IX ACOMODACIONES
Hermione y Remus lo vieron venir antes que cualquier otra persona. Ambos conocían muy bien a Harry, que anhelaba tener una familia propia y sabían muy bien que después de pasar una relación a distancia entre Londres y Wexham, iba a querer formalizar su relación con Ginny.
Cuando Ginny y Harry anunciaron que iban a casarse, Remus ya había utilizado el dinero que había ganado con la venta de la casa de los Tonks para comprar una alejada cabaña a las afueras de Binfield y Hermione ya tenía una larga lista de posibles arriendos para ella.
- No tienen que mudarse - alegó Harry cuando hablaron con él - pueden quedarse todo el tiempo que quieran, Grimmauld Place es grande.
- Harry, sabemos que no tenemos que hacerlo - le aseguró Hermione con una sonrisa - pero acabas de comprometerte y quizá ahora creas que vivir todos juntos es una gran idea, pero no quieres empezar tu matrimonio con tres personas extras.
- Pero aún no tenemos fecha para casarnos, Ginny tiene que viajar por sus juegos y además, planeamos tener un compromiso largo - insistió Harry desesperadamente - aún pueden quedarse, no tienen que irse ahora.
Convencer a Harry de que entendían que él nunca los hubiera obligado a irse de Grimmauld Place y que simplemente era un paso lógico a seguir, tomó tiempo, pero luego de prometerle de que aún podría llevar a Teddy a ver partidos de quidditch y que lo irían a ver cada cierto tiempo, no solo se calmó, sino que se encargó de acompañar a Hermione a cada visita a posibles departamentos, hasta que la bruja encontró el adecuado.
- Es un buen lugar - comentó Harry mientras revisaban la cocina de un pequeño departamento que estaba sobre la tienda de Madame Malkim - ¿El callejón Diagon no es muy concurrido para tí?, es algo ruidoso.
- Creo que después de vivir en un castillo lleno de adolescentes, luego con ustedes y pasar mucho tiempo en la Madriguera, el ruido de la calle me hará sentir que no estoy sola - comentó Hermione mientras revisaba el ventanal que daba a la calle - además está conectada a la red Flu, podré ir a verte tan seguido como quiera.
Hermione había querido arrendar un lugar en Londres muggle para tener un poco de anonimato y sentirse más conectada con su herencia muggle, pero luego de descubrir lo costoso que era instalar una chimenea mágica que pudiese ser conectada a la red Flu sin afectar a los muggles del edificio, entendió por qué magos y brujas tendían a solo vivir en zonas mágica o, en su defecto, casas aisladas de los muggles.
- ¿Estás segura?- insistió Harry cuando Hermione pidió el contrato mágico de arriendo - Ginny no tiene ningún problema en que…
- Harry, ya hemos hablado de esto - sonrió Hermione, intentando no sonar exasperada - agradezco la oferta y te aseguro que si algo pasa, hablaré con ustedes, pero ya es tiempo de tener mi propio lugar.
- Y si te sientes sola…
- George vive a menos de cinco minutos a pie de aquí, Hannah Abbott está trabajando con Tom en el Caldero Chorreante y Parvati está trabajando con Madame Malkim.
- Pero…
- Pero nada, Harry - lo detuvo Hermione - este lugar es perfecto, tiene todas las medidas de seguridad, tiene conectividad y está dentro de mi presupuesto.
- Si estás segura - cedió el mago pasándole una pluma desde el bolsillo de su túnica - te apoyo.
- Lo estoy.
Y así, Hermione empezó a vivir sola, con muebles de segunda mano, loza dispareja, un gran estante de libros en su habitación, una cama para Crookshanks junto a su cama, una pequeña alcoba convertida en laboratorio de pociones y, una de las pocas decoraciones, una colección de fotografías arriba de la chimenea, una mezcla de personas que la acompañaban siempre.
El trío junto a Hagrid cuando este volvió de Azkaban en su segundo año, junto a Ginny y Luna en un salón de té, el Ejército de Dumbledore en Navidad de quinto año, una foto junto a Teddy en Samhein, una junto a sus padres de vacaciones en Francia, un retrato de ellos en su boda, y por último, Ron en su uniforme de Quidditch, sujetando su escoba con una mano y saludándola con la otra.
Hermione lo veía cada día camino a la cocina y la calmaba un poco.
- Siento que así no lo olvidó - comentó Hermione a Harry mientras desayunaban juntos en la cocina - a veces creo que el tiempo lo va a borrar de mi mente, el otro día no podía recordar el tono de su voz. Sé que tengo que seguir adelante, pero tengo miedo a olvidarlo.
- Seguir con tu vida no hará que lo olvides, Hermione, Ron siempre va a estar con nosotros.
Pero seguir era difícil, no le gustaba aceptarlo, pero extrañaba Grimmauld Place, donde siempre estaba acompañada. Ya había pasado unas cuantas noches sin dormir en el departamente, sin la posibilidad de ir a la habitación de Harry o de un trozo de los chocolates de Remus. Tampoco estaba acostumbrada a planear juntas con amigos, así que a pesar de tener a tanta gente viviendo y trabajando en la misma calle en la que vivía, nunca se juntaba con ellos.
Generalmente todos iban a Grimmauld Place en algún punto.
Ella aún preparaba la poción Matalobos cada mes e iba a entregarla personalmente a la cabaña de Remus en Binfield. Además cada luna llena se quedaba con Teddy y se aseguraba de que Remus se recuperara.
- Una santa - comentó Remus por enésima vez.
Cuando Teddy y Remus la fueron a ver al departamento por primera vez, el niño insistió en llevar una foto de él para colocarla en la colección.
Hermione colocó la foto de ella y Teddy con cabelleras idénticas junto a sus fotos de la chimenea y sonrió al ver cómo el niño intentaba cambiar su cabello a propósito, pero solo logrando unos cuantos mechones descontrolados.
- Créeme, tener este cabello no es fácil - rió la bruja.
Si bien veía a Remus cuando este trabajaba en el Ministerio y aún lo ayudaba con sus transformaciones, Hermione no lo veía tan seguido como antes y cada vez se daba más cuenta que había menospreciado su compañía y la de su hijo.
Cuando vivían juntos nunca había notado que el niño crecía tan rápido, en cambio en ese momento, cuando solo se veían unas cuantas veces al mes, podía ver cada cambio con claridad y aunque le alegraba verlo, también era un recordatorio de lo rápido que pasaba el tiempo.
Pensar en el tiempo, era pensar inmediatamente en cuánto tiempo había pasado desde la muerte de Ron y como vivía sola, no tenía a nadie que la distrajera como en Grimmauld Place.
Desde su nuevo departamento no tenía desayunos con sus amigos, ni tiempo de juego con Teddy o la posibilidad de aparecer a las tres de la mañana en la habitación de Harry.
Luego de un tiempo la fotografía de Ron sobre la chimenea, en vez de calmarla, la entristecía. Poco a poco Hermione empezó a sentir que su amigo había tenido razón: no estaba lista para vivir sola.
A veces la despertaba un ruido y se le aceleraba el corazón a tal punto que pensaba que estaba sufriendo de un infarto. Otras, simplemente de quedaba mirando el techo sin poder consiliar el sueño por estar pensando en diversas posibilidades del espacio tiempo.
Si no hubiese batallado con Bellatrix, Ron estaría vivo, ¿cierto?
Una parte de ella sabía que habían soluciones sencillas a sus problemas, como simplemente hablar con alguien, aceptar las invitaciones de Parvati y Hannah para tomar algo en el Caldero Chorreante, entrar a la tienda cuando George estaba atendiendo o incluso salir a la calle a dar una vuelta. Pero otra parte de ella prefería excusarse tras su laboratorio de pociones, tomar unas horas extras en el trabajo o simplemente quedarse en el sillón pensando en soledad.
Cuando empezó a tener ataques de pánico como antes, Hermione decidió usar Oclumancia.
No quería preocupar a nadie, en especial a Harry, así que con unos libros en mano aprendió técnicas para ocultar sus emociones. Sabía que era una solución momentánea y que en las noches, cuando bajaba sus escudos, sufriría las consecuencias, pero luego de unas semanas de haber logrado ocultar ataques de pánico con éxito, se convirtió en un hábito difícil de evitar.
Se levantaba y se ocluía.
Iba a trabajar y se ocluía.
Iba a ceremonias ministeriales y se ocluía.
Alguien la detenía en la calle y se ocluía.
Hubiese logrado pasar meses así, sino fuera porque un día, al intentar ocultar que había tenido una pesadilla demasiado real la noche anterior, fue a Binfield a ayudar a Remus después de su transformación con todos sus escudos de Oclumancia sobre ella.
Después de tanto tiempo, se había vuelto una experta en el arte de controlar sus reacciones, sabía qué técnicas utilizar para no parecer que no tenía emociones, sabía perfectamente que gestos debía hacer con su rostro para no parecer una caricatura o como moverse para parecer natural. Sabía cómo crear compartimentos en su mente y cerrarlos bajo siete llaves.
Cuando llegó, hizo lo que hacía todos los meses después de la luna llena. Quitó los hechizos que encerraban al hombre lobo por las noches, abrió la puerta lentamente, cargando su equipo de medimagia y una túnica para tapar a Remus.
Antes de decir cualquier oración, la bruja le entregó la túnica para que se tapara el cuerpo desnudo y como siempre, saludaba como si verlo en ese estado fuese lo más normal del universo.
Lo examinó rápidamente, solo para asegurarse de que no tuviera alguna herida grave que debía tratar de inmediato y al no ver nada, le ayudó a apoyarse en ella y llevarlo a su habitación.
Cómo tomaba la poción Matalobos, rara vez había una complicación, pero el cuerpo del hombre lobo terminaba tan cansado, que Hermione se aseguraba de limpiarlo con magia y alimentarlo de a poco.
Todo acompañado de suaves palabras, informarle como estaba Teddy y sonriendo.
Remus no mostró ninguna señal de que ella estuviera haciendo algo diferente, se dejó cuidar, le agradecía como cada mes, comentaba como cualquier otro día y reaccionaba igual que siempre, pero cuando Hermione se levantaba para ir a buscar un poco de comida, Remus la sorprendió con una pregunta.
- ¿Hace cuánto tiempo que estás ocluyendo, Hermione?
Podía mentirle, decirle que era un hecho aislado, que solo lo hacía en caso de emergencia, pero en un pequeño ataque de sanidad, Hermione se dio cuenta de que si no era honesta en ese momento, quizá iba a terminar en la Sala Janus Thickey de San Mungo junto a Gilderoy Lockhart.
- Por lo menos, cuatro meses.
El rostro de Remus no mostró ningún asombro y aún pálido, visiblemente cansado después de su transformación y con gran dificultad, se sentó en la orilla de su cama y le indicó a la bruja que se sentara a su lado. Colocó una mano sobre la de ella y le habló con la tranquilidad que lo caracterizaba.
- Nunca he sido bueno en Oclumancia, nunca tuve la habilidad de cerrar mi mente de ataques de otras personas y aunque tuve que aprender lo básico para controlar mis instintos o para ayudarme en ciertos momentos, si algo de verdad me afecta, jamás podría ocultarlo como tú lo estás haciendo ahora. No solo porque no soy capaz, sino porque sé que usar oclumancia para meditar y controlar ciertos momentos está bien, pero hacerlo un hábito es peligroso, Hermione.
- Pero es más fácil - se justificó la bruja, aun sin soltar sus escudos.
- Más fácil hasta que te das cuenta que no estás viviendo tu vida y que no puedes parar de ocluirte - agregó Remus - es una adicción como cualquier otra, casi como si tomaras dosis de filtro de paz sin parar.
- No estoy lista - agregó Hermione sintiendo como su mente empezaba a descontrolarse - no quiero sentirme mal todo el tiempo.
- No podemos sentir lo bueno, si no sabemos sentir lo malo.
Hermione soltó sus escudos involuntariamente y de inmediato sintió como su pecho se agitaba y su cuerpo se descontrolaba. Iba a levantarse e irse, entre el pánico de sentir una ola de emociones y vergüenza de que Remus la viera tan vulnerable.
Pero el hombre lobo no soltó su mano y menos la dejó ir.
- No tienes que decirme todo - le susurró Remus, sujetándola con fuerza - pero así como casi me obligaste a aceptar tu ayuda cuando Andrómeda murió, no dudes que yo haré lo mismo.
Y así Hermione fue honesta, sin Oclumancia para ocultarse, le habló de cómo se despertaba en las noche, que no encontraba energías para planear reuniones con otras personas, cómo se encerraba en su trabajo o en el laboratorio de pociones. Luego fue más allá y sin darse cuenta terminó en los brazos del hombre lobo, sollozando y hablándose que no quería decirle a Harry que creía que había sido un error irse de Grimmauld Place, porque de seguro su amigo se iba a sentir culpable.
- No sé qué hacer - confesó la bruja sin soltarse de su amigo - hace un tiempo entendí que no estaba, ni estoy, lista para vivir sola como pensaba, pero no tengo a donde ir, no puedo volver a la Madriguera, donde todo me recuerda a Ron y ya lo hablamos antes, no puedo pedirle a Harry que retrase su vida con Ginny porque su mejor amiga tiene pesadillas. Pensé incluso en colocar un anuncio para compartir mi departamento, pero honestamente, ¿Quién querría vivir con alguien con tantos problemas como yo?.
- Tengo una habitación extra y estoy seguro que podemos convertir el ático en un laboratorio para tus pociones.
Hermione se separó del pecho del hombre lobo y lo miró fijamente.
- ¿Estás hablando en serio?
- Si no te molesta vivir con Teddy y conmigo, siempre serás bienvenida, Hermione.
Y así, luego de unos pocos acuerdos, ambos decidieron vivir juntos.
En un principio intentaron hacer un cambio gradual, por el bien de ambos y de Teddy. Comenzaron con cenar juntos todos los días, luego Hermione pasó unos días de la semana con Remus y el resto volvía a su departamento.
No le dijeron a nadie más que Harry y Ginny que vivirían juntos y Hermione agradeció que Remus accedió a mentirle a Harry, quien creía que su antiguo departamento tenía una infestación de moho mágico y antes de volver a buscar en el mercado por un nuevo lugar, Remus había ofrecido una habitación en el lugar.
Luego de un mes de ir y volver de un lugar a otro y notar que vivir juntos no era tan diferente a cuando vivían en Grimmauld Place, Hermione se instaló completamente en el lugar.
La casa era lo suficientemente grande para los tres, con un patio que limitaba a un bosque de robles y nogales. Como no contaban con vecinos cercanos, era el lugar perfecto para que Teddy saliera a jugar tranquilamente sin temer que algún muggle viera sus cambios de metamorfomago, además de disfrutar del aire libre.
Los antiguos dueños dejaron un pequeño invernadero que Hermione no tardó en llenar de especímenes para sus pociones con la ayuda de Neville Longbotton. Además había una bodega de jardinería y un gallinero donde Teddy pasaba gran parte del día persiguiendo gallinas, como lo hacía con los animales en la Madriguera.
La casa tenía las paredes de piedra, por las que crecían enredaderas, un techo de tejuelas antiguas y una gran chimenea.
El primer piso contaba con una cocina a la cual le llegaba el sol en las mañanas, comedor donde estaba la chimenea conectada a la red Flu, grandes ventanales, un pequeño baño de visitas y una pequeña pieza que en un principio Remus pensó en convertir en una pequeña oficina, pero que terminó convirtiéndose en un salón de juegos para Victoire y Teddy.
En el segundo habían 4 habitaciones, Remus ocupaba la de un extremo y le ofreció la habitación del otro extremo a la bruja y entre ambas estaba un baño común, la habitación de Teddy y un pequeño cuarto destinado a invitados, pero que estaba lleno de papeles de trabajo del hombre lobo.
Hermione había tenido algo de dudas al notar que solo había un baño en el piso de las habitaciones, pero ya habían compartido uno en Grimmauld Place y nunca habían tenido grandes problemas. Era visiblemente más amplio y contaba con una tina en la cual se imaginaba relajándose algún fin de semana.
Además, el ático que Remus tenía en desuso terminó siendo perfecto para el laboratorio de pociones que Hermione necesitaba para hacer la poción Matalobos. Estaba completamente aislado para no interferir con los brebajes y con un par de movimientos de varita, Hermione le agregó ventilación mágica para los humos.
- Remus - llamó Hermione una noche, cuando Teddy ya estaba durmiendo y ambos leían un libro en el comedor.
- ¿Si? - preguntó Remus apartando la vista de su libro.
- Gracias.
- ¿Por qué?
- Por hacer un espacio en tu vida para mí - dijo honestamente Hermione - sé que dices que no es ningún problema, pero, gracias, era lo que necesitaba.
Remus respondió con una sonrisa, pero no le dijo nada.
Hermione ya no se ocluía y aunque Remus aún podía sentir los hechizos silenciadores que la bruja colocaba sobre su propia habitación cada noche, sabía perfectamente que era algo normal.
Al fin y al cabo, él también silenciaba su habitación.
Rían frente al espejo, tengan una guerra de almohadas y recuerden algo bonito.
Simona Polle
