte a nada, Harry, pero te pido que hagas lo correcto.

– Remus, pero de verdad no sé de qué estás hablando - le aseguró Harry.

– ¡Harry James Potter! No niegues que estas jugando con los sentimientos de las personas, ¿Qué crees que pensará Ginevra cuando se entere que casi todas las noches que no estás en misiones, Hermione sube a escondidas a tu habitación?

Remus esperaba que el hijo de su mejor amigo entrara en razón, que diera una explicación de su error. Él no quería juzgarlo, Harry era joven y había vivido en la misma habitación que Sirius Black en Hogwarts, sabía que no siempre uno tomaba las decisiones correctas con respecto al corazón.

Pero en vez de un rostro culpable se encontró con una cara burlesca y una gran carcajada.

– Oy, Remus - rió Harry - Ginny sabe que Hermione pasa las noches conmigo.

Harry hubiese pagado una gran cantidad de Galleons por una fotografía del rostro de Remus Lupin en ese momento. Pálido, con los ojos desorbitados y probablemente pensando en que no entendía a la juventud.

De pronto, el hombre volvió a retomar la compostura.

– Que ambas partes estén de acuerdo, no siempre significa que esté bien, Harry, he tenido algunas conversaciones con Hermione y no creo que esto sea sano. Ella aún está sanando y no deberías jugar con sus emociones, ¡Merlín, Ella aún usa el anillo de Ronald Weasley todos los días!.

Harry posó su mano en el hombro de Remus, esta vez con el rostro extremadamente serio. El hombre lobo no pudo evitar recordar el momento en que el mismo muchacho lo encaró por querer huir con ellos en su misión contra Voldemort, dejando a su mujer y hijos abandonados.

Se veía intimidante.

- Nunca insinúes que no tengo el bienestar de Hermione como prioridad en mi vida, nunca - dijo Harry con firmeza - quizá es algo que debimos hablar contigo cuando llegaste, así como lo hablamos con Ginny, pero necesito que entiendas que ninguno de los dos ha hablado públicamente de lo que pasamos esos meses que estuvimos en fuga, sólo el Departamento de Misterios sabe exactamente a qué tipo de magia nos enfrentamos y planeamos dejarlo así por el bienestar de la comunidad mágica. Lo que sí te puedo decir, es que fue horrible y ambos aún sufrimos las consecuencias cada día.

Remus nunca había preguntado qué había pasado ese año antes de la batalla final, sabía algunos detalles, sabía que Ron se había separado de ellos por un tiempo, que salieron de Gringotts sobre un dragón y que Hermione había vivido algo horrible en la Mansión Malfoy, pero exactamente qué y por qué hicieron lo que hicieron, era un secreto que al parecer se llevarían a la tumba. Kingsley les había explicado que simplemente debían confiar en que esta vez Lord Voldemort estaba fuera de sus vidas.

Que Harry estuviera hablando del tema era inesperado.

- En ese tiempo nos acostumbramos a dormir juntos, Remus, solo dormir - le aseguró Harry aún con seriedad - era la única opción de asegurarnos de que no nos abandonaríamos, de que aún estábamos ahí, luchando juntos. Era la única forma de calmarnos, cuando nuestras mentes estaban siendo manipuladas por...

– Harry …

– A veces tenemos pesadillas, que no son parte de nuestra imaginación, Remus - confesó el chico esta vez con una voz más suave - revivimos el pasado y no es un mero recuerdo, es magia obscura y la mejor solución que tenemos es dormir juntos, para recordarnos que no estamos solos. Ginny lo sabe y lo entiende.

Remus abrazó a Harry con fuerza. Aún no entendía exactamente qué les había ocurrido, pero sabía lo suficiente como para entender que ni siquiera su licantropía podía compararse completamente con lo que les había ocurrido.

Estaba avergonzado de haber sacado conclusiones que ahora le parecían absurdas. Conocía a Harry, nunca le había mostrado indicios de faltar el respeto a ninguna bruja.

– Nunca vuelvas a insinuar que le estoy haciendo daño a Hermione - volvió a insistir Harry en medio del abrazo - agradezco que te preocupes por ella, no sabes lo feliz que me hace ver que pueda hablar contigo, porque tienes razón, no ha sido fácil para ella pero…

– Lo siento, Harry - lo detuvo el hombre lobo - por todo, por haber pensado mal de ustedes, de tí y por sobre todo, por no haber podido prevenir que sufrieras.

Harry se separó de él y le dio una pequeña sonrisa.

– No te sientas culpable, no hay mucho que hubieses podido hacer - le informó el muchacho - pero espero que Hermione jamás se entere de que intentate defender su honor y cuestionar sus decisiones.

A pesar de los infinitos momentos incómodos y más que una pequeña pelea doméstica, cada semana se aseguraban de cenar juntos y preguntar cómo estaban.

Para Samhein Remus les enseñó las tradiciones de la comunidad mágica, que ni Harry, ni Hermione conocían por haber sido criados por muggles y por no ser explicados en Hogwarts para evitar la segregación entre las tradiciones de los alumnos.

En Diciembre Harry imitó a Sirius trayendo el pino más grande que encontró y colocándolo en medio del salón para que Teddy tuviera la mejor Navidad. Hermione conjuró decoraciones que resplandecían. Teddy ayudó a colgar guirnaldas por toda la casa y Harry estuvo seguro de que vió a Kreacher con un gorro navideño.

Un sábado en la noche de febrero Hermione se despertó asustada, estaba completamente empapada de sudor y envuelta en sus sábanas como si hubiesen intentado atraparla. Respiraba agitadamente y por un momento pensó que estaba en otra realidad, una en la que no habían destruido los horrocruxes.

Con un movimiento de varita comprobó que su hechizo silenciado aún estaba levantado sobre su habitación y luego miró el reloj sobre la mesa de noche.

Seis para las cinco de la mañana.

Muy tarde para volver a dormir y muy temprano para levantarse. Generalmente cuando tenía una pesadilla tan vívida como la de ese día, iba directamente donde Harry, pero el mago llevaba tres días en una misión de práctica en Noruega.

Resignada se desenredo de las sabanas y se colocó sus pantuflas. Con un Accio acercó un cardigan para el frío y se dirigió al baño para quitarse el sudor y, si es que era posible, las imagenes que su pesadilla había dejado impregnadas en su mente.

Convencida de que no podría volver a dormir, decidió ir por un té y buscar un libro en la biblioteca, rogando que la distracción la ayudase.

Lentamente y con un hechizo silenciado en sus pies para no despertar a sus compañeros de piso, bajo las escaleras y entró a la cocina.

- ¿Hermione?.

Y ahí estaba, sintiendo como la vergüenza le llegaba tan rápida como una bludger. Sus ojos bajaron al piso, para apreciar el caótico atuendo nocturno que llevaba encima: una polera desgastada de la banda The Police, una de las pocas cosas que aún tenía de su madre, un pantalón tartán rojo, sus pantuflas peludas azules y un abrigador cardigan lila.

Pero no era la ropa lo que la avergonzaba, tampoco que su cabello era un nudo sobre su cabeza. Aunque se preocupaba de arreglarse para trabajar, lucir bien en su día día y jamás hubiese combinado azul, lila y rojo, llevaban meses viviendo juntos y Remus, al igual que Harry, ya la había visto desarreglada, en cama con gripe e incluso una vez llena de una sustancia verde después de una reunión con los troles de la montaña.

No, lo que le afectaba era que Remus nunca la había visto después de una de sus pesadillas y se sentía, además de mal arreglada, vulnerable. Sabía que su rostro mostraba el terror que había vivido en su pesadilla, Remus debía sentir el miedo que salía de sus poros.

Y si no fuera suficiente había bajado sin varita y no había ocultado sus cicatrices.

- Remus - murmuró la bruja aegurándose que las mangas del cárdigan taparan su antebrazo - ¿todo bien?

- Teddy tuvo un accidente y luego de arreglar sus sábanas y volverlo a acostar no pude dormir más - contó el hombre lobo claramente notando que la chica no estaba bien - ¿pesadilla?.

Con el pecho apretado y sin voz, Hermione cruzó sus brazos sobre su abdomen y asintió levemente con la cabeza.

- No tienes que contarme nada que no quieras, Hermione - le aseguró Remus calmadamente - sé que no son pesadillas normales y que Harry es quien generalmente te ayuda, como tú a él, pero espero sepas que estoy aquí, igual como el día en que rendiste tus EXTASIS.

- No sé si estoy lista - confesó la bruja en lo que parecía un simple susurro más que una respuesta - pero, gracias.

- Lo entiendo, no tenemos que hablar - sonrió Remus - ¿quieres un té?, acabo de preparar una tetera.

Hermione se sentó en el mesón de la cocina y vio como Remus traía una tetera de porcelana a la mesa. Sin preguntarle, el hombre lobo le sirvió una taza de té con un poco de crema y sin azúcar, tal y como le gustaba.

Por alguna razón se sintió culpable de no saber cómo el hombre prefería su té.

Remus no la presionó para para exigirle que le dijera que ocurría, ni para hablar. Tampoco parecía como si fuese a sugerir ideas para solucionar los problemas. El silencio, sólo interrumpido por algunos suaves sorbos al tomar té, no era desagradable, es más, sentía que era justo lo que necesitaba.

El té pasó por su garganta y todo su cuerpo, calmándola.

- Justo lo que necesitaba - comentó Hermione rompiendo el silencio - quizá el té es como el chocolate y los de mentores.

- Siempre puedes probar con chocolates - le aseguró Remus - no le digas a Harry pero tengo escondidos algunos en el mueble del pasillo.

El mago movió su varita y en unos instantes, una barra de chocolate entró volando por la cocina y se posó frente a Hermione.

Pidiendo permiso con la mirada, Hermione rompió un trozo de chocolate y se lo llevó a la boca. Quizá no la calmó más, pero no pudo evitar sonreír al sentir el suave sabor del chocolate con leche.

- Mis padres me tenían restringido el consumo de dulces y chocolates - comentó Hermione cortando un trozo más para cada uno - Hogwarts fue el primer lugar donde tuve libertad sobre la cantidad de azúcar que comía. La primera vez que fui a Hogsmeade me gasté la mesada en Honeydukes.

- La primera vez que fui a Honeydukes sin mis padres Sirius tuvo que ayudarme a llevar todo lo que compre.

Ambos siguieron conversando de frivolidades, entre tazas de té e historias. Remus le habló de algunas travesuras en Hogsmeade con sus amigos y Hermione le relató cómo un día terminó transformada en mitad gato, mitad personas, por haber elegido el pelo equivocado.

Luego de sentirse un poco más livianos y con menos preocupaciones, notaron que ya eran las siete de la mañana. Hermione vio su taza vacía y no pudo evitar fijarse en su anillo. Lo tenía siempre puesto y luego de algunos libros de autoayuda muggle que había comprado en su tiempo en Daunt Books Marylebone, se había cuestionado si era sano apegarse tanto a un objeto.

- ¿Puedo hacerte una pregunta? - preguntó tímidamente Hermione.

- Siempre - le aseguró el Remus.

- ¿Crées que es está bien que aún use el anillo de Ron?

Remus la miró asombrado, no esperando la pregunta, pero luego se relajo, extendiendo su brazo y colocando su mano sobre la de Hermione. Al principio la bruja se sorprendió por el íntimo contacto, pero luego notó que Remus le indicaba que mirara.

En su dedo anular tenía una simple argolla de oro que representaba su alianza con Nymphadora Tonks.

- Todos tenemos nuestros tiempos, Hermione, no hay una regla que nos diga cuándo deberíamos estar listos para hacer o no hacer algo.

- ¿Y si nunca llega el momento en que me sienta lista?

- Entonces, comemos más chocolates a las siete de la mañana.

Hermione sonrió.


Lamento haberme tomado un largo tiempo en este capítulo, me costó bastante quedar feliz con lo que escribía y me bloqueaba en algunas conversaciones, en especial porque quería mostrar un poco de la evolución de la convivencia, sin que pareciera una lista de eventos. Creo que quede satisfecha, en especial agregando detalles como Umbridge ¿Qué creen ustedes?.

Ya estamos en más de la mitad de la historia y estoy emocionada de mostrarles lo que ocurrirá. Muchísimas gracias por escribir, agregar a favoritos y espero sigan disfrutando y comentando.

Escuchen una canción antigua de Shakira, coman postre para el desayuno y rían sin parar.

Simona Polle