Hola, hola, Luna de Acero reportándose. El segundo capítulo según lo prometido, espero les guste. No se enojen tanto con Eren, ya habrá espacio para que explique cómo fue que lo vivió él. Besos a todos, estoy triste, anímenme con sus reviews, votos, kudos y bla, bla. Necesito de su amor, queridos.

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AGRADECIMENTOS ESPECIALES: A la diosa Fa Teufell (FB) a quien le debo la bellísima portada, esta comisión es suuuper antigua, me hizo el dibujo hace un rato largo, yo ya tenía la idea y venía escribiendo las ideas principales, pero recién ahora lo saqué. Gracias, hermosa. Y una dedicatoria especial para todos ustedes, mis lindos seguidores que con paciencia y cariño siguen esperándome. Los amo!


Disclaimer: Los nombres de los personajes no me pertenecen, son del autor Isayama Hajime, el contexto, personalidades y situaciones si son de mi invención, prohibida su reproducción total o parcial sin el debido consentimiento.

Advertencias: Uso del OoC (personalidades diferentes a las canon), lenguaje adulto, palabras altisonantes, original character (personajes originales inventados por mi), sigue el aura sad y un poco de angustia.


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"El corazón tiene razones que la razón ignora"

Blaise Pascal

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Se subieron al auto del ahora profesor en silencio, Evan atrás. Levi hubiera preferido ir con su hijo pero para no levantar sospechas se sentó en el asiento del co piloto. Una vez puestos los cinturones de seguridad, Eren arrancó con destino a la clínica Central. Solo esperaba que el laboratorio estuviera abierto.

La situación era tensa. Nadie dijo nada los diez minutos que duró el trayecto, lo único que llenó el ambiente era Evan tarareando el opening de la ballena Josefina.

Los trámites en la clínica se hicieron con diligencia aunque tuvieron que esperar un rato para ser atendidos porque estaba abarrotado de gente. Tal como había prometido, Levi se encargó de pagar el estudio que tenía un precio considerable. Estuvieron sentados en un rincón de la sala de espera con Evan que comenzaba a cabecear por el cansancio, Eren estaba de pie apoyado sobre un pilar un poco más lejos, mirando de reojo de tanto en tanto.

El hombre tenía una revolución dentro suyo, era demasiado para procesar de un solo tirón, no sabía ni qué decir, ni qué hacer, más tiempo pasaba más se daba cuenta que ese niño de ahí era una réplica exacta de él cuando era pequeño. Sentía una enorme impotencia, si era cierto que ese chico era su hijo ¿por qué mierda Levi se lo había ocultado tanto tiempo? ¿Qué carajos le pasaba por la cabeza a ese omega? Lo había engañado tan bien, había creído que se había librado de ese infame pasado y ahora parecía perseguirlo y acorralarlo nuevamente. Joder, tenía muchas ganas de pegarle puñetazos en la cara, pero tenía que contenerse por ese niño ahí, ese infante que no tenía la culpa de tener un padre tan nefasto. ¿Y si realmente fuera cierto eso de que era hijo suyo? Sintió la bilis subirle por la garganta y carraspeó luego de tragar a la fuerza, iba a descomponerse. ¿Debería llamar a su amigo Jean? ¿Qué debería hacer? Se sentía completamente desorientado, de hecho ni siquiera sabía qué carajos estaban haciendo en ese lugar en ese momento.

—¿Señor Jaeger? —el llamado de la enfermera le plantó los pies a tierra de nuevo y la siguieron por el pasillo hasta la sala donde tomarían las muestras.

Era un simple hisopado en las papilas gustativas, nada invasivo ni doloroso. Rellenaron otro par de formularios y se terminó el operativo, los resultados estarían de tres a cuatro días hábiles, le avisarían a Eren, a su celular.

—Papi, tengo hambre —dijo Evan mientras tiraba de la ropa de Levi.

—Ok, vamos a la terminal y te compraré algo allí mientras esperamos, el próximo autobús saldrá a las nueve recién.

—¿Usted tiene hambre señor Yogurt?

—No —respondió el alpha de manera parca.

—Bueno, entonces nos vamos —habló Levi nuevamente tomando de la mano a Evan y tirando de él para alejarse.

—Espera, dame tu dirección y un número al cual llamar, una vez que me entreguen los resultados me pondré en contacto.

—Vivimos en Puerto Olimpia —contestó con alegría el niño y Levi lo miró son severidad—. ¿Qué? Dijo que le digamos nuestra dirección ¿verdad? Es calle Jellyfish, número setenta y tres. Es en el primer piso, el timbre no funciona tiene que tocar las manos abajo y esperar.

—Muy bien —dijo tipeando en su celular en la aplicación Google maps, luego colocó buscar y se asombró de lo lejos que quedaba eso, al menos a unas seis horas desde la ciudad si se iba por ruta—. Así que allí te fuiste a vivir.

Levi agachó la cabeza, no veía las horas de poder irse a su casa de una buena vez. Justo en ese momento su celular comenzó a sonar y lo sacó, tuvo que atender; aunque trató de bajar la voz se escuchaba perfectamente la conversación.

—Hola. Sí, estoy con Evan, gracias a Dios. No, vino hasta Sina, él solo ¿puedes creerlo? Mocoso del demonio. Es largo de explicar te lo contaré cuando llegue, no, no, perdimos ese autobús, no lo sé, umm, creo que decía nueve de la noche, así que... sí, claro, como a las cinco de la mañana, te mandaré un mensaje. Oh, eh... sí, lo encontró y, es complejo, por favor, no puedo hablar ahora, sí, sí, está bien, gracias. Adiós.

Colgó y se giró ante Eren y Evan ambos mirándolo de la misma manera, la cabeza levemente inclinada hacia el mismo lado, excepto porque Evan tenía una nariz más respingada y similar a la suya, en el resto eran copias calcadas, ¿cómo era posible que siquiera tuviera dudas de que era su hijo? Como fuera, las cosas podrían haberse puesto realmente horribles, aunque tampoco eran las ideales ahora, pero al menos nadie había salido herido físicamente, en especial él.

—Bueno, ¿me darás tu número de móvil o qué? —apuró Eren con rudeza.

Levi se lo tuvo que dar y Eren lo agendó de inmediato. Luego el alpha miró al niño por un largo rato, el infante le sonrió con calidez.

—Sé contar hasta un millón —le dijo de repente como si fuera una gran hazaña y por primera vez desde el encuentro en la terminal Eren relajó su semblante.

—Oh.

—Y sé preparar sopa, mi papá me enseñó como hervir el agua pero no en la estufa, sino en una jarra eléctrica, ¿usted tiene una jarra eléctrica?

—Creo que mejor nos vamos, hijo.

—Pero yo quería hablar con el profesor, ¿usted es profesor de matemáticas?

—No, de ingeniera industrial, en realidad de física y otras materias igual de... aburridas.

—Yo quiero ser ingenauta.

—Astronauta —corrigió Levi.

—Eso, voy a prepararme muy bien, y veré el mundo desde el espacio.

—Hijo, vamos, seguramente el señor Jaeger tiene cosas que hacer.

—¿Quiere un helado? Tengo diez dólares, alcanza para los tres, en McDonalds venden un cano a cincuenta centavos de dólar, pero por un dólar entero le ponen salsa de chocolate y unas barritas Kit-kat, yo lo invito, profesor.

—Es cono, no cano, ya te lo dije antes y creo que sería mejor-

—Está bien, de todas maneras ya perdí el día, no tengo actividades en este horario y por lo visto ustedes se quedarán hasta la noche.

—Uh, sí, pero, debemos sacar los pasajes —habló Levi en voz muy baja como si le diera miedo enfrentar al otro.

—Será rápido, papá, por favor.

—Vamos —decidió Eren—. Iremos en mi auto —Y cabeceó para que lo siguieran.

Levi inspiró profundo y no le quedó más remedio que aceptar. Permaneció en silencio todo el trayecto, incluso cuando llegaron, solo le dijo a Evan que él no quería nada y se quedó sentado rígido como una estatua en un rincón de la mesa tratando de pasar inadvertido pero atento a su hijo que hablaba hasta por los codos y parecía contento como hacía mucho no lo estaba. No quería ponerse a pensar en nada, ya estaba hecho, lo que más temía que sucediera había pasado.

—Soy inteligente a la lactosa —dijo Evan lamiendo su enorme cono.

—Intolerante y no, no lo eres —corrigió Levi, Eren lo miró un momento—. Lo escuchó en un programa de radio y desde entonces lo repite, ni siquiera sabe qué es.

—Sí lo sé.

—¿Ah, sí? ¿Qué es entonces?

—Es cuando, cuando, cuando comes cosas hechas con leche y te tiras pedos.

Eren no pudo reprimir una risa espontánea que le salió al escuchar eso. Evan tenía una gran personalidad, a pesar de los evidentes problemas en su dicción.

—No estás tan lejos de lo que realmente significa, pero es mucho más que eso —dijo luego tratando de mantener la compostura.

—Como sea, tú no eres intolerante, de serlo no podrías comer helados, no te lo permitiría —le habló Levi con tranquilidad.

Evan solo lo ignoró y luego se acercó más a Eren, como si su padre no fuera a escucharlo y le dijo por lo bajo:

—Mi papá es muy estricto.

—Ya veo.

—¿Usted es estricto también?

—Cuando es necesario.

—Oh —soltó con decepción y Eren volvió a sonreír, era inevitable, esa criatura era una caja de pandora.

—¿Usted tiene familia?

—¡Evan! —le llamó la atención Levi esta vez acompañado de una severa mirada.

—¿Qué? Solo quiero saber.

—No es de tu incumbencia, no preguntes esas cosas.

—Pero a lo mejor tiene otros hijos, yo quiero saber.

—Sí, tengo un hijo —le respondió Eren antes de que Levi pudiera decir algo más.

—¿En serio? ¿Cómo se llama?

—Ciro, tiene seis años.

—¿Escuchaste, papá? ¡Tengo un hermanito!

—Ya, cálmate, te dije que dejes de preguntar esas cosas.

—Déjalo, es natural que tenga dudas. De todas formas, Evan, aún no sabemos si yo soy tu padre o no, es por eso que nos hicimos el estudio recién. Y nos darán los resultados en unos días, hasta entonces hay que ser cautelosos ¿OK?

—Bueno, pero mi papá me dijo que usted es mi otro papá, y él nunca me miente, excepto cuando me dijo lo de Papá Noel, porque ese no existe, eso si fue una mentirota.

—Es mejor tomarse las cosas con tranquilidad —Volvió a pedir Eren.

—Es difícil para él, se exalta con facilidad —Explicó Levi nuevamente con esa voz diminuta.

—Bueno, será porque alguien le estuvo metiendo ideas durante todo este tiempo, es entendible, pobre niño —Acusó Eren con molestia.

Levi sintió que se le aceleraba el corazón y en el peor de los sentidos, cuando uno tenía mucho miedo por ejemplo, nunca deseó tanto desaparecer como en ese momento, de manera que se llamó a silencio y se dedicó a mirar su manos como si fuera lo más interesante.

—Mi papá es tímido —habló Evan—, también está solo, ¡ah!, pero hay un alpha que quiere ser su novio, se llam-

—¡Evan! —Era imposible mantenerse al margen cuando su hijo parecía feliz de ventilar todos sus secretos personales.

—Solo digo que aún no es su novio y usted anda solo, así que...

—Joder, solo termina tu helado de una vez que tengo que ir a comprar los pasajes y no quiero ir a última hora, porque si perdemos ese autobús no habrá otro hasta mañana al mediodía —dijo Levi apretando los puños, ¿por qué Evan era tan indiscreto?, ¡mierda!

—Creo que los asuntos de los grandes, deberías dejárselos a los grandes —Trató de razonar Eren con él.

—Oh, es que mi papá y yo tenemos un acuerdo ¿sabe? No puede tener una pareja si no es de mi grado.

—¿Será agrado?

—Bueno, es casi lo mismo —dijo el niño encogiéndose de hombros.

—Y dime, ¿tú te viniste solo desde tu ciudad hasta aquí? —dijo Eren tratando de desviar el tópico de la conversación anterior.

—Sí —dijo el infante con orgullo en la mirada.

—No entiendo,¿cómo es que le venden en la boletería un viaje interestatal a un menor de edad? ¿Eso no es ilegal? —Consultó Eren con verdadero interés.

—Compré los pasajes por internet, y luego allá solo le dije a una señora mayor que la ayudaba a subir y el chofer creo que pensó que era mi abuela, así fue.

Ambos adultos lo miraron asombrados.

—¿No le dijiste a nadie que venías?

—Sí, sí avisé.

—No, no lo hiciste —interrumpió Levi cruzándose de brazos y mirándolo serio—. Dejó una nota solamente. "Papá me voy a Sina, no te preocupes, no olvides darle de comer a Mishi".

—Pero avisé.

—Eso no es avisar, Evan. Tienes ocho años por amor al cielo, casi me da un infarto cuando me desperté y no estabas, ¿en qué estabas pensando? ¿Y si alguien te secuestraba, si te robaban en el camino? Tú no tienes idea todas las cosas que se me cruzaron por la cabeza y encima no atendías al celular.

—Lo tenía apagado para que no se me terminara la carga.

—Evan, lo que hiciste no está bien —habló Eren apoyando a Levi en el regaño—. Eres un niño, alguien podría haberse aprovechado de ti, jamás vuelvas a hacer una cosa como esa, nunca más, es muy peligroso.

—Pero salió todo bien.

—Ya hablaremos en casa —Apuntó Levi—, y no creas que no habrá consecuencias de esto.

—Fue tu culpa —Acusó el niño haciendo un puchero y frunciendo las espesas cejas hasta casi juntarlas—. Prometiste que vendríamos a ver al señor Jagurt, o como se diga, es muy difícil de pronunciar.

—¿Tanto te costaba esperar dos meses? Te dije que lo haríamos cuando yo me pusiera en contacto y luego de tus exámenes, me desobedeciste, te pusiste en peligro y realmente todo fue... tan estresante y agobiante. Tendrás tu castigo, pero lo hablaremos en casa.

—Ya no quería esperar, yo quería conocerlo, profesor —dijo mirando al alpha con una enorme tristeza en la mirada.

Eren dejó la barrita de Kit-kat sobre una servilleta y trató de terminarse su helado, aunque ya no tenía ganas en absoluto.

—¿No se va a comer eso? Es lo más rico —dijo Evan señalando el chocolate.

—Cómelo si quieres.

—Thank you, ¿ha escuchado? Soy bilungual, sé hablar inglés también, soy muy listo.

—Es bilingue —dijo Levi nuevamente con la voz apagada.

En pocos minutos Evan se terminó su helado y un resto que Eren había dejado, luego pidió permiso para ir al baño, Levi lo quiso acompañar pero indignado le dijo que no era un bebé, que podía solo, de manera que lo siguió con la mirada hasta que se metió a la puerta de los excusados al final del salón. La tensión regresó con más fuerza que antes y no quería ni siguiera respirar o moverse teniendo a Eren tan cerca. Solo esperaba que Evan volviera pronto y no se demorara quinientos millones de años como siempre hacía.

—¿Y bien? ¿Qué vas a pedir si se comprueba que es mi hijo? —Soltó Eren con agriedad, Levi sintió que le dolía el estómago, hizo lo único que creyó conveniente hacer: no decir nada, ni moverse—. ¿Tienes problemas financieros por eso iniciaste todo este circo? No esperes que yo te ofrezca nada, porque para empezar yo no sabía de todo esto, y parece de lo más bajo, ya que si Evan resultara ser mi hijo, que en todo este tiempo no me lo hayas dicho es espantoso, tanto para él como para mí, pero si resulta ser que no es mi hijo, lo cual creo que es lo más probable, supongo que es aun peor que uses a una pobre criatura inocente para salirte con la tuya. A fin de cuentas sea cual fuere el resultado sigues siendo una mierda de ser humano.

Levi escuchó los ataques sin inmutarse, al menos en lo externo, estaba haciendo un esfuerzo enorme por no largarse a llorar, pero no era el momento de dar explicaciones que no venían al caso, aunque de pronto recordó "esa horrible experiencia" y se dio cuenta que tenía que pedirle a Eren que no contara a nadie lo que iba a suceder, porque era obvio que él era el padre de Evan.

—Estoy bien con tu odio —habló luego de unos segundos, mirando la puerta del baño por si Evan salía de una vez.

—¿Qué has dicho?

—Que estoy bien con tu odio, no me importa si es lo que sientes.

—Oh, ya veo, al fin estás mostrando tus garras, entonces sí viniste por dinero después de todo.

—No, no quiero nada, y no fui yo el que vino, fue decisión de Evan. Sin embargo, sí hay algo que necesito pedirle encarecidamente. Por el bien de mi hijo —Al fin se giró y enfrentó la mirada más seria y de desprecio que Eren podía regalarle, pero la seguridad de su hijo estaba por encima de todo—. Pase lo que pase, señor Jaeger, necesito que me prometa que su padre, quiero decir el doctor Grisha, jamás debe saber de la existencia de Evan, al menos no hasta que se sepan los resultados y luego de eso una vez que ustedes hayan formado lazos, si es que eso es lo que deciden hacer.

—¿Por qué no debería contarle a mi padre? ¿Acaso te da vergüenza porque lo embaucaste hace nueve años?

Las facciones de Levi se contrajeron un poco, por lo que tragó en seco e inspiró profundo para tener fuerzas para seguir hablando.

—No, yo no me avergüenzo de nada de lo que hice. Pero tengo mis motivos para pedirle, por favor, que no le comente a su padre sobre Evan, mucho menos que le facilite nuestra dirección o cualquier dato que lo lleve a nuestro paradero, es por la seguridad de mi hijo.

—¡Es absurdo! —Soltó el alpha bufando indignado—. Mi padre jamás pondría sus manos sobre alguien, mucho menos sobre un niño.

Levi necesitaba un trago de manera urgente, hubiera rodado los ojos ante la estupidez que estaba escuchando pero necesitaba que Eren colaborara con su pedido.

—Se lo suplico, señor Jaeger, tengo mis motivos para pedirle esto, charlaremos más detalladamente en su momento de ser necesario, pero por ahora... si necesita que me arrodille lo haré, haré cualquier cosa, pero por favor, prométame, deme su palabra que no le dirá nada de esto al señor Grisha. Por favor.

Bien, o Levi era un actor de primera, lo cual era probable en el pasado también lo había sabido convencer, o sabía algo que él no, cosa que era aún menos probable, pero mientras existiera una mínima posibilidad sobre eso... ¿debería darle el beneficio de la duda?

—Solo lo haré hasta saber los resultados, luego no prometo nada.

—Usted no entiende, esto es muy serio.

—Por supuesto que lo entiendo, no me subestimes, ya suficiente estoy haciendo colaborando con toda esta fantochada, ¿por qué no debería decirle a mi padre? Dímelo.

Levi bajó la mirada, carajo, Eren no lo entendería, y aunque le dijera la verdad tampoco creería en él.

—De acuerdo, haga lo que usted quiera, pero sepa una cosa señor Jaeger —Y esta vez su semblante se volvió por completo amenazante—, si Evan llega a salir lastimado, si un solo cabello de mi hijo se atrofia por acción de cualquiera de su familia, juro por esta luz que me alumbra que los haré pedazos, así luego la corte me condene a muerte, que eso le quede claro. Yo haré absolutamente cualquier cosa por el bienestar de mi hijo y no me importan en absoluto las consecuencias.

Eren parpadeó sorprendido, ¿dónde había quedado el omega sumiso desde el primer segundo que se encontraron?

—No me vengas a amenazar a mí, ni a mi familia, Levi, yo debería haberte molido a golpes esa misma noche que tuviste el descaro de buscarme, arrepentido estoy de no haberlo hecho.

—No me interesa si usted quiere ir contra mi, tampoco si me cree o no, pero el que avisa no traiciona así que queda advertido que no permitiré que nadie le haga el mínimo rasguño a mi hijo. Yo no soy el mismo omega indefenso de años atrás, soy fuerte, soy independiente, tengo recursos y me haré añicos si es necesario por el bienestar de mi hijo. Así que si usted quiere hablar con su padre, hágalo, pero sería mucho más razonable mantenerlo al margen de todo esto hasta que los límites queden claros, es todo lo que le diré.

Eren iba a replicarle pero Evan ya estaba sentándose con ellos y mirándoles sonriente.

—Bien, ya tuviste tu helado, ¿podemos irnos? —Trató de apresurarlo su padre.

—Supongo —dijo mientras su alegría se apagaba.

—Puedo llevarlos a la terminal —Ofreció Eren más relajado.

—No, gracias —Desistió Levi.

—¡Papá! ¡Por favor! —Suplicó Evan.

Levi empezaba a sentir como una profusa jaqueca se empezaba a apoderar de él.

—No me cuesta nada, vamos.

Nuevamente se vio arrastrado por la situación. En la terminal fue hasta la boletería mientras su hijo se quedaba en los bancos conversando con Eren. De tanto en tanto los miraba preocupado esperando que Evan no se despachara con su desfachatez habitual, ¿pero qué podía esperar? O sea, estaba hablando de Evan, eso era imposible. Sin embargo tuvo que aceptar que se veían muy bien esos dos conversando y riéndose de vaya uno a saber qué. Su hijo estaba muy ilusionado y a pesar de lo brusco del encuentro agradecía que Eren fuera amable con el pequeño por lo menos.

Él que había querido huir de todo ese mundo tenía que ver crecer a Evan que era como un Eren en miniatura, todos los santos días, levantarse y ver ese rostro una y otra vez. Ese mismo rostro que había amado tanto.

—¿Señor?

—Sí, disculpe.

—Su vuelto.

—Gracias.

Regresó con ellos y los boletos. Eren se puso de pie y Evan lo miró haciendo un puchero.

—¿Tienes hambre? —le preguntó el alpha al niño que dijo que sí de inmediato, probablemente no tuviera y fuera otra de sus tretas para poder pasar un tiempo más con el adulto.

Levi no podía culparlo, ese encuentro su hijo lo había anhelado tanto, lo había soñado tantas veces, hasta los había dibujado a los tres en un picnic familiar. Su corazón se estrujó dentro suyo, ¿qué podían saber los niños sobre los problemas de los adultos? Él mismo se había visto reflejado en su hijo más de una vez, nunca supo quien fue su padre, cada vez que le consultaba a su madre ella cambiaba la historia, no sabía si lo estaba protegiendo o simplemente no recordaba quién era, ya no tenía caso de todas maneras. Jamás hubiera querido que a su hijo le pasara lo mismo, pero ahí estaba, repitiendo la historia de su vida. Bueno, repitiéndola no, porque al menos ellos se habían encontrado, al fin.

—¡Papá! Que si vas a querer un hot dog, el profesor nos está invitando.

—Ah, n-no, no, gracias.

—No comiste nada en todo el día —Lo acusó el niño poniendo sus manos en jarra y luego girándose a hablar con Eren—. Él siempre me regaña si no como todo mi plato, pero a veces él no come nada, y debes comer para tomar tu medicina, ¿cierto?

Eren lo miró significativamente y la jaqueca de Levi recrudeció, bueno, las cosas no iban a ponerse peor, solo debía aguantar hasta las nueve, o hasta que ese hombre se fuera de una buena vez. Apretó los labios y suspiró por quincuagésima vez en ese día.

—Sé cuidarme, Evan.

—Dijimos que íbamos a cuidarnos mutualmente, ¿recuerdas?

—Ah, es mutuamente, como sea, ya, vamos, comeré lo que sea si con eso dejas de incordiar.

—Así me gusta —dijo el niño enfilando hacia el puesto de comida chatarra que estaba a un costado de la estación.

Tragarse esa cosa que ni merecía llamarse comida le costó muchísimo y luego sí sacó su frasco de pastillas para tomar la medicación, notó que Eren miraba de reojo y agradeció que no preguntara lo que era. Cierto, lo había olvidado, su condición médica. Tal vez el destino había estado orquestando todo esto por una razón, aunque no le gustaba creer en cosas como el destino para ser honestos. Además, no estaba dicha la última palabra, iba salir de esa, como de todas las anteriores, la vida no le había puesto las cosas fáciles pero eso no le impidió afrontar sus problemas y de alguna manera logró resolverlos satisfactoriamente. Excepto por... esto, pero ya las cargas se acomodarían. Ojalá la medicina le hiciera efecto pronto, porque empezaba a sentir esa languidez y desgano tan característicos que lo atacaban de tanto en tanto, con todo lo sucedido la verdad se había olvidado por completo de esos "detalles" sobre su salud.

Afortunadamente luego de un rato Eren se excusó y se fue, no sin antes intercambiar números con Evan, genial, otra preocupación más, iba a tener que seguir muy de cerca esa relación y ver qué contaba su hijo, de todas maneras, aunque fuera en vano lo sabía, le daría varias recomendaciones al respecto. Evan se durmió una hora antes que arribara el autobús y tuvo que hacer malabares para levantarlo y llevarlo consigo hasta los asientos asignados.

Al fin algo de paz, trataría de dormir hasta llegar a Puerto Olimpia, sin embargo parecía que su mente solo quería mortificarlo aún más. Cerró sus ojos y de inmediato se estuvo hundiendo en todos esos recuerdos, llenos de sol, risas, esperanzas y amor sincero. No era justo que por un hermoso año de felicidad luego le tocara casi una década de sufrimiento. Bien, no debía exagerar, vivir junto a Evan no era un sufrimiento, lo amaba con todas las fibras de su cuerpo, su mente y su alma, aunque hubiera momentos en que el crío se volvía inmanejable, aún así era su bebé, su retoño, su amada semilla.

¿Cuando había comenzado todo este desvío de sus propios proyectos personales? Oh, sí, claro, había sido ese horrible verano caluroso...

Eren no tenía apuro, a sus veintiocho había aprendido a tomarse las cosas con calma. Ya estaba recibido como Ingeniero Industrial y trabajando en una muy buena empresa minera, sin embargo aspiraba a ser contratado por una enorme multinacional con sede en varios países europeos que se dedicaba a la producción de materiales de la construcción ultra resistentes para proyectos a gran escala. Puentes, edificios altísimos y autopistas eran temas que lo apasionaban al punto de obsesionarlo. Su habitación, porque aún vivía en la residencia de sus padres -no tenía apuro de irse por el momento, además viajaba mucho, y el espacio era enorme ¿dónde iba a estar más cómodo?- estaba cubierta desde el techo al suelo con imágenes y gigantografías de edificios, proyectos ambiciosos a nivel arquitectónico y autos antiguos.

Vivir con sus padres tenía sus ventajas, no gastaba en renta, ni comida, siempre tenía el refrigerador lleno de cuanta cosa le gustara, mantenía estimulantes charlas con sus padres que eran personas eruditas e inteligentes, y en general no tenía presiones de ninguna índole. Había estado de novio un par de veces, ninguna demasiado memorable, su última relación con Elías, un apuesto contador que trabajaba en un prestigioso banco. Comenzó a darse cuenta que ya las cosas no iban a funcionar cuando el profesional quiso manejarle las cuentas bancarias, lo regañaba a diario por la cantidad de dinero que podría estar ganando si hubiera invertido sus ahorros en la bolsa y en general el 90% de sus charlas eran todas sobre números, comercio, finanzas, réditos, dinero, dinero, dinero.

Para Eren, que nunca había pasado necesidades, el dinero no era lo primordial en la vida. Aspiraba a lograr una relación como la que tenían sus padres, con respeto, amor, cuidado por el otro, detalles, al menos él siempre los había admirado en ese sentido. Nunca los había visto discutiendo a los gritos, tal vez uno que otro altercado, alguna diferencia pero siempre se solucionaba con un diálogo cordial y honesto. Tampoco era un vejestorio, pero sin duda ya no era un púber, quería buscar a alguien con sus mismos objetivos, que deseara formar una familia a su lado, alguien con quien pudiera tener muchos hijos -media docena sonaba perfecto- y principalmente que no fuera un desalmado al que solo le interesaran los billetes.

Se acercó hasta el cajón de los melones y tomó uno, había notado a una persona antes que había levantado la fruta y la había olido y tocado antes de elegir, pero para él que nunca había comprado fruta por si mismo antes era en verdad una tarea extraña, ¿qué hacía la gente? Por las dudas olisqueó, se sentía la fragancia dulce del mismo. Dejó el melón y siguió con el cajón de los mangos donde estuvo levantando algunos sin decidirse, Levi estaba ocupado, había bastantes clientes, pero como el alpha tenía los sábados por la mañana libres esperaría por su turno pacientemente, mejor que lo asesorara el experto. Al fin luego de largos veinte minutos se desocupó.

Levi lo miró y se acercó mientras Eren componía una sonrisa tranquila.

—Hola, ¿vas a llevar algo? —preguntó con solicitud.

—Sí, bueno, en realidad quería consultarte algunas cosas, quiero comprar fruta pero no sé muy bien cómo elegir cuál es mejor.

—Bien, ¿qué fruta quieres?

—Veamos, un melón, un poco de mango y unas ciruelas.

—Verás, al melón se sabe si está en su punto por el color, esta variedad se llama Rocío de miel, si la cascara se siente un tanto dura y no es muy fragante, además se nota un poco pálida, pues no es bueno, debes buscar las más amarillas, suaves y olorosas, ¿entiendes?

—Sí, entonces... ¿uno cómo éste?

—Sí, es una buena elección. Respecto a los mangos, bueno, fíjate que la cáscara no esté oscurecida, si se hunde muy fácil es porque ya se está pasando, son mejores los de cáscara lustrosa y colores amarillos fuertes o rojos, aunque también hay una variedad de mangos verdes, pero no estamos trayendo de esa.

Eren estaba embelesado con las explicaciones del joven, joder, ¿cuántos años tendría? Ahora que caía en cuenta en verdad parecía demasiado joven.

—¿Algo más? Cierto, dijiste ciruelas.

—Ah, sí, no, mejor fresas.

—Tengo unas bandejas con fresas seleccionadas —dijo mostrándole una.

—¿Tú las seleccionas?

—Sí.

—¿Puedes elegir una para mí?

—Todas son buenas, llévalas con confianza, si llegas a encontrar una fresa fea te cambiaré la bandeja por completo, pero no lo harás porque yo mismo las preparo —comentó con orgullo.

—De acuerdo, entonces llevaré esta.

—Bien, ¿algo más?

—Sí, eh, me preguntaba ¿cuál es tu nombre?

Levi detuvo sus manos y lo miró de reojo por uno o dos segundos, luego tomó su libreta para sumar los importes.

—Levi.

—Oh, mi nombre es Eren, Eren Jaeger, vivo a un par de cuadras en la casa grande blanca.

—Ajá, serían tres dólares y cincuenta centavos, Eren.

—Claro —sacó un billete de cinco y trató de seguir conversando, mientras Levi buscaba el vuelto en un bolsillo del delantal que solía usar en sus tareas para no estropear su ropa con la tierra de los vegetales—. ¿Hace mucho que trabajas aquí?

—Unos dos años más o menos.

—Y, eh, ¿qué edad tienes?

El joven enarcó una ceja y apretó los labios en un rictus de desconfianza, Eren no era muy sutil a la hora de indagar por lo visto.

—Cumplo veinte dentro de un mes.

—Ya veo, para Navidad.

—Tu vuelto, gracias por elegirnos. Doña Carmen, ¿cómo está? —dijo para seguir atendiendo al siguiente.

Sus primeros encuentros fueron así, solapados por la supuesta necesidad del ingeniero de comprar verduras o frutas varias, de hecho comenzó a ir casi a diario, Eren trataba de elegir horarios en los que no hubiera mucha gente, lo cual era difícil porque los productos eran buenos y variados, además que Levi era respetuoso y amable, de manera siempre iban muchos. La verdulería del mini mercado que regenteaba la señora Petra se había vuelto bastante popular últimamente.

—Hijo, ¿otra vez compraste verduras? —dijo su madre intrigada por el reciente interés de Eren en ir de compras.

—Sí, bueno, ya sabes, quiero una dieta más saludable.

—Bueno, le puedo decir a Marsha que nos mande un menú apropiado a tus gustos y Marcela y Loren prepararían eso para ti, ¿no es más fácil así?

—¿Qué tiene de malo que yo quiera elegir las cosas que me llevo a la boca? Ya mamá, está bien, yo quiero hacerlo.

—Como gustes, solo lo decía para que no perdieras el tiempo, eso es todo.

Eren era terco, cuando algo se le metía en la cabeza no había manera de hacerlo cambiar de opinión. La madre de Eren era Antropóloga, pero nunca había ejercido la profesión, ahora estaba haciendo unos cursos sobre decoración de interiores antes de viajar a Los Himalayas para celebrar el próximo aniversario de casados con su esposo, el gran cirujano Grisha Jaeger. Igualmente a Eren el tema de los títulos, o los apellidos o cualquier cosa que tuviera que ver con el estatus se lo pasaba por su bonito trasero. Quería algo verdadero, no basado en intereses superficiales, aunque en contra de eso estaba lo bien que cuidaba su físico.

La primera invitación que le hizo a Levi fue rechazada de plano, lo cual lo había dejado atónito, es decir, no le dio chance a réplica, más tarde averiguaría que Levi ni siquiera lo había interpretado como una invitación.

—¿Te gustan las películas de acción?

—No lo sé, no soy de ver mucha televisión, siempre estoy ocupado —decía el joven mientras apilaba unos pesados cajones.

—¿Necesitas una mano?

—No, gracias.

—Porque en el cine están dando una sobre-

—Permiso, necesito sacar esto de ahí.

—Sí, como te decía, es una película muy buena, ha tenido varias críticas geniales y no sé, si tienes un rato libre el domingo podr-

—No, los domingos es el día de mayor trabajo aquí, vienen de todas partes, y cuando salgo estoy realmente muy agotado.

—Claro, bueno, eh, ¿qué día descansas?

—Los martes y a veces los miércoles por la mañana.

—¿Sólo los martes?

—Y los miércoles por la mañana, permiso, ¿puedes pararte aquí, por favor? Así no me estorbarías el paso, es que ya estamos por cerrar.

—Sí, bueno, estás muy ocupado, vendré mañana mejor.

—De acuerdo, nos vemos.

Petra le había dicho que no fuera tan frío en su trato con el otro joven, pero Levi no entendía a qué se refería, usaba el por favor y el gracias todo el tiempo, hablaba en voz baja, ¿qué estaba haciendo mal? Los ricos eran demasiado susceptibles. Cuando su madre vivía solía trabajar regularmente en una casa muy fastuosa donde tenía un rol de mucama, ella siempre se quejaba del trato adusto de sus patrones. Por lo general por las noches se sentaba en la única mesa que tenían y se bajaba un vino de cartón, con un vaso ya se ponía "alegre" como solían decir en su barrio, aunque no sabía porqué le decían así ya que él siempre la veía triste y amargada.

—Cuando era joven solía tener manos hermosas —solía quejarse mientras se miraba las uñas destruidas y los callos en sus palmas—. Ahora parecen las manos de una bruja.

Levi se portaba bien, trataba de aprobar todas las materias de la escuela, tener limpio el hogar, ya que ella llegaba tan cansada de fregar casas ajenas que no tenía ánimos para la suya, aunque fuera una casucha pequeña. A veces cocinaba, no tenían mucho pero al menos comían todos los días. De ella aprendió todo el arte de elegir las verduras con cuidado, al igual que las frutas, incluso llegaron a tener una pequeña huerta en el jardincito de atrás que ambos cuidaban con esmero. Esa actividad era la que más le gustaba recordar a Levi y no el resto del tiempo que ella parecía un fantasma rondando la casa y atormentada por sus pecados del pasado.

—Levi, nunca confíes en los alphas, cuando eres nuevo y jugoso todos quieren contigo, te dicen cosas lindas solo para aparearse y una vez saciados se van dejándote en ruinas. No te entregues a nadie hasta estar casado, ¿me has escuchado? Oye, yo nunca voy a arrepentirme de haberte tenido, nunca, pero es duro criar un hijo sola, no tienes idea lo duro que es —Y se largaba a llorar penosamente—. Es tan duro, tan duro...

Abrió sus ojos y se estiró un poco tratando de no molestar a Evan que tenía su cabeza en su regazo. Miró su reloj, apenas habían pasado tres horas, faltaba para llegar a su ciudad.

Eren por su parte estaba en el balcón de su hermoso departamento céntrico, eran las dos de la mañana y la ciudad estaba en calma y bastante silenciosa ya que no había casi tráfico ni gente en las veredas. Iba por su segundo vaso de whisky. Tanto enterrar recuerdos para que ahora salieran a flote como el magma de un volcán. Malditos recuerdos de mierda, ¿cómo es que a estas alturas los científicos no habían inventado alguna máquina que borrara la memoria de manera selectiva? Carajo.

—Eren, te amo...

Una y otra vez, se repetía como un loop infinito en su mente, ese día, esas frases, esa expresión de Levi que parecía tan sincera y real. Pero todo era actuación, todo fingido.

—Yo también te amo, mi amor —dijo mientras besaba el hombro desnudo de su omega.

Aquel que había elegido para, en un futuro cercano, formar una familia. Nunca se había enamorado con tanta intensidad, con una fuerza tan enorme que Levi era adonde se dirigían el noventa por ciento de sus pensamientos en cualquier momento del día.

La ventana estaba abierta, corría una leve brisa agradable después del caluroso día. El sudor se estaba secando luego de que hicieran el amor apasionadamente, incluso un leve rubor aún le pintaba las mejillas al precioso omega que yacía boca abajo, desnudo, solo cubierto por los rayos de la luna y su mirada. Todas las luces de la casa apagadas, el ruido de la noche y las hojas de los árboles cercanos chocando, uno que otro grillo y tal vez algún mosquito molesto. Levi se afirmó en sus codos y lo miró perezosamente, se veía precioso, perfecto, incluso con sus cabellos revueltos y despeinados. Se besaron brevemente.

Levi estaba demasiado hermoso, era como si su belleza se hubiera incrementado de manera exponencial los últimos días, ¿a qué se debía ese cambio? ¿Acaso era posible amarlo aún más de lo que ya lo hacía? Su aroma dulce y agradable siempre lograba calmarlo, adoraba sus feromonas, tranquilas, relajantes.

—Tengo un regalo para ti —le dijo entre susurros, mientras sus narices se refregaban cariñosamente.

—¿Un regalo? Amor, ya te dije que no quiero que gastes en mi —le dijo el alpha para luego ir en busca de sus labios, pero se quedó con las ganas porque el omega se levantó de un salto, fue a revolver en un estante viejo que había en un rincón de la habitación y regresó con algo entre las manos.

Por su respiración y el brillo de sus ojos se dio cuenta que era muy importante. Tomó las manos del alpha entre las suyas depositando una cosa redonda y mullida, ¿terciopelo?

—Eren, te... ¿te casarías conmigo?

El alpha se sentó en la cama y observó el regalo, una caja de puntas redondeadas cubierta de terciopelo azul oscuro reposaba allí. Estaba tan impresionado que no atinaba a responder con coherencia. Decidió abrir la caja y entonces dos argollas de plata con un grabado hicieron aparición.

—Eh, no tienes que responderme ahora, es solo que, bueno, quería pedírtelo antes de que te fueras en tu viaje, no te sientas presionado —Comenzó a hablar atropelladamente, su barbilla temblando y sus ojos se llenaron de miedo de que la hubiera cagado.

Sin embargo Eren agarró su rostro con sus fuertes manos y unió sus labios con sentimiento, sus ojos tiritando, húmedos.

—Sí, sí, Levi, quiero casarme contigo, no me imagino al lado de nadie más. Joder, te me adelantaste, tenía planeado proponértelo, pero cuando volviera dentro de tres meses, como sea, ¿para qué posponer lo que sentimos, mi amor?

Se colocaron los anillos, a ambos le iban perfectos, se abrazaron y se devoraron las bocas para volver a sumergirse en ese mar de deseo y lujuria en el cual se entendían tan bien.

Eren sonrío con tristeza y rencor al recordar eso.

—Maldito hijo de puta, tan bien ejecutaste tu obra que yo te creí todo. No, también es mi culpa, yo me dejé embaucar...

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By Luna de Acero.-