Capítulo 6. Amanecer
La puerta se cerro, y las voces de las mujeres se escuchaban más lejanas, se recargo en la pared y se dejo resbalar hasta quedar sentado en el suelo. Toda la serenidad y tranquilidad que había logrado reunir se había esfumado, y se sentía como un adolescente con las hormonas disparadas. Aspiraba fuertemente su ropa intentando buscar el aroma de almendras entre todo el olor a alcohol. Esa mujer le hacia palpitar su corazón, lo hacia sentir fuerte, e incluso menos fracasado de lo que siempre se sintió.
-Ojalá y no se arrepienta- Pensó el Sannin, mientras se llevaba las manos a la cara y apretaba fuertemente de ella- Ojalá y pueda callarle la boca a ese sucio sapo- Dijo en un susurro ahogado. No podía identificar si se trataba del alcohol en su sangre o si realmente existía alguna posibilidad por muy remota que fuera, no podía entrar en su mente, de todas las mujeres, ella era un enigma para él. Tenía mucho tiempo de conocerla, y podía interpretar la mayoría de sus ademanes y algunos sentimientos, pero, en cuestión del amor, no podía suponer muchas cosas, sabía que había dolor dentro de ella, un dolor que sabrán los Dioses si pudo superar, no sabía si ella realmente estaba lista para volver a querer, y le causaba pavor el sólo hecho que se arrepintiera. Pero lo dicho estaba, se levanto pesadamente del suelo y se tiro en la cama.
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Los ojos le picaban, la luz matutina empezaba a molestarle, y la sien empezaba a punzar dolorosamente, se coloco una almohada en la cara ejerciendo un poco de presión, aliviando un poco el dolor. Su cuerpo se relajó y empezó a dormitar nuevamente, hasta que el chirriante sonido de la puerta la volvió a despertar.
-Tsunade-sama- dijo al momento de abrir la puerta la mujer de cabellera negra- Por favor levántese, es muy tarde y en 30 minutos tiene una reunión con los ancianos- Se acerco al escuchar los gruñidos de su señora y le retiró la almohada de la cara.- Por favor- increpó Shizune- Debería ser más responsable y dejar de beber de esa manera- Abrió las ventanas para que entrara un poco de aire, mientras Tsunade de mala gana se sentaba sobre la cama y la miraba de mala gana- Por favor, hoy será un día muy ocupado, recuerde que tiene reunión con el Kazekage, debemos saber más sobre el ataque y tener más información de Akatsuki, y debe de entablar un plan emergente para Naruto, después del rescate del Kazekage, Kakashi ha estado sumamente preocupado por los ataques de irá que provocan en Naruto la expulsión del chakra del Kyubi, la información que nos proporcionó Jiraiya…
-¡Ya te escuche!- Le gritó furiosa- Sólo salte y en un momento estaré lista, pero deja de gritar- El dolor en la sien era insoportable, sus ojos le ardían, y su boca estaba extremadamente seca, el alcohol de la noche estaba surgiendo efecto- Sólo déjame un momento a solas y saldré- murmuro caminando al baño, mientras Shizune hacia un mohín- Si me escuchará y dejará de comportarse como una adolescente esto no pasaría- camino a paso furioso hacia la puerta y de un portazo la cerro tras ella.
-Qué molesta- El agua estaba en su punto y resbalaba por su melena- Aunque tiene razón- murmuro pensando en los peligros que se avecinaban para Naruto- Si Jiraiya no hubiera cuidado de él… Se escucho un sonido hueco, la botella de shampoo se le había ido de las manos. El nombre del peliblanco le hizo estremecer el cuerpo. Hoy a la puesta de sol, habían acordado verse, en caso de que sus sentimientos hacia él fueran los que creyó ayer- ¿Qué siento por ti, Jiraiya?- Se preguntó. Distraídamente cerro las llaves de agua y se miro al espejo. Esa apariencia joven que le gustaba mostrar, sus delicados ojos y facciones, hacían que el titulo de Princesa le quedara como anillo al dedo. Y, aunque su fuerza y carácter dijera lo contrario, le gustaba hacer alarde de ello y en ciertas ocasiones de apuestas, aprovecharse de ello. Y, sin embargo, con aquel hombre no podía aparentar, él era capaz de mirar a través de esa máscara, y era capaz de decir que era hermosa. Sus mejillas se encendieron al pensar en ello. Sus pensamientos evocaron aquella conversación con Katsuyu.
- El entrenamiento con Sakura es satisfactorio- Comentó la pequeña babosa que estaba en su escritorio- Estoy segura que ella dominará su técnica mi lady.
-Es una chica fuerte con sentimientos fuertes, estoy segura que seguirá así hasta que alcance a aquellos dos, esa fortaleza y determinación hará que llegue lejos, después de todo no puede quedarse atrás, también es discípula de una Sannin – Dijo con orgullo, mientras hojeaba un libro en su oficina. – Ya quiero ver la cara de Jiraiya cuando vea de lo que es capaz. – La babosa soltó una pequeña risa. - ¿Qué es tan gracioso? – dijo levantando una ceja poniendo nerviosa a la pequeña babosa.
Es raro Lady Tsunade – Trató de componer. – Que se refiera a Jiraiya-sama por su nombre.- Una mirada inquisitiva de su señora la puso más nerviosa. – Normalmente siempre se refiere a él con sobrenombres o expresiones burlonas – La mirada de Tsunade seguía incrédula. – Últimamente se refiere a él por su nombre y es difícil no notar ese cambio. – Tsunade se quedó pensativa ante las palabras de Katsuyu y ella se atrevió a agregar. – Creo que sus sentimientos hacia él han cambiado. – El vaso de Té que se encontraba sobre el escritorio fue resbalando de la mano de la Hokage directo al suelo. - ¿Qué cosa estás insinuando? – Su cara se puso roja, más de impresión que de enojo, mientras la babosa se ocultaba atrás de una pila de libros que había en su escritorio.
Lady Tsunade – Reunió todo el valor que tenía. – Pueda suponerse que la posición de Hokage hace que usted se preocupe por todos los miembros de la aldea, pero. – Trago saliva. – En el caso de Jiraiya-sama, su cambio de actitud es más notorio. Cuando recibe alguna carta o noticia de él, su mirada se ilumina. – La Rubia la miró perpleja. – Cuando el sapo mensajero que envío, nos trajo la noticia que había sido herido de gravedad debido al entrenamiento por el control del chakra del kyubi, pude ver la angustia que le generó, y hasta que pude confirmarle que había salido de todo peligro, usted pudo volver a dormir en la noche.
Eso fue, porque temí porque el kyubi se saliera de control. – Dijo nerviosa. – Si Naruto perdía el control fuera de nuestra jurisdicción, las consecuencias serían fatales. – Agregó tratando de controlarse .- Ese es un buen análisis . – interrumpió la babosa. – Y hubiera sido creíble, de no ser porque me envío exclusivamente a vigilar la condición de Jiraiya-sama, a pesar de estar en buenas manos, y no sólo yo me di cuenta. – La rubia la miro fijamente. – Tonton también se preocupaba por usted, siempre estaba nerviosa, en esos días, ella me dijo que usted no paraba de susurrar el nombre de él, pareciendo que tuviera pesadillas. – En cuanto dijo esto la babosa se oculto nuevamente en la pila de libros, esperando cualquier arranque de rabia de parte de su señora, sin embargo paso un lapso de tiempo y no se escuchó nada, asomó nuevamente su cabeza y Tsunade se encontraba ruborizada, su expresión era de asombro.
Era verdad, lo que le decía la babosa era verdad, quería pensar y se había convencido de que todo eso fue un sueño, pero era todo verdad. Cuando supo de su condición, quiso correr y traerlo de vuelta, pero no podía, ser la Hokage le impedía correr hacia él. ¿Cuándo fue que cambiaron sus sentimientos hacia él? No lo comprendía, no era consciente de ello hasta que la babosa la encaró, su creciente preocupación por él, sus días de angustia por no recibir noticia alguna, su alivio cuando un sapo aparecía en la ventana, todos esos pequeños sentimientos habían ido creciendo, ¿Qué fue?, no lo entendía, pero al parecer el tiempo se encargó de curar un poco su roto corazón, y, aunque aquel hombre no cambiaba, su madurez hacia su relación, respetando más su relación, aunque a veces la hacia enojar, no podía dejar de notar que en sus pensamientos se hacía cada vez más constante. El miedo que le generó la idea de poder perderlo, fue suficiente para hacerle pasar noches de pesadillas, de angustia y desesperación.
Tal vez sus sentimientos fueron cambiando poco a poco, sin que ella se percatara, fueron floreciendo, y a la vez negados, no podía darse el lujo de perderlo, no podía hacer que la maldición de su vida recayera en él. Las lagrimas empezaron a brotar de sus ojos avellana, tenía miedo de que si había una remota probabilidad el por alguna razón muriera, ¿Qué es lo que haría?, ¿Cómo podría continuar nuevamente?, se mordió el labio evitando que un gemido saliera de su boca, trato de tranquilizar la súbita angustia que se apoderaba de su cuerpo, y sin embargo los recuerdos de su aroma y sentir sus latidos, la manera en la que le abrazaba, la hacia estremecerse aún más. A pesar de su nerviosismo se arregló para salir a las actividades programadas el día de hoy, más tarde, con más cordura decidiría si se encontraría con el al atardecer.
