X CITA
En un principio intentaron no mencionar que vivían juntos y no era que se avergonzaban de la decisión. Después de la guerra muchas personas veían a Harry Potter y sus amigos, no solo como héroes de guerra, sino que también como celebridades y la mayoría había aprendido a no comentar decisiones que el público pudiera malinterpretar o que pudieran llegar a la columna de chismes de "Corazón de Bruja".
Hermione había sufrido con los constantes rumores sobre su supuesta relación amorosa con Harry que empezaron a circular por el Ministerio cuando se descubrió que vivían en la misma casa e incluso Remus tuvo que soportar los ridículos artículos que surgieron sobre Narcissa y él cuando los vieron juntos comprando en Diagon Alley.
Y no sólo eran las revistas las que los preocupaban. Hermione temía la reacción de los Weasley. Estaba segura que nadie la encararía, pero no quería sentir la reprobación de la familia que la había incluído en el mundo mágico.
Pero sus amigos se enteraron de todas formas.
En una de las cenas en la Madriguera, Teddy le preguntó a Hermione frente a todos si Victoire podía ir a jugar a la casa. Después de que Hermione y Remus casi se atragantaron cuando el niño habló, intentaron calmar al resto de las personas, explicando que si, estaban viviendo juntos, pero solo porque era conveniente para ambos, los gastos se dividían, Hermione podía aprender sobre hombres lobos para su trabajo y comentaron la verdad sobre no querer mencionarlo a nadie porque ya habían sufrido con los tabloides mágicos.
Hermione sabía que algunos estaban curiosos y querían dar su opinión, podía ver como Molly Weasley se preparaba para hablar, pero la mano de Arthur se colocó sobre la de su esposa y dejaron que Fleur simplemente pusiera una fecha para ir a visitar a Teddy con la pequeña Victoire.
- Molly crguee que no es una buena idea - le comentó Fleur mientras veían a Victoire y Teddy jugar en el patio - Quand même, si fuega por ella estaguías viviendo con ellos, asegugándose de que estés bien alimentada y lejos de cualquiega que pueda manchar tu honor.
- Si fuera por ella viviríamos todos juntos en la Madriguera - agregó Hermione riendo mientras traía una bandeja con té y galletas para ambas - ¿Ginny te contó que le preguntó si iba a volver a vivir allá ahora que está comprometida?.
Fleur la miró con desaprobación para luego sacar galletas cubiertas en chocolate. La bruja estaba embarazada de su segundo hijo y a pesar de que ya había pasado por el proceso de tener una hija, la matriarca de los Weasley insistía en comentarle qué hacer y qué no hacer durante su embarazo.
Como prohibir el exceso de azúcar.
- Pero todo es con una buena intención - justificó Fleur mientras sacaba otra galleta - podemos criticag mucho a mi suegra, pego Bill tiene gazón, pgobablemente en el futugo yo segué peog con Victoire.
Al escuchar su nombre, la niña de tan solo tres años miró a las dos adultas y luego las ignoró para seguir persiguiendo a Teddy en el gallinero.
- Oh, créeme, Bill será peor con Victoire - corrigió Hermione viendo como la niña intentaba abrazar a su amigo.
Ambas rieron y siguieron conversando, aprovechando el sol de verano. Julio las había bendecido con un clima cálido y perfecto para aprovechar el jardín y Hermione agradeció que no estaba en el departamento en Diagon Alley.
En solo unas semanas ya se sentía en su propio hogar. Entre los tres integrantes ya tenían una rutina de convivencia sencilla y que hizo ver a Hermione que aceptar que no estaba lista para vivir sola no era una derrota, sino un hecho en el cual debía seguir trabajando lentamente.
Remus se había encargado de hacerle ver que ella no solo estaba ocupando una habitación, y cualquiera que entrara al lugar podía notarlo. Aunque estaba ocupada, Hermione se encargaba de traer flores para los floreros del comedor, el librero ocupaba los libros que más usaban en el momento. Los de Remus en los cuatro estantes de arriba y los de Hermione los de abajo.
Teddy, por otro lado, tenía sus libros y sus juguetes por toda la casa.
Las fotografías de su familia y amigos estaban junto a las fotografías de Remus. Una mezcla de fotos mágicas y muggles, con Ronald Weasley y Nymphadora Tonks en el centro. Hermione estaba feliz de darse cuenta que ver a Ron cada mañana volvía a hacerle feliz y aunque a veces volvía a tener ataques de angustia, tener a alguien en el lugar donde vivía convertía el proceso de seguir adelante mucho más llevadero.
Vivir juntos era sencillo, Remus cocinaba más que ella y se preocupaba de que Hermione no se encerrara trabajando y ella se hacía cargo de Teddy cuando había un llamado urgente en el trabajo del hombre lobo y no había tiempo de coordinar a Molly, Narcissa, Fleur o Harry.
Y aunque Hermione aún sentía algo de vergüenza cuando tenía pesadillas y Remus la encontraba en la cocina, ya era parte de la rutina y le gustaba que no él no la cuestionara, así como ella no lo hacía con él.
Al fin y al cabo, la bruja no tardó en darse cuenta que Remus también sufría de insomnio.
De a poco Hermione no solo volvió a salir con Ginny y Harry como antes, sino que se sorprendió organizando salidas con ex compañeros de Hogwarts e incluso se había atrevido a ir a las juntas que algunos compañeros de trabajo hacían los viernes.
Era difícil simplemente disfrutar sin sentir culpa cuando a cada cierto tiempo recordaba que Ron hubiese sido el primero en organizar una junta de ex alumnos de Gryffindor o que probablemente él la hubiese arrastrado a ese local nuevo o a un partido de Quidditch.
Pero día a día iba mejorando.
- Hermione - le dijo Rigel Rothley, el asistente junior del director de la División de Espíritus - ¿vas a la auditoría con el Wizengamot?
- Si, solo tengo que juntar mis pergaminos - asintió la bruja guardando sus documentos en su pequeño maletín - ¿vamos juntos?
Rigel era cuatro años mayor que ella, un Hufflepuff que la ayudó a navegar por la burocrática política del departamento y una de las pocas personas con las que almorzaba en el ministerio cuando Harry o Remus tenían diferentes horarios al de ella.
Apresurada, Hermione amarró su cabello con un elástico, agarró su maletín y se dirigió a la puerta para ir junto a Rigel a la auditoria con el Wizengamot.
- No estamos atrasados, ¿no? - preguntó Hermione mirando su reloj - por un momento pensé que no terminaría de trabajar en los registros, ¿lograste encontrar los documentos que necesitabas ayer?
- Oh, si - contestó el mago apretando el botón del ascensor - cuando trabajas con fantasmas te acostumbras a buscar archivos con siglos de antigüedad, si no fuera por la auditoría a nadie le importa saber las características demográficas de los fantasmas en una isla abandonada al norte del país, pero esta vez es el presupuesto el que está en juego y estos detalles pueden ser importante.
- Ni me lo digas, no sé si necesitan saber sobre el aumento de la viscosidad del moco de troll, pero está documentado - rió Hermione apuntando su maletín - aunque no creo que sean tan rigurosos, todo el mundo está más interesado en la preparación de la gala de fin de año que en una auditoría que realizan cada diez años.
Hermione se sorprendió al ver lo importante que eran las galas en el Ministerio para muchas personas y no entendía cómo podían hacer una incluso el mismo año de la batalla de Hogwarts. Al principio pensaba que era un derroche de dinero y una frivolidad, pero luego de hablar con Kingsley entendió que era la oportunidad en que las personas podían hacer nuevas conexiones no sólo con personas en cargos de alto rango dentro y fuera de la institución, sino que era el momento en que el Ministerio recaudaba la mayor cantidad de donaciones para causas que quedaban fuera del presupuesto.
Sabía que era importante y cada año Kingsley la invitaba a ella y a Harry directamente, pero todos los años ambos se excusaban del evento, aun sabiendo que ir significaría fondos para causas que ellos aprobaban. Ninguno de los dos era fanático de fiestas donde podían llamar la atención.
- Hablando de la gala - comentó Rigel dejando que Hermione saliera del elevador primero - quería saber si ya tienes a alguien con quien ir.
- No, no tengo - respondió Hermione lista para comentarle que no planeaba ir - yo no…
- Entonces - la interrumpió el mago - ¿Te gustaría ir conmigo?
Hermione soltó su maletín y un par de pergaminos se esparcieron por el piso de piedra. Apresuradamente se agachó y comenzó a recoger sus documentos, mientras pensaba en que decirle a su compañero.
Pero cuando ya tenía todo dentro del maletín y estaban listos para salir del ascensor, se dio cuenta que aún no sabía qué decir.
- Creo que ya se la respuesta, ¿no? - le comentó el mago.
- No voy a ir a la gala - se apresuró a decir la bruja - nunca voy, lo siento.
- ¿Y si te invito a cenar? - preguntó el mago.
- ¿Como una cita?.
- Como una cita.
Era una buena pregunta. Aunque habían pasado años desde la última vez que había salido en una cita. Si había salido con Viktor en más de una ocasión y antes de su sexto año, un vecino muggle la había invitado a salir una vez. También había tenido la horrible cita con McLaggen por el Club de Slug y había tenido un par de salidas con Ron antes de ir en búsqueda de Horrocruxes con Harry.
Ojalá hubiese tenido más citas con Ron.
- Lo siento, Rigel, no estoy lista.
- Quizá en el futuro.
- Quizá.
Y aunque el camino a la asesoría fue incómodo, el día siguió con normalidad. Recibieron sus papeles, respondió un sin fin de preguntas e impresionablemente pudo hablar sobre el cambio de viscosidad del moco de troll.
Y aunque el día terminó tal y como esperaba, no hubo ningun momento en que no escuchara la pregunta de Rigel en su cabeza.
- Ron no sería feliz viéndote sola de por vida - le aseguró Ginny cuando le comentó lo que había pasado - quizá estaría extremadamente celoso, pero él siempre fue celoso, ¿recuerdas a McLaggen?
- No me recuerdes a McLaggen, Ginny - pidió Hermione tomando su cerveza de mantequilla - pero ¿crees que debí aceptar la cita?
- Rothley me parece una buena persona, es bastante guapo y no creo que te busque por quién eres - describió la pelirroja - quizá la gala sería demasiado, pero una cena suena inofensivo, si todo va bien puede ser tu invitado a mi boda.
- No lo sé - le aseguró la bruja.
- No te lo tomes a mal, Hermione - le pidió su amiga - pero algún día vas a tener una cita, quizá no hoy, ni mañana, pero algún día vas a tener una cita, vas a volver a tener una relación amorosa con alguien, quizá te cases, tengas hijos y eso no significa que estás engañando a Ron.
Hermione sabía que Ginny tenía razón, pero aun así volvió a casa aun con la voz de Rigel insinuando que le preguntaría en el futuro y cuestionandose si quizá debía escribirle y decirle que aceptaba ir a cenar con él o quizá un desayuno antes del trabajo la pondría menos nerviosa.
- Hermione - le llamó Remus saliendo de la cocina - ¿Has visto el dragón de Teddy?
- ¿Crees que algún día me voy a sentir cómoda aceptando una cita? - saltó la bruja ignorando su pregunta.
El hombre lobo se detuvo en la búsqueda del dragón de su hijo y se sentó en el sillón frente a la bruja y sin decir nada, ella le explicó lo que había ocurrido con Rigel Rothley y lo que su amiga pensaba.
- Ginny cree que una cita no me haría mal - terminó Hermione - que algún día tengo que empezar y no lo sé, no me siento lista, pero me pregunto qué pasará si nunca estoy lista, si nunca sigo adelante con mi vida, como se supone que tengo que hacerlo.
- Si, hay que seguir con la vida - concedió su ex profesor - pero solo cuando tú te sientas lista, no cuando los demás quieran.
- ¿Y si nunca me siento lista?.
- Un día lo estarás, te lo prometo.
- ¿Y tú? - volvió a preguntar Hermione - ¿no quieres salir con alguien?
- No, no creo - rió Remus - soy un hombre lobo, tengo un hijo y ya no soy tan joven como antes, tú en cambio, tienes toda una vida por delante.
Hermione le sonrió, sabiendo que no obtenía nada con insistirle que no era tan viejo como él lo hacía ver y que ser un hombre lobo o tener un hijo, no impedía que hubiera una gran lista de brujas que estarían dispuestas a salir con él, si él lo quisiera.
No, Remus siempre decía que no se imaginaba con nadie más en su vida.
- ¿Serías mi pareja para la boda de Harry y Ginny? - le pidió la bruja - como amigos.
- Lo siento, no puedo - se disculpó el mago - Teddy está convencido de qué él es tu pareja.
Compra los pasajes, saluda a un perro y abrázate.
Simona Polle
