Límites

Capítulo 2

Era difícil. Era bastante difícil mantener la calma cuando Alumi estaba cerca de él. Desde el día que se presentó ante él, hace ya tres años, no había logrado mantenerse sereno en presencia de la rubia. Tenía una personalidad fuerte, explosiva y firme. Pero a su misma vez había tenido la oportunidad de conocer una faceta de Alumi que nadie conocía y quería atesorar solo para él. Alumi también era dulce, cálida, amable, y... Muy atractiva. Realmente atractiva. Y sexy.

Esos últimos meses habían sido una tortura. Cada vez era más difícil controlar sus hormonas. Pero por encima de todo, quería el bienestar de su Alumi. Pero cuándo sus miradas se cruzaban, había fuego. Ambos se amaban con locura, y con los años, entre todo ese amor y devoción nació la pasión y el erotismo. Era inevitable, estaban creciendo y poco a poco iban dejando atrás la niñez para dar paso a la adolescencia.

Aquel día se había comportado como un idiota. Y uno muy grande. Se estaban besando y casi pierde el control. E incluso le sugirió sobrepasar los límites que estaban manteniendo. Es más, tuvo la desfachatez de tocarle un pecho de manera demasiado atrevida. En aquel momento no lo pensó demasiado, ya que se estaba dejando llevar por toda la situación, pero ahora en frío pensó que a lo mejor había causado incomodidad a su prometida. "— En cuanto regrese de hacer los recados me disculparé." — Pensó. Aún le costaba horrores expresar verbalmente el enorme afecto que sentía por su prometida. De hecho la gran mayoría de las veces siempre se lo demostraba de otras maneras, sobre todo físicamente. Pero era consciente de que por algo así tendría que hacer un esfuerzo y hablar sobre lo que había ocurrido.

El joven chamán avanzó un par de calles más, hasta que palpando sus bolsillos se dio cuenta de que había olvidado la cartera. — ¡Maldición! Cómo no compre las verduras mamá Tamao me va a matar. — Y dicho esto, Hana corrió nuevamente hacia la pensión. Sólo habían pasado aproximadamente unos veinte minutos, con suerte aún le daría tiempo a llegar a la verdulería antes de que cerraran.

Llegó a la pensión y, con cuidado, entró intentando no hacer mucho ruido. Normalmente Alumi se ponía a dormir en su cuarto, ya que le costaba conciliar el sueño por las noches, a veces aprovechaba pequeños ratos para descansar. Además, parecía que el único lugar dónde lograba descansar bien era el cuarto de Hana, e incluso dormía mejor sí era abrazada al joven. Las mejillas de Hana tomaron un color carmín al recordar las noches que habían pasado juntos, durmiendo abrazados, y lo muy adorable que se veía Alumi por las mañanas, recién levantada. Con su cabello totalmente desordenado, sus hermosos ojos azules entrecerrados y sus labios humedecidos por haber babeado durante la noche. Al despertar siempre estaba desorientada y era increíblemente adorable. Dioses. Estaba demasiado enamorado de aquella chica, definitivamente.

Al llegar a las escaleras, bajó la velocidad de sus pasos y subió lentamente. Intentando hacer el mínimo ruido posible. Por suerte ni las Hanagumi, ni Ryu ni Tamao se encontraban aquel día en la pensión, y al ser temporada baja tampoco habían huéspedes, así que el descanso de su querida Alumi estaba más que asegurado.

Al llegar arriba, le pareció escuchar una voz, cómo un quejido. Al principio pensó que serían imaginaciones suyas, pero entonces, escuchó muy claramente una voz reconocía a la perfección.

"Hana..."

Era Alumi, sin duda. Pero su voz sonaba... Diferente. Era cómo sí estuviera... ¿Sufriendo? Pero no, en su voz también había algo dulce. Algo que había oído alguna vez con un tono similar.

Poco a poco, se acercó a su cuarto. Parece ser que Alumi no había cerrado la puerta del todo y había una pequeña rendija en la que sí se asomaba, podía observar a...

Alumi masturbándose.

Hana abrió los ojos de par en par. Por un instante olvidó cómo se respiraba y su corazón paró de latir por un breve momento, para posteriormente tomar un ritmo desenfrenado. Sus labios se separaron, quedando boquiabierto y su rostro evolucionó de tener un color carmín suave, a tener un color carmesí intenso. Todo eso en unos segundos.

Observó atentamente a su prometida, estaba sentada en su cama, sujetando una de sus camisas con una mano, hundiendo su rostro en esta. Rápidamente descendió su vista hacia la otra mano, que estaba oculta entre la falda y la ropa interior de la chica, pero que a juzgar por lo que podía ver, se movía rápidamente en la entrepierna de la joven. Era obvio, muy obvio lo que estaba haciendo. Lo que se estaba haciendo.

"Hmm... Hana... M-Más... S-sí..."

Alumi parecía cada vez más extasiada. Su voz sonaba tan... Era irresistible, caliente, sensual. Sus gemidos estaban clavándose en los oídos de Hana, sus ojos no podían apartarse de aquella gloriosa e inesperada imagen, y con ello, su creciente erección tomaba cada vez más tamaño y pedía salir de sus pantalones urgentemente.

De repente la joven cambió levemente de posición, tumbándose en la cama y abriendo un poco más las piernas, elevando su trasero y ofreciendo un espectáculo aún más explícito. Desde aquella nueva posición, podía observar claramente lo que estaba haciendo su prometida ahí abajo. Veía como su mano, hábilmente se movía de manera casi experta, alcanzando una velocidad casi imposible. Inclusive casi podía ver un poco de su...

— "Esto está mal. Esto está mal. Mal. Mal. Mal." — Pensó Hana. Pero irónicamente, mientras repetía aquella estúpida e inútil negación en su cabeza, su mano rápidamente bajó hasta su propia erección, colándose ágilmente entre los pantalones de deporte que llevaba y sus calzoncillos. Su mente decía que debía parar, pero su mano ya estaba masturbando su miembro. No podía parar de observar a Alumi. Su rostro, sus expresiones de placer, cómo sus labios entreabiertos dejaban salir gemidos cada vez más excitantes, anunciando que se aproximaba al clímax. Cómo sus expertos dedos adquirían más velocidad en su húmeda vagina, cómo...

Entonces llegó. La rubia dejó salir de sus hermosos labios la proclamación de que había llegado a lo más alto, sin ningún tipo de contención, dejando salir un intenso gemido.

Hana ya no pudo más. Tenía que irse de ahí. Estaba perdiendo la cabeza. Cómo se quedara un minuto más allí, no sabía que podría pasar.

Intentando no hacer mucho ruido, caminó rápidamente hacia el baño, para terminar aquello que vergonzosamente había empezado a causa de su querida prometida.

Así sería difícil no sobrepasar los límites.


Nuestro Hanita se ha encontrado con un gran y nuevo obstáculo. ¿Qué hará para solucionarlo? Después de presenciar algo así, las cosas no podrán seguir igual para ambos jóvenes...